sábado, 22 de junio de 2019

«Un día de fiesta por la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy celebramos en la Familia Inesiana, la fiesta de nuestra fundadora, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento a quien tuve la dicha de conocer y a quien cada día conozco más a través de sus escritos. La providencia de Dios —en la que ella siempre confió y que nunca nos deja— se hace presente hoy siguiendo el ciclo de las lecturas de Misa y nos habla como de una manera especial señalando algunos de los rasgos de Madre Inés que calan hondamente en quienes, como ella, queremos que Dios sea conocido y amado por toda la humanidad. El salmo responsorial, el salmo 33 [34] indica: «Que amen al Señor todos sus fieles, pues nada faltará a los que lo aman... a quien busca al Señor nada le falta». Y el Evangelio (Mt 6,24-34) nos dice: «Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura». Este es el camino por el que la beata María Inés Teresa anduvo siempre, viviendo una vida sencilla, desprendida de todo y confiada en la Providencia Divina, buscando que Dios fuera conocido y amado por todos. 

En uno de los escritos de Madre Inés se lee: «Cuando Él me atrajo sobre su pecho, cuando dijo a mi oído las dulces palabras de su amor, vi que había encontrado el único amor que podía saciarme, el único que podía hacerme feliz. No necesité más; se lo di por entero; por una providencia amorosa suya pude entregarle un corazón virgen, que jamás había pertenecido a criatura alguna; y se lo entregué con esa donación total, absoluta e irrevocable, como a mi único Dueño» (Escritos, Doc. 252, f. 506). Este es el estilo de vida de la beata María Inés, la confianza en la Providencia de Dios: «¡Que delicioso es vivir siempre abandonada a tu amor, confiando en tu divina Providencia!» (Sobre los Santos Evangelios). «Cuánto debemos confiar en esa providencia amorosísima que vela sobre sus hijos en todos sentidos» (Carta Colectiva desde Roma en marzo de 1971). La beata María Inés, al dejarlo todo para seguir a Cristo anhelando que fuera conocido y amado por todos, entendió perfectamente que lo único importante en esta vida es el «Reino de Dios y su Justicia»; y que «lo demás se nos dará por añadidura». Este es el camino que ella siguió toda su vida: el abandono a la Providencia con una fe confiada y audaz en la paternidad divina. Una fe pura y un total abandono en el Señor. Si nos esforzamos, como Madre Inés, en buscar ante todo el «Reino de Dios», todo lo demás que necesitamos para hacer que Cristo reine se nos dará por añadidura. Este mensaje de Jesús fue para Madre Inés una invitación a relativizar el valor absoluto de los bienes terrenos en comparación con el valor supremo de Dios y su reinado y a solidarizarse con los más necesitados con una inmensa generosidad. 

Con sencillez, la beata María Inés Teresa nos enseña, de esta manera, un camino que rodos podemos adoptar para llegar a Dios: el camino de la confianza en la Providencia Divina haciendo de la vida un himno donde reine el amor. Este es el camino de la infancia espiritual que compartió constantemente de la mano de quien llamaba su santita predilecta, santa Teresita del Niño Jesús, un camino de confianza en la Providencia de Dios. Desde el despertar de sus anhelos misioneros, en el convento de clausura, antes de salir a la fundación de su obra misionera escribe: «Sí Jesús mío, quiero que mi vida entera sea un himno. Que mis obras todas sean un himno de alabanza, de gratitud, de adoración a la Santísima Trinidad, de impetración y de súplica por pecadores y difuntos. Quiero transformarme en amor, quiero vivir de amor, quiero morir de amor, en un acto de suprema y perfecta contrición» (Ejercicios Espirituales de 1943). Celebremos con gozo esta fiesta de la Familia Inesiana y de todos aquellos que se sienten movidos por el testimonio de la beata María Inés y caminemos con su sencillez, de la mano de María para que todos conozcan y amen al Señor. Ese camino, ella nunca lo recorrió sola, siempre fue de la mano de María, como lo deja entrever en esto que transcribo de uno de sus escritos: «Cuento también con el amor maternal de María santísima de Guadalupe, a quien amo con todas las veras de mi alma y en quien confío, porque sé que es mi Madre buena y cariñosa y que sabrá arrojarme en los brazos misericordiosos de Dios» (Carta colectiva desde México, D.F., el 2 de marzo de 1967). ¡Bendecido sábado, día de fiesta para toda la Familia Inesiana! 

Padre Alfredo.

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