jueves, 28 de diciembre de 2017

«Los santos inocentes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Con una serie de preguntas que se hacen san Gregorio de Nisa (Sermón sobre la Natividad de Cristo: PG 46, 1128s) y el célebre doctor de la Iglesia Pedro Crisólogo (Sermón 152; PL 52, 604) inicio la reflexión de hoy en que la Iglesia celebra a «Los Santos Inocentes»: ¿Qué significa la muerte de estos niños? ¿Por qué atreverse a un crimen tan horrible? ¿Comprendes tú lo que son estos signos precursores? ¿Hasta dónde pueden llegar los celos? ¿Qué mal habían cometido esos niños? ¿Es que acaso el Rey del cielo que acaba de nacer ha ignorado a sus compañeros tan inocentes como él?... Estas y muchas otras preguntas pueden cruzar por el corazón de cualquier cristiano del siglo XXI que se encuentra, en este día, con una de las páginas más crueles y difíciles del Evangelio. Ante la actitud de envidia que angustia a Herodes por el miedo a un rival que ni siquiera conoce pero que siente amenazante para su reino terrenal. Herodes, segado por las joyas falsas de este mundo material, monta un complot para suprimir «al Rey que acaba de nacer» (Mt 2,2), lucha contra su Creador y hace matar a unos inocentes cuyas mantillas —como dice san Pedro Crisólogo—eran mudas, cuyos ojos no habían visto nada, cuyos oídos nada habían escuchado y cuyas manos nada habían hecho. 

Para entender la inconcebible decisión de Herodes, hay que conocer el carácter inhumano de aquel rey y de todo aquel que teniendo poder, pierde piso y se siente amenazado por cuanto suceda a su alrededor y no tenga control de ello. El historiador Flavio Josefo dice que Herodes «era un hombre de gran crueldad hacia los demás» y relata en sus escritos, varios de sus crímenes; tan espantosos y repugnantes que la matanza de unos cuantos niños judíos parece poca cosa, de manera que este historiador ni siquiera la menciona. Es que a la vez que esta situación nos horroriza, yendo a la realidad de aquel tiempo y lugar, podemos hacernos otra pregunta para añadirla a las que nos dejan Gregorio de Nisa y Pedro Crisólogo: ¿Cuántos serían los niños muertos? La leyenda, que se une necesariamente a la historia original, habla de centenares; de miles. Pero lo cierto es que Belén era, en aquel tiempo, no una población como Tokyo, Kuala Lumpur, Sao Paulo o Ciudad de México, sino un pueblo bastante pequeño en donde con todo y sus alrededores no podía tener más de 20 o 30 niños varones menores de dos años. Así que no podemos ser sensacionalistas y dejar que sea el número de asesinados lo que nos horrorice, sino el hecho: ¿Por qué murieron estos niños inocentes? El cristiano de hoy no logra digerir la muerte de aquellos inocentes, a pesar de que nunca han muerto tantos inocentes como en nuestros días, dentro y fuera del vientre de sus madres, basta con pensar en el aborto organizado y lo poco que preocupa esto a gran parte de la humanidad.

Hoy la Navidad se tiñe de rojo, pero ese llanto de Raquel (Mt 2,13-18) reclama un consuelo, que en Jesús vemos realidad en la resurrección del Señor. El mal existe, y el desamor de los hombres ocasiona a lo largo de la historia escenas como ésta y peores. De nuevo la Navidad se vincula con la Pascua. El camino del seguimiento de Jesús está lleno de dificultades. Al testimonio de Esteban y de Juan el apóstol, se añade hoy el de los niños inocentes de Belén. Aquellos niños mártires, hoy también tienen nombres concretos en niños, jóvenes, parejas, personas mayores, inmigrantes, enfermos... que piden la respuesta de nuestra caridad. En el Nacimiento ya está incluida la entrega de la Cruz. Y en la Pascua sigue estando presente el misterio de la Encarnación: la carne que Jesús tuvo de la Virgen María es la que se entrega por la salvación del mundo. José y María empiezan a experimentar que los planes de Dios exigen una disponibilidad nada cómoda. La huida y el destierro no son precisamente un adorno poético en la historia de la Navidad. Nuestro Padre Dios está siempre muy cerca de sus hijos, los hombres, y María, la Madre del Señor, nos aprieta entre sus brazos para consolarnos, especialmente cuando el sufrimiento se hace presente. En ella somos fraternos con Cristo y eso nos mueve a ejercer unos con otros este misterio de consolación y ayuda. Pidamos hoy a la Virgen y a los Santos Inocentes que nos ayuden a amar la mortificación y el sacrificio voluntario, a ofrecer el dolor y a compadecernos de quienes sufren. Por mi parte, añado otras preguntas más que dejo a la reflexión personal: ¿qué pensar de nuestro tiempo, de los actuales «reyes del mundo», que aniquilan a nuestros niños, los inocentes de nuestros Pueblos? ¿Aceptamos el esfuerzo y la contradicción en el seguimiento de Cristo? ¿Sabemos apreciar la lección de reciedumbre que nos dan tantos cristianos que siguen fieles a Dios en medio de un mundo que no les ayuda nada y que los persigue? 

Padre Alfredo.

P.D. En muchas partes del mundo este día la gente se juega bromas y burlas que según la tradición tienen su origen en los sagaces engaños con los que los más perspicaces padres de aquellos niños inocentes, lograron hacer creer a los verdugos de Herodes que no había niños ahí, y así salvar la vida de sus pequeños. De esta manera se exalta también la inocencia —como la de los niños— de la gente de confianza.

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