sábado, 16 de diciembre de 2017

«Hoy empiezan las Posadas»... Un pequeño pensamiento para hoy


Para vivir el Adviento es necesaria una mirada nueva y un corazón nuevo, de manera que uno no se despiste al buscar los caminos de Dios y para responder con generosidad y alegría a la llamada exigente de su llamada. No todos están dispuestos a entenderlo y, menos aún, a vivirlo. Es más, nuestras vidas y nuestros proyectos pueden estar oponiéndose a la voluntad del Señor a pesar de que todo nos hable de que la llegada de la Navidad es ya cercana. Hoy, en la tradición mexicana, se inician las Posadas, aunque a decir verdad, para muchos han empezado casi a fin del mes pasado, pero con otro tinte que no es el de las tradicionales —fiestas «godinas», desayunos en restaurantes con amigas, bailes con gente con la que nada se tiene que ver el resto del año, etc.— Pero, para el hombre y la mujer de fe estos días, del 16 al 24, reflejan la cercanía de Dios con el pueblo, y del pueblo mismo, que celebra el hecho de que Dios viene a nosotros continuamente, como Dios de paz y Dios de amor. Nueve días que en esta tradición mexicana que se ha extendido a otros países, representan los nueve meses que Jesús estuvo en el vientre de María. El tema central es la zozobra de José y María, que no tienen un lugar digno para el Hijo que está a punto de nacer. Van pidiendo posada y, al no encontrar ningún lugar, el Niño Jesús, nace en un establo y lo recuestan en un pesebre. San Lucas nos lo cuenta, de una manera que no puede ser más hermosa y conmovedora a la vez (2,1-21). Las Posadas son para prepararnos a recibir al Señor que ya viene a salvarnos.

Ciertamente a este Mesías salvador se le esperaba desde el Antiguo Testamento. Los escribas de aquellos años esperaban que Elías precediera la venida del Mesías (Eclo 48,1-4.9-11) y tenían razón, pero no supieron descubrirlo en Juan el Bautista (Mt 17,10-13). A Elías, en la persona de Juan, lo trataron a su antojo, y lo mismo hicieron luego con Jesús. La figura de Elías, un hombre de una condición idéntica a la nuestra, nos muestra cómo Dios auxilia a quienes acuden a Él mediante la oración, especialmente en los momentos de tropiezo y dificultad. Elías es un elegido por Dios para ser portavoz de su mensaje de salvación entre los hombres. La actuación de Elías nos debe animar a ser valientes a la hora de dar testimonio de nuestra fe, como debe ser en estos días de las Posadas. En cada una de nuestras reuniones de estos días no puede faltar el rezo, la devoción, el testimonio de una vida cristiana que busca ayudar a los corazones a recibir al Señor. Nuestras posadas no pueden ser solo comida y bebida, porque nuestra fe no se puede quedar encerrada o empobrecida, se debe reforzar en estos días de fiesta previa a la Navidad con el anuncio, con el testimonio y con un compromiso concreto que se hace invitación a todos para nacer de nuevo, abrir los ojos a la gracia de Dios y sentir la Luz del Redentor que viene a nuestro encuentro.

Cada día, cada momento, en cualquier instante el Señor viene a nosotros, ¿estás preparado? ¿Pondrás tu casa para que los vecinos toquen a tu puerta con todo y peregrinos? ¿Conoces bien el sentido de cada uno de los elementos tradicionales de una Posada como son las letanías, los cantos para pedir posada, las velitas, la piñata, etc.? El libro del Eclesiástico preveía la vuelta de Elías al final de los tiempos, volviendo otra vez a un tema del que ya había escrito antes. A Elías se le reserva para «hacer que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos y congregar a las tribus de Israel» (Eclo 48,10). Un papel de reunificador. «Ciertamente Elías ha de venir y lo pondrá todo en orden. Es más, yo les aseguro a ustedes que Elías ha venid o ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana» (Mt 17,12). Las palabras del eclesiástico en lo tocante a Elías, como Juan el Bautista en el Evangelio, son pórtico de la Gloria de Dios, aquel a quien Elías prefiguraba y aquel a quien Juan anuncia es el Mesías, que ha venido y volverás de nuevo con gloria. Se acerca la Navidad, Dios viene a nuestro encuentro una vez más. ¿Cómo estoy dispuesto a recibirlo? Si quiero responder a esta pregunta con realismo, sin ensoñaciones, tengo que examinar cuál es mi relación con los precursores que Dios me envía, mi capacidad para reconocerlos y acogerlos y mi condición también de precursor, porque nuestra presencia, la tuya y la mía en las posadas de estos días acompañando a María y a José, puede dejar el dulce olor y no de nuestro perfume o del ponche que nos toque llevar... sino del dulce olor de Cristo (2 Cor 2,15) que ya se acerca. ¡Feliz inicio de las Posadas!... y perdón que escribí demasiado largo.

Padre Alfredo

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