viernes, 18 de abril de 2014

LAS SIETE PALABRAS...

INTRODUCCIÓN:

Los evangelistas nos han consignado en sus escritos inspirados, las solemnes afirmaciones de Jesús en la Cruz. La tarea que al respecto tenemos nosotros, como discípulos-misioneros de nuestra época, es hacer memoria de esta herencia que recibimos en el Evangelio, para meditar en lo que Cristo nos quiere decir con cada una de estas palabras que pronunció en la Cruz. Les invito a ir al testimonio de estos evangelistas, que, por ellos mismos o a través de otros, que convivieron con nuestro Redentor, nos comparten en este y otros temas, la experiencia viva de Cristo, la Palabra de la vida, lo que vieron con sus ojos, lo que escucharon con sus oídos y lo que tocaron con sus manos (1 Jn 1,1).

Las Siete Palabras, pues, están tomadas de los relatos de los cuatro evangelistas y declaran breve y profundamente quién fue Jesús en el momento de su agonía y de su meurte, pero también nos dicen quién es Él en su vida. Estas «Siete Palabras» son palabras de vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.

Los evangelistas las presentan de esta manera:

San Lucas describe tres palabras del Maestro de Nazaret, las dos primeras y también la última. La intención del este evangelista consiste en mostrarnos que Jesús es el Camino de la misericordia (Lc 23, 34. 43. 46).

San Mateo y San Marcos nos describen la cuarta afirmación o palabra de Jesús en la cruz, realizando una relectura del Salmo 22. Una oración de confianza expresada por el Hijo a su Padre (Mt 27, 46; Mc 15, 33).

San Juan culmina la relación sinóptica, sobre este asunto de las palabras de Jesús en la Cruz, con la quinta y la sexta palabra (Jn 19, 28; 19, 30).

Ahora vayamos a cada una de estas palabras para ver lo que el Señor nos dice detrás de cada una de stas frases cortas y sumamente expresivas:

  
PRIMERA PALABRA
«PADRE, PERDÓNALES, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN»
(Lc.23,34)

Según la narración de san Lucas, ésta es la primera Palabra pronunciada por Jesús en la Cruz. El Señor se ve envuelto en un mar de insultos, de burlas y de blasfemias. Se mofan de Él diciendo: “Si eres hijo de Dios, baja de la Cruz y creeremos en ti” (Mt .27,42). “Ha puesto su confianza en Dios, que Él lo libre ahora” (Mt.27,43).

Nuestra sociedad actual está  retratada en los personajes. «Me dejarán sólo», había dicho Jesús a sus amigos. Está solo, entre el Cielo y la tierra, sin siquiera el consuelo de morir con un poco de dignidad. Jesús, desde la Cruz, no sólo perdona, sino que pide el perdón de su Padre para los que lo han entregado a la muerte.

Para Judas, que lo ha vendido. Para Pedro que lo ha negado. Para los que han gritado que lo crucificaran, para los que allí se están burlando.
Así también pide ese perdón para todos nosotros. Para todos los que hoy, con nuestros pecados, somos el origen de su condena y crucifixión.

Jesús, en medio de aquel sufrimiento insoportable no se centró en su propia experiencia de dolor, en la injusticia que sufría, sino que sumergió en su oración todas nuestras traiciones. Pide perdón, porque el amor todo lo excusa y todo lo soporta… (1 Cor. 13).


SEGUNDA PALABRA
«TE LO ASEGURO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO»
(Lc.23, 43)

En el Calvario había otras dos cruces. El Evangelio dice que, junto a Jesús, fueron crucificados dos malhechores. (Lc. 23,32) y, como dice San Agustín, aunque para los tres la pena era la misma, cada uno moría por una causa distinta. Uno de los malhechores blasfemaba diciendo: “¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!” (Lc. 23,39). Desesperado, como muchos de los que hoy niegan a Cristo, había oído a quienes insultaban a Jesús. Había podido leer ese título que habían escrito sobre la Cruz: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

El otro malhechor era un hombre que se quedó impresionado al ver cómo era Jesús. Lo vio lleno de paz, de esa paz que el mundo de hoy busca y no sabe en dónde está. Aquel hombre descubrió enseguida en Aquel a quien le había oído pedir perdón a su Padre para los que le ofendían.

Dimas, el buen ladrón —como lo conocemos— hace una súplica, sencilla, pero llena de vida: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Se acordó de improviso que había un Dios al que se podía pedir paz, como los pobres pedían pan a la puerta de los señores. ¡Cuántas súplicas hace nuestra sociedad actual a los dirigentes de hoy, y qué pocas le hace a Dios!

Y Jesús, que no pronunció palabra alguna cuando el otro malhechor le injuriaba, volvió la cabeza para decirle: “Te lo aseguro. Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Le promete el Paraíso para aquel mismo día. El mismo Paraíso que ofrece a todo hombre que cree en El. Lo más grande que puede poseer un hombre, una mujer, es compartir su existencia con Jesucristo. Hemos sido creados para vivir en comunión con él. Dice san Alfonso María de Ligorio decía: “El corazón humano es el paraíso de Dios” y lo más hermoso que el hombre y la mujer de nuestros tiempos y de todos los tiempos es escuchar de Jesús palabras como estás: «Yo te amo y quiero que estés conmigo para siempre. Te quiero conmigo en el paraíso».


TERCERA PALABRA
«MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO”. “AHÍ TIENES A TU MADRE»
 (Jn. 19, 26)

Junto a la Cruz estaba María, su Madre. La presencia de la Virgen junto a la Cruz fue para Jesús motivo de alivio, pero también de dolor. Ella, su Madre, la mujer maravillosa que era el primer fruto de la Salvación traída por el Mesías, Corredentora, compañera en la redención.

Jesús y María vivieron en la Cruz el mismo drama de muchas de nuestras familias de hoy, de tantas madres e hijos, reunidos a la hora de la muerte. ¡Después de largos períodos de separación, por razones de trabajo, de enfermedad, de labores misioneras en la Iglesia, o por azares de la vida… cuantas madres e hijos se encuentran de nuevo en la muerte de uno de ellos!

Al ver Jesús a su Madre, recordó seguramente que sobre sus rodillas aprendió el shema, la primera oración con que un niño judío invocaba a Dios; recordó que tomado de su mano, había ido muchas veces a la Pascua de Jerusalén con José… Habían hablado tantas veces en aquellos años de Nazaret, que el uno conocía todas las intimidades del otro. ¿De quién había aprendido Cristo a conocer la voluntad de su Padre? ¿De quién adquirió un corazón tan compasivo? ¿Quién le enseño a ir en busca de la oveja perdida?

Treinta y tres años antes, María había subido un día al Templo, con su Hijo entre los brazos, para ofrecérselo al Señor, cuando de labios de un anciano sacerdote escuchó aquellas palabras: “Una espada te atravesará el alma”. En la Cruz se estaba cumpliendo aquella lejana profecía. Jesús, desde la Cruz, le va a confiar a María una nueva maternidad. Dios la eligió desde siempre para ser Madre de Jesús, pero también para ser Madre de los hombres.


CUARTA PALABRA
«DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO»
 (Mt.27,46)

Son casi las tres de la tarde en el Calvario y los ojos de Cristo están borrosos de sangre y sudor. En este momento, incorporándose como puede, grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

No había gritado en el huerto de los Olivos, cuando sus venas reventaron por la tensión que vivía y solamente exclamó: «Padre mío, si es posible aparta de mí este cáliz». No había gritado en la flagelación, ni cuando le colocaron la corona de espinas, aunque había dicho: «Me muero de tristeza». Ni siquiera lo había hecho en el momento en que le clavaron a la Cruz. Jesús grita ahora. Jesús, el Hijo único, aquel a quien el Padre en el Jordán y en el Tabor había llamado: «Mi Hijo único», «Mi Predilecto», «Mi amado», Jesús en la Cruz se siente abandonado de su Padre.

¿Qué misterio es éste? ¿Cuál es el misterio de Jesús Abandonado, que dirigiéndose a su Padre, no le llama «Padre», como siempre lo había hecho, sino que le pregunta, como un niño impotente, que por qué le ha abandonado? ¿Quién está con Él ahora? ¿En quién puede encontrar fuerzas?

Hay que contemplar todo el misterio tremendo, y a la vez inmensamente grande, que Jesús vive en este momento que para Él es el más doloroso de toda la Redención. El verdadero drama de la Pasión Jesús lo vivió en este abandono de su Padre. Y si la Pasión de Jesús, el Hijo bendito del Padre, es el misterio que no tiene nombre, no lo es simplemente por los azotes, ni por la sangre derramada, ni por la agonía o por la asfixia, sino porque nos hace entrar en el misterio de Dios.

Y en este abandono de Jesús, los hombres y mujeres de todos los tiempos tenemos que decubrir el inmenso amor que Jesús tuvo por cada uno y hasta dónde fue capaz de llegar por amor a su Padre y cada uno de nosotros, sus hermanos. Escuchamos palabras de un moribundo, pero a fin de cuentas, palabras que nos invitan a vivir, aún sintiéndonos solos o abandonados diciendo: «Dios mío, Dios mío» sabiéndonos posesión suya.


QUINTA PALABRA
«TENGO SED»
(Jn.19,28)

Uno de los más terribles tormentos de los crucificados era la sed. La deshidratación que sufrían, debida a la pérdida de sangre, era un martirio durísimo. Y Jesús, por lo que sabemos, no había bebido desde la tarde anterior. No es extraño que tuviera sed; lo extraño es que lo dijera.

La sed que experimentó nuestro Redentor en la Cruz fue una sed física. Expresó en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como es el agua. Y pidió, «por favor», un poco de agua, como hace cualquier enfermo o moribundo. Jesús se hace así solidario con todos quellos que, pequeños o grandes, sanos o enfermos, que necesitan y piden un poco de agua.

Al meditar en esta quinta palabra no podemos olvidar el detalle que señala San Juan: “Jesús dijo: «Tengo sed» para que se cumpliera la Escritura”, dice San Juan (Jn.19,28). Jesús habló en esta quinta Palabra de «su sed». Esa sed que vive aún Él como Redentor. Jesús sigue pidiendo hoy una bebida distinta del agua o del vinagre que le dieron. Poco más de dos años antes, Él se había encontrado junto al pozo de Sicar con la Samaritana, a la que había dicho «Dame de beber». Hoy Él sigue pidiendo no agua de pozo. Él está sediento de nuestra conversión. Ahora, casi tres años después, San Juan, el mismo que relata este pasaje, quiere hacernos ver que Jesús tiene otra clase de sed. “La sed del cuerpo, con ser grande —decía Santa Catalina de Siena— es limitada. La sed espiritual es infinita”.

Jesús tiene sed de que todos recibamos la vida abundante que Él había merecido. Su sed siempre seguirá siendo una sed de nuestras almas, de nuestra salvación, de nuestra plenitud, para que recibamos su amor y le amemos con todo el corazón. “Que todos te conozcan y te amen, es la única recompensa que quiero” exclamaba la beata María Inés Teresa.


SEXTA PALABRA
«TODO ESTÁ CONSUMADO»
(Jn. 19, 30)

Estas palabras no son las de un hombre acabado, son palabras que manifiestan la conciencia del Redentor, de haber cumplido hasta el final la obra para la que fue enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres. Jesús ha cumplido todo lo que debía hacer. Vino a la tierra para cumplir la voluntad de su Padre. Y la ha realizado hasta los últimos momentos.

Su Padre le había pedido que anunciara a los hombres la pobreza, y nació en Belén, pobre. Le había pedido que anunciara el trabajo y vivió treinta años trabajando en Nazaret. Le había pedido que anunciara el Reino de Dios y dedicó los tres últimos años de su vida a enseñarnos el milagro de ese Reino, que es el corazón de Dios.

La muerte de Jesús fue una muerte joven; pero no fue una muerte ni una vida malograda. Y ahora Jesús se abandona en las manos de su Padre porque Él no tuvo ningún miedo de amarle en plenitud.

Antes de Cristo, sabíamos que Dios era el Creador del mundo. Sabíamos que era Infinito y todopoderoso, pero no sabíamos hasta qué punto Dios nos amaba. Hasta qué punto Dios es«Padre». Y Jesús sabe que va a descansar al corazón de ese Padre, de ese Padre a quien nosotros también queremos cumplirle en todo para complacerle. ¿Qué significado tendrían hoy en día en los labios de cada uno y de cada una de los seguidores y seguidoras de Cristo, esas mismas palabras: «Todo está consumado»


SÉPTIMA PALABRA
«PADRE, EN TUS MANOS PONGO MI ESPÍRITU»
(Luc. 23,46)

Cristo no tiene miedo en absoluto a la muerte, porque sabe que le espera el amor infinito de Su Padre. Durante tres años se lanzó por los caminos y por las sinagogas, por las ciudades y por las montañas, para gritar y proclamar que Aquel, a quien en la historia de Israel se le llamaba «Él», «Elohim», «El Eterno», «El sin nombre», sin dejar de ser aquello… era Su Padre. Y también, nuestro Padre.

El hecho de que nuestro Padre Dios tenga más de seis mil millones de hijos en el mundo, no impide que a cada uno de nosotros nos mire como a un hijo único con los mismos ojos con que vió a Jesús, si Hijo muy amado. En las mismas manos que sostiene el mundo, en esas mismas manos lleva escrito nuestro nombre, mi nombre.

Los seres humanos pasamos la mayor parte de la vida tratando de controlar todo. Y a través de los años, cuánto tiempo nos lleva reconocer nuestras necesidades, nuestros límites, soltar lo que necesitamos soltar, someternos, ceder, aceptar, confiar…


En las manos de ese Padre que Jesús conocía y amaba tan entrañablemente, es donde El puso su espíritu y donde nosotros debemos dejarlo todo. Hermosas y comprometedores palabras pronunciadas a punto de morir. Ojalá sean también las últimas palabras de nuestra existencia: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

jueves, 10 de abril de 2014

La alegría del Evangelio en el discípulo-misionero al compartir su fe...

Cada año, al acercarse la Semana Santa, gran cantidad de apóstoles, miembros de las diversas vocaciones y carismas en la Iglesia, parte a tierras de misión con el anhelo de compartir la fe, que, como decía el ya casi santo Juan Pablo II, se fortalece dándola.

Ya sabemos cuál es el espíritu que anima a todos estos hermanos y amigos que haciendo a un lado las actividades de cada día, se lanzan a los pueblos y ciudades a llevar el mensaje que nos ha traído el Mesías Redentor; pero, hay que saber también meditar en el espíritu que debe acompañar el regreso de la misión; porque siento que es poco lo que se escribe sobre el volver a casa y a veces uno se topa con algunos misioneros «desinflados» al regreso a la vida de cada día por diversas circunstancias que pueden haber aparecido durante los días de misión.

En el Evangelio hay un pasaje (Lc 10, 17-24) que puede iluminar en mucho este punto que en esta entrada quiero compartir.

"17Regresaron los setenta y dos, y dijeron alegres: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.» 18Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; 20pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.»

21En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 22Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

23Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! 24Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»”

En una carta de noviembre de 1977, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento escribía, hablando sobre el tema de las misiones: "Todo el mundo es país de misión. Dios quiere para todos la salvación eterna, por eso derramó hasta la última gota de su sangre". Sí, no podemos hablar ya de países de misión, o tierras de misión; el neo-paganismo se ha globalizado junto con otras muchas cosas más y por todas partes encontramos esa necesidad de llevar la Buena Nueva y sembrarla en los corazones. Pero, junto a esta realidad hay una certeza: la misión nunca ha sido fácil. La misma beata decía que la misión es «pura prosa, ¡y pura prosa prosaica!"

En especial durante la Semana Santa, en muchos de los pequeños poblados a los que llegan muchos misioneros, se instalan cantinas ambulantes para los vacacionistas, se organizan bailes y se promueve toda clase de eventos que, a cambio de una buena cantidad de dinero, hacen «descansar» a la gente alejándola de Dios.

Jesús, al enviar a los misioneros, sabe perfectamente que el Espíritu Santo es el protagonista de la misión y confía en que se manifestará mejor en los que son dóciles a su acción: los que están humanamente limitados y dan desde su pobreza. La decisión de Jesús, de enviar enviar a misión a los pequeños e incipientes discípulos y desde ellos construir el Reino nos anima; porque nosotros también siempre seremos pequeños e incipientes en la misión.

Los discípulos misioneros de hoy parecería que quedan desarmados si se ponen a analizar lo difícil del mundo al que llevan el anuncio de la misión: ¿Cómo hablar de paz en una sociedad que se revuelca en la violencia? ¿Cómo hablar del valor de la fidelidad matrimonial a tantos hombres machistas que tienen dos o tres mujeres o un grupo de mujeres que ya no quiere entenderse de la casa? ¿Cómo anunciar hoy a la juventud que el cuerpo humano es templo del Espíritu y no objeto de placer y fornicación? ¿Cómo anunciar hoy la Buena Nueva si los poderosos que promueven la pornografía, el aborto, etc., tienen mucho más recursos que lo que en la Iglesia logramos reunir para ir de misión?

Es verdad lo que dice Nuestro Señor en otro pasaje del Evangelio que completa nuestra reflexión: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos. Sean pues astutos como serpientes y sencillos como palomas.” (Mt 10, 16.20). Los misioneros vamos siempre como ovejas en medio de lobos, pero, como dice la beata María Inés en la misma carta que he citado: "La fe tiene que intervenir como objeto de nuestra formación. En estos tiempos, más que en los pasados, tenemos que enfrentarnos con un mundo que… va perdiendo la fe. Que nosotros, misioneros, seamos testigos de Cristo por la fe, la esperanza y el amor. No sólo la fe teologal sino también el espíritu de fe, para encontrar a Cristo nuestro Señor en todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida, aun en un ambiente de los tiempos actuales, en que, en varias ocasiones, no será favorable”.

En la «Evangelii Gaudium», el Papa Francisco contrasta la tristeza individualista del materialismo aislador que se vive en nuestras sociedades modernas, con la alegría del discípulo misionero que librado del egoísmo de buscar sus propios intereses, lleva el anuncio de la Buena Nueva por el amor eterno de Cristo. El Papa nos invita a “recuperar la frescura original del Evangelio”, encontrando “nuevos caminos” y “métodos creativos”, a no encerrar a Jesús en nuestros “esquemas aburridos”. El nos habla de la necesaria “conversión pastoral” que no deje “las cosas como están” y una “reforma de estructuras” para que “todas ellas se vuelvan más misioneras” y lleven el Evangelio a “tantos hermanos nuestros que viven sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (EV, 49).

Las ovejas que van entre lobos, son los pequeños del Reino, que, aparentemente están desarmados y débiles frente a los lobos fuertes y poderosos que quieren destruir la obra de Dios, pero son ovejas llenas de fe, son pequeños obreros que han sido elegidos por el Señor para estar con Él y para enviarlos a predicar la Buena Nueva. Recordemos como desde el primer capítulo de su Evangelio, uno de los evangelistas, san Marcos, proclama que Jesús es el Mesías esperado por Israel, el Hijo de Dios, que llama a los que él quiere para formar una comunidad de amigos con quienes compartir su misión y los ha llamado para estar con Él y para enviarlos a predicar (Mc 1,14-19; 3,13-19; Lc 6,12-16; Mt 10,1-4). Jesús afirma claramente que se trata de su misma misión: "Como mi Padre me ha enviado, sí os envío yo" (Jn 20,21; cfr. 17,18).

La misión de Jesús fue de anuncio, de entrega de sí mismo y de cercanía a todo ser humano sin esperar grandes resultados. Cristo, se presentó como Hijo de Dios e hipotecó su vida no como una inversión esperando algo a cambio, sino dándolo todo con un amor incondicional. Ahora, el discípulo misionero es enviado por el Padre y el Espíritu Santo, para invitar a todos a abrirse a los nuevos planes salvíficos de Dios Amor. Todo ser humano es llamado a un proceso de transformación, "conversión" y "bautismo" (Mc 15; Mt 28,19), para recibir la "vida nueva" (Rom 6,4) de un "nuevo nacimiento" (Jn 3,5)

La tarea misionera consiste en prolongar la palabra de Cristo (anuncio, testimonio) y su llamada a la conversión y bautismo (como cambio profundo de actitudes); hacer presente su sacrificio redentor y su acción salvífica y pastoral; imitar su cercanía al hombre concreto, prolongando su acción salvífica y pastoral, así como su diálogo con el Padre por la salvación del mundo (oración). La comunidad convocada por los misioneros ("ecclesia") en torno a la Palabra y si es posible, en torno a la Eucaristía (porque no siempre se puede tener la celebración de la Misa o la Reserva Eucarística en Misión) queda invitada a acoger los signos salvíficos y a transformarse en familia de hermanos (EN 24) que seguirán haciendo crecer la fe.

En realidad, la presencia del misionero prolonga la misma misión de Cristo que «pasaba», «enseñando», «curando», «apacentando» (Mt 9,35-36; Mc 6,34). Los discípulos misioneros son enviados como signo de Cristo, nunca solos, y "delante de él... adonde él había de ir" (Lc 10,1). "El misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompaña en todo momento de su vida... Cristo lo espera en el corazón de cada hombre" (RMi 88).

El Papa Francisco, en la Evangelii Gaudium dice: “Si alguien ha acogido el amor de Cristo que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?” (EG, 8). Podemos pensar en María, la mujer pequeña y sencilla que vivía en una comunidad rural recibe al Espíritu Santo y es elegida para ser madre de Jesús, se sabe discípula misionera y va corriendo buscando a Isabel para anunciarle la Buena Nueva de la que es portadora y exclama: «Mi alma glorifica al Señor… ha mirado la humildad de su esclava...derribó del trono a los poderosos y engrandeció a los humildes» Lc. 1,47-48.52. Podemos pensar también en Juan el Bautista, cuando manda preguntar a Jesús si él es el Mesías o hay que esperar a otro le responde: «Vayan y cuenten a Juan lo que acaban de ver y oír: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva» Lc 7,21-22.

Hermanos y amigos que van a misión en los días santos, sean pues astutos como serpientes y sencillos como palomas, sabiendo que ser ovejas en medio de lobos no es nada fácil pero nunca lo ha sido y por eso hay que ser astutos. La paloma al igual que la oveja representa la sencillez, la paz, la sencillez. La serpiente es un reptil astuto: observa, vigila y luego atrapa a su presa. Jesús nos invita a aprender de su astucia. Hay que ser sencillos como palomas, pequeños, sí, pero astutos, es decir: poner al servicio del bien los dones recibidos. La alegría de los cristianos será siempre la “alegría misionera” (EG, 21) de compartir la fe llegando a los alejados y estar cerca de todo el que aún no conoce a Cristo o no ha captado que allí está Él.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

sábado, 8 de febrero de 2014

Los Portales Católicos en Internet... ¿cómo distinguirlos?

La presencia de la Iglesia Católica en Internet es una realidad cada vez más fuerte. El papa Francisco, hace poco –en su mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales– acaba de decir: "No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital", y agregó incluso que Internet "es un don de Dios", aunque advirtió de algunos peligros a los que pueden conllevar, como la "exclusión" y "la manipulación".

Muchos miembros de la Iglesia utilizan Internet para hacer consultas, profundizar en diferentes temas, hacer tareas y buscar orientación sobre muchas cosas. Incluso ahora es facilísimo  acercarse al Magisterio de la Iglesia y en unos cuantos instantes uno tiene las palabras que el Papa y los Obispos acaban de pronunciar; lo mismo que podemos tener acceso a muchísimos documentos de la Iglesia. Sin embargo, como dice el Papa Francisco, hay que tener cuidado con los peligros que representan algunos sitios que se presentan como «católicos» sin serlo. 

Leyendo en varios sitios de Internet, encontré algunos criterios que resumí en 3 que creo vale la pena considerar al visitar un sitio, ya que muchos «guglean» (Googlear, guglear o googlear es un neologismo que es cada vez más común entre los usuarios de internet que utilizan el buscador Google. Su significado se puede traducir por buscar en la web utilizando expresamente el motor de búsqueda Google. La Sociedad Americana de Dialectos eligió el verbo to google como el verbo más útil de 2009) esperando acercarse más a la Iglesia para resolver dudas, crecer en la fe, encontrar horarios de Misas y demás...

1. No basta que el sitio diga «católico».

El hecho de que aparezca la palabra «católico» no es una razón suficiente para que un sitio de Internet lo sea de modo efectivo. Algunas páginas se registran con ese apelativo porque los autores saben que pueden ganar más visitas.

Hay que tomar en cuenta que algunos maliciosos tienen como tarea llegar a fieles católicos pero no para ayudarlos a crecer en su fe, sino para apartarlos de ella o confundirlos, sembrando en ellos la duda y motivándolos a no ser fieles al Magisterio de la Iglesia legítimamente interpretado y transmitido por el Papa y los Obispos.

2. Hay que fijarse en la afinidad con el Magisterio.

Un criterio inicial para discernir si tal o cual portal de Internet es o no un sitio católico, es la afinidad que tenga con el Magisterio de la Iglesia. Incluso hay que fijarse en las fotografías y en los pequeños comentarios.

Un portal católico jamás contendrá ideas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia, sobre todo en temas de dogmática, moral, eclesiología o sacramentos. Es fácil darse cuenta de que un sitio no vale la pena si se promueve la crítica o se promueven prácticas contrarias a lo que el Papa o, en virtud de su puesto, sus colaboradores más cercanos, Cardenales, Arzobispos y Obispos dicen o transmiten.

3. Revisar quién es el autor del portal, página o blog.

Un portal auténticamente católico está vinculado normalmente a la Iglesia en sus diferentes espacios: La Santa Sede, un organismo dependiente directamente de ella (por ejemplo un dicasterio como el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, entre muchos otros); una diócesis o una parroquia; una congregación religiosa, organización o un movimiento de apostolado debida y previamente aprobado por la Iglesia. Hay algunos espacios católicos (de eglares o consagrados) que aparecen a título personal pero están respaldados.

Ciertamente no hay –hasta ahora por lo menos– un organismo encargado de conferir cédulas de catolicidad a los espacios en Internet, pero con estos tres puntos, será más fácil discernir sobre lo que vale la pena.

Alfredo Delgado, M.C.

domingo, 2 de febrero de 2014

El Año de la Vida Consagrada... DESPERTAR AL MUNDO CON UN TESTIMONIO PROFÉTICO RECOGIENDO EL TESTIGO DE LOS FUNDADORES

El Papa Francisco, ha convocado a toda la Iglesia a celebrar el Año de la Vida Consagrada en el 2015.

El Santo Padre anunció esto el pasado 29 de noviembre al final de un encuentro con 120 Superiores generales de los Institutos masculinos y acogiendo la sugerencia de los jefes de la congregación para la Vida Consagrada, después de haber escuchado a muchos consagrados.

Este Año –ha comentado  el cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica– está pensado en el contexto de los 50 años del Concilio Vaticano II y, en particular de los 50 años de la publicación del decreto conciliar “Perfectae Caritatis”, que habla sobre la renovación de la vida consagrada...

El primer objetivo de este año especial, es dar gracias por este regalo del Concilio Vaticano II, que, con este decreto y los demás documentos emanados de él, ha enriquecido la vida de tantos y tantos consagrados al rededor del mundo.

El segundo objetivo de la celebración de este años es acrecentar la mirada positiva de todos los consagrados y abrazar al futuro con esperanza, conscientes de que el momento actual es delicado y fatigoso y que la crisis que atraviesa la sociedad y por lo tanto la Iglesia –inmersa en esta sociedad– toca plenamente a la vida consagrada. La celebración de este aó será un impulso para asumir esta crisis no como la antecámara de la muerte, sino como una ocasión favorable para el crecimiento en profundidad y, por tanto en esperanza, motivada por la certeza de que la vida consagrada no podrá desaparecer nunca de la Iglesia ya que fue querida por el mismo Jesús como parte irremovible de su Iglesia.

El tercer objetivo de este año 2015, dedicado a la Vida Consagrada, es ayudar a todos los consagrados a vivir el presente con pasión en esta hermosa vocación tan importante para evangelizar y dar testimonio al mundo entero de la belleza de la «sequela Christi» (seguimiento de Cristo) en las múltiples formas en que se desarrolla la vida consagrada.

Todos los consagrados, somos hombres y mujeres que recogemos el testimonio que nos han dejado nuestros fundadores (En nuestro caso de Misioneros de Cristo, miembros de la Familia Inesiana, ese testimonio maravilloso de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento) y... luchamos cada día para despertar al mundo con nuestro testimonio profético y nuestra presencia en las periferias existenciales de la pobreza y el pensamiento como pidió el Papa Francisco a los Superiores generales.

La Familia Inesiana, fundada por la Beata María Inés Teresa, está presente en 14 naciones del mundo tocando muy de cerca las realidades de esas periferias existenciales de la pobreza y el pensamiento: México, Estados Unidos, Costa Rica, Argentina, India, Corea, Indonesia, Japón, Sierra Leona, Nigeria, Irlanda, España, Rusia e Italia.

Este año se abrirá con una celebración solemne en la basílica de San Pedro, posiblemente presidida por el Santo Padre, que podría ser el 21 noviembre, durabnte la Jornada Mundial “Pro orantibus” y seguirá, siempre en noviembre, con una asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica cuyo tema será “El novum en la vida consagrada a partir del Vaticano II”.

También habrá diversos encuentros internacionales en Roma entre los cuales está el de los jóvenes religiosos y religiosas, novicios, profesos temporales y perpetuos con menos de 10 años de profesión; el de los formadores y formadoras; un congreso internacional de teología de la vida consagrada dedicado a “Renovación de la vida consagrada a la luz del Concilio y perspectivas de futuro; una exposición internacional sobre “La vida consagrada, evangelio en la historia humana” entre otras cosas.

Para la conclusión del Año de la Vida Consagrada se prevé otra concelebración presidida por el Papa Francisco, probablemente el 21 de noviembre de 2015, a cincuenta años del decreto “Perfectae Caritatis”. A lo largo del año el dicasterio publicará cada cuatro meses una circular sobre temas relativos a la vida consagrada, la primera de las cuales saldrá el 2 de febrero y estará dedicada al magisterio del Santo Padre sobre la vida consagrada con el título “Alegraos”. Los días 8 y 9 de marzo, respondiendo a los deseos del Papa, el Antonianum de Roma será sede del simposio sobre la gestión de bienes patrimoniales y económicos por parte de los religiosos. Para las religiosas contemplativas habrá una serie de iniciativas acordes con su forma de vida, entre ellas una “Cadena mundial de oración entre los monasterios”.

En estrecha colaboración con la Congregación para los Obispos y siguiendo el mandato del Santo Padre, se está revisando el documento “Mutuae relationes” sobre las relaciones entre los obispos y los religiosos en la Iglesia; siempre por mandato del Papa se procederá a la actualización de la instrucción “Verbi Sponsa” que trata de la autonomía y de la clausura de las religiosas enteramente contemplativas. Otro documento en preparación tratará de la vida y la misión de los religiosos, mientras que un cuarto abordará la cuestión de la gestión de bienes por parte de los consagrados para ofrecer líneas y orientaciones en las complejas situaciones que se presentan en este ámbito.

El Año de la Vida Consagrada será, indudablemente, un «tiempo de gracia» para la vida consagrada y para la Iglesia, una ocasión para reconocer «luces y sombras» de los consagrados de este tercer milenio.

P. Alfredo Delgado, M.C.I.U.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Algo de la historia de la celebración de la Navidad...

La historia de la Iglesia ubica las primeras fiestas de la celebración de la Navidad en el siglo IV, cuando los católicos buscaban una fecha especial para celebrar el glorioso Nacimiento de Jesucristo y encontraron el 25 de diciembre como un día muy especial, por estar en el solsticio de invierno y recibir a Jesús, el Sol que vino a iluminar a la humanidad. La fecha del 25 de diciembre fue el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver –como muchos piensan– con los festivales paganos en honor a Saturno. 

Hay pruebas del Este griego y del Oeste latino que muestran que los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección. 

Los antecedentes más fidedignos sobre la celebración de la Navidad son de carácter religioso. La ceremonia de Navidad más antigua de la que se tienen datos exactos se remonta al período entre los años 320 y 353 pero ya antes se celebraba. Se sabe que en el año 345, por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno se fijó la fecha de la Natividad. Ellos propusieron esta fecha y El Papa Julio I, habiendo escuchado las razones expuestas por ellos y otos teólogos de aquel tiempo, fijó la fecha del 25 de diciembre. Así debe entenderse que esta fecha es la conjunción de costumbres y tradiciones heredadas. 

El emperador Aurelio, que gobernó el imperio romano desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era un hombre hostil hacia el cristianismo, y está documentado que por eso promocionó el establecimiento del festival del "Nacimiento del Sol Invicto", como un método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del "renacimiento" anual del sol. Se sabe que él lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este y por eso buscó establecer alguna fiesta que congregara al pueblo pagano para darle, como se dice «pan y circo» y tenerlo contento.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado "renacimiento" o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún. De manera que las saturnarias o fiestas en honor de Saturno, buscaban opacar la celebración de los cristianos. Se sabe que en realidad, esa fecha no tenía ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aurelio, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

El festival pagano del "Nacimiento del Sol Invicto", instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, "los orígenes paganos de la Navidad" son un mito sin fundamento histórico. Fue primero la Navidad, que se popularizó después y luego las fiestas en honor al sol. Aurelio buscó exaltar el Saturnal Romano que se celebraba el 19 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura con una fiesta que se prolongaba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza.

Todos sabemos que a lo largo de los siglos, muchas costumbres, tradiciones, mitos y leyendas se han ido agregando a las fiestas de Navidad, por eso algunos signos de estas fechas provienen de muchos países diferentes, hasta llegar a la actual celebración de la Navidad. 

Los primeros cristianos sabían que el verdadero espíritu de la Navidad era de una gran alegría y regocijo porque ha nacido el Salvador. Hacían fiesta porque Dios se ha hecho hombre. «ET VERBO CARO FACTUM EST». El Mesías se ha hecho partícipe de nuestra naturaleza. Ha compartido con nosotros alegrías, penas y sufrimientos. Se hizo semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. Como dice la Escritura: "El Cordero libre de pecados cargó con todos los pecados de nosotros para ofrecérselos al Padre Eterno como único holocausto y hostia pura de sacrificio agradable a Dios".

Así, se recordaba al pueblo cristiano, que ya celebraba la Navidad sin una institución oficial, que esa luz nueva que los paganos celebraban en las saturnarias, es Cristo, luz de nuestras vidas y, como somos seres que hablamos por medio de signos, era necesario mostrar con signos de fiesta el gozo del nacimiento del Salvador.

En el año 540, un error del monje Dionisio, apodado «El Exiguo», en el cálculo de las fechas, fijó esta fecha como el nacimiento del Mesías, sin embargo, el error pudo haber estado también en el año, de manera que nuevos cálculos hicieron descubrir que tal vez Jesús nació entre cuatro y seis años antes del inicio de la era cristiana durante el reinado de Herodes.

El tema de la fecha exacta es controvertido, aunque varios teólogos de los primeros tiempos de la Iglesia intentaron comprobar la época real del nacimiento de Cristo y todo ello fue discutido desde el segundo siglo (con otros temas como la fecha de Pascua, la conmemoración de la muerte y de la resurrección de Cristo), porque las Escrituras solo señalan que la muerte de Cristo fue en la Pascua Judía. A esta precisión se suma la complejidad derivada en los computos de los calendarios judíos, griegos, y latino. Hay relatos de algunos cristianos que narran la celebración de nacimiento de Cristo en Marzo o Abril. Pero al final, se determinó celebrar la concepción de Cristo el 25 de Marzo, la misma que el banquete de la Resurrección, y por tanto la fecha cuando el ángel se le apareció a María. Ahora bien, según los judíos antiguos y los primeros cristianos, la vida comienza en la concepción. Si esto es así y se concibió a Cristo el 25 de Marzo, entonces nueve meses más adelante nació, es decir, el 25 de Diciembre.

Hasta la fecha, la fiesta de Navidad es la más universal de todas las celebraciones de la humanidad y con la globalización, ha recogido múltiples tradiciones de las diversas naciones, es una época de re-encuentro, de alegría, de paz; incluso ese día por una tradición muy antigua, se suspenden las guerras. Con el tiempo se fueron añadiendo los villancicos y la representación del Nacimiento con figuras de barro y escenificaciones vivientes. La historia atribuye a san Francisco de Asís como el creador del nacimiento para mostrar al mundo la pobreza en que nació Jesús. Se ponían diversas figuras o se pedía a las personas que representaran a alguno de los personajes y se narraban diversas escenas de la vida de Cristo. 

Tradicionalmente se celebra el Nacimiento del Salvador con la Misa de Gallo, que se celebra la noche del 24 de Diciembre alrededor de las  12 de la noche. Su celebración conmemora el nacimiento del Niño Dios y tanto las lecturas como los cantos nos hablan de la natividad. Después de la cena de Navidad, las familias católicas se dirigen a la iglesia para asistir a la ceremonia.

La iglesia tomó esta costumbre de los ritos de los templos de Jerusalén que celebraban tres misas el día del nacimiento de Jesús. La primera en la noche en la cueva de la natividad, santificando así la hora del nacimiento del Señor. La segunda al amanecer como signo de la resurrección y recordando el natalicio del Dios-hombre; y la tercera en el templo, siendo ésta el oficio solemne del día. En Roma también celebraban tres misas: una en la noche en Santa María la Mayor recordando la hora del nacimiento. Otra al amanecer recordando el misterio de la resurrección y la tercera el oficio solemne del día, en San Pedro. 

La Navidad, actualmente, se celebra litúrgicamente con tres misas: la de medianoche, la del alba y la del mediodía, que cubren todo el desarrollo de los festejos navideños. En esta noche en que se celebraba el despertar del sol (es cuando empieza a alargar el día), no se debía dormir, sino que había que pasarse toda la noche de fiesta. Con el cristianismo esas fiestas se cristianizaron, siendo el nuevo eje de la misma Jesús recién nacido.

La celebración del Nacimiento de Cristo, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. El papa Juan Pablo II fue el primer Papa que colocó un Árbol de Navidad en el centro de la plaza de San Pedro, junto al Nacimiento. No existe un registro detallado que certifique sobre el primer uso del árbol de Navidad, para festejar el nacimiento de Jesús. Pero se menciona que en el año 200 d.C. ya se presentaba el uso de árboles en la celebración de la Navidad.

En los últimos años, muchos villancicos han sido recuperados y se han compuesto muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846. A eso se añadió la familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, una invención estadounidense, aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de San Nicolás de Bari y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

«THANKSGIVING»... Una hermosa tradición para dar gracias a Dios que se debe conservar

El «Thanksgiving» es una tradición muy hermosa que se originó en los Estados Unidos en 1621 y que desde entonces cada año se ha celebrado. Esta celebración tiene como objetivo agradecer a Dios todo lo que la tierra nos ha dado, además de tener la maravillosa oportunidad de reuniese con la familia a compartir la cena.

El  «Thanksgiving» surgió por la llegada de un grupo de peregrinos que en 1620 viajaron desde Inglaterra a América desembarcando en Plymouth (Massachusetts), escapando de las condiciones de vida de su país. Los nativos de aquella localidad los recibieron amistosamente y compartieron con los peregrinos sus conocimientos sobre las cosechas y la caza. Como muestra de gratitud por la buena cosecha, las enseñanzas y lo bien que habían sido acogidos por aquellas tierras, los peregrinos decidieron ofrecer un gran banquete para los nativos de la región.

«Gratitud» fue la esencia principal de aquel histórico banquete que marcó el inicio de una tradición inquebrantable, pues en este día la familia, amigos, colegas e incluso vecinos se reúnen para dar gracias por todo lo que la tierra les provee. Hay comida y bebidas en abundancia. Lo que se hace ese día es compartir una cena con los familiares más queridos para recordar cómo fue que los indios y peregrinos se unieron para ayudarse, sin importar las distinciones.

Después de que los Estados Unidos consiguieran la independencia, el Congreso (Council) recomendó un día anual de acción de gracias para que la nación entera lo celebrara. George Washington sugirió la fecha el 26 de noviembre como Día de Acción de Gracias. Pero no sería hasta 1863 cuando, al final de de una guerra civil larga y sangrienta, Abraham Lincoln pidiera a todos los habitantes del país festejar el último jueves de noviembre como un día de “Thanksgiving”, es decir como el Día de Acción de Gracias.

Por lo general, en la cena de Acción de Gracias se comparten diferentes tipos de platillos que hacen referencia a lo que se consumió en la primera cena con los indios y peregrinos, por eso se come pavo, maíz, calabazas, arándanos y camotes, que son algunas de las delicias que se degustan ese día.

En el menú de cena de gala no puede faltar el pavo relleno, platillo que fue escogido por los inmigrantes ingleses para celebrar aquella primera cena de Acción de Gracias, desde entonces esta ave fue adoptada como símbolo tradicional del banquete de acción de gracias. La crianza y consumo del pavo, animal que proveía el único tipo de carne popular, antes de la llegada de los cerdos, vacas, borregos y chivos del viejo continente, es parte de la forma de vida de los nativos. El pavo constituía, junto al lobo, el oso y la tortuga, uno de los totems o símbolos de las grandes tribus o congregaciones nativas asentadas en el territorio comprendido actualmente desde el punto extremo norte de Nueva York (Catskills) hacia el sur por el rio Hudson, incluyendo todo el estado de Nueva Jersey, parte de Delawer y la parte sureste de Pennsylvania.

Desde el año de 1947 el presidente de los Estados Unidos realiza ceremonia de indulto, conocida como “Annual Pardoning of the National Turkey”, este indulto es un perdón simbólico. El pueblo puede votar a través de diversos medios para salvar al ave. La ceremonia data  del año 1947, cuando era presidente Harry Truman.

En la mesa de Acción de Gracias no pueden faltar tampoco platillos hechos a base de elementos como el maíz, que representa la supervivencia de las colonias., ya que era el plato principal de aquellos tiempos y se consumía en toda comida; la calabaza, que generalmente se presenta a la mesa de Acción de Gracias como el tradicional Pastel de Calabaza; la salsa de cranberry, que se sirvió en el primer Día de Acción de Gracias y se sigue sirviendo hoy en día —el cranberry es una baya ácida/agria, proveniente del continente norteamericano—. Estos elementos son servidos a la mesa en forma de puré de papa, camotes acaramelados y ejotes con zanahorias glaseadas y panecillos de acompañamiento.

Con los años, se fueron añadiendo algunos otros elementos como el desfile de Acción de Gracias, que es uno de los acontecimientos más esperados de este día. El clásico desfile de «Thanksgiving» se llevó a cabo por primera vez el 1924 organizado por los grandes almacenes Macy’s de Nueva York en que desfilaron los empleados de dichos almacenes. Posteriormente en 1927 se incorporaron marcas muy reconocidas y enormes globos de helio representando a animales y figuras típicas de acción de gracias, pero, con los años, los personajes infantiles más populares —dependiendo del momento y las marcas comerciales— son parte fundamental de este desfile que siguen millones de personas en directo y por televisión. Éste se puede  apreciar por las calles de Manhattan.

A lo largo de los años esta celebración se ha ido modificando, sin embargo, los creyentes tenemos que agradecer a Dios que no se haya perdido el verdadero sentido del festejo: el de dar Gracias. El «Thanksgiving» sigue siendo un día de familia, donde sus miembros se reúnen para dar gracias a Dios, una tradición muy arraigada, antigua y hermosa de esta gran nación, a pesar de que la avaricia de unos pocos quiera convertirla en un gran negocio y una pesadilla para cientos de miles de empleados.

Por desgracia, cada vez más personas tienen que dejar solas a sus familias ese día en medio de la cena para ir a cumplir con sus obligaciones de trabajo, lo que ha obligado a un cambio de horario en la celebración, pues muchas familias la han tenido que trasladar al mediodía, que más bien en Estados Unidos es la hora del lunch. Muchos establecimientos, urgidos por la reciente crisis económica, comenzaron sus ventas del famoso viernes negro el mismo día de acción de gracias, a horas tempranas de la noche. Desde luego que los inteligentes ejecutivos de las grandes corporaciones promotoras de esta iniciativa, no abandonan sus cenas y sus familias para ir a supervisar el desarrollo de las ventas en sus negocios; ellos siguen disfrutando de esta hermosa tradición, para eso tienen empleados entre los que se encuentran muchos que dufren por no poder vivir estos momentos del compartir familiar..

Los hombres y las mujeres de fe sabemos que sustituir en el «Thanksgiving» la vida a la familia y dar primacía al aprovechamiento de ofertas, no es bueno. Para muchos de los empleados que están obligados bajo amenaza de perder sus empleos a trabajar el viernes negro, desde tempranas horas de la madrugada e incluso el mismo día de acción de gracias, los beneficios monetarios que obtienen no sustituyen el sacrificio de dejar sus hogares y sus familias para cumplir con sus obligaciones laborales. La fiebre consumista del llamado «Black Friday» o «Viernes Negro» amenaza la hermosa tradición con filas interminables de personas intentando hacerse con algunas de las ofertas que parecen de locos, pero son reales.

Creo que los cristianos, en las Misas de «Thanksgiving» en nuestras parroquias, deberíamos de pedir a Dios que los dueños, accionistas y ejecutivos promotores de estas iniciativas de venta  sean más moderados y menos agresivos en este día. Sus empleados, sus clientes y la sociedad se lo agradecerán y además, estarían contribuyendo a preservar una hermosa tradición que en este país siempre se ha respetado.Hay estudios científicos que demuestran que cenar en familia fomenta la unión familiar así como también estas familias tienen menos problemas con sus hijos.

Es bueno que al estar en familia se puedan responder algunas preguntas como éstas: 

¿Qué grandes eventos sucedieron en la familia este año? ¿Creció la familia en número, a través de bodas o nacimientos? ¿Se nos adelantaron al cielo algunos de nuestros seres queridos? ¿Experimentó la familia momentos difíciles? Si es así, hay que considerar lo que se aprendió de cada situación. ¿Quiénes son los miembros de la familia? A la hora de la cena se puede brindar y nombrar  una cualidad de cada miembro.

Es, además, una hermosa oportunidad para orar juntos al tener en la mesa el pan que ha sido bendecido en la Misa matutina, como es costumbre. Este día de acción de gracias, aunque no es una fiesta de guardar en el calendario católico,  es como un faro que nos anticipa el brillo de  la luz venidera de la época de Navidad. El calendario litúrgico de la Iglesia en los Estados Unidos lo celebra con gran solemnidad. En la Misa Solemne de este día, se leen dos lecturas —una del Antiguo y otra del Nuevo Testamento— y una emblemática lectura del Evangelio de Lucas: el pasaje del “Magnificat” pronunciado por la Santísima Virgen María, en la que ella declama una de las más hermosas y profundas acciones de gracias al amor infinito de Dios: “proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva… porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí, y su nombre es santo”. (Lc 1:,41-55) y se bendice el pan que se compartirá en la cena.

Recordemos que nosotros los  Católicos diariamente celebramos la Eucaristía, que significa «Acción de gracias» , ese "sí" que le damos a Cristo a la invitación que nos hace a participar en el banquete , donde el promete que cenará con nosotros (Ap 3,20): "Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos". Por eso, los católicos no sólo debemos celebrar el Día de Acción de Gracias con profundo espíritu de oración, agradecimiento y alegría, sino que la celebración de este día nos debe llevar a recordar que nuestra vida como católicos es una constante acción de gracias, a través de nuestros actos de la vida cotidiana, que deben todos ellos dar gloria a Dios, y de manera especial a través de la celebración de la Eucaristía, que como nos dice el Catecismo: “La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por todos sus beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la creación, la redención y la santificación. ‘Eucaristía’ significa, ante todo, acción de gracias”. (CCC 1360)

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “Creer en Dios, el Único, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias inmensas para toda nuestra vida”, (CCC 222); y luego agrega que esto implica, “vivir en acción de gracias: Si Dios es el Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos viene de él: ‘¿Qué tienes que no hayas recibido?’ (1 Co 4:7) ‘¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?’” (Sal 116:12) (CCC 224).

Antes de empezar la cena de «Thanksgiving» se puede recitar el salmo 67 y hacer una oración sencilla como estas:

Salmo 67
V. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!
R. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!

Que el Señor tenga compasión y nos bendiga,
que nos mire con buenos ojos,
para que todas las naciones de la tierra
conozcan su voluntad y salvación. 
R. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!

Oh Dios, que te alaben los pueblos;
¡que todos los pueblos te alaben! 
Que las naciones griten de alegría,
pues tú gobiernas los pueblos con justicia; 
¡tú diriges las naciones del mundo! 
R. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!

Oh Dios, que te alaben los pueblos;
¡que todos los pueblos te alaben! 
La tierra ha dado su fruto;
¡nuestro Dios nos ha bendecido! 
R. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!

¡Que Dios nos bendiga! 
¡Que le rinda honor el mundo entero!
R. ¡Que te alaben Señor todos los pueblos!

Oración:

Oh Señor, con corazones humildes pedimos
tu bendición en este Día de Acción de Gracias.
Y pedimos que en esta mesa,
donde agradecidos compartimos los alimentos en familia,
tu gracia venga para acompañarnos en paz y armonía.
Pedimos que tu amor bendiga, ¡Oh Señor!,
cada corazón, cada hogar, cada mesa festiva,
y que tu paz venga a quedarse
donde brillan las velas, en el Día de Acción de Gracias. Amén.

Oración:

Gracias Dios por todo lo que crece,
Gracias por el arco iris en el cielo,
Gracias por las estrellas que brillan,
Gracias por nuestra familia,
Gracias por nuestros amigos,
Gracias por la luna y el sol,
Gracias por todo lo que has hecho. Amén.

Les invito a celebrar el día de acción de gracias como un día sagrado para la familia. Se que siempre habrá gente a quien no le interese su significado y esté dispuesta a aprovechar la fecha para ganar unos pocos dólares más, pero la familia, la tradición y la fe en Dios serán siempre más importante que el dinero.

Padre Alfredo.

martes, 27 de agosto de 2013

El Vanclarista y la amistad con Cristo…

Hace ya muchos años, la beata María Inés Teresa del  Santísimo Sacramento, inspirada por el Señor, fundó el grupo de Van-Clar. Primero lo insertó, como «brazo derecho» en las primeras constituciones de las Misioneras Clarisas —al hablar de la importancia del trabajo con los laicos—, luego, al poco tiempo, aquello que estaba escrito se concretizó en unos grupitos de jovencitas deseosas de tener una experiencia profunda de amistad con Jesús para ser misioneras seglares e ir a los más alejados en Estados Unidos y en México; unas pensaban en misiones de Semana Santa y verano, y otras, en ayuda económica para la misión de Japón, que fue la primogénita de tantas que fundó la beata María Inés. Poco a poco a cada grupito que nacía, se le unieron jóvenes varones deseosos también de vivir en «estado de misión», atraídos por el lema del grupo que es  “Vivir para Cristo”.

Aquellos jovencitos y adolescentes tuvieron la dicha de conocer a la fundadora del Grupo, la beata Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, y recibieron las enseñanzas y consejos que salían de sus labios y que iban consolidando el ser y quehacer de esos jóvenes laicos como «vanguardias misioneras», que, respaldados por la doctrina que la Madre les transmitía también por cartas y que iba marcando la pauta a seguir para llegar a ser lo que ella misma esperaba de un Vanclarista: “llenos de fervor, de fuego juvenil, de anhelos de pureza, de sacrificio, de abnegación”. Con el paso de los años aquellos jovencitos inquietos crecieron no sólo en número, sino, como Jesús, en gracia, sabiduría… ¡y edad! (cf. Lc 2,52).

Ahora, con el pasar de los años, el grupo está integrado por adultos mayores, matrimonios, jóvenes profesionistas, estudiantes, adolescentes, enfermos y niños… un sinfín de miembros de diversas condiciones constituyen cada grupo de Van-Clar, que, como una pequeña célula, en medio de una sociedad que parece haber hecho a un lado la fe, busca instaurarla y conservarla en el ambiente en donde cada uno de los miembros del grupo, se esfuerza por dar testimonio de vida cristiana yendo a buscar, al mismo tiempo, a los más alejados.

La beata, en su anhelo misionero, espera de los Vanclaristas laicos “dirigentes”, como fermento del evangelio en medio del mundo, que sepan “ante todo dar testimonio de Cristo con una vida recta, limpia… un grupo que de veras se entregue al servicio de Dios y del prójimo”.

Los grupos han crecido, y ahora son muchos los laicos que quieren hacer vida el lema de Van-Clar: “Vivir para Cristo”. En los últimos años ha sido muy considerable el florecimiento de nuevos grupos en los diversos continentes y el incremento de aspirantes y pre-vanclaristas que han llegado a engrosar las filas de los que perseveran desde hace años en algunos de los catorce países en donde la Familia Inesiana está presente.

Que la Virgen María, la Mujer que mantuvo siempre firme el ideal. La Mujer maravillosa que se mantuvo siempre en un clima de misión. La Mujer que siendo más importante que cualquiera de los apóstoles no perdió nunca el rumbo y la sencillez del amor de amistad con el Señor haciendo en todo su voluntad, camine al lado de cada Vanclarista y le ayude, en el estilo de la beata María Inés, a ser más amigos del Señor y a hacerle más amigos al Señor. ¡Vamos María”.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.
Año de la Fe