Pascua es la celebración de la resurrección del Señor de entre los muertos. Esta fiesta culmina una semana después de celebrar la Ascensión de Jesús al Padre con la fiesta de Pentecostés, recordando la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Así, hay 50 días de Pascua desde el primer domingo a Pentecostés. Este tiempo se caracteriza, sobre todo, por la alegría de la vida glorificada y la victoria sobre la muerte, expresada más plenamente en la gran resonante aclamación del cristiano: ¡Aleluya! Toda la fe fluye de la resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación; vana, también es nuestra fe». (1 Cor 15,14), expresa san Pablo.
Hoy lunes, la primera lectura de la Misa (Hch 4,23-31) nos invita a anunciar la palabra del señor con valentía, y eso nos viene muy bien hacerlo en el tiempo de la Pascua, cuando muchos corazones han quedado sensibilizados por la vivencia el Triduo Pascual. Que esta Pascua, al contemplar en todas las celebraciones el Cirio Pascual encendido, revivamos nuestra tarea de ser valientes discípulos–misioneros de Cristo que anunciamos con gozo la resurrección del Señor acompañados de María, la Madre del Señor, como los primeros cristianos. ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
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