jueves, 9 de febrero de 2023

Rosita Estrada, una misionera que inspiró a otras almas a vivir la consagración a Dios... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo LXXXVII

Hace ya muchos años, en mis tiempos de seminarista en nuestra congregación de Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, conocí a una monjita excepcional, una mujer joven y llena de Dios que respiraba por los poros de su ser el amor a Dios y el anhelo de que muchos viviéramos la gracia de Dios. Hablo de la hermana Rosa María Estrada Flores de quien ahora quiero compartir la reseña de su vida misionera que inspiró a otras almas a vivir la consagración a Dios en plenitud.

La hermana Rosita —como mejor la conocimos muchos— nació en Atotonilco el Alto, Jalisco, México, el 7 de septiembre de 1951. El 12 de diciembre de 1967, decidida a donar su vida como misionera, ingresó en la congregación religiosa de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento en la Casa Noviciado, de Cuernavaca, Morelos. Allí mismo, el 20 de agosto del año siguiente, inició su noviciado y el 25 de agosto de 1970 emitió sus votos temporales. 

Después de su formación inicial, Rosita recibió su cambio a Italia, a la comunidad de Garampi y posteriormente, a una comunidad que había en aquellos años en la clínica de Villa Angela. En 1974 sus superioras le destinaron a Madrid, y posteriormente a Pamplona, donde colaboró en el Colegio Mayor Santa Clara. Allí realizó su profesión perpetua consagrándose para toda su vida al Señor el 8 de diciembre de 1977. Allí, en esa comunidad donde hay un colegio mayor, permaneció hasta 1980 en que regresó a México a la Casa Madre en Cuernavaca. 

Posteriormente, estuvo en la Casa de Guadalajara, donde estudió enfermería y donde yo la conocí y traté varias veces en mis visitas a la comunidad de Guadalajara en diversos veranos en que ayudaba yo a manejar desde Cuernavaca a Guadalajara para llevar a las hermanas que estudiaban, en la Perla Tapatía, cursos de verano de espiritualidad con los padres carmelitas. ¡Cuanto me edificaba su sonrisa y su testimonio de generosidad que conservó siempre, con un espíritu jovial.

En el año de 1988, ya con experiencia como enfermera, recibió su cambio a Dublín, en Irlanda y, en 1997, llegó a la misión de Hardag, en la India, donde fue superiora local y maestra de novicias. Diez años después, en 1998 fue nombrada vicaria de la Región Indocoreana que en aquel entonces englobaba las casas de Corea y de India. 

En el año 2003, regresó a Guadalajara, ejerciendo su profesión como enfermera y el Señor me permitió verla de nueva cuenta varias veces y disfrutar de sus edificantes pláticas de la experiencia que había adquirido en las misiones, especialmente de los años que pasó en India, a donde siempre quiso volver. Nuestros hermanos Vanclaristas de Guadalajara, disfrutaban escuchando sus edificantes experiencias misioneras.

Siguiendo con su generosidad misionera, en el año 2008, fue destinada a la misión de Mazatán Chiapas, en el sur de México, donde colaboró hasta el año 2017 cuando regresó a Ranchi, India como hermana mayor de las casas de India. 

A fines del año 2020, la hermana Rosita regresó a Guadalajara por motivos de salud, pues habían aparecido en su vida algunas dolencias que requerían tratamiento médico. 

La hermana Rosita, siempre llena de entusiasmo, se entregó, como misionera, a diferentes tareas que le encomendaban sus superioras buscando, en cualquier lugar y ocupación, dar a Cristo a los hermanos. Era normal verla siempre con una sonrisa en su rostro y con una perenne actitud positiva, aun ante las adversidades, con la confianza puesta en el Señor y en la intercesión de María Santísima, a quien encomendaba todo lo que debía realizar. 

Sus hermanas en religión, las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, cuentas que fue una hermana que se esforzaba por animar a las demás religiosas, buscando obtener lo mejor de cada acontecimiento y hacer de la fraternidad un momento de gozo para el Señor. Muchas la recuerdan como una hermana cercana y muy humana con quienes convivía. Quería mucho a nuestra beata Madre Fundadora, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, a quien conoció y buscó imitar y también mostró siempre un claro espíritu de pertenencia a la Familia Inesiana.

Ya en Guadalajara, en la Casa del Tesoro, donde residen las hermanas enfermas, se le veía colaborando en lo que estaba dentro de sus posibilidades y motivando a las hermanas a ofrecer con alegría su trabajo para la gloria de Dios y la salvación de las almas. Pero, a partir de ese mismo año, acompañó al Señor con la cruz de la enfermedad. Como consecuencia de los malestares que experimentaba, los médicos detectaron unos quistes malignos por lo que tuvo que dejar definitivamente la misión de la India para recibir el tratamiento oportuno para luchar contra el cáncer. Allí fue intervenida quirúrgicamente, y recibió quimioterapia y radioterapia. 

En octubre del año 2022, la hermana Rosita presentó algunos cambios neurológicos, se le detectó, además de los quistes, un tumor en el cerebro, del que también fue intervenida. Tuvo una ligera mejoría, pero al continuar con los estudios, estos revelaron que ya había una fuerte metástasis. 

Paulatinamente su salud se fue debilitando debido a la enfermedad, aunque fue atendida con mucha caridad por las hermanas de la Casa del Tesoro, en quienes dejó un testimonio de sencillez, gratitud y amor a la congregación. Se le veía entregar diariamente todos sus sacrificios al Señor por la salvación de las almas, particularmente por la misión de India, que llevó grabado en su corazón desde que pasó su primera etapa como misionera en esa querida misión que está en el ahora país más poblado del mundo con 1,428 millones de habitantes. Especialmente, allá en India, fue donde la hermana Rosita inspiró a otras almas a seguir a Cristo en la vida consagrada, pues con su ejemplo de vida y su testimonio, acompañó el caminar de postulantes y novicias de aquel lejano país.

Durante el tiempo de su enfermedad, la hermana Rosita se fue abandonando a la voluntad de Dios con mucha confianza, fortaleza, paz y serenidad para ir recibiendo lo que el Señor iba permitiendo en su vida que poco a poco, por los estragos del cáncer de iba minando. Así, poco a poco, esta edificante misionera entregó su alma a Aquél, a quien un día consagró su vida. 

El día 12 de enero de 2023, a las catorce horas con treinta y seis minutos, el Señor la llamó a su presencia a los 71 años de edad. Ahora, seguramente, el mismo Señor la ha recibido para celebrar, en su infinito amor y misericordia, las nupcias eternas.

Descanse en paz nuestra querida hermana Misionera Clarisa Rosa María Estrada Flores.

Padre Alfredo.

«Oremos por los sacerdotes y seminaristas»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo estas líneas desde la casa de mis queridos amigos Eduardo y Rosalba Carrancá en Cuernavaca. Ellos son los papás de dos hermanas Misioneras Clarisas muy queridas, Liz y Cecy. Me ha traído a la ciudad de la eterna primavera un motivo maravilloso en la Casa de nuestras hermanas Misioneras Clarisas que mañana compartiré. Por lo pronto quiero recordarles que hoy es jueves y todos los jueves están dedicados al culto especial a la Eucaristía y a pedir por los sacerdotes y seminaristas; por su perseverancia y su santificación. Sabemos que la Iglesia, en general, atraviesa por una fuerte crisis debido a la falta de sacerdotes, ya que cada día son menos los jóvenes que se involucran en la Iglesia por la falta de fe reinante en el mundo actual. Pensadores que se dicen ateos, lideran el campo de la filosofía reinante y se llevan de paso las ilusiones que muchos pudieran tener de dar la vida a Cristo para que sea más conocido y amado en su presencia eucarística.

Sin sacerdotes no hay Eucaristía, eso es muy cierto. Así que da gusto encontrar a muchachos como Santiago Cárdenas Murillo, un joven seminarista a quien conocí el pasado domingo en la parroquia al celebrarse el día del Seminario. Por este motivo, cada fin de semana del mes de febrero, los pocos seminaristas que estudian en el Seminario de Monterrey, son enviados a hacer presencia en las parroquias a motivar a la comunidad para orar por su formación, para colaborar económicamente en su formación y para contagiar a otros jóvenes a seguir el llamado del Señor que a muchos hace y que, por razones obvias en nuestro mundo actual, no escuchan.

Santiago compartió su mensaje en cada una de las Misas y me edificó con su testimonio de alguien que, viviendo la alegría del Evangelio, quiere alcanzar el gozo de seguir y servir al Señor en la vocación sacerdotal. El Evangelio de hoy (Mc  7,24-30) nos presenta a Jesús que se compadece de la mujer sirio-fenicia y remedia su situación. Dios quiera darnos muchos jóvenes como Santiago, que, dejando penetrar el Evangelio en su corazón, calcan sus mismos sentimientos y anhelan ya el día de su ordenación sacerdotal. ¡Gracias Santiago y gracias jóvenes seminaristas por su «sí» al Señor! Oremos al Señor por intercesión de María, Madre de los sacerdotes que nos de muchas y muy santas vocaciones sacerdotales. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo. 

miércoles, 8 de febrero de 2023

«Cuidemos el interior de nuestras almas»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es casi media noche y apenas encuentro espacio para sentarme frente a la computadora y escribir mi mal hilvanado pensamiento para mañana miércoles. Antes que nada debo confesar que no he dejado de estar conmocionado por el violento terremoto que sacudió Turquía y Siria y que en mi pensamiento para el día de ayer había escrito que iban más de 3,700 muertos. Apenas unas horas después les puedo decir que van al menos 8.000 muertos y unos 40.000 heridos y que, con estas dimensiones, podemos decir que es seguramente uno de los diez temblores más letales de la historia, pero la vida sigue, expresada muy claramente en un bebé que nació en medio de los escombros, según me platicó Claudia hace ya un buen rato.

Y esta vida, que no sabemos para nosotros cuándo terminará — me acuerdo que yo escapé al terremoto del 2017 en Ciudad de México— o cuándo y cómo se afectará de forma grave con alguna enfermedad o situación como esta del terremoto; pues pienso que habrá gente que ha perdido alguno de sus miembros y pienso también en los enfermos que requieren algún tratamiento para vivir —como mi inyección de Repatha— que ya no encontrarán sus medicamentos al alcance. No cabe duda de que estamos en manos de Dios y que tenemos que cuidar en todo momento nuestra mente y nuestro corazón para que haya un grandísimo espacio para Dios y para nuestro ser y quehacer según nuestra vocación.

Para este miércoles el Evangelio (Mc 7,14-23) nos dice que «nada de fuera puede manchar al hombre», que lo que le mancha «es lo que sale de dentro». Ramón Lucas Lucas, L.C. (1955), catedrático de Antropología filosófica y Bioética en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «El hombre, espíritu encarnado», nos recuerda precisamente esto: el hombre es un espíritu encarnado y por eso debe cuidar todo lo referente a lo que reina en su corazón yendo hacia el núcleo fundamental de su existencia en el concepto de existir como ser sustancial, trascendente y espiritual cuyo cuerpo experimenta la muerte y cuya alma goza de la inmortalidad. Les invito a pedir por el eterno descanso de todas estas almas y que la Virgen María nos ayude a cuidar nuestro interior. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 7 de febrero de 2023

«¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?»... Un pequeño pensamiento para hoy

En la madrugada de ayer, un terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter sacudió el sureste de Turquía y el norte de Siria. Nueve horas después, un segundo temblor de 7,5 se registró en el centro de Turquía. estos temblores han provocado ya más de 3.700 muertos, 16.500 de heridos y un número aún por estimar de desaparecidos... y ¡cuántos kilómetros nos separan de estos dos lugares que mucha gente conoce solamente por el éxito de las telenovelas turcas y algunos cuantos por lo barato que salen los viajes a esas lejanas tierras en donde la vida, según los economistas y la experiencia de estos viajeros, es muy barato. Lo cierto es que en un instante grandes edificaciones han quedado reducidas a ruinas y la vida se ha extinguido para muchos. 

Al terminar de leer noticias sobre la situación me puse a escribir mi pequeño pensamiento y me encontré de frente con el salmo 8 y el estribillo que la liturgia de la Misa de hoy nos hace repetir en el salmo resposorial: ¡qué admirable, Señor, es tu poder! El salmo 8 nos presenta la estructura sólida del universo que se apoya en el brazo eterno de Dios. Él está presente universalmente, y por todas partes su nombre es excelso: «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?» La vida, con sus acontecimientos tan terribles, como estos sismos, nos recuerdan que el hombre es muy poca cosa físicamente y que está expuesto a numerosas degradaciones y calamidades, a la furia de las borrascas y tempestades, a la devastación de los terremotos y los volcanes, al ímpetu de los torbellinos, a las ingentes olas del océano, a los estragos de la espada, el hambre, la peste, la covid-19 y a toda clase de enfermedades; y al final, parece que ha de hundirse en la tumba y su cuerpo será pasto de los gusanos...

Mucha gente, ante esta noticia desgarradora de estos terremotos se preguntará: ¿Está Dios presente en medio de esta catástrofe? Parece que el Dios que ha creado al hombre haciéndolo un poquito inferior a los ángeles, se deja sentir como silencioso en el centro mismo de esta dolorosa experiencia humana. Para entender tanto su presencia como su silencio uno tiene que referirse al drama de Cristo en la cruz. Uno no puede explicar el drama del Gólgota en términos racionales de lógica común. Dios no está sólo en las leyes sino también en el amor y el sufrimiento. El Dios presente en la naturaleza no es sólo inmanente al orden cósmico sino que lo trasciende, a él como a cualquier forma de orden y acompaña al hombre en su dolor... Sí, sé que es difícil de entender, pero Dios no abandona a su pueblo. Oremos por nuestros hermanos de Turquía y de Siria y encomendemos al cuidado de María santísima a nuestros hermanos mientras nos solidarizamos de muchas maneras con esto pueblos que sufren. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 6 de febrero de 2023

«El viaje del Papa Francisco a África»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ayer domingo concluyó el primer viaje apostólico internacional del Papa Francisco en este 2023. Este viaje es el número 40 en su pontificado. Un viaje del que poco se supo, porque las noticias que engloban «verdades» no son noticia. Yo pude enterarme un poco de este viaje al corazón de África por algunas páginas del Vaticano y de agencias católicas que compartían un poco de este periplo del Santo Padre a la República el Congo y a Sudán del Sur, hoy por hoy uno de los 10 países más pobres del mundo, entre los que está, como he compartido en otras ocasiones, nuestra querida Sierra Leona. Pero creo que, según datos muy certeros, Sudán del Sur es actualmente el más pobre, además de ser el país más joven del mundo, pues el 9 de julio de 2011, después de décadas de guerra alcanzó su libertad.

El Evangelio de hoy nos presenta una de las maravillosas escenas de Jesús rodeado por las multitudes (Mc 6,53-56). Así pude ver al Vicario de Cristo ahora en esas dos naciones tan lejanas a la mayoría de nosotros, rodeado de multitudes entre las que me llamó mucho la atención una escena en la que se ve a un niño entregando un billete de ínfimo valor para nosotros al Santo Padre como un donativo para la Iglesia... ¡Así me imagino que Cristo recibía lo que la gente, desde su corazón, entregaba con gusto para que él y sus apóstoles comieran algo entre aquel caminar intenso llevando la Buena Nueva!

Francisco —como le gusta que le llamen— tocó temas candentes, de esos de los que el mundo, en general, no quiere saber. Lo cierto es que el mensaje del Papa Francisco en clave de denuncia profética en su viaje a la República del Congo y a Sudán del Sur es un aldabonazo a favor de los derechos humanos fundamentales y contra el nuevo colonialismo desde el mensaje troncal del Evangelio. Condenó la violencia armada, las masacres, los abusos, la destrucción y la ocupación de las aldeas, el saqueo de campos y ganado, que se siguen perpetrando. También la explotación sangrienta e ilegal de la riqueza. Oremos por el Papa para que María santísima lo acompañe en todo momento y siga hablando con la verdad desde lo profundo del corazón para que Cristo reine. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 5 de febrero de 2023

«Sal y luz del mundo»... Un pequeño pensamiento para h


Preparando la homilía para este domingo V del tiempo ordinario, que por cierto, nunca es igual a esto que escribo, que es mi reflexión personal, me llama la atención que apenas pasando el día de la Candelaria, el día en que se habla de Cristo como luz de las naciones, la palabra de Cristo en el Evangelio, nos dice que hemos de ser la sal y la luz del mundo (Mt 5,13-16). La sal, todos lo sabemos, es un elemento muy común y accesible para varios usos, especialmente para resaltar los sabores de la comida, aunque tiene otros usos, por ejemplo, para quitar la nieve de los caminos se esparce la sal y derrite la nieve. Su uso, en nuestro organismo, es fundamental para nuestra vida. Nuestro sistema necesita sal en proporciones adecuadas, ni más ni menos. En la cocina la sal es indispensable, y lo era mucho más en la antigüedad cuando no existían los sistemas de refrigeración con los que hoy contamos. La gente de nuestras comunidades allá en la misión de Sierra Leona, la usa para conservar el pescado. Junto a éstos, seguramente habrá otros muchos usos y aplicaciones que los seres humanos le hemos dado y le damos.

Sabemos lo que pasa con la sal si se «desala»... ¡ya no sirve para dar sabor! Y sabemos también que, a las cosas del Señor, hemos de ponerles sabor y color si queremos que fructifiquen nuestras obras con nuestros hermanos. Jesús nos pide dar ese sabor a lo que hemos aprendido de Él. Las obras de un buen católico, para ser sal, deben de ir por el lado del cuidado, poner un poquito de amor a cada paso y a cada persona que nos cruza. La palabra «sal» en boca de Jesús, es una invitación a dar el verdadero sentido a la vida, a lo que hacemos cada día; más todavía, a darle el buen sabor de la existencia, el gran regalo que Dios nos ha dado. Pero el Evangelio de hoy también dice que hay que ser «luz». Y basta un poco de luz... Luz para las almas, luz para los corazones, luz para cada persona que nos conoce, que conocemos, luz para contagiar la alegría que sólo Dios da. 

En estos días me llamó mucho la atención un artículo que encontré en Internet en el que un escritor dedicaba unas palabras a la tristeza diciendo que hay personas que se embarcan en ser eternamente tristes, como si la vida no les sonriese. Estas personas son las que no dan sabor, son las gentes del candelero debajo de la mesa...  Y pensar que basta sólo el don de la vida para llenarse de alegría y ser sal, ser luz. Cuánto más para nosotros, que somos discípulos–misioneros, antorchas de la humanidad. Yo creo que bien sabemos que cuando más se posee a Cristo más se irradia, más se comunica, es más, sale sólo desde dentro. Qué mejor fruto de nuestros pequeños ratos de oración, de esos buenos momentos que pasamos junto al Señor que el aprender a contagiar la alegría del alma que está plenamente iluminada por su gracia y que da sabor. María, la Madre del Señor y Madre nuestra sabe ser sal, sabe ser luz. Que ella nos contagie... ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 4 de febrero de 2023

«Al regresar de Ejercicios»... Un pequeño pensamiento para hoy


Tomé el misal diario entre mis manos, como acostumbro hacerlo cada día y me detuve en un fragmento de la primera lectura (Hb 13,15-17.20-21). Yo creo que como acabo de terminar esta tanda de Ejercicios tocando el tema del sacerdote misericordiado y misericordioso, me quedo con un espíritu sacerdotal en mi alma y en mi ser totalmente renovado. Cada tanda de Ejercicios que imparto, me «cala» primeramente a mí antes que llegue al corazón de mis oyentes o de quienes comparten conmigo las reflexiones, como ha sucedido en este grupito en el que todos pudimos compartir en torno a cada charla en un ambiente de familia.

Esta lectura me ayuda a meditar en la verdadera «comunión» de Iglesia que supone vaciarse de sí mismo o de las propias ventajas. Hablamos mucho de la sencillez, de la humildad, del «olor a oveja» que debe tener el pastor. Y es que la kénosis —la doctrina del auto-despojo de Cristo en su encarnación— y obediencia al Padre fue así (Flp 2, 8). La lectura ésta, vista con detenimiento, nos deja ver que los dirigentes de la comunidad, especialmente a nivel de Iglesia universal —el Papa—, a nivel de iglesia particular —el Obispo— y a nivel parroquial —el Presbítero— hacen presente a Cristo sacerdote.

Pero desde el Papa, hasta el Sacerdote recién ordenado, son —somos, en mi caso— siempre signos pobres de Iglesia, no pocas veces ridiculizados y criticados, pero son el necesario fundamento de la unidad y comunión eclesial para que la misericordia de Dios fluya por todo el pueblo de Dios y trascienda fronteras. Obedecer a Cristo, escondido bajo estos signos, supone correr la misma suerte de crucifixión y de muerte, sin ninguna ventaja humana ni aun por parte de la Iglesia o de ellos mismos. Les invito, además a fijar los ojos en el último párrafo de esta lectura —que no transcribo aquí— y que nos hace agradecer los dones que hemos recibido para dar gloria a Dios. Así, de la mano de María, y con la bendición del Señor, éstos, mis hermanos sacerdote y yo, dejamos Jesús María y regresamos a la vida ordinaria. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 3 de febrero de 2023

«Misericordiados para ser misericordiosos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Vamos llegando al final de nuestros días de Ejercicios Espirituales en Jesús María. Nos espera la vida ordinaria del sacerdote a partir del domingo con la celebración de las Misas que tenemos asignadas. San Ignacio de Loyola, el iniciador de los Ejercicios Espirituales dice: «Los Ejercicios son todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo, como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos». (San Ignacio, Monumenta Ignatiana, v.1, p.113). Estamos casi llegando al final de nuestras reflexiones que han girado en torno al sacerdote misericordiado y misericordioso. El Evangelio de hoy (Mc 6,14-29) nos habla de Juan el Bautista, en concreto de su martirio y eso me anima a seguir dando la vida en mi ministerio sacerdotal, aunque haya que navegar contra corriente en este mundo. Pro, quiere detenerme, más bien, en contemplar el valor infinito que tiene el tener estos tiempos de retiro en la vida sacerdotal.

No podemos negar que el rimo frenético de la vida moderna crea personas llenas de cosas y actividades pero profundamente insatisfechas, y los sacerdotes, no estamos exentos de esto. Las múltiples actividades ocasionan una dispersión que hace a veces difícil enfrentar las contrariedades de vida porque esta no está ordenada a su último fin. Aquí está la clave de los días especiales dedicados a los Ejercicios: ordenar y enfocar la vida a lo importante, dejando lo efímero y pasajero de lado y en nuestro caso, como sacerdotes, re-estrenar el gozo y la alegría del ministerio. Sé que mucha, muchísima gente está orando por nosotros y eso no encontramos con que pagarlo, porque, la oración del pueblo de Dios, sostiene el ministerio sacerdotal.

San Juan Pablo II decía que «los sacerdotes somos testigos y canales por donde fluye la misericordia de Dios que acoge y que salva». Benedicto XVI, de feliz memoria, afirmaba que «la misericordia es el vestido de luz que el Señor nos ha dado en el bautismo. No debemos dejar que esta luz se apague; al contrario, debe aumentar en nosotros cada día para llevar al mundo la Buena Nueva de Dios». El Papa Francisco, no se cansa de hablarnos de la necesidad de ser sacerdotes misericordiosos, pero, para eso, hemos de cultivar una espiritualidad profunda que nos lleve a ser conscientes de que, antes de ser misericordiosos, debemos experimentar el ser misericordiados por Dios. Así que ustedes sigan orando por intercesión de María Santísima, Madre de los sacerdotes, por nosotros, porque los sacerdotes debemos de trabajar en nuestra conversión personal y hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr la conversión de la Iglesia de Cristo. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 2 de febrero de 2023

«Caminando en la esperanza»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este jueves celebramos la fiesta de «La Presentación del Señor». Una celebración de un misterio de Cristo, en el que los personajes —María, Simeón y Ana, además de la presencia velada de san José— participan cada uno a su modo. La santísima Virgen tiene una función muy próxima a Jesús, una función que hay que conectar con la Pasión —una espada atravesará tu alma— y los otros personajes obtienen un papel iluminador del misterio muy colateralmente. A la par de esta fiesta se celebra la jornada de la Vida Consagrada que instituyó san Juan Pablo II en 1997 y que este año tiene por lema: «Caminando en esperanza».

San Pablo VI en su exhortación apostólica «Marialis cultus» nos recuerda que esta fiesta de la presentación del Señor es «la celebración de un misterio de la salvación realizado por Cristo, al que la Virgen estuvo íntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yahvé, como ejecutora de su misión referida al antiguo Israel y como modelo del pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y la persecución». El pueblo de Dios, actualmente, sigue   siendo probado en la fe y en la esperanza, por eso nos viene bien no solo a los que somos religiosos y pertenecemos a alguna institución de consagrados en la Iglesia, sino a todos, caminar en la esperanza.

Las personas consagradas, que en general hacen tres votos: pobreza, castidad y obediencia, tratan de confiar caminando en esperanza aun cuando no tienen, como su maestro, «dónde reclinar la cabeza» porque Dios es su desde, en y hacia dónde. Los religiosos, en medio de este mundo devorado por diversas ideologías que juntas, sacan de quicio el ritmo de la vida de fe, de compartir caminando en esperanza «aun cuando no llevan bastón ni alforja ni una capa o túnica de sobra» porque «los hermanos son su con quién». Y tratan de acompañar caminando en esperanza, «aun cuando no consiguen más que un par de monedas que echar en la ofrenda del templo». Pero ellos, o más bien dicho nosotros, porque yo también soy un consagrado, luchamos por mostrar al mundo un camino de esperanza. Encomendados a María sigamos así, caminando sin perder la esperanza. ¡Bendecida fiesta de La Presentación del Señor y feliz jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 1 de febrero de 2023

«El carpintero, la fe y los milagros»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de la Misa de hoy (Mc 6,1-6) nos muestra a Jesús que vuelve a encontrarse en su medio ambiente y en medio de su familia de sangre. Pero, yendo más allá de los lazos de sangre, Jesús tiene una nueva familia: sus discípulos, los que escuchan la Palabra de Dios, los que tienen fe en Él, los que le escuchan y serán enviados. El evangelista nos narra que a Jesús, los más cercanos a él lo veían solamente como un hombre, incluso en otro pasaje del mismo Evangelio se apunta que le consideraban loco (Mc 3,21). Se ve, con claridad, que para aquella gente que lo veía como «el carpintero, el hijo de María» era difícil ir más allá para contemplarle como el Mesías.

Jesús les decía: «Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa», y san Marcos nos dice que no pudo hacer milagros allí. Esta imposibilidad de hacer milagros, no viene de que no tenga ya poder para ello... sino que se relaciona con la falta de Fe. Todo milagro supone la Fe. Pero no se trata de una condición, como si la confianza del enfermo condicionara el éxito de su curación. De hecho, la fe es «necesaria» para comprender el milagro y para recibirlo. Pero a los suyos, les faltaba fe... «¡Vino a los suyos y los suyos no le recibieron!» (Jn 1,11).

Nosotros somos ahora «los de su casa», los más cercanos al Señor, los que celebramos incluso diariamente su Eucaristía y escuchamos su Palabra. ¿Puede hacer «milagros» porque en verdad creemos en él, o se puede extrañar de nuestra falta de fe y no hacer ninguno? ¿No será que algunas veces otras personas más alejadas de la fe nos podrían ganar en generosidad y en entrega gracias a la profundidad de su Fe? Si le reconocemos como el enviado de Dios, hemos de aceptar también lo que está predicando sobre el Reino, lleno de novedad y compromiso y eso nos ha de conducir a una vida mejor. Que María, la Madre del «carpintero», nos ayude a seguir de cerca de Jesús y a hacer vida los valores del Reino. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.