jueves, 31 de agosto de 2023

«No esperar hasta que vaya llegando el final»... Un pequeño pensamiento para hoy


A lo largo de mis 62 años de vida me he encontrado con algunas personas bautizadas que viven de forma muy disoluta y que no son practicantes. A veces algunos expresan que ya que vean la muerte cercana cambiarán y enderezarán su vida. Hoy Jesús, en el Evangelio (Mt 24,42-51), nos recuerda que no conviene vivir así, porque el Señor, la mayoría de las veces, llegará por nosotros sin avisar... ¡como un ladrón! 

De esta manera, Cristo advierte a los suyos —que somos todos nosotros— de la actitud de servicio que debe regir todas las relaciones en la comunidad de los creyentes hacia adentro y por supuesto también hacia afuera. La responsabilidad confiada por Jesús a los suyos es continua, no se limita al momento de su llegada. La actitud que se tenga en este momento será el fruto de la que se ha tenido durante la vida. La llegada se refiere, como anteriormente, al momento de la prueba y de la persecución que lleva a la muerte. Entonces será el momento del éxito o de la frustración definitiva —«el llanto y el rechinar de dientes»—. 

Finalmente, al leer este texto, nos encontramos con una urgente invitación a todo integrante de la comunidad, sobre todo a los que asumen puestos directivos como los párrocos, los superiores, los coordinadores de grupos..., para conformar su servicio al servicio de Jesús. Sólo una práctica de la justicia que se sitúa muy por encima de la de los letrados y fariseos” (Mt 5,20) permite la entrada en el Reino de Dios. Que María interceda por nosotros para que el Señor nos encuentre aptos para entrar al reino eterno. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 30 de agosto de 2023

«Comprar lo que vale la pena»... Un pequeño pensamiento para hoy


El evangelio de hoy es muy corto y nos regala dos parábolas que nos llevan a reflexionar en el tema del reino de Dios y que todos conocemos: El tesoro escondido y la perla valiosa. Jesús, a pesar de ser el Teólogo de los teólogos, hablaba siempre con palabras sencillas, que todos alcanzaban a entender. No predicaba de manera alguna como muchos de los predicadores de hoy que utilizando palabras difíciles de entender hacen —o hacemos— que las homilías sean pesadas y tediosas. Este día el Señor nos habla, pues, a través de estas dos breves parábolas, que hacen referencia a la vida cotidiana de la gente de aquel tiempo. Los ejemplos del tesoro y la perla tienen como protagonistas a dos personas comunes que quizá puedan ser un campesino y comerciante en perlas finas. 

El campesino tiene constante contacto con la tierra, porque va buscando espacio ideal para sembrar, tal vez hasta rentando algún terreno cuya tierra sea propicia. El otro, el comerciante en perlas finas va buscando alguna que le deje una buena ganancia. Para ambos, el final de la búsqueda les da el mismo premio: el descubrimiento de algo precioso, para uno un tesoro, para el otro una perla de gran valor. A los dos les une también un mismo sentimiento: la sorpresa y la alegría de haber recibido esta gracia. Finalmente, ninguno de los dos duda en vender todo lo que tienen para adquirir el tesoro que han encontrado. Mediante estas dos parábolas, Jesús nos enseña lo qué es el reino de los cielos, cómo se encuentra, y qué hacer para poseerlo.

Jesús no se preocupa en explicar lo que es el reino. Lo anuncia desde el inicio de su predicación: «El reino de los cielos está cerca». También hoy está cerca, entre nosotros, pero nunca lo muestra directamente, sino narrando el obrar de un amo, de un rey, de diez vírgenes o en este caso de dos personas que se sorprenden de que han encontrado algo de gran valor… Jesús prefiere dejarlo intuir, con parábolas y ejemplos. Las dos parábolas de hoy nos dan a entender que el reino de Dios se hace presente en la persona misma de Jesús. Él es el tesoro escondido, la perla de gran valor. Que la Virgen María nos ayude a buscar también nosotros el reino. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 29 de agosto de 2023

«La escena del martirio de Juan el Bautista» Un pequeño pensamiento para hoy


La escena del martirio de san Juan Bautista, acapara nuestra atención al ver el evangelio de hoy (Mc 6,17-29) al celebrar esta memoria en su honor. Con lujo de detalles san Marcos nos narra esta escena de un martirio que, en la historia de la salvación, nuestras mentes y corazones leerán, a través de la flaqueza y perversión de los sucesos humanos, la intención de Dios, que saca de ellos la maravilla de un santo, la corona de un mártir que es venerado en toda la faz de la tierra. En su misión de precursor, el Bautista mantuvo un entusiasmo vivo —que etimológicamente significa «estar lleno de Dios»—, le preparó los caminos a Jesús, le allanó las rutas, le rebajó las cimas, lo anunció ya presente, y lo señaló con el dedo como el Mesías: «He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1,36), hasta llegar a dar la vida por él y su reino.

Mientras yo sigo festejando con gratitud y asombro mi cumpleaños del día de ayer, san Juan se nos muestra como mártir de su deber, porque él había leído la recomendación que el profeta Isaías había hecho a los predicadores: «Cuidado: no vayan a ser perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar». El Bautista habló con la verdad, ese era su deber. Y tuvo la enorme dicha de morir por proclamar que es necesario cumplir las leyes de Dios y de la moral. Fue un verdadero mártir.

En mi condición de sacerdote, en mi labor de misionero, en mi ser y quehacer como religioso consagrado y en mi calidad de misionero de la misericordia, tengo que mirar detenidamente el testimonio de Juan y contemplar, como lo propone el Papa Francisco al comentar este suceso, que la vida tiene valor solo al darla, al darla en el amor, en la verdad, al darla a los demás, en la vida ordinaria, en la familia. Siempre al darla. Si uno toma la vida para sí, para protegerla —dice el Papa Francisco—, como el rey en su corrupción o la mujer con el odio, o la chica con su vanidad, la vida muere, la vida se marchita, no sirve. Que María nos ayude a predicar y defender siempre la verdad. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 28 de agosto de 2023

«Hoy cumplo 62 años»... Un pequeño pensamiento para hoy

Este lunes empiezo la reflexión pensando en que hoy cumplo 62 años de vida... ¡ya son muchos... pero no me canso de agradecer la oportunidad que Dios me da de haber pasado un año más en esta tierra mientras se llega el día anhelado del encuentro con Él cara a cara. La verdad, nunca planeo la manera en cómo celebraré mi cumpleaños, ordinariamente es un día como los demás con algunas sorpresas que van llegando. Hoy, por ejemplo, tengo un desayuno al que me invitaron y por la tarde la Misa de término del curso de Liturgia que en la parroquia ha dado el diácono Juan Quintanilla y la entrega de diplomas. ¡No dejen hoy de rezar un Padre Nuestro y/o un Ave María por mí y de paso por todos mis hermanos Misioneros de Cristo, mis hermanos en religión.

Me gusta mucho mi día de cumpleaños porque es el día de san Agustín a quien tanto quiero y admiro y, además, a quien estudié con un poco más de profundidad en mis años de seminario allá en aquellos años de seminario que parecen muy lejanos pero que siento tan cercanos, como si acabaran de pasar. El encuentro con los «ayes» de Jesús, en el Evangelio de hoy (Mt 23,13-22), me hacen repasar mi larga vida para hacer un examen de conciencia y maravillarme del amor tan grande, que a pesar de mi miseria, el Señor tiene por mí. Estos «ayes»... «¡Ay de ustedes...» fueron advertencias espantosas para los líderes religiosos de la época de Jesús. Pero también sirven para advertirme a mí —y creo seguramente a todos— contra la hipocresía religiosa de hoy. 

Gran parte de mi paso por esta tierra lo he vivido como sacerdote, es decir, como líder religioso sabiendo que estoy llamado a la verdadera piedad, el amor sincero y a la fe duradera. La vida, a lo largo de los años, me ha enseñado a caminar de la mano del Señor nos hacer uso de cosas que sé que me apartan de él, pero no debo de dejar de orar para que el Señor me libre de la hipocresía, de la pretensión, de las apariencias. Le pido hoy, al dar gracias por este don, que cada día sepa prepararme más y más para encuentro definitivo con el Creador que, por lógica, es cada vez algo más cercanos, pues con tanto achaque, a pesar de tener una carrocería que a muchos hace exclamar «¡qué bien te ves!», la vida terrena puede cortarse en cualquier momento para dar paso a la eternidad. Me acojo al corazón inmaculado de María, rogándole que me lo preste aunque sea tantito para amar a Jesús como ella lo amó y a la beata María Inés para que me ayude a mantenerme fiel a la misión. Gracias Don Alfredo (+) por haberme traído a este mundo, gracias mamá Blanca Margarita por estar aquí a mi lado, gracias a todos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 27 de agosto de 2023

«Nuestra identidad como católicos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy que está tan en boga hablar de la identidad, tenemos ante nosotros una perícopa evangélica, para la misa de este domingo, con un fuerte énfasis en el tema de la identidad (Mt 16,13-20). El Nuevo Testamento está lleno de expresiones que hablan acerca de la identidad cristiana, como por ejemplo: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Ef 2,10) y esta otra: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas» (2 Co 5,17). 

La confesión de Pedro hace referencia a lo que ocurre cuando confesamos a Jesús como nuestro Salvador. El llamado de Jesús implica constituirnos en nuevas criaturas (2 Co 5,17) con un nuevo propósito de vida y una nueva misión. El ser discípulos–misioneros que podemos definir claramente quién es Jesús implica: 1) Un encuentro con Jesús con la confesión de este como el Cristo; 2) Seguirlo; 3) Aprender sus enseñanzas como nuevo modo de vida; 4) Ponerlas en práctica a través del servicio a Dios con la Iglesia y desde la Iglesia a otras personas; y 5) Proclamar el Evangelio a toda criatura sin distinción de clase, lengua o nación. Pedro, a la cabeza de los discípulos sabe dar una respuesta concreta que le hace descubrir y revelar a los demás la identidad que nos debe marcar: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».  

La sociedad evaluará nuestro propósito y misión según el modo en que la iglesia viva dicha identidad hoy, ya sea a través del servicio individual de la persona creyente o de esta con la comunidad de fe. La verdad es que allí donde se proclame el Evangelio, se celebren los sacramentos, se ofrezca servicio en amor a quienes participan de la comunidad de fe y a quienes están fuera, y se brinde ayuda a la persona pobre, necesitada o descartada, garantizando la realidad del Reino de Dios entre nosotros, allí estaremos viendo de manera continua las marcas de la identidad de la iglesia. Que María santísima nos ayude a mantener clara nuestra identidad. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 26 de agosto de 2023

«Hagan lo que les digan pero no imiten sus obras»... Un pequeño pensamiento para hoy


Jesús, usualmente, cuando se enfrenta a los escribas y fariseos, o habla a las multitudes de ellos, utiliza palabras bastante claras y duras, como en el evangelio de hoy (Mt 23,1-12). Su estilo transparente puede hacer sentir algo «incómodos» a algunos y es que, no habrá en la historia de la humanidad hombre tan coherente como lo fue Jesús, el único. Él nos puede advertir acerca de la hipocresía con justa razón. ¡Cuántas veces nos muestra a lo largo de los evangelios su descontento con los hipócritas! ¡Cuántas veces nos exhorta a no ser como ellos! Y es que Nuestro Señor sabe muy bien cuánto daño hace la hipocresía en cualquier comunidad católica, y cuántas almas permanecen cerradas al amor de Dios porque no ven en nuestro testimonio de cristianos una coherencia entre lo que decimos y lo que en realidad ponemos en práctica.

¡Qué actuales suenan siempre todas las recomendaciones que nos da Jesús! ¡Cuánto cuesta a muchos aceptar estas palabras! ¿Por qué desoímos tantas veces lo que el Señor nos pide a través de su Palabra? ¿No será para justificarnos en la incoherencia de los demás? Levantemos la mirada del horizonte y miremos en vertical, porque es de Dios y para Dios todo en nuestra vida. No justifiquemos nuestros errores en los errores de los demás, pues nuestro único modelo debe ser Jesús, en Él debemos fijar todas nuestras metas. Ante Él la verdad y la autenticidad permanecen, todo lo demás es desechado. 

¿Cuándo vamos a creer del todo estas palabras?, ¿cuándo vamos a interiorizarlas y a asumir la grandeza de este hecho? Porque si Dios es Padre, nos conoce totalmente. Con Jesús descubrimos que Dios es un Padre amoroso y misericordioso que nos ama, así, la vida de cualquiera de sus hijos cobra un sentido. Podemos llegar aún más lejos: si Dios es nuestro Padre, entonces Él tiene que encontrar en cada uno signos de que somos sus hijos, pues los padres y los hijos se parecen. Que María santísima nos libre de todo lo que nos aparta de nuestro Dios. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 25 de agosto de 2023

«El mandamiento más grande»... UN pequeño pensamiento para hoy


El pasaje evangélico de hoy en la misa, es muy hermoso. Se trata del fragmento más famoso del capítulo 22 de san Mateo (Mt 22,34-40). En él uno de los doctores de la ley le pregunta a Jesús, para ponerlo a prueba, que cuál era el mandamiento más grande de la ley. 

Esto fue una muy buena idea, porque los judíos, derivadas de los 10 mandamientos, contaban hasta 365 leyes negativas y 248 positivas, suficientes para desorientar a las personas de mejor buena voluntad, a la hora de centrarse en lo esencial. Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestra Iglesia tienen extensas legislaciones. Sin embargo, todas ellas no resuelven positivamente la vida del ser humano. Jesús nos propone que superemos nuestra mentalidad legalista o nuestra actitud infractora. La ley, aunque oriente algunos comportamientos, no puede ser la guía en la vida de las personas. La única guía es el Espíritu de amor que nos permite vivir en paz con Dios y en justicia con nuestros hermanos

La respuesta de Jesús fue clara para aquel hombre y calara para nosotros: el mandamiento principal es amar. Amar a Dios —lo cita del libro del Deuteronomio: Dt 6— y amar al prójimo «como a ti mismo» —estaba ya en el Levítico: Lv 19—. Lo que hace Jesús es unir los dos mandamientos y relacionarlos: «En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas». Pidamos el auxilio e María para vivir esto con alegría. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 24 de agosto de 2023

«Bartolomé Apóstol»... Un pequeño pensamiento para hoy

En este día la liturgia de la palabra nos presenta en el Evangelio el pasaje en el que Felipe le comparte a Natanael —Bartolomé— el gozo de haberse encontrado con Jesús (Jn 1,45-51). Esto es debido a que hoy celebramos la fiesta de este Apóstol. En las cuatro listas del Colegio Apostólico que parecen en la Sagrada Escritura aparece como Bartolomé (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,14, y Hch 1,13). Sin embargo, el cuarto Evangelio no menciona este nombre de Bartolomé, sino que señala dos veces la presencia cerca de Jesús de un discípulo llamado Natanael, así la tradición supone que tenía dos nombres o uno de los dos fue su apodo.

Seguramente, por lo poco que relata el pasaje evangélico de este día, Bartolomé era un alma noble e impresionable, sin dobleces ni recovecos, que manifiesta en este pasaje con todo candor sus emociones, pasando de la duda a la admiración y a la entrega. Lo del hecho que Jesús le diga que lo vio debajo de la higuera fue un simple destello de la sabiduría divina de Cristo. «¿Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera? Mayores cosas has de ver.» De esta manera, recordará seguramente después el Apóstol que la primera gran manifestación llegó a los cuantos días en las bodas de Caná, para que obrando allí el prodigio desaparezca toda sospecha contra el descendiente de Nazaret. Porque en el reino de Dios no hay compromisos lugareños de patria o comarca, de carne o sangre.

Como dije al inicio, es muy poco lo que sabemos de este Apóstol. La tradición dice que su cuerpo fue arrojado al mar y que, rescatado, fue llevado en el año 1000 a Roma, depositándolo en la iglesia de San Adalberto, en la isla Tiberina, que desde entonces se llamó de San Bartolomeo in ínsula. En la Roma medieval llegó a tener dedicadas muchas iglesias, lo que se explica por la gran devoción que los fieles han profesado siempre a este glorioso apóstol. Que él, junto con María santísima, interceda por nosotros, que también queremos ser almas nobles. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 23 de agosto de 2023

«Todos somos llamados a trabajar en la viña del Señor»... Un pequeño pensamiento para hoy


La viña, para los creyentes del tiempo de Jesús, era símbolo del pueblo de Dios, antes Israel. Ahora, para nosotros, es una alegoría del nuevo pueblo de Dios, la humanidad entera. La parábola que nos ofrece el evangelio de hoy (Mt 20,1-16) ilustra algo importante: la cantidad o calidad del trabajo o del servicio, la antigüedad, las diversas funciones en la comunidad, el mayor rendimiento, no crean una situación de privilegio ni son fuente de mérito —el pago es el mismo para todos—, pues todo servicio que se realiza en la Iglesia, es respuesta a un llamamiento gratuito. En la construcción del reino, las bendiciones y recompensas se reciben por la bondad y el amor de Dios y se reparten a todos, y no según el mérito o el tiempo de servicio, sino gratuitamente. En el reino no hay lugar para la envidia ni la codicia.

Así, este llamamiento gratuito espera una respuesta desinteresada. En otras palabras: el trabajo apostólico, los servicios ad intra y ad extra en la Iglesia, que es la vida en acción, no se vende; no nace de la búsqueda de un protagonismo, una distinción especial o de un deseo de recompensa económica, sino de la espontánea voluntad de servicio a los demás. En nuestras parroquias, en nuestros grupos, en nuestras comunidades y movimientos eclesiales, no se trabaja para crear desigualdad, sino para procurar la igualdad entre todos y esto debe ser patente en la comunidad.

Unos han sido llamados a trabajar en la viña del Señor desde hace años, otros apenas han llegado a dar de lo suyo, su tiempo, sus dones, la entrega de su persona. De esta manera, la parábola de los jornaleros que acuden al trabajo a diversas horas del día, y luego reciben igual paga, se convierte para nosotros en un canto a la gratuidad y generosidad de Dios para con todo aquel que quiera ser su discípulo–misionero. Que María santísima, que gratuitamente nos acompaña en el caminar en medio de la viña del Señor, nos aliente a no compararnos unos con otros, a no quejarnos de que unos dan más y otros menos o de que unos son nuevos y no saben nada. Que juntos, los tempraneros y los que apenas han llegado, nos entreguemos con el mismo tesón. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo. 

martes, 22 de agosto de 2023

«¿Qué nos va a tocar?»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio e la liturgia de la palabra de este martes (Mt 19,23-30) no deja de tener algo chusco. Los discípulos se quedaron sorprendidos por las exigencias de Jesús, digamos que un poco asustados. Ellos al fin y al cabo dejaban pocas posesiones y estaban acostumbrados a vivir pobres. Pero, lo que Jesús pedía a los ricos era una renuncia a la riqueza, que en aquel entonces se consideraba una bendición de Dios... ¡Qué confusión! Los discípulos, contagiados de aquella idea, esperaban una seguridad futura en el Reino que ellos creían se inauguraría al llegar a Jerusalén. Jesús les recuerda que al optar por el Reino ya han abandonado las seguridades de este mundo —familia, dinero, prestigio, clase social— y se deben confiar plenamente a las manos de Dios.

San Pedro, entonces, se adelanta y pregunta por las seguridades que les van a corresponder a los discípulos. Jesús lo ubica en la perspectiva correcta. Pedro no puede esperar las seguridades que ofrece este mundo, sino que debe luchar por el mundo nuevo, el que anuncia Jesús y que ellos no acaban de comprender. En este mundo nuevo, reinarán verdaderos seres humanos, con entrañas de misericordia, y darán a cada persona lo justo. Y sobre todo, los seres humanos disfrutarán de una existencia plena.

Con frecuencia, los creyentes nos recriminamos a nosotros mismos porque pensamos que nuestros esfuerzos apostólicos son inútiles y no tendrán recompensa alguna, porque no vemos los efectos. Jesús nos llama a ubicarnos en la perspectiva del mundo nuevo en el que lo importante no es la seguridad que proporcionan las cosas o el éxito alcanzado en las empresas que emprendemos, sino la existencia plena a la que tienen derecho todos los hijos de Dios experimentando su amor. Las cosas materiales van y vienen, el premio por seguir a Cristo y los valores del Reino que anuncia no está aquí sino en la vida eterna. Caminemos hacia esa meta de la mano de María. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.