jueves, 31 de octubre de 2024

PARA LOS CONSENTIDOS DE MARÍA... HOMILÍA PARA LOS ALUMNOS DEL SEMINARIO MAYOR DE MONTERREY EN LA SEMANA MARIANA:


Queridos hermanos en el gozo de la misma vocación en y hacia el sacerdocio:

Siempre es un gusto compartir la Eucaristía con quienes vamos por la vida sostenidos por el mismo ideal y en particular estos días de la semana mariana reestrenándonos en el «sí» que, como María, queremos dar siempre al Señor. Quisiera iniciar esta mal hilvanada reflexión, con las palabras que san Pablo, el Apóstol de las gentes, nos comparte en la primera lectura que hemos escuchado: «Dios —dice Pablo— me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos». (Primera Lectura Gál 1,13-24).

He elegido esta frase inicial de la Escritura porque antes que nada quiero compartirles que soy un sacerdote misionero (MCIU) que además, ha sido nombrado por el santo Padre, desde el año 2016, misionero de la misericordia. Así que, además, quiero decir que no me parece casualidad que hoy se sugiera celebrar la misa de la Divina Misericordia. Porque, como misionero, sé que eso debe ocuparme en todo tiempo y lugar, dando continuidad a mi ministerio sacerdotal de 35 años.

La palabra de Dios, que es siempre viva y eficaz (Heb 4,12) nos invita, con este pequeño segmento paulino, a agradecer la elección que el Señor ha hecho de nuestras vidas y a dirigir nuestra mirada a la Madre de Dios quien, después de haber sido elegida, se dejó conducir en los diversos misterios de la vida por la mano misericordiosa de Dios.

En uno de los encuentros que, como misioneros de la misericordia tenemos con el Papa casi cada dos años, nos dijo con énfasis que el sacerdote de hoy debe ser alguien que tenga la boca chiquita y las orejas grandotas, para poder así ser portador de la misericordia que salva al mundo. Y, pensando en la elección que Dios hizo de María y de cada uno de nosotros, invitándonos a pronunciar un «sí» sostenido, creo que nuestra respuesta vocacional debe ser como la de María, alguien que más que grandes discursos, abrió su corazón y sus oídos a la voz de Dios y de los hermanos. Basta pensar en el «He aquí la sierva del Señor» (Lc 1,38) y en el «Hijo, no tienen vino» (Jn 2,3). María sigue siendo la mujer que está atenta a la escucha del Señor y atenta a la escucha de quien algo necesita.

Nosotros, queridos hermanos, somos los hombres que, habiendo querido hacer a un lado los intereses del materialismo y del consumismo reinantes, nos hemos querido concentrar en los intereses de Jesús —como decía la beata María Inés Teresa: «yo me ocuparé de tus intereses y tú te ocuparás de los míos»— y María, quien muchas cosas guardaba en su corazón (cf. Lc 2,19) se convierte en guía y modelo para ello.

A lo largo e nuestra existencia, en el devenir de nuestra vida, los misterios que rodean la vida del Señor y que se convierten también en los misterios de la vida de María, por esto de ocuparse en los intereses de Dios; se hacen también nuestros, porque en lo longitudinal de la coexistencia que como hijos del Padre Misericordioso compartimos en las diversas edades, tiempos y espacios que atravesamos en nuestras vidas entrecruzadas, mientras llega el día anhelado de nuestro encuentro con el Creador, los misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria, se van entrecruzando en nuestro camino.

Hace tres años, llegué por segunda vez a la comunidad parroquial de Nuestra Señora el Rosario en San Nicolás de la que, en el 2001 fui el primer párroco. Me he encontrado nuevamente con una comunidad cuya existencia está plenamente enraizada en el amor a la Virgen, una comunidad en la que además de la santa Misa, todos los días se reza el Rosario y se invita a los 10 sectores, a los 47 grupos parroquiales, movimientos y familias, a no dejar nunca esta devoción que ha sostenido la vida de los santos. La beata María Inés, que acompaña espiritualmente de manera particular esta comunidad parroquial, decía que: «El santo rosario es el pararrayos en las familias y que por ese medio la Madre de misericordia derrama torrentes de gracias, preserva del mal, y nos ayuda a ser cada día más semejantes a su divino Hijo». (cf. Carta a su hermana María Teresa el 31 de mayo de 1952.)

No dudo, ni un segundo, de que la floreciente vida de esta comunidad, se debe a ese apego a María que es palpable desde los abuelos hasta los niños pequeños que la integran. Cada vez que celebramos la Santa Misa, al despedirnos de ella le pedimos que no nos deje, que su vista de nosotros nunca aparte.

Hermanos míos, no quiero ni puedo hablar mucho. Yo aplaudí a Francisco —como le gustan que le llamen—, cuando pidió que las homilías fueran cortas. Solo quiero dejar un pequeño mensaje sobre todo en el corazón de los seminaristas... porque los sacerdotes bien que tenemos ya atravesado esto en el corazón:

El rol de la Madre de Dios en nuestras vidas en las que se entrelazan los misterios del rosario, es fundamental. Y esto a título doble: por ser seminaristas y por ser alumnos de este seminario en cuyas casas, la primera que sale a nuestro encuentro es ella, en esa hermosa escultura mariana que nos recibe. Yo soy exalumno, como MCIU de este seminario, aunque en aquel entonces no existía esta hermosa casa. Por eso resulta muy importante el ahondar su devoción personal y comunitaria hacia la Madre de Dios y rendir cada vez más su discernimiento vocacional en santo abandono en los brazos de tan excelsa Madre.

Queridos seminaristas: Ustedes son los consentidos de María. En cada uno de ustedes ella ve a su Hijo que, en Nazareth, crecía en gracia, sabiduría y edad (Lc 2,52). No olviden nunca que gozan del inefable y dulcísimo privilegio de ser los predilectos de la Virgen. Bajo su mirada amorosa busquen asemejarse más a Jesús repasando entre sus manos las cuentas del rosario; con Ella prepárense para la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundo. Que María, la “forma Dei”, también forme a Cristo en sus almas con esos toques misteriosos e intangibles de amor materno. Que su intercesión convierta el agua de sus vidas en vino y les alcance la gracia de recibir el don del sacerdocio, siguiendo su ejemplo de Virgen fiel junto con la gracia de un amor ardiente y misericordioso a la luz de su testimonio de Madre de misericordia.

Padre Alfredo, M.C.I.U., octubre 8 de 2024.

«El Señor es clemente»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Oración Colecta de hoy está tomada de la misa que el Misal Romano pone por los familiares y amigos y nos invita a pedir por su salud de cuerpo y alma suplicando al Señor, a la vez, que tenga clemencia para con ellos, esperando que le amen con todas sus fuerzas y le den gusto en su ser y quehacer. Me llama la atención, de entrada, que la oración inicie su súplica con implorar la clemencia de Dios, y es que la definición de clemente hace alusión al que el Señor tiene misericordia, piedad y compasión. 

Nuestro Padre Dios es un Padre de amor, un Padre justo. En la Sagrada Escritura encontramos que Él dice que a quien ama corrige (Prov 3,12 y Heb 12,6-11) pero se presenta también como un Dios que «es clemente». En Éxodo 33,19, se menciona que Dios es clemente con quien él quiere serlo. En el salmo 103,8-18, el salmista dice que el Señor es clemente y misericordioso, lento para la ira, y grande en misericordia. Y por su parte, el salmo 103, anota que Dios es tan bueno con los que lo respetan como un padre con sus hijos. La palabra clemente significa benevolente, benigno, compasivo, indulgente, misericordioso, piadoso, bondadoso, caritativo, tolerante... ¡y todo eso es nuestro Dios!

Hoy, al reflexionar en el contenido de la oración colecta del día, bien le podemos pedir al Señor que su clemencia envuelva siempre a nuestros familiares y amigo como una constante invitación a abrirse a su amor. Le pedimos que toque siempre a la puerta de sus corazones, pidiendo ser recibido como un huésped delicado, querido y bienvenido. Si nosotros también, al hacer esta súplica, le abrimos las puertas a la clemencia divina para con nosotros, ella entrará y se establecerá en nuestro corazón, convirtiéndolo en un trono de la gracia de Dios. Entonces su gracia nos guía y modela todo en nosotros conforme a la sabiduría de la voluntad divina. Que María santísima, que también es Madre de clemencia nos ayude. Bien decimos en la oración: ¡Oh clemente!, ¡Oh piadosa!, ¡Oh dulce siempre Virgen María!, ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

miércoles, 30 de octubre de 2024

«En medio del mundo y para salvar al mundo»... Un pequeño pensamiento para hoy


En medio de esta Experiencia Jubilar Sacerdotal en la que llevo ya una de tres semanas, me encontré ayer en el lugar que ocupo en el salón sonde tenemos las conferencias con un sobre con mi nombre en el cual venían algunas «palancas» de feligreses, entre ellos la de Marthita la esposa de nuestro querido diácono Juan Quintanilla y por supuesto la suya. ¡Qué reconfortante es para uno, como sacerdote, ver el cariño y la fuerza de oración de sus feligreses, los laicos, los que, caminando como familia en la fe construyen y mantienen la vida parroquial! Siempre, en las diversas etapas de mi vida en las que me ha tocado estar al frente de una comunidad, he tratado de inculcar a la gente que ellos hacen, como laicos, la comunidad parroquial, porque el sacerdote un día está y otro ya no, sea porque ha muerto o porque ya lo cambiaron.

Me da gusto que, en este marco de esta maravillosa experiencia, hoy la liturgia nos sugiera celebrar la misa por los laicos y la Oración Colecta sea una súplica al buen Dios para que los fieles que han sido llamados a vivir en el mundo, en medio de las ocupaciones terrenales, colaboren sin cesar en la instauración de su Reino. Y es que yo me siento feliz con la comunidad parroquial que, como párroco, inmerecidamente me ha sido encomendada. No terminaría de citar nombre de hombres y mujeres de toda clase y condición, que a diario ponen su ser y quehacer para edificar una congregación de fieles que, junto a los dos sacerdotes y al diácono permanente, da testimonio de los valores que Jesucristo ha venido a traernos, de parte de nuestro Padre misericordioso para ser felices y para hacer felices a los demás. Desde el principio de los tiempos, Dios creó al hombre para que viviera en comunidad con los demás. Desde que Adán recibió una ayuda idónea para él y que Moisés recibió la compañía de Aarón, hasta que Jesús eligió a doce discípulos para que vivieran con Él y aprendieran de Él. 

Desafortunadamente, la mente occidental de hoy aprecia la autonomía y valora la privacidad, pero, esto ha afectado en gran medida la forma en que muchos católicos piensan acerca de sus relaciones con los miembros de sus comunidades parroquiales. No entienden que la vida de fe es personal pero no privada, y eso es una tragedia. Los cristianos en el mundo están llamados a salir de sí mismos y a unirse a una familia nueva en la que todos los hermanos tienen el mismo Padre. Se aprenden los nombres de los demás, toman las cargas de los demás, aprenden de las vidas de los demás y se animan mutuamente a esforzarse aún más por «el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Flp 3,14). Por eso a mí, y no solamente por las cartitas que recibí, sino por su testimonio de vida, agradezco a Dios por los laicos que forman parte de mi comunidad parroquial y por todos aquellos que han entrelazado sus vidas con la mía en Sierra Leona, en Roma, en Costa Rica, en California, en Irlanda, en España, en Alemania y en tantas otras partes de mi México lindo y querido y otras partes del mundo. Que la Virgen, que se encaminó presurosa, que veló por los que le faltaba el vino y que oró con los discípulos cuando Jesús ya había regresado a la derecha del Padre los aliente. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

domingo, 20 de octubre de 2024

«Para el DOMUND 2024»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es la fiesta del DOMUND. El día en que la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con la labor evangelizadora. Esta Jornada Mundial de las Misiones se celebra en todo el mundo. El DOMUND es una llamada de atención sobre la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización e invita a amar y apoyar la causa misionera. Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada. Estos lugares, como nuestra misión en Sierra Leona, dependen en gran medida de la labor de los misioneros y de las Obras Misionales Pontificias. 

La Iglesia, cuya naturaleza es misionera desde sus inicios, tiene una amplia labor social y educativa en todo el mundo: atiende a 117.119 instituciones sociales: hospitales, residencias de ancianos, orfanatos y comedores para personas necesitadas en todo el mundo. Se encarga de 209.688 instituciones educativas: guarderías, escuelas, universidades y centros de formación profesional. En los Territorios de Misión la Iglesia atiende a 26.711 instituciones sociales. Esto significa que el 22,81% de las instituciones sociales del mundo están en la Misión. La Iglesia en estos territorios también se encarga de 99.045 instituciones educativas, lo que representa el 47,23% del total de instituciones educativas que tiene la Iglesia. Muchas de las parroquias que están en los diversos territorios de misión están a cargo de instituciones fundadas por grandes misioneros, como la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, fundadora de la Familia Inesiana, presente en 16 países del mundo. Las misiones siguen necesitando nuestra ayuda en oraciones, sacrificios y economía, por eso muy necesaria toda nuestra colaboración.

La Oración Colecta de este domingo nos recuerda que los bautizados, los que hemos recibido gratuitamente el regalo de la fe, debemos servir al Señor con un corazón sincero. Y es que Dios, en toda la Biblia, apela siempre al corazón de una persona para evaluar su sinceridad y verdadero compromiso con Él. La misma salvación nace en un corazón sincero: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Ro 10.9). Cuando hablamos de salvación, hablamos de la misma base, cimiento o plataforma. Si mi plataforma es sólida y sincera, podré vivir consciente y comprometidamente la condición de misionero que he recibido en el bautismo, porque todos, por la gracia de este sacramento que nos abrió las puertas de la Iglesia, nos hemos convertido en misioneros. Pidámosle a María santísima que nos preste su corazón para que, con sinceridad, amemos al Señor y le hagamos amar del mundo entero. ¡Bendecido DOMUND!

Padre Alfredo.

«Que la virgen interceda para alcanzar la paz»... Un pequeño pensamiento para hoy

Todos los sábados del año litúrgico la Iglesia destina un detalle especial para la santísima Virgen María invitando a los sacerdotes a elegir alguna de las misas que el Misal Romano presenta en honor de María. Este sábado no es la excepción y la Oración Colecta nos lleva a pedir que nos asista la venerable intercesión de santa María siempre Virgen y que, librándonos de los peligros, nos haga gozar de la paz de Dios. Estamos, como todos lo sabemos, con la paz en un hilo. El Papa Francisco ha afirmado ya varias veces, en los últimos tiempos que la «tercera guerra mundial a pedazos» se está transformando en un «verdadero conflicto global». En enero de este año, el Papa ha afirmado que «las guerras modernas ya no se desarrollan sólo en los campos de batalla delimitados, ni afectan solamente a los soldados. 

En un contexto en el que ya no parece observarse una distinción entre los objetivos militares y civiles, no hay conflicto que no termine de algún modo por golpear indiscriminadamente a la población civil... la guerra —dice el Santo Padre—es tan sólo una inmensa tragedia y una inútil masacre que golpea la dignidad de cada persona sobre esta tierra. De un modo singular, María, que es es imagen de Dios en cuanto ella representa la generosidad de la realeza del Señor en la tierra, es admirada como “Reina de la Paz». Dependiendo de Jesucristo y en colaboración con Él, que es la imagen suprema de Dios (Colosenses 1,15), ella personifica y hace presente la magnanimidad de Dios, que se entregó con tan extraordinaria humildad y desinterés para hacerse uno de nosotros y llenar nuestros corazones de paz. 

¡Cuánto tenemos que pedirle a ella, a la portadora de la paz, que es el mismo Dios, que interceda por esta dura situación que a todos nos lleva de encuentro! Hace unos días, visitando el santuario de María la que desata los nudos me vino a la mente un pensamiento de san Irineo que dice: «San Ireneo de Lyon dice: “el nudo que hizo Eva con su desobediencia lo deshizo María con su obediencia». Creo que, el nudo de las guerras, que viene desde aquellos tiempos de Caín y Abel a causa del nudo que trabó Eva y que acabó con la paz de la convivencia humana, María lo puede desatar. Que ella interceda y alcancemos nuevamente la paz. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

domingo, 29 de septiembre de 2024

«En búsqueda de la misericordia y la bendición de Dios»... Un pequeño pensamiento para hoy

Dios, no cabe duda, siempre se hace presente en nuestras vidas, en las vidas de todos, aunque eso solamente sea percibido por los hombres y mujeres de fe. Si prestamos un poco más de atención y nos detenemos a pensar un instante, podemos darnos cuenta que efectivamente, en cada paso que damos, en cada situación que vivimos, buena o mala, Dios está ahí, sobre todo, como recalca la Oración Colecta de este domingo, ejerciendo su misericordia. Dios siempre está presente, incluso cuando no lo esperamos y, cuando lo necesitamos, se hace encontradizo hasta en las situaciones menos inesperadas.

Hace unos días, el miércoles pasado, allá en mi «Selva de Cemento», caminando entre la confusión en medio de la manifestación por el caso de Ayotzinapa, que por cierto no tiene trazas de aclararse, para ir al hospital a acompañar un rato al padre Abundio, que gracias a Dios ya está en casa, se me acercó un hombre joven, se quitó la gorra y me dijo: «padrecito, Dios me lo puso en el camino porque lo necesito... ¡deme su bendición! De la misma manera, el viernes, en el gimnasio, casi al terminar mi rutina del día, se me acerca una señora, cuyo nombre no recuerdo ahora y me pidió su bendición. En el caso del hombre yo traía mi camisa clerical, fue entonces fácil identificarme; en el caso de la mujer, ella sabe, como casi todos los socios del gimnasio que, aunque me ven siempre en camiseta de tirantes, shorts, tenis y gorra, con mis audífonos puestos, soy sacerdote y soy, de una o de otra manera, portador de los intereses del Señor. 

En el 2021, en medio aún de la histórica pandemia que atravesamos, el Papa Francisco expresó que «Dios siempre encuentra la manera de hacerse presente en nuestras vidas, incluso cuando sentimos que está lejos o nos sentimos abandonados. Esta es nuestra fuerza». Y a mí me da mucho gusto cuando me suceden cosas como estas, porque me hacen ver que, en un mundo que cada vez, como sociedad, desconoce más a Dios porque vive lejos de él, hay quienes buscan el perdón, la misericordia, la bendición de un Dios que no abandona, que siempre nos acompaña, que siempre está con nosotros. Seguro que, al volver la vista atrás en la propia vida y en la propia historia personal, muchos podemos redescubrir esta presencia divina que nos acompaña y nos cuida con mano de Padre. Que María, nuestra fiel compañera, nos haga siempre atentos a esa presencia de Dios. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

domingo, 1 de septiembre de 2024

«Misioneros con un corazón sin fronteras»... Un pequeño pensamiento para hoy


Llegamos ya al final de agosto. Por supuesto es un mes muy querido para mí porque en agosto ingresé al seminario, en agosto me ordené sacerdote y en agosto celebro mi cumpleaños. Doy gracias a Dios por que hoy, precisamente, al llegar de Zacatecas casi a mediodía, terminé una serie de viajes que parecían interminables desde los primeros días de mayo y que me hacían estar cambiando de canal prácticamente cada semana según el motivo de cada estancia aquí, allá y acullá. ¡Bendito sea Dios que me permite vivir con alegría el espíritu misionero! Espero que ahora pueda volver a ser constante en este compartir que por gusto hago en el pequeño pensamiento de cada día. Por lo pronto hoy quiero agradecer especialmente al equipo formador del seminario de Zacatecas por su valioso testimonio de sacerdotes con un corazón sin fronteras en esta semana e invito a mis siete lectores a tenerlos en sus oraciones.

Ciertamente que viajar no me cuesta, porque tengo, desde pequeñito, como ustedes saben, un espíritu andariego gracias a mi padre; aunque eso implique desmañadas, esperas en centrales, estaciones de tren y aeropuertos, turbulencias y frenones, empujones, retrasos, desveladas y uno que otro sinsabor inesperado. A cambio de esto tengo siempre el gozo de vivir en la presencia de Dios impartiendo ejercicios espirituales, asistiendo a congresos y cursos de actualización, celebrando misas, confesando y compartiendo de una u otra manera el gozo de la fe con obispos, sacerdotes, religiosos y laicos de todos colores y sabores. Como he afirmado en varias ocasiones: «Los misioneros somos hombres de aventuras que quisiéramos volar hasta los últimos rincones del mundo para gritar a los cuatro vientos que ¡Dios nos ama y es la razón de nuestro existir! »

Hoy culminamos este octavo mes del año celebrando la misa de santa María en sábado, como muchos sábados lo hacemos, y en la Oración Colecta contemplamos a la llena de gracia rogando su intercesión para que nosotros también, con su auxilio y la práctica de las virtudes en un corazón que no conozca de fronteras y que se haga cada día más amigo de Jesús el Misionero del Padre para hacerle más amigos cada día. Que ella siga activa motivando nuestro «sí», el «sí» del compromiso misionero que abrazamos como bautizados. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

sábado, 31 de agosto de 2024

«Vivir en gracia como santa Rosa de Lima»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este viernes la Iglesia celebra la fiesta de santa Rosa de Lima, la primera santa del continente americano, una mujer que supo vivir, desde la intimidad de su hogar, la vida contemplativa con una gran proyección apostólica. La historia de su vida narra que un día, mientras ella rezaba ante una imagen de la Virgen María, sintió que Jesús le decía: «Rosa, dedícame a mí todo tu amor». En un primer momento quiso ingresar en algún convento pero fue entendiendo, poco a poco, que la voluntad de Dios era que se quedara entre los suyos.

Santa Rosa, permaneciendo en su casa, se vinculó con la Orden Terciaria Dominicana y tomó a santa Catalina de Siena como modelo. Allí, en el seno de su hogar familiar, se entregó virginalmente al Señor, trabajando en el huerto de la casa y realizando labores de costura experimentando el gozo de la unión esponsal con Jesús y viviendo con alegría las exigencias —en su caso, las espinas— de la vida familiar y social. La Oración Colecta de su fiesta nos invita a imitarla en la búsqueda de la vida verdadera para vivir en gracia en el lugar en donde nos encontremos y en la vocación a la que hayamos sido llamados. 

Ella exclamaba: «Ojalá que todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza. Nadie se quejaría, entonces, de sus cruces y sufrimientos». Hoy, entonces, es un buen día para meditar y encontrar la manera de crecer en la gracia de Dios desde lo concretos de nuestros días. Que ella y la Virgen santísima, a quien tanto amó, intercedan para que alcancemos este regalo. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

viernes, 30 de agosto de 2024

«En el martirio de Juan el Bautista»... Un pequeño pensamiento para hoy


La Oración Colecta de hoy, en la misa de la memoria del martirio de Juan el Bautista, nos invita a luchar con valentía para hacer que prevalezca siempre la verdad. Y es que Juan el Bautista fue un hombre de palabra no solamente en el momento de su martirio, sino desde que con gallardía, pregonaba que había que convertirse por que el mesías anhelado estaba por llegar.

En nuestros días, cuando el ideal de comunión y fraternidad universal proclamado por Jesús se ve cada vez más socavado por un orden mundial que crea cada vez más injusticia y privación de derechos y hace verlo cada día más lejano, tratar de identificar «profetas valientes» en nuestro mundo o en nuestra Iglesia es cada vez más difícil. Hoy se busca, incluso dentro de la Iglesia, el protagonismo, la autoreferencialidad, el acomodo. Juan el Bautista, el profeta valiente. viene a interpelarnos... ¿qué nos falta para saber defender la verdad? ¿qué nos falta a los católicos de hoy en las diversas vocaciones en las diversas esferas de la sociedad para proclamar la verdad.

Hay que dejarnos interpelar por Juan el Bautista, porque todos, sin excepción, tenemos la obligación de cumplir la misma misión profética de Cristo en nuestras vidas. Y si es necesario, pagar el precio, como hizo Juan el Bautista. Que nada ni nadie nos tenga enredándonos en ideologías de modas pasajeras... Como dice la beata María Inés: «la única realidad eres tú Jesús» y él es la Verdad. Que este santo varón, junto a María, interceda por nosotros. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

jueves, 29 de agosto de 2024

«En mi cumple número 63»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cuando uno cumple años, pasando ya uno más de los llamados «de la tercera edad» y con pronósticos de salud que desde recién nacido a los 9 meses y tres semanas auxiliado por los llamados «fórceps» que tanto se usaban en los años cincuentas y setentas, con el cordón umbilical enredado dos veces y la membrana de las vías respiratorias midiendo la mitad de lo que debe ser... no deja de ser una hazaña y una gran bendición del Señor. Yo nací así, hace 63 años, siempre con el recuerdo de que, según me cuentan, mi madre luchaba entre la vida y la muerte en el quirófano y mi padre, rogando la intervención de Nuestra Señora del Guadalupe, rezaba llorando en el cuarto de la maternidad Conchita esperando el milagro de que tanto la madre como el bebé se salvaran. Aún conservo en mi cabeza, que tenía forma de piloncillo al nacer, las marcas de los dichosos fórceps. Nací, además de la colección de achaques, con la hiperactividad que todos conocen unida a la desatención característica de las personas con algo de TDAH, pero en un ambiente lleno de Dios que se convirtió en el nido de mi vocación sacerdotal, religiosa y misionera.

En este día venturoso para mí y para muchos, la Iglesia celebra a san Agustín, el santo al que tanto apreció mi padre y cuyo nombre quería agregar a la letanía que me identifica en mi credencial del INAPAM como Alfredo Leonel Guadalupe y que gracias a la recomendación del juez al registrarme no añadió. De otra manera me hubiera llamado Alfredo Leonel Guadalupe Agustín... ¡ni la realeza de Europa lleva tanto nombre! El caso es que desde pequeño me he identificado con san Agustín, porque, como expresa la madre Martha Gabriela: «¡Dicen que todos nos parecemos a san Agustín, ya sea antes o después de su conversión!

La Oración Colecta de esta memoria de san Agustín nos invita a experimentar una sed de Dios tan grande como la tuvo el santo, que lo buscó por mar y tierra hasta que lo encontró en su presencia de Dios amor, Dios misericordia, Dios perdón y que lo llevó a una vida de plenitud en santidad. Con esto me viene a la mente una de las oraciones más famosas de san Agustín que toca el tema precisamente de la santidad a la que todos somos llamados y que hoy podemos rezar: «Sopla en mí, oh Espíritu Santo, para que también mi obra sea santa. Atrae mi corazón, oh Espíritu Santo, que amo solo lo que es santo». ¡Grande tarea nos deja san Agustín, no solamente a los que nacimos en este día sino a todos! Que él, junto a María, la Madre del Amor hermoso, Reina de los santos interceda por nosotros. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.