lunes, 9 de octubre de 2023

«El prójimo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy el Evangelio nos ofrece una de las páginas más hermosas del evangelio: la parábola del buen samaritano, que sólo nos cuenta San Lucas. La pregunta inicial del doctor de la ley me parece muy buena y creo que de alguna manera todos nos la hemos hecho: «¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Jesús, en un primer momento, le remite a la ley del Antiguo Testamento, a unas palabras que los judíos repetían cada día: amar a Dios y amar al prójimo como a ti mismo (cf. Deuteronomio 6,5 y Levítico 19,18) que centran todo en el amor.

Pero, ante la siguiente pregunta, Jesús concreta más quién es el prójimo. En su parábola, Ese samaritano tenía buen corazón hace todo eso que sabemos que nos narra la parábola con un desconocido. ¿Dónde quedamos retratados nosotros en todo esto? ¡Cuántas ocasiones tenemos de atender o no a los que encontramos en el camino: familiares enfermos, ancianos que se sienten solos, pobres, gente necesitada de escucha! Muchos no necesitan ayuda económica, sino nuestro tiempo, una mano tendida, una palabra amiga. 

El buen samaritano por excelencia fue Jesús: él no pasó nunca al lado de uno que le necesitaba sin dedicarle su atención y ayudarle eficazmente. Al final de la historia, de nuestra historia, el examen será sobre estos detalles: «me diste de comer... me diste de beber... me vestiste... me fuiste a ver». Estoy seguro que la voz de Jesús resuena hoy claramente en nuestros corazones: «Anda y haz tú lo mismo». Con ayuda de María, salgamos al encuentro del prójimo... ese, el que más nos necesita. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 8 de octubre de 2023

«La viña y unos trabajadores aprovechados»... Un pequeño pensamiento para hoy


Contrastando con la gran alegría que nos ha dejado en la parroquia la presencia tan grata y reconfortante del señor arzobispo de Monterrey en nuestra fiesta patronal ayer, el Evangelio de este domingo (Mt 21,33-43) nos lleva a una parábola bastante intensa y dramática enfocada a los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo, en la que Jesús no oculta su crítica. La parábola de los viñadores homicidas lleva a todos a entender que ellos, los principales dirigentes, son los responsables que Dios ha encargado conducir a su pueblo, llevarlo hacia Dios; pero se han dedicado a apropiárselo, a creerse los dueños, a aprovecharse de sus cargos por interés propio.

Es fácil captar que el propietario de la viña representa a Dios, que formó su pueblo con delicadeza y afecto, como expresan las diversas acciones en la parábola  —plantarla, cercarla con una valla, cavar el lagar, construir la torre, contratar a los viñadores—; Dios ha hecho todo lo posible para cuidar de su pueblo, y ha escogido a unas personas para que la viña produjera fruto. En contraste con las atenciones del propietario, los viñadores responden rechazando a sus enviados, maltratándolos, asesinándolos… Los enviados representan a los profetas que Dios envió al pueblo de Israel durante toda su historia; llevaban un mensaje de parte de Dios, casi siempre de conversión, de denuncia de las injusticias, de exigencia de fraternidad, pero el pueblo se negó a hacerles caso. Finalmente envió a su hijo, es decir, Dios envía a Jesucristo para hacer oír su palabra de salvación en el mundo, pero los líderes del pueblo lo atraparon, lo sacaron de Jerusalén y lo mataron.

Los cristianos debemos ver en esta parábola la historia de nuestra salvación. Desde el principio, en la creación, Dios ha querido formar un mundo donde todo era bueno, después los hombres y mujeres lo hemos estropeado, negándonos a darle a él los frutos de amor, justicia y solidaridad que nos pedía —es cierto que la parábola va dirigida a los líderes, pero no solo a ellos, también nos interpela a nosotros—. Dios ha continuado enviándonos su mensaje de muchas formas, pero ha sido más cómodo para muchos de nosotros no escucharlo. Dios nos ha enviado a su propio Hijo a quien ha resucitado para la salvación de todos. Nuestra familia, nuestros amigos, la parroquia, la humanidad, todo es la viña del Señor. El creó todo por amor, ahora la ha dejado en nuestras manos, acompañados de su Madre santísima. Nos toca recoger la cosecha, vivir en hermandad, sembrar justicia y paz. El fruto es el amor, el hombre libre y cumplidor de la Palabra de Dios, pero siempre con la conciencia de que la viña, es de Él. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 7 de octubre de 2023

«Nuestra Señora del Rosario»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora del Rosario, y, en mi parroquia, dedicada a ella, estamos de gran fiesta; a las 7 de la tarde presidirá la Eucaristía el arzobispo de Monterrey don Rogelio Cabrera López, quien nos regalará su presencia para enfervorizarnos más como comunidad que camina bajo la mirada de María santísima. La beata María Inés Teresa, en su libro La Lira del Corazón, dice que «en los misterios del Rosario se presentan a nuestra consideración la misericordia y suavidad divinas» y así es. En efecto, por medio del rezo del Santo Rosario gustamos de esa misericordia que es infinita y que, en las diversas situaciones que pasamos en la vida —misterios gozosos, de luz, de dolor y de gloria— sustenta nuestro andar con el cariño de su Madre santísima.

Nuestra Señora del Rosario es uno de los títulos más amados por todos los fieles cristianos. Reiterando el rezo del saludo angélico del avemaría, con amor y sin cansancio, la invocamos suplicando su intercesión y su consuelo, su ayuda espiritual y material. Todos sabemos que al confiarnos a la Madre del Señor, nos sentimos cerca de su divino Hijo. El Rosario es una oración de orígenes históricos que se remonta al siglo IX, pero hunde sus raíces en la revelación bíblica y el los relatos evangélicos de los misterios de Cristo, a los que Dios ha querido asociar a la Madre del Señor. Es una plegaria que engarza las rosas de cada una de las avemarías para formar un ramillete de cincuenta avemarías por cada una de las tres partes del rosario, que en el siglo XV puso en práctica Alán de Rupe siguiendo la devoción mariana de santo Domingo de Guzmán.  

Todos sabemos que la fiesta de la Virgen del Rosario fue instituida por el santo papa Pío V en el aniversario de la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), que la tradición piadosa atribuye al auxilio de la Madre de Dios, habiendo obteniendo la cristiandad la victoria sobre los enemigos mediante el rezo del Rosario. Como día especial fue instituido por el Santo Papa Pío V en el aniversario de esa batalla. El rezo frecuente, e incluso diario, del Santo Rosario ha marcado durante siglos la piedad del pueblo de Dios, y el rosario se ha convertido en la plegaria que aúna la fe profesada y la fe vivida en brazos de María y junto a su corazón. Que el rezo del rosario nos ayude a acercarnos a Cristo y en él al designio de Dios para nosotros, en el que se encierra nuestra felicidad eterna. ¡Bendecido sábado y felicidades a toda nuestra comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario en San Nicolás!

Padre Alfredo.

viernes, 6 de octubre de 2023

«Ay de ti»... Un pequeño pensamiento para hoy


Las ciudades de Corzaín, Betsaida y Cafarnaúm, al nordeste del Lago de Tiberíades, allá en la Tierra Santa, delimitan el triángulo, el «sector» en el que más trabajó Jesús. Esas ciudades recibieron mucho... Serían ricas de grandes riquezas espirituales si hubiesen querido escuchar. Si se las compara a las ciudades paganas de Sodoma, Tiro y Sidón, éstas son unas «pobres» ciudades que no han tenido la suerte de oír el evangelio. 

En el Evangelio de hoy, Jesús se queda con éstas últimas, porque las primeras tres se han llenado de soberbia y cerraron sus oídos a las enseñanzas de Cristo. Para Jesús el punto de referencia del hombre, en cuanto a su verdadero valor, es el juicio de Dios que ve a lo profundo del corazón y juzga en el amor. Esta apreciación «del punto de vista de Dios» es a menudo bastante diferente de las apreciaciones corrientes del mundo: las ciudades paganas, que no recibieron tanta predicación como las cristianas, serán tratadas menos severamente que las ciudades privilegiadas por una escucha de Dios más abundante, aunque no eran aún evangelizadas. ¿Estoy convencido de esto? Y si es así, ¿qué exigencia me sugiere?

Después de esto, en la parte final de este trocito evangélico, son sorprendentes las palabras con las que Jesús destaca la grandeza de la tarea apostólica o misionera de sus seguidores: es una participación a la misión misma de Jesús. Dios quiere necesitar de nosotros. Siempre hay hombres y mujeres por los cuales habla Dios. Que María nos ayude a saber escuchar a quienes debemos y a ser también nosotros, personas que seamos capaces de hablar en nombre de Dios. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 5 de octubre de 2023

«¡Pónganse en camino!»... Un pequeño pensamiento


El mensaje que Jesús deja en el Evangelio de hoy, es una indicación dirigida a los discípulos–misioneros de todos los tiempos: «¡Pónganse en camino!». Y es que cada vez que nos ponemos en camino, Él —como nos recuerda el relato de los discípulos de Emaús—, se pone a caminar con nosotros.

La vida de todo católico, de todo discípulo–misionero de Cristo no puede ni debe ser una vida inactiva, sino que, sostenida por la oración, sigue hacia un camino específico porque el camino es como una trayectoria que contiene un conjunto de verdades. Nuestra vida, como hombres y mujeres de fe, debe destacarse por caminar y estar en movimiento constante como Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien sin parar (cf. Hch 10,38). La gran realidad es que debemos caminar con Dios porque vamos de camino al cielo.

En Cristo, siempre de camino, se manifiesta la grandeza de Dios, que es su humildad: Ha querido caminar con su pueblo. Jesús, vive con esta actitud de humildad y quiere caminar con el pueblo de Dios, caminar con los pecadores; incluso caminar con los soberbios. Pongámonos en camino y, bajo la protección de María, demos continuidad a la tarea encomendada por el Señor a sus discípulos. ¡Bendecido jueves eucarístico y sacerdotal!

Padre Alfredo. 

miércoles, 4 de octubre de 2023

«LAUDATE DEUM» La nueva exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la crisis climática.


El día de hoy 4 de octubre de 2023, día de San Francisco de Asís, el Papa Francisco lanza una nueva exhortación apostólica  titulada «Laudate Deum» —Alaben a Dios—, para tratar en ella el tema de la crisis climática que tanto preocupa al mundo. En poco más de 12 páginas el Papa nos recuerda que han transcurrido ocho años desde que apareció su encíclica «Laudato si» (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común, y que escribe ahora ante la falta de «reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre».

«Laudate Deum» está dirigida «a todas las personas de buena voluntad». El Papa, entre otras cosas afirma: que «por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos». También afirma que «es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos».

El Pontífice afirma que hay quienes pretenden «burlarse de esta constatación» o buscan «ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global» y lamenta que también existan quienes «responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados. Como siempre, pareciera que la culpa es de los pobres. Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres». Al advertir que «en los últimos cincuenta años la temperatura aumentó con una velocidad inédita, sin precedentes en los últimos dos mil años», Francisco refiere que «no es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX». En la exhortación apunta, además, que «una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia» y resalta que se ha visto obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentra incluso dentro de la Iglesia católica.

El Papa aclara que, ante esta situación, «se nos pide nada más que algo de responsabilidad ante la herencia que dejaremos tras nuestro paso por este mundo». La crisis climática sumada a la pandemia del covid, llevan al Papa a insistir hasta el cansancio sobre dos convicciones:  «Todo está conectado» y «nadie se salva solo». 

Francisco subraya, en una parte del documento, que «un ambiente sano también es producto de la interacción del ser humano con el ambiente, como ocurre en las culturas indígenas y como ha ocurrido durante siglos en distintas regiones de la tierra». «El gran problema actual es que el paradigma tecnocrático ha destrozado esta sana y armónica relación»

El Papa hace un repaso de las distintas conferencias mundiales, comenzando con la de Río de Janeiro en 1992, pasando por la COP (Conferencia de las Partes) de Copenhague de 2009 y la COP de París de 2015, esta última, un «momento significativo, porque generó un acuerdo que involucró a todos. Puede considerarse un nuevo comienzo, teniendo en cuenta el incumplimiento de los objetivos planteados en la etapa anterior». El Santo Padre nos recuerda que el acuerdo entró en vigor el 4 de noviembre de 2016 y «presenta un gran objetivo a largo plazo: mantener el aumento de las temperaturas medias globales por debajo de los 2 grados con respecto a los niveles preindustriales, intentando aun bajar a los 1,5 grados». Luego de citar brevemente las COP25 de Madrid (2019), la COP26 de Glasgow (2021) y la COP27 de Sharm El Sheikh (2022), el Papa dedica unas palabras a lo que se espera de la COP28 de Dubai, que se realizará del 30 de noviembre al 12 de diciembre.

En esta exhortación, el Papa anima a terminar «de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, ‘verde’, romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos» y expresa su esperanza de que quienes «intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos, más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas».

Francisco señala que «la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano en medio del concierto maravilloso de todos los seres, pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un ‘antropocentrismo situado’. Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas, porque ’todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde’». El Santo Padre, sin hacer de lado la parte espiritual de este valioso documento de gran actualidad, hace un llamado especial: «Invito a cada uno a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga, y a embellecerlo con el propio aporte, porque ese empeño propio tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores. Sin embargo, no puedo negar que es necesario ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán sólo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional».

El Papa concluye su exhortación apostólica afirmando que : «'Alaben a Dios’ es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.

Padre Alfredo.

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«San Francisco, el Papa Francisco y el Sínodo»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este día, además de que marca, hasta el 29 de este mismo mes en el Vaticano, la Asamblea General del Papa con obispos de todo el mundo llamada «Sínodo de los obispos» y en la que por primera vez en la historia de los Sínodos, las mujeres podrán votar sobre lo que se hable en el encuentro, se celebra, en la Iglesia Universal, la memoria de San Francisco de Asís (1182-1226), el santo que ha marcado el pontificado del Papa. Francisco, cuyo nombre de pila era Giovanni di Pietro Bernardone, fue un hombre que vivió en un momento en que la Iglesia, muy similar a la Iglesia de nuestros tiempos, tenía una desesperada necesidad de una nueva evangelización y de una tarea de auténtica sinodalidad. No es entonces difícil imaginar que el Papa Francisco lo tenga por «amigo íntimo», porque ambos son amigos de Cristo. Como escribió el Papa Benedicto XVI de feliz memoria en Deus Caritas est: «También los amigos de Jesús deben ser amigos entre sí». 

El Evangelio de hoy (Lc 9,57-62) nos ayuda a ver la característica primordial de San Francisco, para quien la vivencia de la pobreza, en el sentido de desprendimiento total de todo lo que ate y aparte de Dios, fue algo esencial para amar a la Iglesia, que es es signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. Pero, hoy, ante la apertura de este Sínodo, que es un tiempo de gracia muy especial, y al que me siento muy unido de manera especial con la presencia de monseñor Oscar Taméz, obispo de Ciudad Victoria que participa allá en el Vaticano y con quien me mantengo en contacto, la Iglesia llega sufriendo el quebrante de la división. Sí, por las noticias que nos llegan, nos damos cuenta de que el cuerpo de Cristo está herido. Parece que algunos miembros de la Iglesia no logran entender que cuando infligen dolor a los otros miembros, en realidad se hieren a sí mismos. «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren juntamente», nos dice san Pablo. El Papa Francisco sabe que las divisiones destruyen lentamente a la Iglesia. En una homilía de hace dos años, había dicho: «el diablo tiene dos armas poderosísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero... las divisiones en la Iglesia no dejan que crezca el reino de Dios... Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra de esta: siempre contra, no existe el óleo de la unidad, el bálsamo de la unidad» (12 de septiembre de 2016). 

El Santo Padre ha entendido muy bien que las divisiones y la ambición son las enfermedades diabólicas que afligen a la Iglesia actualmente. Y san Francisco ofrece a Iglesia dos poderosos antídotos: fraternidad y pobreza evangélica. En la iglesia de San Damián, allá en Asís, San Francisco escuchó a Jesús que le decía: «Ve y repara mi iglesia que como ves, está en ruinas». Mientras Francisco escuchaba la voz de Jesús desde la Cruz, abrazaba también su propia cruz y la llevó muy bien. San Francisco abrazó la cruz de Jesús y reconstruyó la Iglesia. Tratemos de honrarlo ayudándole, bajo la protección de María santísima a construir la Iglesia de nuestro tiempo y a acrecentar la unidad. Pidamos, desde nuestra pobreza, desprendiéndonos de todo lo que contamina nuestros corazones, que los frutos de este Sínodo sean abundantes y llenen de esperanza no solo a la Iglesia, sino al mundo entero. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 3 de octubre de 2023

«Sin ánimo justiciero ni fiscalizador»... Un pequeño pensamiento para hoy


El evangelista san Lucas, comienza el Evangelio de hoy (Lc 9,51-56) recordándonos que ha llegado para Jesús la hora «de salir de este mundo». El Señor ha terminado su predicación en Galilea, y todo va a ser desde ahora «subida» a Jerusalén, o sea, hacia los grandes acontecimientos de su muerte y resurrección. De paso va a ir adoctrinando a sus discípulos sobre cómo tiene que ser su seguimiento.

La primera peripecia en el camino les pasa cuando tienen que atravesar territorio samaritano y no les reciben bien «—porque los samaritanos no podían ver a los judíos, sobre todo si van a Jerusalén—. La reacción de Santiago y Juan es drástica: «¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?» A la luz de esto podemos dejarnos interrogar sobre nuestra reacción cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien: ¿somos tan violentos como los «hijos del trueno», Santiago y Juan, que quieren que baje un rayo del cielo y fulmine a los que no les han querido dar hospedaje? ¿reaccionamos así cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra? 

Jesús no pierde la paz y por eso los reprende. Hay que entender que si aquí no nos escuchan, vamos a otra parte y seguiremos evangelizando, allá donde podamos. Sin impaciencias. Sin ánimo justiciero ni fiscalizador. Sin dejarnos hundir por un fracaso. Evangelizando, no condenando: «porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder, sino a salvar». Con la compañía de María, sigamos adelante. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 2 de octubre de 2023

«Ángel de mi guarda»... Un pequeño pensamiento para hoy


Celebramos el día de hoy a los Santos Ángeles Custodios. Apenas hace unos días acabamos de recordar a los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel y ahora pensamos en el ángel que nos cuida. ya sabemos que los seres humanos no estamos solos en el mundo creado, con nosotros y confiados a nuestra responsable custodia, se halla el orden animal de tantos seres vivos que comparten con nosotros este prodigioso escenario y soporte del mundo creado que habitamos; y sobre nosotros, el mundo celestial, donde Dios es glorificado por los ángeles y al que son asociados los santos.

Dios ha creado a los ángeles, que glorifican al Creador, y ha querido asimismo encomendarles auxiliarnos en la tarea de alcanzar nuestra salvación eterna. La sagrada Escritura dice que los ángeles fueron creados por Cristo y para él, porque todo cuanto existe fue creado por Dios mediante su Verbo eterno, «en los cielos, en la tierra, las cosas visibles y las invisibles… todo fue creado por él y para él» (Col 1,16). También los ángeles fueron creados por Cristo, en él y para él, y así leemos en la carta a los Hebreos, con referencia a la encarnación del Verbo, que cuando Dios, en su designio de salvación de la humanidad, «introduce a su Primogénito en el mundo, dice: “adórenle todos los ángeles de Dios”» (Hb 1,6).

Tenemos que tener bien presente que Dios ha querido que toda nuestra vida ha de estar rodeada de la custodia y la intercesión de los santos ángeles, y cada uno de nosotros goza de esta especial protección de Dios que nos asiste por medio de los ángeles custodios, sin quebrar nuestra libertad de seres moralmente responsables de nuestros actos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336). Confiemos a la intercesión de la Virgen María y de nuestros santos Ángeles custodios nuestra vida y nuestras familias, pidiendo para todos la bendición de Dios. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 1 de octubre de 2023

«Todos los días me encuentro con Santa Teresita del Niño Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cuando la celebración de la memoria de un santo cae en domingo, no se celebra, porque la liturgia marca, obviamente, que la celebración del domingo está por encima de todo. Así que este día, en que recordamos a Santa Teresita del Niño Jesús, la liturgia no la celebra, pero mi corazón sí, porque muchos de ustedes conocen la cercanía de la santa en cada paso de mi vida. Ella, desde el día de mi ordenación sacerdotal, hace 34 años, me ha acompañado cada día manifestándose de una manera muy particular: una foto, una mención, una frase, un regalo... siempre ella se hace presente, encontradiza. Esta carmelita descalza, proclamada por Pío XI, el 14 de diciembre de 1927, como patrona universal de los misioneros y de las misiones y luego nombrada doctora de la Iglesia —la más joven por cierto— por San Juan Pablo II, sin siquiera haber salido de su querido convento en Lisieux, me da cada día, una lección nueva.

Así, puedo asegurar que Santa Teresita es mi amiga fiel y compañera de cada día en la vivencia de mi ministerio sacerdotal junto a mi Madre Fundadora, la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento que la llamaba con cariño: «Mi santita predilecta». De hecho hay muchas referencias a ella en los escritos de la beata. Ahora que he tenido unos días muy difíciles, muy complicados por diversas situaciones, sobre todo relacionadas con la parroquia que me han encomendado —y que me queda bastante grande— pienso, por supuesto, mucho en ella, y me anima a hacer cosas como estas: conservar, a pesar de todo, la sencillez de alma; hacer por amor a Dios mis pequeños servicios y tareas todos los días; conservar siempre, como lo hizo la beata María Inés imitándola, la sonrisa con los que me rodean. Cosas como estas son las que esta Doctora de la Iglesia llama su «caminito». Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios que a mí, a pesar de que voy apenas en el primer escalón, me ha ayudado.

Yo creo que Teresita me anima, además, de una manera muy especial como Misionero de la Misericordia, para que siga buscando pregonar, como ella, la misericordia divina manifestada en Cristo como fuerza que levanta, que rehace, que sostiene en medio de las adversidades de la vida. Ella habla y no teme contradecir a quienes predican que la misericordia de Dios solo era para «grandes pecadores». En eso ella es contundente y me hace pensar en el Evangelio de este domingo (Mt 21,28-32), cuando el hijo menor, que no era un gran pecador, sino alguien que simplemente dice de manera impulsiva que no quiere obedecer, lo hace finalmente y cumple la voluntad del Padre. Que María santísima, a quien Santa Teresita veneró como Nuestra Señora de las Victorias nos ayude a ganar la victoria salvando nuestra alma y la de los demás. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.