lunes, 10 de enero de 2022

ORACIÓN PARA REZAR CUANDO SE GUARDAN LAS DECORACIONES DE NAVIDAD...


Señor Jesús, hoy hemos guardado todos nuestros adornos navideños.

Estamos entrando en el Tiempo Ordinario,

y nuestra casa se ve «ordinaria» de nuevo, también.

Pero Señor, Tú sabes y nosotros sabemos que nuestra casa tiene un secreto.

En el fondo, todas nuestras decoraciones navideñas todavía están aquí.

La bendición de la Navidad está siempre con nosotros,

mantenida en los lugares profundos y tranquilos de la casa.

Y Señor, nuestras vidas también se volverán ordinarias,

pero Tú sabes que cada uno de nosotros tiene la gracia del bautismo.

La gracia que nos dio está siempre con nosotros,

en los lugares profundos y tranquilos de nuestra alma.

Que vivamos la gracia de la Navidad todos los días, aunque sin todos los adornos:

que siempre demos generosamente,

recibamos regalos con agradecimiento,

recibamos a otros y estudiemos tu vida.

Haz de nuestra casa un hogar con la Navidad en su centro,

y de nuestras almas un hogar donde Jesús siempre mora.

Amén.

domingo, 9 de enero de 2022

«El Bautismo del Señor»...


La proclamación navideña del nacimiento del Salvador ha impregnado todos los momentos de estos días, convencidos de que el inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros es entrañable. Ha sido, podemos afirmarlo con precisión, un tiempo muy intenso. Fue preparado por las cuatro semanas del Adviento, y las fiestas han sido largas, con una amplia lectura, escucha y celebración festiva, todos estos días, de la Palabra de Dios. No sólo el sentimiento, la representación, los cantos y representaciones han llenado unas semanas, sino que el mismo ambiente «navideño» llenaba las casas, los comercios, los anuncios, las luces de las calles, la decoración de las casas. Hoy, con la fiesta del Bautismo del Señor, cerramos este ciclo litúrgico y regresamos litúrgicamente al tiempo ordinario.

El Bautismo del Señor (Lc 3,15-16.21-22), como fiesta solemne, viene a ser una presentación del Hijo Amado en el inicio de su vida del «anuncio del Reino de Dios». Cristo que desciende hasta el agua del Jordán, que ha venido hasta el profundo modo de ser y participar con el ser humano en toda su fragilidad, dolor y muerte. Es un misterio, un sacramento, ante el cual, Juan el Bautista entiende su indignidad de bautizar al Cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo. La voz del Padre, la bajada del Espíritu Santo que desciende sobre él, a la manera como baja una paloma sobre la tierra hablan de una presencia entre nosotros del bien, del amor, de la Trinidad. Cristo es «el Hijo», el amado, predilecto del Padre, y toda su vida se alimentará de cumplir la voluntad del Padre, porque para eso ha venido a este mundo, para hacer la voluntad del Padre. Pero la voluntad del Padre es nuestra salvación. Cristo, que con bautismo comienza la vida pública, es el Siervo de Yahvé del que nos habla el profeta Isaías en la primera lectura de hoy (Is 40,1-5.9-11). Él ha sido llamado «para promover fielmente el derecho, para implantarlo en la tierra, para abrir los ojos a los ciegos y sacar a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas». 

También la vida de nosotros como cristianos comienza en el bautismo. En el bautismo el cristiano es hecho hijo de Dios y recibe ya la comunicación del Espíritu. La confirmación no es otra cosa que la confirmación del bautismo, un rito en el que de una manera más expresa se nos confiere el don del Espíritu. Por el bautismo y la confirmación, el cristiano es invitado por Dios a llevar el testimonio de su vida a la realidad del mundo de los hombres. El cristiano no es para el mundo fuerza de Dios si no promueve la justicia, la liberación de los oprimidos y la paz y si no hace todo esto en la debilidad de su servicio, si no se alimenta también como Cristo de la voluntad del Padre y si no ve en la voluntad del Padre el servicio al mundo de los hombres. No es con griteríos y con ostentación y poder como todo católico ha de vivir realmente en el mundo. No es clamando y «voceando por las calles o cascando la caña quebrada y apagando el pabilo vacilante...» El cristiano ha de ser como el siervo de Yahvé. El bautismo nos compromete para llevar el evangelio a la realidad de los hombres. Cerramos este tiempo de Navidad y con María nos disponemos a entrar en el tiempo ordinario, así, dando testimonio de Cristo, el Hijo amado del Padre. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 8 de enero de 2022


La «oración» es como el signo de nuestra «comunión» con Dios. Es el testimonio de que estamos en «unidad» íntima con él, de que «vivimos en conformidad con su voluntad» y estamos agradecidos de lo que vamos viviendo. Estos días, en la misa diaria, hemos estado leyendo la primera carta del apóstol y evangelista san Juan y hoy la liturgia nos presenta la última parte (1 Jn 5,14-21) que precisamente nos habla del valor tan grande que tiene la oración. Estamos cerrando prácticamente el ciclo de Navidad, que termina mañana con la fiesta del Bautismo del Señor y hemos podido palpar que ha sido un tiempo de oración. Un tiempo de oración personal y en familia reviviendo el gozo de tener al Salvador entre nosotros.

Ante todo, san Juan nos deja clara la convicción de que «si pedimos al Hijo de Dios algo según su voluntad, él nos escucha». Nuestra comunión de vida con Cristo Jesús nos llena de confianza ahora y ante el momento del juicio. Nuestra oración será escuchada. Esta confianza, nos doce san Juan, se extiende también al caso del pecado. Todos somos pecadores, pero «el engendrado de Dios», o sea, Cristo Jesús, «nos guarda» y nos da fuerza en nuestra lucha contra el mal. San Juan distingue los pecados que son de muerte y los que no llevan a la muerte. No es fácil de entender su sentido. Pero del conjunto de su carta se puede deducir que, como quiera que la meta del cristiano es la comunión de vida con Dios, todo aquello que impida esta meta es pecado que lleva a la muerte.

Por tanto, el pecado que consista en no estar en comunión con Dios, o en no creer en Jesús, que es el que nos da la vida, es un pecado de muerte. Por eso termina el pasaje y la carta con una advertencia sorprendente: «hijos míos, guárdense de los ídolos». La idolatría es adorar, no a Cristo Jesús, sino a otros dioses creados por nosotros y por el mundo. Si alguien no cree en Jesús, habrá seguramente de creer en los horóscopos o en las religiones orientales o en las sectas o en los varios mesías falsos que se atraviesan en el camino. Y sobre todo, se corre el peligro de elevar un altar al propio yo. Bien sabemos que el egoísmo es la idolatría más generalizada en nuestro mundo. Mañana terminaremos el tiempo de Navidad con la solemnidad del Bautismo del Señor, así que oremos a él con ayuda de María su Madre santísima, para que, en oración, perseveremos en nuestra fe. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 7 de enero de 2022

«Vivimos un tiempo difícil»... Un pequeño pensamiento para hoy


No dejamos de vivir un tiempo que es difícil en muchos sentidos. Hay muchos males que aquejan a nuestra humanidad, entre ellos esta pandemia que parece no terminar y contra la que se busca, la curación definitiva tan anhelada y que no llega. Hace algunos meses parecía que ya todo terminaba y se iba encaminando hacia la nueva normalidad y nada, llegó la variante ómicron y los contagios se han disparado. Hay ahorita nuevamente muchos contagios y con ello muchos que dan su vida en favor de los enfermos en los hospitales o en lugares donde hay que atender a quienes viven esta calamidad en condiciones infrahumanas. Alabamos el grado heroico de servicio en el amor de quienes se desvelan en favor de los que nada tienen y en cuyo testimonio se manifiesta el amor de Dios.

Tender la mano para tocar a los enfermos corporales y espirituales para ayudarles a salir de sus males y esclavitudes, sin miedo a lo que esto nos pudiera traer como consecuencia, es vivir nuestra fe con una auténtica lealtad a Aquel que, no sólo por llenarnos la boca de alimento, sino por librarnos de nuestra esclavitud al pecado, fue perseguido, calumniado y clavado en una cruz. La vida de muchas personas se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos los tipos, que nos podrían orillar a perder la confianza en el Maestro, Buen Pastor. Quizá alguna vez, hemos pensado que Él nos ha dejado, que ya no está con nosotros; pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida debido a la enfermedad o a otra clase de problemas... y eso incluso ahora mismo, a pesar de estar todavía viviendo gozo interior que la Navidad, que no ha terminado y que nos está dejando vivir.

No podemos olvidar que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue Cristo mismo, mientras padecía su muerte en la cruz. Y así, nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de males, pues por esa muerte ignominiosa, nos vino la Redención. La lección de confiar en Jesucristo y en su infinita bondad, no es esperar que nos quitará todos los sufrimientos de nuestras vidas. Sino que nos ayudará a saber llevarlos, para la purificación de nuestra alma, en beneficio de toda la Iglesia. A algunos dará la salud, como al leproso que hoy aparece en el evangelio (Lc 5,12-16) pero... ¿cuántos leprosos habría en aquel entonces que no fueron curados? Lo importante, es, que en la salud o la enfermedad, nos sintamos acompañados por Jesús, que vino a nacer de María entre nosotros para hacerse uno de los nuestros en todo, menos en el pecado y es un gozo saberse amados por él que nos regala la vida eterna. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 6 de enero de 2022

«El día de reyes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy, tradicionalmente, se celebra aún litúrgicamente en muchas partes, la fiesta de los Reyes Magos. Es la celebración de la Epifanía del Señor que en algunas naciones, como en México, se traslada al domingo que esté entre el 2 y el 8 de enero y que sea más cercano al día 6, por eso aquí ya lo celebramos el domingo pasado. Pero, aunque litúrgicamente la fiesta se celebra siempre en domingo, es tradición en México que se festeje en las familias este día 6 de reyes y por eso mi reflexión de hoy gira en torno a esto. Entre otras cosas se tiene la tradicional rosca de reyes, que representa la corona de los Reyes Magos y su decoración, hecha con higos, ate y membrillo, representa las joyas que llevaban estos adornos reales y su significado es paz, amor y felicidad en una forma ovalada representando el amor de Dios que no tiene principio ni fin. En su interior esconde uno o varios niños que representan al niño Dios escondido para que no lo encuentre Herodes.

En muchos lugares son los Reyes Magos, que forman parte del espíritu de la Navidad, los que traen los regalos a los niños que, al amanecer de este día, corren al árbol de Navidad a ver qué dejaron los santos reyes. La ilusión y fantasía, sobre todo durante los años de la infancia, es totalmente fundamental. Todos los niños del mundo deberían poder llegar a la madurez albergando en su alma momentos de imborrable felicidad; aunque, por desgracia, todos sabemos que eso no es así. No todos los adultos pueden recordar con gozo el día de reyes. En el mundo hay lugares en donde, la infancia de millones de niños se desarrolla inmersa entre abismos de pobreza total, violencia y abominables confrontaciones. Hay niños que en este día ríen, y otros muchos que lloran. Por eso, en nuestro compromiso de discípulos–misioneros es un buen día para pedir por los niños más pobres y desamparados en el mundo.

Es bueno pedir también a los Reyes Magos que durante siglos se han guiado por la luz de una misma estrella, que quizá ha llegado la hora de cambiar y de buscar otras sendas que los conduzcan hacia otros confines, hacia otros pesebres ocultos y olvidados, en donde miles de niños pasan frío, hambre … y nadie se acuerda de ellos. Hay mucho por hacer; muchos caminos por andar; muchas manos por tender porque, como dice la primera lectura de la misa del día de hoy (1 Jn 4,19-5,4)  «Si alguno dice: “amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso». Por lo pronto, siguiendo con la tradición aquí en México, hoy hay que partir la rosca de reyes y ver si nos toca la bendición de que salga, en nuestro pedazo, el niñito Dios. Luego, en agradecimiento, el día de la candelaria, junto con todos los demás agraciados con el niño compartir tamales para todos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 5 de enero de 2022

«Fe y amor»... Un pequeño pensamiento para hoy


Fe y amor son los criterios de nuestra comunión con Dios y es el tema que el apóstol san Juan toca en la primera lectura de la misa de hoy (1 Jn 4,11-18). Para san Juan las dos virtudes se compenetran y se apoderan juntas de la persona del cristiano. Toda decisión de fe implica el amor, puesto que obliga a una conversión que no puede ser más que don de sí. Sabemos que la vida cristiana posee una doble dimensión, vertical y horizontal. La primera nos hace tomar conciencia de que Dios es amor, de que efectivamente nos ha amado hasta el punto de enviarnos a su Hijo y de que quiere establecer su morada en nosotros. Esto forma parte de nuestra profesión esencial de fe. Esta fe nos fuerza a amar a nuestros hermanos como nosotros somos amados por Dios.

Ciertamente, san Juan no es el único autor sagrado que habla del amor y de la fe. Dado que tanto el amor, como la fe son elementos esenciales del cristianismo, todos los escritores del Nuevo Testamento hablan de ello, aunque con diversos matices. Pero, si ahora nos detenemos a reflexionar sobre este tema en san Juan, es porque trazó con insistencia y de manera incisiva sus líneas principales. San Juan no hace un tratado abstracto, filosófico, o incluso teológico, sobre lo que es la fe o lo que es el amor. No, él no es un teórico. En efecto, el verdadero amor, por su naturaleza, nunca es puramente especulativo, sino que hace referencia directa, concreta y verificable, a personas reales y eso creemos por la fe en Dios «que nos ha amado tanto». Pues bien, san Juan, como apóstol y amigo de Jesús, nos muestra cuáles son los componentes, o mejor, las fases de la fe y del amor cristiano.

Este doble tema es también tocado en el evangelio de hoy (Mc 6,45-52). Jesús ama a los suyos, a los que ha elegido para estar con él y para enviarlos a predicar y por este amor no los abandona nunca, aunque habrá momentos en que ellos necesitarán gran fe para saber que él está allí en el momento justo. Dios nos ama y aún en medio de las tempestades de la vida está con nosotros derramando todo su amor librándonos del mal. «No tengan miedo, soy yo» dice a los apóstoles. Si lo que está detrás de todas estas cosas que nos pasan, detrás de toda esta tormenta amenazante que atravesamos, es nada menos que la mano providente de Dios y lo descubrimos por la fe... no debemos tener miedo. Entonces es la fe la que tampoco deja cabida al temor porque prevalece el amor. Estamos aún en Navidad, dejemos que la Virgen Madre nos muestra a Jesús que nos afiance en el amor y en la fe. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 4 de enero de 2022

«Amor, amar»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este día la primera lectura de la misa nos regala uno de los textos más hermosos de la primera carta del apóstol san Juan (1 Jn 4,7-10). Un texto que habla del amor, pero no del amor humano y pasajero, sino del amor perdurable en clave divina. «Amémonos los unos a los otros» nos dice el escritor sagrado, ofreciéndonos con ello todo un programa de vida. Todo un programa para la Iglesia. Todo un programa para nuestras familias, nuestros ambientes de vida y de trabajo. Todo un programa para la humanidad.

«Amor», «amar», son las palabras que resuenan con insistencia en este pasaje de la Escritura, y es cierto que no hay palabra más gastada que la palabra «amor». Es una palabra tan usada que ya casi no significa nada, o significa muchas cosas que no son ni verdadero amor, ni verdadero amar. Pero hoy san Juan nos hace ver que, por otra parte, es la palabra más sagrada, desde el momento que Dios quiso definirse a sí mismo diciendo que Él es amor. ¡Lástima que se profane tanto una palabra tan divina! ¡Lástima que se le cambie el sentido sagrado que tiene para llamar amor a lo que es egoísmo del placer! Nosotros queremos pensar del amor, hablar del amor y vivir el amor tal como del amor piensa Dios, tal como de él nos habla Dios, y tal como Dios quiere que vivamos el don que nos ha hecho con el amor.

El programa que nos ofrece la carta de san Juan es sencillo de decir y difícil de cumplir. Una vez más, en estos días últimos de la Navidad y primeros del año, se nos pone delante, como en un espejo, el modelo del amor de Dios, para que lo imitemos. Nunca mejor que en la Navidad se nos puede recordar el amor de Dios que nos ha enviado a su Hijo. Y se nos avisa: «El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor». Es inútil que creamos que ha sido una buena celebración de la Navidad, si no hemos progresado en nuestra actitud de cercanía y amabilidad con Dios y con los hermanos. Lo que creemos y lo que hemos celebrado no se puede quedar en teoría: compromete nuestra manera de vivir. Sigamos viviendo con el gozo de María y José, estos días de Navidad. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 3 de enero de 2022

«Creer en Cristo»... Un pequeño pensamiento para hoy

Ayer tuve cuatro misas, todas ellas con el aforo reducido que se nos ha marcado del 50%. Unas con el lleno total y otras, sobre todo la de las 9 de la mañana, con muy poca gente. Atribuyo eso a que hace frío, aunque no es que esa misa se llene habitualmente. Para mucha gente el domingo es el día de levantarse tarde descansando un poco del ajetreo de la semana y si a eso le añadimos que para muchos los sábados son de desvelos por fiestas y demás, lógicamente el domingo entrarán en funciones más tarde. Pero bueno, empiezo escribiendo esto porque quiero hablar de Cristo, que ayer mismo, al celebrar la fiesta de la Epifanía, se manifestó a todas las naciones y a Cristo lo encontramos como comunidad de creyentes en la celebración de la Eucaristía. Que nos hayan bajado el aforo al 50% trae consecuencias para algunos que, pudiendo ir presencialmente, prefieren resguardarse y verla en Internet o en el televisor o simplemente pensar que en pandemia no obliga.

Cristo es el centro de nuestras vidas y hemos de creerle a Él. Eso nos lo recuerda el apóstol san Juan hoy en la primera de sus cartas (1 Jn 3,22-4-6). El apóstol y evangelista nos dice: «Éste es su mandamiento —el mandamiento de Dios—: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio». Hoy, en particular, hay una tentación grave en algunos cristianos. Se trata de buscar un amor fraterno más auténtico y más universal, pero sin referencia necesaria a Dios, olvidando que la salvación del hombre depende de una sola palabra: el amor, pero un amor que hunde sus raíces en la vida misma de Dios y en que debemos hacer lo que Dios quiere. Debemos creer en la persona de Cristo y en lo que él nos enseña, en lo que él nos manda.

Creer en Jesucristo como pide san Juan, es creer que el Padre ama a todos los hombres a través de su propio Hijo y querer participar en esa mediación del amor. Creer en Jesucristo es admitir igualmente que Jesús es la mejor réplica humana al amor del Padre y querer imitarle en su renuncia total a sí mismo y en su filiación obediente a su Padre. Cada Misa que celebramos, sitúa al cristiano en relación simultánea con Dios y con todos los hombres; nos reúne para dar gracias a Dios y después volverse hacia los hombres: la simultaneidad de ambas misiones es su misterio por excelencia. Por eso debemos, como católicos, hacer un espacio para celebrar la Eucaristía preferentemente de manera presencial y, si no es posible, recurrir a los medios telemáticos. Sigamos viviendo la alegría de la Navidad creyéndole a Cristo, el Hijo de María que se ha hecho hombre y ha acampado entre nosotros. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 2 de enero de 2022

«Epifanía»... Un pequeño pensamiento para hoy


Navidad y Epifanía son fiestas complementarias que se enriquecen mutuamente. Ambas celebran, desde diferentes perspectivas, el misterio de la encarnación, la venida y manifestación de Cristo al mundo. Navidad acentúa más la venida, mientras que epifanía subraya la manifestación. Esta fiesta, en algunos países, como México, se traslada del 6 de enero al domingo más cercano a esta fiesta de los Reyes Magos, que puede ser entre el 2 al 8 de enero. Por ese este año nos toca celebrarla hoy.

La Epifanía es la solemnidad, como digo, de la manifestación del Mesías, el Dios hecho niño, a los pueblos gentiles, significados en los personajes venidos de Oriente de los que nos habla el evangelio de hoy (Mt 2,1-12). Y también, como he dicho, importa mucho no desligar la Epifanía de la Navidad. El misterio en el fondo es el mismo, varía la perspectiva de la amplitud y universalidad de la manifestación. Epifanía es manifestación del Dios-con- nosotros a los pueblos gentiles. Es por lo tanto una fiesta misionera en donde Dios se da a conocer, como Mesías a todas las naciones. Se nos ha encomendado —a los cristianos, a la Iglesia— ser «sacramento» de esta manifestación de Dios para todos los hombres. Si el texto evangélico subraya que la epifanía de Dios no quedó limitada al pueblo judío, sino que fue para todos los pueblos, ello sigue vigente hoy. Y, en el marco más limitado de la mayoría de nosotros, ello significa que debemos ser «sacramento», es decir, signo real y eficaz de la manifestación del amor de Dios para todos los que nos rodean.

Siempre en algún rincón de la tierra hay hombres y mujeres —los Magos, si queremos— que, captando los signos de los tiempos, seguirán la estrella y encontrarán finalmente a Jesús. Y siempre habrá cristianos que también querrán convertirse, con la gracia de Dios, en signos para los hombres del propio medio y de los confines de la tierra. Entre nosotros, el día de Reyes es la gran fiesta de los niños. Ellos son evidentemente la alegría y la esperanza de las familias y de la Iglesia y como fiesta popular se sigue celebrando, junto a José y María, el día 6 con la tradicional rosca de reyes. Pienso que el mejor regalo que los mayores podríamos hacer, a los niños, sería el de enseñarles por la palabra y, sobre todo, por el ejemplo, el profundo cariz liberador que Cristo da a nuestra vida, que vean en cada familia la alegría de la presencia de Jesús y que aprendan, ya desde ahora, que la felicidad mayor consiste en compartir. ¡Feliz domingo de la Epifanía del Señor!

Padre Alfredo.

sábado, 1 de enero de 2022

«Empezando el 2022»... Un pequeño pensamiento para hoy


Y de un momento a otro, empezamos ya un año nuevo. ¡Feliz 2022 acuñando en nuestros corazones la esperanza en un año cargado de bienestar y de crecimiento espiritual y material libre de la pandemia que aún nos aqueja con una ferocidad indescriptible! Hemos vivido momentos difíciles desde la irrupción abrupta de esta pandemia del COVID-19, arrebatándonos seres queridos, condicionando nuestra libertad, provocando crisis sanitaria, económica y social, obligándonos a cambiar nuestra rutina de vida, subiendo y bajando aforos en nuestros templos; sin embargo, también se han hecho presente la resiliencia, la solidaridad, la unidad y la fe de un pueblo fiel a Dios que no se rinde ante las adversidades y hemos visto mucha gente en Misa, en las Horas Santas, en los Rosarios. Tenemos fe, tenemos esperanza y queremos vivir este año en el amor de Dios y en el amor a los hermanos. En este inicio de año, imploremos la bendición de Dios sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre nuestro país y sobre el mundo entero. La paz se encuentra entre los anhelos más profundos de todos los corazones, pero parece un ideal inalcanzable; y ¿de dónde provendrá? Del rostro que el Señor ilumina sobre nosotros, como nos recuerda la primera lectura de la misa de hoy (Núm 6,22-27). Navidad nos trae el mensaje de que Dios nos bendice, de que él nos ama, de que comparte nuestra condición. ¿Cómo no hará que su rostro se ilumine sobre una humanidad cuyos destinos ha hecho suyos? En una situación difícil e inestable como la nuestra, en plena crisis por la pandemia y con dificultades para los creyentes, resulta tan confortante la lectura de este texto al iniciar un nuevo año que vale la pena ir a él y meditarlo con detenimiento.

Creo también que al llegar a este día en el que iniciamos un nuevo año, debemos iniciarlo expresando nuestro sentimiento de gratitud para con Dios. Yo sé que todos los creyentes, todos los discípulos–misioneros de Cristo estamos conscientes de que nos esperan grandes retos y debemos afrontarlos unidos con optimismo, inteligencia, dedicación y trabajo tesonero, elementos que no se pueden marginar. Otros aspectos en los cuales no se puede ceder son: la calidad de la vida de familia y la promoción de una cultura de cuidado del medio ambiente que nos anime a una convivencia armónica con la madre naturaleza, a pesar de los estragos de esta enfermedad que parece no v a acabar nunca y que hay que aprender a convivir con ella. Que la luz del Niño Dios nacido en Belén y la alegría de los ángeles que cantaron su gloria inunde a todas nuestras familias en esta Navidad que aún estamos viviendo y que el Señor nos dé a todos y todas un venturoso Año Nuevo 2022.

Y si estamos reflexionando juntos, quiere decir que empezamos bien este año 2022. Dios nos presenta el mejor programa: pase lo que pase en sus doce meses, nos ha hecho hijos en el Hijo, como nos recuerda la segunda lectura (Gal 4,4-7) de la Misa de la fiesta de hoy de Santa María Madre de Dios. Esta fiesta de hoy además se centra en la celebración de la Jornada Mundial por la paz y es una fiesta que nos invita a celebrar «la parte que tuvo María en el misterio de la salvación y a exaltar la singular dignidad de que goza la Madre Santa, por la que merecimos recibir al Autor de la Vida» (Pablo VI, Marialis Cultus 5). Es la fiesta mariana más antigua de la Iglesia romana, y ha quedado muy bien encuadrada en la octava de la Navidad. Es bueno empezar el año recordando a «aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo» (oración colecta), y escuchando al evangelio (Lc 2,16-21) que nos la presenta profundizando en el misterio de la Navidad: «y María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón». Nadie mejor que ella, la Madre, nos puede servir de modelo para la acogida y la celebración del nacimiento del Hijo de Dios en nuestra historia y en nuestra vida. El recuerdo gozoso de la Madre del Salvador es para los miembros de la Iglesia entera, al iniciar un nuevo año, algo muy propio y cercano. El comienzo de la salvación en la Navidad es también comienzo de la historia de la que luego iba a ser su comunidad, la Iglesia. ¡Feliz y bendecido Año Nuevo 2022!

Padre Alfredo.