lunes, 7 de septiembre de 2020

«Vivir en la convicción de no estar nunca solo»... Un pequeño pensamiento para hoy

Vivir en la convicción de no estar nunca solo, es ya algo extraordinario porque Dios nos ama y tenemos la posibilidad de amar. Pero esto no es más que un pequeño comienzo: vivimos también en la esperanza de estar con el Señor eternamente, aquí en la tierra buscando hacer su voluntad y luego en la gloria del cielo. (Lc 6, 6-11). Son muchas las ocasiones en que el Evangelio subraya que Jesús era un «conocedor del corazón humano» (Jn 1,48; 2,24; 4,17; 6,61) Esto era, en él, un don divino, pero que, por razón de la ley de la encarnación, se expresaba en forma de una agudeza psicológica particular. Así nos encontramos a veces con personas dotadas de una facultad especial para leer en los corazones... y adivinar, por señales casi imperceptibles, ciertas realidades escondidas.

En aquel hombre que en el Evangelio de hoy (Lc 6,6-11) «tenía la mano derecha paralizada» Jesús veía el sufrimiento interior y quiere curarlo, aunque sea sábado —hablamos ya ayer de la importancia del sábado para los judíos y sus prohibiciones—. Jesús dijo al hombre del brazo atrofiado: «Levántate y ponte ahí en medio de todos». El texto no dice que el hombre pidiera el milagro. Es, como digo, Jesús quien toma la iniciativa precisamente porque prestaba atención a lo que vivía aquel hombre en su enfermedad y en su corazón. Jesús entiende muy bien que la Gloria de su Padre Dios es exaltada en primer lugar por el «bien» que se haga, por la «vida salvada» a alguien. Si contraviene a una tradición, no es para destruir el sábado, sino para honrarlo en profundidad. Liberar a un pobre enfermo de su mal, es, para Jesús, un modo más verdadero de santificar el «día del Señor», que dejar a un hombre en el sufrimiento, por el pretendido honor de Dios. Mediante la curación muestra Jesús que le está permitido restaurar el sentido del sábado según la mente de Dios, ya que él mismo aporta la restauración de todas las cosas. El sábado es figura del gran reposo sabático de Dios (Hb 4,8ss), que se iniciará cuando sean restauradas todas las cosas y todo haya alcanzado su acabada perfección.

Hoy celebramos a santa Regina, una francesita hija de padre romano y de madre gala. Era el tiempo del Imperio. Cuando tenía quince años conoció a Cristo y le entregó su corazón, se bautizó y decidió darle para siempre su virginidad. El prefecto romano se enamoró de ella al verla. En su presencia, Regina confesó su fe. Desde este momento comienzan las dificultades para la fidelidad. Fue puesta en la cárcel y con una amenaza: al regreso del prefecto, que necesariamente ha de ausentarse, ella debe haber cambiado de religión o conocerá el furor romano. A la vuelta del personaje ella se niega a sacrificar a los ídolos, llegan las torturas, los hierros arañan y cortan su carne. También hay prodigios del Cielo: se producen terremotos, se oyen voces celestiales... hasta una paloma se acerca para consolarla, darle ánimos y curarla. El ejemplo fue tan llamativo que la gente se convirtió a centenares. Por fin, fue degollada. ¡Que hermosa la vida de quienes están dispuestos en serio a dar la vida por la fe que tienen y, llegado el momento, darla! Pidamos a María Santísima, la Madre que vivió siempre de fe, que nos ayude a amar desde el interior plenamente a Dios y a saber que nunca estamos solos. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 6 de septiembre de 2020

¡Todos somos responsables unos de otros!... Un pequeño pensamiento para hoy

¡Todos somos responsables unos de otros! Es quizá ésta la enseñanza básica del evangelio de este domingo. Si somos hermanos no podemos desentendernos unos de otros ni convertirnos en una especie de islas que vivan en aislamiento y en soledad. Debemos ayudarnos mutuamente a vivir como cristianos a través de un real testimonio de vida cristiana que demos unos a otros y sabiéndonos comunidad. Todos sabemos por propia experiencia que lo que más nos ha ayudado a seguir el camino de Cristo es ver a otros hermanos que vivían la fe, el amor, la esperanza de Jesucristo. Aún recuerdo yo, por ejemplo, la figura de la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento o la de san Juan Pablo II a quienes conocí jovencito. Esas grandes figuras y el testimonio de muchos hermanos y hermanas que desbordaban el gozo por vivir la fe me contagiaron.

En la vida de una comunidad cristiana tenemos que participar y sentirnos corresponsables, porque no somos una «sociedad anónima» —aún cuando en algunas ocasiones especiales como esta de la pandemia formamos más bien comunidades virtuales—; tenemos muchas ocasiones de colaborar con nuestra voz y nuestro trabajo a mejorar las cosas —equipos parroquiales, consejos parroquiales, etc.—. En la vida de familia, el marido y la mujer pueden ayudarse con la oportuna palabra de ánimo y con una corrección hecha desde el amor; el diálogo entre padres e hijos puede ser enriquecedor y correctivo, en ambas direcciones. En una comunidad religiosa, una palabra a tiempo puede a veces evitar desvíos que llevarían a consecuencias irreparables y el gozo de compartir la oración dejan en claro la escucha, por parte de Dios, de lo que se pide. Los amigos son buenos amigos también cuando contribuyen a que el amigo madure, recapacite y vaya corrigiendo sus defectos. En fin, el pequeño trozo del Evangelio de hoy (Mt 18,15-20) nos deja mucha y muy buena tarea.

Este día se celebra la memoria del beato Pascual Torres Lloret, un español que nació el 23 de enero de 1885 en el seno de una familia modesta, que contrajo matrimonio con Leonor Pérez Canet con quien tuvo dos hijos y dos hijas y se ganaba la vida como maestro de obras. Fervoroso cristiano, que cada día iba a recibir la sagrada comunión y a hacer un rato de oración y lo abordaba todo desde la fe, no se echaba nunca atrás por ninguna adversidad. Apóstol seglar decidido, militante de Acción Católica e incondicional de la Iglesia, pertenecía también a la Adoración Nocturna y a las Conferencias de San Vicente de Paúl. Llegada la revolución de julio de 1936, fue detenido. No quiso esconderse como le aconsejaban; por el contrario, visitaba a sus amistades confortándolas y animándolas, escondía libros y vasos sagrados, y guardó en su casa el Santísimo Sacramento. Durante el mes de agosto hubo de comparecer tres veces ante el Comité. Por fin, el día 6 de septiembre de 1936, lo detuvieron al mediodía, lo condujeron al que había sido cuartel de la guardia civil y allí lo tuvieron hasta la noche en que lo llevaron al cementerio y lo fusilaron. Que él y la Virgen Madre, que vela siempre por la comunidad de sus hijos, nos ayuden siempre a hacer algo por los demás. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

«EN TIEMPOS DE ADVERSIDAD»... Hora Santa 42


Monitor: Hoy queremos estar con Jesús Eucaristía. Permanecer con Él, porque Cristo permanece, y su palabra permanece, y su entrega permanece. Estamos aquí para abrirle nuestro corazón en un espacio de tiempo que no sea de hablar mucho, sino de escuchar, aunque solo sean los latidos de Dios. Su presencia es gracia, regalo, fuerza y consuelo para nosotros en estos momentos de dolor y adversidad. Nos preparamos a recibir a Jesús Eucaristía.

Canto de entrada:
«A TÍ LEVANTO MIS OJOS»

A ti, levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo; 
a ti levanto mis ojos, porque espero tu misericordia.

1. Como están los ojos de los esclavos, 
fijos en las manos de sus señores, 
así están nuestros ojos en el Señor, 
esperando su misericordia.

2. Como están los ojos de la esclava, 
fijos en las manos de su señora, 
así están nuestros ojos en el Señor 
esperando su misericordia.

3. Misericordia, Señor, Misericordia, 
que estamos saciados de burlas, 
misericordia, Señor, misericordia 
que estamos saciados de desprecios.

4. Nuestra alma está saciada, 
del sarcasmo de los satisfechos, 
nuestra alma está saciada, 
del desprecio de los orgullosos.

Se hace la exposición del Santísimo como de costumbre.

Ministro:  Adoremos y demos gracias en cada instante y momento,
Todos: al Santísimo Sacramento.

Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.

Se hace ahora la siguiente jaculatoria y se repite tres veces:

Ministro: ¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo!
Todos: ¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman!

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Escuchemos ahora una lectura de la palabra de Dios:

Lector: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):
   
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez les he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; hagan esto cada vez que lo beban, en memoria mía». Por eso, cada vez que comen de este pan y beben del cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios

Monitor: Recordando que solo los limpios de corazón verán a Dios, pidamos la pureza de nuestro corazón para hacernos verdaderos orantes meditando la palabra de Dios que hemos escuchado. Es Dios mismo quien está oculto en esta Hostia Consagrada, pero él es real. Recordemos cómo santa Teresa de Ávila nos dice que orar es «tratar de amistad con quien sabemos que nos ama». Dediquemos unos momentos a dar gracias al Señor por su presencia, su pasión y su amor en­tregado en la Eucaristía.

Momentos de silencio para meditar.

Monitor: Dando gracias a Dios porque nos sentimos amados por él, y este amor nos salva, pongámonos en sintonía con Jesús Eucaristía para que se sirva de nosotros como pequeños instrumentos.

Canto para meditar:
«HAZME UN INSTRUMENTO DE TU PAZ».

Hazme un instrumento de tu paz,
donde haya odio, lleve yo tu amor,
donde haya injuria, tu perdón, Señor,
donde haya duda, fe en Ti.

Hazme un instrumento de tu paz,
que lleve tu esperanza por doquier
donde haya oscuridad, lleve tu luz,
donde haya pena, tu gozo, Señor.

Maestro, ayúdame a nunca buscar
el ser consolado sino consolar
ser entendido sino entender
ser amado sino yo amar.

Hazme un instrumento de tu paz
Es perdonando que nos das perdón,
Es dando a todos que Tú nos das
Muriendo es que volvemos a nacer

Maestro, ayúdame a nunca buscar...

Momentos de silencio para meditar.

Enseguida, si está presente un sacerdote o un diácono, hace la lectura del Evangelio, en su defecto la hace un lector:

Del Evangelio según san Juan (15,9-10.12-13.17)   
   
Como el Padre me amó, yo también les he amado a ustedes; per­manezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos, perma­necerán en mi amor… Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos…. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros. Palabra del Señor

Monitor: Somos amados, muy amados en Cristo. El origen de tanto amor está en el Padre. Cristo prolonga este amor y llega a nosotros de manera asombrosa, visible y palpable. Este amor es definitivo, eterno, por eso Jesús nos pide permanencia… Permanezcan en mi amor. El amor verdadero siempre es fiel, hasta la muerte… Que se amen como yo les he amado…


Canto para meditar:
«DONDE HAY CARIDAD Y AMOR»

DONDE HAY CARIDAD Y AMOR, ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR,
ALLÍ ESTÁ EL SEÑOR.

1. Una sala y una mesa, una copa, vino y pan,
los hermanos compartiendo en amor y en unidad.
Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor,
celebramos su memoria y la entrega de su amor.

2. Invitados a la mesa del banquete del Señor,
recordamos su mandato de vivir en el amor.
Comulgamos en el Cuerpo y en la Sangre que él nos da,
y también en el hermano, si lo amamos de verdad.

3. Este pan que da la vida y este cáliz de salud
nos reúne a los hermanos en el nombre de Jesús.
Anunciamos su memoria, celebramos su pasión,
el misterio de su muerte y de su resurrección.

Momentos de silencio para meditar.

Lector 1: Señor, enséñanos a amar como tú, con la misma generosidad e intensidad. Enséñanos a perdonar como tú, enséñanos a curar como tú, enséñanos a servir como tú,

Lector 2: Señor, enséñanos a sufrir como tú, enséñanos a orar como tú, enséñanos a compadecer como tú, enséñanos a compartir como tú.

Lector 1: Enséñame a despojarme como tú,
enséñame a vivir como tú,
enséñame a dar la vida como tú.

Canto para meditar:
«Te entrego»

Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.
Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.

Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús.
Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús, me entrego.

Haz lo que quieras conmigo,
haz lo que quieras de mí.
Hoy yo te ofrezco mi vida,
hoy yo me rindo ante ti.

Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo,
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
a ti Señor Jesús.
Te entrego,
todo lo que soy todo lo que tengo.
Todo lo que quiero y todo lo que sueño,
a ti Señor Jesús, me entrego

Tú eres el tesoro más valioso,
por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti.
Y es que tú eres el tesoro más valioso
Por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti
Tú eres el tesoro más valioso
Por ti lo tengo todo, yo te prefiero a ti
Te entrego
Todo lo que soy todo lo que tengo
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
A ti Señor Jesús
Te entrego
Todo lo que soy todo lo que tengo
Todo lo que quiero y todo lo que sueño
A ti Señor Jesús

Lector 1: ¡Señor y Dios mío, seas siempre bendito y alabado, Jesús Sacramentado! ¡Oh Jesús!, que no contento con morir crucificado después de haber sufrido la más cruel de las pasiones por amor a nosotros los hombres pecadores, has querido permanecer siempre cerca y voluntariamente en el Santísimo Sacramento. Mil gracias Señor, venimos a ti y nos acercamos como hijos al hogar.
Hemos venido a exponerte nuestros quebrantos, miserias, infortunios, necesidades, como los que se confían al mejor de los amigos. Tú nos miras y estás presto a consolarnos. Como lo hiciste en tu vida terrenal sobre tantos que imploran tu clemencia, tiende ahora tu santa mano para alejar de nosotros, las intranquilidades que nos mantienen en zozobra. Eres todopoderoso. Nada se oculta a tus ojos.
Lees en el fondo de nuestras almas nuestras penas y alegrías, sabes todo cuanto queremos y cuanto necesitamos. 

Lector 2: Señor ten piedad de nosotros, apacigua a tus ovejas y calma las tempestades de nuestras almas. Tú que a tu paso por el mundo fuiste alivio, remedio y auxilio, no nos abandones. Sigue derramando sobre los necesitados el copioso raudal de tus bendiciones.  Indignos somos de pedirte nada Señor, pero por grande que sea nuestra indignidad, mayor es tu clemencia y misericordia. Por eso nos acojemos con amplia confianza en tu regazo. No en vano eres el más abnegado de todos; no nos rechaces si hemos tardado en llegar a Ti, acógenos bondadoso. Danos tu gracia para apartarnos del pecado; tenemos los mejores propósitos de una vida nueva, pero somos muy frágiles, nada podremos sin Ti. Robustece nuestra fe, arranca la cimiente del mal. Queremos ser un vaso nuevo, sinceramente deseamos dejar los malos hábitos que nos hacen esclavos de las pasiones. Sé tu Señor, el que rompa esas cadenas que atan nuestras almas que te pertenecen.

Lector 1: Jesús Eucaristía, escúchanos, no desoigas nuestros clamores, envía tu piadosa mirada sobre nuestros hogares, nuestras familias, nuestros vecinos, nuestro prójimo y el mundo entero; consérvanos la salud del cuerpo y especialmente del alma. Ampara a todos los que hubieran hecho daño, para alcanzar así el perdón, que Tú Señor guardas para todos nosotros. Tú que nos enseñaste a ganar el pan de cada día con el sudor de nuestra frente, procúranos el trabajo honrado con el que podamos ganar el sustento de los que tu voluntad ha confiado a nuestro cuidado. Que en nuestros hogares reine la paz, la tranquilidad y el bienestar bajo tu sombra. Bendice todo cuanto pensamos y realizamos. Afirma cada día la fe que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Infunde en nosotros el amor al prójimo; préstanos los medios para socorrerles.

Lector 2: Cuando fuere necesario, alcánzanos conformidad y resignación en la adversidad, fortalece nuestro espíritu, danos serenidad y entereza, la paciencia para sobreponernos a las contrariedades que en el diario vivir se puedan presentar. Ilumínanos para tomar las decisiones apropiadas en nuestros momentos de vacilación. Auxilianos, haz que nuestras determinaciones sean bajo tu voluntad y no la nuestra. Haznos humildes Señor como lo eres Tú. Guía y protege a los niños, jóvenes y religiosos; hazlos santos para que puedan humildemente caminar firmes en la fe, llevando tu palabra de esperanza y caridad, amándonos los unos a los otros como tú nos amas. Amén

Canto para meditar:
«SI YO NO TENGO AMOR»

SI YO NO TENGO AMOR,
YO NADA SOY SEÑOR.
SI YO NO TENGO AMOR,
YO NADA SOY SEÑOR.

1. El amor es comprensivo, 
el amor es servicial,
el amor no tiene envidia,
el amor no busca el mal.

2. El amor nunca se irrita,
el amor no es descortés,
el amor no es egoísta,
el amor nunca es doblez.

3. El amor disculpa todo,
el amor es caridad,
no se alegra de lo injusto,
sólo goza en la verdad.

4. El amor soporta todo,
el amor todo lo cree,
el amor todo lo espera,
el amor es siempre fiel.

5. Nuestra fe, nuestra esperanza,
junto a Dios terminarán;
el amor es algo eterno,
nunca, nunca pasará.

Lector 1: A los que han muerto, a los agonizantes y a los enfermos, dales, Señor, el consuelo y la esperanza.

Lector 2: Haz, Señor, que sepamos estar cerca de los que se sienten solos y están desconsolados, siendo para ellos como ángeles de consuelo.

Lector 1: Gracias, Señor, a cuantos trabajan en el campo de la sanidad, a las fuerzas de seguridad y a cuantos trabajan en los diferentes servicios, y bendícelos y protégelos con tu amor.

Lector 2: Ante ti ponemos, Señor, todo el sufrimiento humano. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Canto para la reserva del Santísimo:
«Cantemos al Amor de los amores».

Cantemos al Amor de los Amores, cantemos al Señor,
Dios está aquí, ¡venid adoradores, adoremos, a Cristo Redentor!

¡Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra, bendecid al Señor
honor y gloria a Ti, rey de la gloria amor por siempre a Ti Dios del Amor!

Oremos: Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.

Si está presente el sacerdote o el diácono imparte la bendición con el Santísimo, de lo contrario se hace la reserva.

Ultimas oraciones: (Letanías).

Bendito sea Dios, bendito sea su santo nombre, bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, bendito sea el santo nombre de Jesús, bendito sea su sacratísimo corazón, bendita sea su preciosísima sangre, bendito sea Jesucristo en el santísimo sacramento del altar, bendito sea el Espíritu Santo consolador, bendita sea la gran madre de Dios María Santísima, bendita sea su santa e inmaculada concepción, bendita sea su gloriosa asunción, bendito sea el nombre de María Virgen y Madre, bendito sea san José su castísimo esposo, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

Canto Final:
«EL SILENCIO ESTÁ CANTANDO».

El silencio está cantando
una canción de amor y paz
el silencio está rezando
una oración por los demás.

MUCHA GENTE VIVE SIN AMOR
VIVE EN SOLEDAD; MAS AQUI
EN LA CASA DEL SEÑOR
SOLEDAD NO EXISTE, NO
SOLEDAD NO EXISTE NO.

El silencio está gritando
pidiendo paz, diciendo amor
el silencio sigue hablando
pon tu esperanza en el señor.

sábado, 5 de septiembre de 2020

«El tema del sábado en los judíos»... Un pequeño pensamiento para hoy

El tema del «sábado» es muy importante para los judíos. Para ellos viene a ser como el domingo para nosotros y lo viven con gran intensidad. No podemos olvidar que Jesús era judío y apreciaba el sábado con toda su espiritualidad: por ejemplo, él iba cada semana a la sinagoga, a rezar y a escuchar la Palabra de Dios con los demás. Y cumplía seguramente las otras normas relativas a este día. Bien vivido, el sábado era y sigue siendo —como lo pude ver hace tiempo en el mismo centro de Jerusalén— un día sacramental de auténtica gracia para los judíos. Pero en el pasaje evangélico de hoy (Lc 6,1-5) Jesús critica la interpretación exagerada del descanso sabático: ¿cómo puede ser contrario a la voluntad de Dios el tomar en la mano unas espigas, restregarlas y comer sus granos, cuando se siente hambre?

Guardar el sábado como día de culto a Dios, día de descanso en su honor, día de la naturaleza, día de paz y vida de familia, día de liberación interior, sí era importante por supuesto. Que no se trabajara el sábado en la siega era una cosa, pero que no se pudieran tomar y comer unos granos al pasar por el campo, era una interpretación exagerada. No valía la pena discutir y perder la paz por eso. Cuántas veces hay gente que pierde la serenidad y el humor por tonterías de estas, aferrándose a nimiedades sin importancia aún dentro de la Iglesia o en los grupos parroquiales. Lo que está pensado para bien de las personas y para que esponjen sus ánimos lo podemos llegar a convertir, por nuestra casuística e intransigencia, en unas normas que quitan la alegría del espíritu. El domingo, para nosotros los católicos, aún en medio de este tiempo de pandemia, es un día que tiene que ser todo él, sus veinticuatro horas, un día de alegría por la victoria de Cristo y por nuestra propia liberación buscando vivirlo de manera especial por la participación en el Eucaristía —por lo menos en forma virtual en los medios de comunicación— y por el ejercicio de la caridad.

Hoy celebramos la memoria de Santa Teresa de Calcuta quien dio siempre testimonio de servir a Cristo en los «más pobres entre los pobres», enseñando que la mayor pobreza no estaba en los barrios humildes de Calcuta, sino en los lugares donde muchas veces falta el amor o en las sociedades que permiten el aborto. La Madre Teresa nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, perteneciente en ese entonces a Albania, y actualmente a Macedonia. Su nombre original fue Gonxha Agnes Bojaxhiu. Fue bautizada al día siguiente de nacer, recibió la Primera Comunión a la edad de 5 años, y la confirmación un año después. A los 18 años dejó su hogar para ir a Irlanda e ingresar en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, más conocida como Hermanas de Loreto. Tomó el nombre de Teresa en honor a Santa Teresa de Lisieux, Patrona de las misiones y Doctora de la Iglesia. Fundó años después las Misioneras de la Caridad. Mediante locuciones y visiones, Jesús le fue mostrando la nueva misión a la que la llamaba. «Ven y sé mi luz», le suplicó el Señor. Cristo le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Que ella y la Santísima Virgen María intercedan por nosotros. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 4 de septiembre de 2020

«La hermana Conchita Torres y el desposorio con Cristo»... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo LXXI

Hoy quiero hablar de una misionera que, en toda la extensión de la palabra, supo vivir su desposorio con Cristo en su vocación a la vida consagrada y a quien tuve el inmenso gusto de conocer y tratar varias veces compartiendo diversos momentos en distintas etapas de mi vida como religioso, misionero y sacerdote. Se trata de la hermana Concepción Torres.

La hermana Conchita, como cariñosamente le conocimos, nació en Yurécuaro, Michoacán, el 13 de mayo de 1933. Ella conoció a la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento en una gira vocacional que realizó en aquel estado. Tres jovencitas —otras dos junto con ella— fueron recibidas por la beata e ingresaron juntas a la congregación de las Misioneras Clarisas, perseverando hasta el final. Y como cada vocación es una historia de amor, así inició la historia de ella con el Esposo de las almas.

La beata María Inés presidió todas las ceremonias de su vida religiosa en la Casa Madre, en Cuernavaca, Morelos: desde su ingreso, el primero de marzo de 1948; su noviciado este mismo año; su primera Profesión, el 18 de octubre de 1949 y los votos perpetuos el 12 de agosto de 1954. Apenas emitidos sus votos temporales, su primer destino fue la casa de Puebla, donde en 1950 comenzó a estudiar la Normal y, posteriormente la Normal Superior en la especialidad de Ciencias Sociales. A medida que progresaba en sus estudios, sus responsabilidades iban cambiando, fue maestra titular de un grupo, responsable de disciplina, directora de primaria y, al mismo tiempo, responsable del Internado de la Universidad Femenina, hasta el año de 1958.

En 1959, la beata María Inés Teresa, como fundadora y superiora general del instituto, pensó en la hermana Conchita para ir al frente de la fundación de Santo Domingo de Heredia, en Costa Rica, donde junto con otras hermanas, atenderían el colegio «Santa María de Guadalupe», con la finalidad de extender el reino de Dios, mediante la educación de la juventud, y la atención a la pastoral parroquial, para dar a conocer la congregación en Centro América. Así inició su primer periodo como superiora local de la comunidad y subdirectora del Colegio. Algunos años después, el 25 de febrero de 1962, cuando quedó constituida la entonces región de Centro América, ahora Costa Rica, fue nombrada primera superiora regional.

Posteriormente, en 1968, regresa a la región de México, primero a la Preparatoria de la Universidad Femenina, y al año siguiente, como responsable del internado de las alumnas de esta misma universidad.

Por su buen trato con las jóvenes universitarias y su experiencia en el internado de Puebla, en agosto de 1969, fue destinada a Pamplona, en España, donde se abriría el Colegio Mayor Santa Clara para jóvenes universitarias. Ese año, junto con otra hermana, viajó en barco de Veracruz a Italia con la encomienda de trasladar parte del archivo de la Casa General a Roma, donde después de estar algún tiempo con la beata María Inés, partió en tren, a su destino, para ayudar a disponer el colegio, del que sería subdirectora, que aún no estaba listo y abriría sus puertas en octubre de 1970. Con el entusiasmo que la caracterizaba, colaboró junto con las demás hermanas, en la limpieza y arreglos del lugar, en la preparación de la respectiva documentación, con el fin de dejarlo listo para la inauguración en la que estuvo presente la beata María Inés Teresa como fundadora y superiora general.

Allí, junto con el resto de la comunidad, se entregó de lleno a Cristo en las jóvenes universitarias, pasando por las ocupaciones propias del apostolado y los apuros de una nueva fundación. Gracias a Dios, contando siempre con la maternal ayuda de la beata María Inés, poco a poco, fueron organizando la vida del colegio, teniendo mesas redondas y actividades de planeación, consultando con los diferentes colegios mayores, para ir mejorando actividades y servicios en favor de las colegialas. Durante ese tiempo que estuvo en el Colegio Mayor Santa Clara, ayudó mucho en la organización del mismo, realizando actividades para las colegialas, con las que tenía un trato cercano y religioso.

En 1974, quedando vacante el servicio de superiora regional de España, se le pidió este servicio, hasta que, como superiora regional, participó en el Capítulo General Intermedio de 1979, en el que fue elegida consejera general, cargo que ejerció por dos periodos más, por lo que estuvo en Roma, desde finales de 1979 hasta finales de 1994.

Siendo Consejera General, fue enviada a Costa Rica, de 1986 a 1988, como responsable de la construcción de la Casa Pastoral «María Inés Teresa Arias», en Moravia. Regresando a Roma hasta que dejó terminada e inaugurada la obra, el 2 de febrero de 1988.

Viviendo en la Casita —la casa del gobierno general—, como consejera, fue una hermana disponible, disfrutaba trabajar en equipo, siendo fraterna, colaborando y auxiliando en las diferentes labores, ya que, en ocasiones era poco el personal. Siendo una religiosa obediente, sabía exponer con sencillez sus buenas opiniones y consejos. Durante estos años, le tocó estar con la beata Madre fundadora hasta su muerte, acompañándola en su enfermedad, mostrando su gratitud, cariño y fidelidad a ella, a la congregación y al espíritu de la misma, lo cual mantuvo hasta el final de sus días.

Allí en Roma, cuando yo estaba en el noviciado, tuve el gran regalo de conocer a la hermana Conchita y disfrutar muchos momentos que son momentos de Dios en conferencias, charlas muy profundas y hasta paseos a conocer diversas partes de Italia, Iglesias, monasterios y lugares de interés cultural. De allí nació una amistad que se prolongó a lo largo de todo el resto de su vida hasta mi última visita a la Casa del Tesoro en Guadalajara. 

Una vez terminados los tres periodos como consejera general, en 1995 fue destinada a la casa de Dublín, Irlanda, a la residencia para jóvenes universitarios, donde se ocupó en las labores propias de esta casa.

Posteriormente se le pidió regresar a Costa Rica, para atender unos asuntos referentes a la Casa Pastoral, razón por la que permaneció ahí de 1995 a 1997, quedando interinamente responsable de la región, a la espera de la llegada de la que sería la nueva superiora regional.

Regresó luego a la región de México, a la casa de Guadalajara, para hacerse cargo de la Residencia Universitaria, hasta que se cerró en 1998. Como buena directora, trataba de llevar a las jóvenes a Dios, tratándolas con alegría y respeto, dándose a querer por ellas, quienes le correspondían un sincero cariño en Cristo. Al año siguiente, fue nombrada superiora local de esta comunidad, a la vez que ayudaba en la supervisión de la construcción del nuevo edificio para las hermanas de la «Casa del Tesoro» de la Congregación —así llamada la casa para las enfermas—.

Mientras desempeñó sus diversos cargos como superiora en esa y otras comunidades, fue una madre que acompañó a las almas que Dios le puso en sus manos. Las hermanas que la trataron comentan que era muy humana, bondadosa, comprensiva y coherente en su vida religiosa. Procuraba estar con las hermanas en las diferentes encomiendas y oficinas, motivándolas, ayudándolas y aprendiendo juntas a realizarlas. Cuando era necesario corregir, lo hacía con respeto, caridad y amor. Se esforzaba por cumplir responsablemente y con rectitud las enseñanzas de la beata María Inés. También le gustaba motivar la liturgia y, procuraba que las hermanas vivieran su vida espiritual con fidelidad, tratando que tuvieran también sus momentos comunitarios, tan necesarios en la vida religiosa para mantener vivo el amor a la propia vocación. Disfrutaba mucho los pases comunitarios y los momentos de recreación, en los cuales las almas se conocen tal cual son.

En el año 2007, ante la necesidad de realizar la rehabilitación de la casa de Ixtlán del Río, Nayarit, se le pidió se trasladara a esta comunidad, de la que fue vicaria local hasta el año 2011, cuando regresó a la comunidad de Guadalajara, para formar parte de la misma.

Siempre muy religiosa, educada, de buenos gustos y maneras, tanto en su trato, como en su persona; siempre presentable, limpia y arreglada se daba a querer. Le gustaban los detalles y procuraba mantener el buen orden en la casa. Siempre amable, cortés, amigable, simpática y muy espiritual, tanto hacia adentro de la comunidad, como con las personas con las que se relacionaba, siendo transparente en su relación con todos. 

En Costa Rica y en las diferentes misiones, fue una hermana apreciada y querida por la gente, quienes están agradecidos con ella, por su testimonio de fidelidad y entrega. Vivió su espíritu misionero, donándose completamente y sin reservas, en las diferentes construcciones en las que colaboró como responsable, fomentando ese mismo espíritu en los corazones de las personas, para que ellos mismos se convirtieran en bienhechores de las obras y del Reino de Dios.

Fue sencilla, humilde, profunda y muy espiritual; silenciosamente alegre y, con su porte, reflejaba el amor que ella le brindaba al Señor, a quien entregaba, con profunda paz, las diferentes pruebas y circunstancias, tanto alegres y sencillas, como dolorosas. Todo era para dárselo a Él, y así vivía, siendo toda de Él. Fue, como comenta una de las hermanas Misioneras Clarisas que la trató de cerca, «como una llama grande, una llama que ardía para los demás». Para mí, que tuve la dicha de convivir con ella en Roma, en Costa Rica y en México, queda en mis recuerdos como una mujer extraordinaria en todo sentido. Una mujer de Dios y muy amante de la Santísima Virgen.

Desde hace algún tiempo, debido a problemas en la columna y recientemente, por úlcera gástrica, el Padre Misericordioso le pidió ser una ofrenda en la Cruz con su Hijo Jesús, pero fue especialmente en los últimos años, que se le veía vivir silenciosa, tranquila, serena, como atestigua una de las hermanas religiosas: «cuando sentí que ya aceptaba del todo la voluntad de Dios, fue otra; su semblante era no sólo de silencio, sino de una aceptación alegre de lo que el Señor iba permitiendo en ella, transmitiendo serenidad y paz con sonrisas.»

La última semana de su vida, su salud se agravó, por lo que fue necesario hospitalizarla, y después de cuatro días, por lo delicado de su estado, el equipo de médicos que la atendían, comunicaron a las hermanas que médicamente ya no podían ayudarla.

Fue trasladada de nuevo a la «Casa del Tesoro» recibiendo las debidas atenciones, con la delicadeza y cariño de las hermanas que ya la esperaban. Transcurrió la noche y, al atardecer del domingo, acompañada, con cantos y oración, por las hermanas de esta comunidad y algunos familiares, «cuando había llegado para la Misionera la hora feliz de partir de este mundo... viéndose libre, voló a las mansiones eternas, hasta los brazos de su Dios, para escuchar la voz del Amado» (Cfr. Lira del Corazón, Cap. XII), quien le había compartido su cruz, que ella abrazó del mismo modo en que vivió: con generosidad, serenidad, amor, paciencia y fidelidad. Murió el domingo 23 de agosto de este año de 2020.

Descanse en paz nuestra querida hermana María Concepción Torres Bravo.

«Lo nuevo y lo viejo»... Un pequeño pensamiento para hoy


La disciplina que Jesús exige a sus discípulos salta a la vista en el pasaje del Evangelio que hoy nos presenta la liturgia de la palabra (Lc 5,33-39) y eso escandaliza a la muchedumbre, porque no tiene nada de parecido con las que los rabinos imponían. Mientras que los discípulos del Bautista y de los fariseos observaban ciertos días de ayuno, los de Cristo parecían dispensarse de ello (v. 33). Jesús justifica esta actitud por medio de una declaración sobre la presencia del Esposo (v. 34-35) y de dos breves parábolas. (vv. 36-37). En el Antiguo Testamento y en el judaísmo, la práctica del ayuno estaba ligada a la espera de la venida del Mesías. El ayuno y la abstinencia de vino expresaban la insatisfacción de la época presente y la espera de la consolación de Israel. Juan Bautista hizo de esta actitud una ley fundamental de su comportamiento (Lc 1, 15).

Desde entonces, cuando los discípulos de Jesús se dispensan de los ayunos prescritos o espontáneos, dan la impresión de desinteresarse de la llegada del Mesías y de negarse a participar de la esperanza mesiánica. Pero la respuesta de Jesús es bastante clara: los discípulos no ayunan porque ya no tienen nada que esperar, puesto que ya han llegado los tiempos mesiánicos: ya no tienen que apresurar, mediante prácticas ascéticas, la llegada de un Mesías en cuya intimidad ya viven. Esta intimidad será interrumpida por la pasión y la muerte de su Maestro: en este momento, ayunarán hasta el tiempo en que el Esposo les sea devuelto en la resurrección y en el Reino definitivo. Las conocidas parábolas del vestido y de los odres proporcionan otra respuesta a la extrañeza de los discípulos de Juan y de los fariseos. Las dos parábolas no establecen una comparación, sino que subrayan solamente una incompatibilidad: no hay que querer asociar lo nuevo a lo viejo, so pena de perjudicar a uno y otro, porque el vestido remendado combinará mal y el odre viejo se perderá irremediablemente... y el vino con él. La lección que se desprende de la respuesta de Cristo está, por tanto, clara; hay que elegir, renunciando a lo que echa lo nuevo a perder.

En Sillery, ciudad de la provincia de Quebec, en Canadá, la beata María de Santa Cecilia Romana (Dina) Bellanger, virgen, de la Congregación de Religiosas de Jesús y María, vivía entregada y confiando sólo en el Señor. Excelente pianista y una gran mística de nuestros tiempos, durante no pocos años soportó una grave enfermedad. En su corta vida encarnó admirablemente su anhelo de amar y dejar hacer a Jesús y a María. Un día en medio de una «noche oscura» que vivió, percibió sobrenaturalmente que Cristo se llevaba su corazón, quedándose Él en su lugar. Y en otra ocasión volvió con esta víscera purificándola con tanto amor que quedó abrasado en él; ella misma pudo soplar las cenizas, signo de la ruptura completa con su pasado porque ahora todo era nuevo. Después, volvió a ocupar su espacio en el pecho. Cuando Cristo le hizo entender que moriría el 15 de agosto de 1924 aludía a una muerte mística, no física. La muerte física llegó el 4 de septiembre de 1929 tras una tuberculosis que le produjo incontables sufrimientos. Había dicho: «En el cielo yo seré mendiga de amor, esa es mi misión y la comienzo inmediatamente, daré la alegría». Que ella y la Santísima Virgen que supo ver lo nuevo de los tiempos en la llegada de su Hijo el Mesías Redentor, nos ayuden a reestrenar nuestro sí al Señor. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 3 de septiembre de 2020

«Elección y vocación»... Un pequeño pensamiento para hoy

Para san Lucas —que es el Evangelio que estamos leyendo en estos días en la liturgia de la Palabra de la Misa— en la pesca sobre el lago está simbolizada toda la actividad de san Pedro y de la Iglesia. Hasta antes de esto, el evangelista nos presenta a Jesús actuando de una manera directa y personal; desde ahora, a partir de este relato (Lc 5,1-11), actuará por medio de los hombres que le escuchan o cumplen su palabra; por ejemplo hoy, que lanzan en su nombre las redes sobre el lago. Reflexionando en el pasaje, parecería que los discípulos están en un lago de aguas malas, enigmáticamente vacías de peces. Sin embargo, la voz del Maestro ofrece mayor seguridad que toda la apariencia adversa de las aguas. Desde esa voz la pesca habrá de ser ampliamente milagrosa. Así, hay que entender que para san Lucas, discípulo–misionero es ante todo el mensajero y enviado de Jesús; en este sentido es necesario que la Iglesia —todos los cristianos— aviven su conciencia de misión.

Al hacerle caso a Jesús, Pedro y los demás se dan cuenta de que la elección y la vocación exigen fe, aunque no se comprenda, exigen «esperanza contra toda esperanza» (Rm 4,18). Así creyó y esperó la Santísima Virgen María, así también Abraham, muchos de los grandes personajes de la Escritura y los santos como san Gregorio Magno, el santo al que el día de hoy celebramos. El Papa Gregorio I, con más justicia llamado «Magno», fue el primer Pontífice que fue monje y ascendió a la silla apostólica cuando Italia se hallaba en una condición deplorable como consecuencia de las luchas entre los ostrogodos y el emperador Justiniano, que terminaron con la derrota y muerte de Totila, en el año 562. Aunque Gregorio cumplía fiel y honrosamente sus funciones como prefecto, se sentía llamado a una vocación superior, hasta que por fin resolvió apartarse del mundo y consagrarse al servicio de Dios, siendo ordenado séptimo diácono de la Iglesia Romana y enviado como embajador ante la corte bizantina. A principios del año 586, tras volver a Roma, se convirtió en abad del monasterio de San Andrés.En el año 590, una terrible epidemia arrebató la vida al Papa Pelagio y el pueblo escogió a Gregorio como nuevo Pontífice. Desde el momento que asumió el cargo de Papa, se impuso el doble deber de catequizar y cumplir con la disciplina. También destacó como predicador escogiendo temas del Evangelio del día y, hasta nosotros ha llegado algunas de sus homilías, llenas de elocuencia y sentido común, terminadas con una enseñanza moral que podía adaptarse a cada caso.

Como san Gregorio Magno, el discípulo–misionero será pescador de hombres en la medida en que multiplique a su alrededor las conversiones e introduzca en la Iglesia a muchas almas. Bajo apariencias místicas, el relato de la pesca milagrosa parece tener un gran alcance: la humanidad es presa de potencias que la absorben y la anegan; Cristo se reserva a sí y a sus seguidores una misión liberadora que frena y contrarresta ese deslizamiento hacia la catástrofe. Ser pescador de hombres consiste hoy en participar en todas las empresas que quieren evitar al hombre la perdición y colaborar a alcanzar una nueva civilización del amor que resurga. Jesús dijo a Simón: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres.» ¡No temas! Así vamos madurando, como Simón y aquellos primeros discípulos, en nuestro camino de fe, a través de los días buenos y de los malos. Para que, por una parte, no caigamos en la tentación del miedo o la pereza. Y, por otra, no confiemos excesivamente en nuestros métodos, sino en la fuerza de la palabra de Cristo. Que María Santísima interceda por nosotros para que seamos pescadores de hombres para el Reino de los Cielos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

LETANÍAS EN HONOR DE MARÍA NIÑA...


Señor, ten piedad de nosotros;
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Dios, Padre del Cielo;
   ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo;
   ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo;
   ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, Un Solo Dios;
   ten piedad de nosotros.

Santa Niña María,
Santa Infante Hija del Padre,
Santa Infante, Madre del Hijo,
Santa Infante, Esposa del Espíritu Santo,
Santa Infante, fruto de las oraciones de tus padres,
Santa Infante, Santuario de la Santa Trinidad,
Santa Infante, riquezas de tu Padre,
Santa Infante, delicia de tu madre,
Santa Infante, honor de tu padre,
Santa Infante, honor de tu madre,
Santa Infante, milagro de la naturaleza,
Santa Infante, prodigio de gracia,
Inmaculada en tu Concepción,
Santísima en tu Natividad,
Muy devota en tu Presentación,
Obra maestra de la gracia de Dios,
Aurora del Sol de Justicia,
Inicio de nuestra alegría,
El fin de nuestros males,
Santa Infante, alegría de la tierra,
Diseño de nuestra caridad,
Modelo de nuestra humildad,
Santa Infante, muy poderosa,
Santa Infante, dulce y tierna,
Santa Infante, purísima,
Santa Infante, muy obediente,
Santa Infante, muy pobre,
Santa Infante, muy mansa,
Santa Infante, muy amable,
Santa Infante, muy admirable,
Santa Infante, incomparable,
Santa Infante, salud del enfermo
Confortadora de los afligidos,
Refugio de los Pecadores,
Esperanza de los Cristianos,
Señora de los Ángeles,
Hija de los Patriarcas
Deseo de los Profetas,
Doncella de los Apóstoles
Fuerza de los Mártires,
Gloria del Sacerdocio,
Gozo de los Confesores,
Pureza de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Santa Infante, Madre nuestra,
Santa Infante, Reina de nuestros corazones,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo...
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo...
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo...

V. Ruega por nosotros, Santa María Infante,
R. para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Jesucristo.

Oremos:
Oh Todopoderoso y misericordioso Dios, Quien a través de la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la Inmaculada Infante María para que pudiera ser la digna Madre de Tu Hijo, y la preservaste de toda mancha, Haz que nosotros, quienes veneramos con todo nuestro corazón su
santa niñez, podamos ser liberados, a través de sus méritos e intercesión, de toda impureza de mente y cuerpo, y podamos ser capaces de imitar su perfecta humildad, obediencia y caridad, a través de Jesucristo Nuestro Señor. Amén

«Cristo el evangelizador, el liberador, el orante»... Un pequeño pensamiento para hoy

La misericordia de Jesús, se traduce en un don que se halla abierto a todos los que esperan. Ciertamente, el Evangelio es un regalo que enriquece la existencia: pero es un regalo que no se puede encerrar, un regalo que nos abre sin cesar hacia los otros. Lo que Jesús anunció en Nazaret lo va cumpliendo. Allí dijo, aplicándose la profecía de Isaías, que había venido a anunciar la salvación a los pobres y curar a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos. En efecto, hoy leemos el programa de una jornada de Jesús «al salir de la sinagoga» (Lc 4,38-44): cura de su fiebre a la suegra de Pedro, impone las manos y sana a los enfermos que le traen, libera a los poseídos por el demonio y no se cansa de ir de pueblo en pueblo «anunciando el reino de Dios». En medio, busca momentos de paz para rezar personalmente en un lugar solitario.

Podemos revisar dos significativos rasgos de esta página. a) Jesús, en medio de una jornada con un horario intensivo de trabajo y dedicación misionera, encuentra momentos para orar a solas. b) Y no quiere «instalarse» en un lugar donde le han acogido bien: «también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios» —dice a la gente—. Esto nos viene muy bien como discípulos misioneros para que evitemos dos peligros que a todos nos asechan: el activismo exagerado, descuidando la oración, y la tentación de quedarnos en el ambiente en que somos bien recibidos, descuidando la universalidad de nuestra misión. Debemos fijar nuestros ojos en Cristo, él es el evangelizador, el liberador, el orante que sabe encontrar tiempo para todo y para todos sin acomodarse o instalarse. Fijos nuestros ojos en él, que es nuestro modelo y maestro, aprenderemos a vivir su mismo estilo de vida. Dejándonos liberar de nuestras fiebres y ayudando a los demás a encontrar en Jesús su verdadera felicidad.

Hoy celebramos al beato Bartolomé Gutiérrez, quien fuera sacerdote agustino misionero y que pasó gran parte de su vida logrando múltiples conversiones en Japón, pero que recibió la corona del martirio en 1632 junto con otros misioneros. Nació en Ciudad de México el 4 de septiembre de 1580 y a los 16 años ingresó a la orden agustina. En 1596 tomó el hábito en el convento de San Agustín y profesó en dicha orden un año después. Hechos los estudios eclesiásticos fue ordenado sacerdote. En 1612 se embarcó a Japón y un año después fue nombrado prior del convento de Usuki donde se entregó de lleno a la evangelización. Ejerció un ministerio ejemplar entre los fieles japoneses, predicándoles y administrando los sacramentos a escondidas. Se enfrentó al peligro de las persecuciones. Así mismo practicaba ayunos, mortificaciones y vigilias. Fue trasladado con sus compañeros a Nagasaki, lo mantuvieron prisionero durante tres años y luego fue quemado vivo hasta que su cuerpo quedó reducido a cenizas y éstas arrojadas al mar. Que nuestra vida sea tan fecunda como este santo mártir que se entregó de lleno por la causa de Cristo y que María Santísima interceda y nos ayude a alcanzar esta gracia. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 1 de septiembre de 2020

«¡Adelante!»... Un pequeño pensamiento para hoy


Empezamos, por gracia de Dios, un nuevo mes en nuestro caminar y la pandemia de coronavirus sigue en su apogeo en muchos lugares. A pesar de esto, hay quienes niegan que exista la enfermedad de Covid-19 y andan por la vida como si nada pasara. La pandemia se ha expandido por más de 150 países y está presente en los cinco continentes. Es una emergencia sanitaria, social y económica a la que nos enfrentamos sin poder cerrar los ojos. Sin embargo, vemos siempre la mano de Dios que es quien lleva los designios del mundo y con su autoridad y fuerza conduce a la humanidad por caminos de salvación, pues no nos debe de quedar duda de que esto, de una o de otra manera —aunque sea muy difícil de comprender— contribuye de una manera eficaz a la salvación de la humanidad. Los católicos siempre hemos estado acostumbrados a participar en la celebración eucarística dominical, la confesión y otras prácticas devocionales en el templo, pero la Covid-19 ha alterado completamente, en muchas naciones y sin ninguna advertencia, esa vida de fe y ha hecho que se viva de una manera sin precedentes en las redes sociales... ¡La Iglesia doméstica está más viva que nunca!

Debemos estar más que seguros de que la Iglesia superará esta calamidad, porque la experiencia de la pandemia lleva a una reflexión que a diario nos hacemos todos los discípulos–misioneros y buscamos aumentar nuestra fe en aquel que habla y enseña con autoridad. El Evangelio de este día (Lc 4,31-37) nos alienta. Jesús habla «con autoridad» a la gente y despierta la admiración de todos. Allí hace el primer «signo»: libera a un poseso de su mal. Predica y a la vez libera. La Buena Noticia es que ya está actuando en este mundo la fuerza salvadora de Dios. El mal empieza a ser vencido. Un exorcismo: la primera victoria de Jesús contra el maligno. El demonio lo expresa certeramente: «¿has venido a destruirnos?». Y protesta: naturalmente, el mal no quiere perder terreno. Los contemporáneos de Jesús unían lo físico y lo espiritual. La causa del mal de una persona—corporal, anímico, espiritual— la atribuían normalmente a los espíritus malignos. Sea cual sea el origen de estos males, Jesús libera a toda la persona: a veces le cura de su enfermedad, otras de su posesión maligna, otras de su muerte, y sobre todo, de su pecado. Así, en estos tiempos de pandemia, Jesús nos libera de muchas cosas porque él mismo nos da una visión integral de la persona: de sus males y de su salvación. «Todo contribuye para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28).

Se conmemora hoy el martirio de doce religiosos de los hermanos de San Juan de Dios que fueron inmolados por su condición de católicos y religiosos en las cercanías de Madrid el 1 de septiembre de 1936. Todos están beatificados. En medio de la guerra, un grupo de milicianos rodearon la casa de la comunidad y les exigieron que se concentraran en una sala, mientras ellos procedían a un riguroso registro que duró tres horas, alegando que buscaban armas. Cuando éstas no aparecieron por ninguna parte se marcharon, pero exigieron que cesara todo acto de culto o manifestación religiosa y debieron los hermanos reunirse en el sótano de la ropería para poder efectuar sus rezos. Así estuvieron un mes, sin dejar la atención a los enfermos. Pero el 29 de agosto llegó el alcalde del lugar con varias personas armadas y comunicaron a los hermanos que cesaban en la dirección del instituto. El día 1 de septiembre estaban los hermanos disponiendo la comida de los enfermos cuando llegó otro grupo de hombres armados con orden de llevarse a los hermanos. Los doce fueron arrestados del peor modo, obligados a subir a un autobús. Éste tomó la carretera de Boadilla del Monte y llegó al llamado Charco Cabrera. Aquí se les hizo bajar y se les alineó, fueron fusilados y arrojados a una fosa. Cuando los hermanos vieron que se les iba a matar gritaron vivas a Cristo Rey. Ellos fueron fieles al Señor y el testimonio de su vida atrajo a muchos a ser valientes. Que María Santísima nos ayude también a nosotros a comprender que aún de lo que parece el peor de los males, sale siempre un bien, como seguro saldrá cuando esta pandemia llegue a su fin. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.