lunes, 2 de enero de 2023

«El primer día laboral de la semana»... Un pequeño pensamiento para hoy


Tradicionalmente, dentro de la tradición judeocristiana, el primer día de la semana siempre ha sido el domingo, eso lo sabemos perfectamente. Así, la mayoría de los cristianos de hoy celebramos el domingo como el día de descanso para recordar que Cristo resucitó el domingo. El domingo es el primer día de la semana, pero también sabemos que el lunes es el primer día de la semana laboral y académica en la sociedad. Internacionalmente, el lunes se ha considerado como el primer día de la semana. Esta es una norma internacional que cubre los datos relacionados con la hora y la fecha, y fue emitida por la Organización Internacional de Normalización. De esta manera, podemos considerar que hoy iniciamos la primera semana laboral de 2023. Al empezar la rutina de trabajo en este nuevo año, lo más importante es visualizar los propósitos que nos hemos hecho, los proyectos que tenemos pendientes de realizar, los retos que nos hemos puesto y creer que con la bendición de Dios alcanzaremos la capacidad de realizarlos. Una mente llena de la alegría del Evangelio puede transformar una semana corriente en algo excepcional y único. 

El optimismo puede ser un motor de cambio y una actitud inteligente ante la vida que nos ayuda en nuestro desarrollo personal. Me acabo de encontrar un mensaje que el Papa Francisco pronunció el 9 de febrero del año pasado y que ilustra nuestro quehacer de cada día en esta cuestión del trabajo en la vida de cada día. El Papa Francisco dice: «La vida cotidiana se puede comparar con el trabajo diario de los pescadores, ya que, cada día la barca de nuestra vida abandona la orilla de nuestro hogar para adentrarse en el mar de las actividades cotidianas; cada día intentamos “pescar mar adentro”, cultivar sueños, llevar adelante proyectos, vivir el amor en nuestras relaciones. Pero a menudo, como Pedro, experimentamos la “noche de las redes vacías’” y la “decepción de esforzarse tanto y no ver los resultados deseados”. Cuántas veces también nosotros nos quedamos con una sensación de derrota, mientras la decepción y la amargura surgen en nuestros corazones. Dos carcomas muy peligrosas. Es precisamente cuando el “barco” de uno está vacío, “cuando no tenemos nada que ofrecerle”, que hay espacio para que Jesús entre “en nuestros vacíos” y los llene con su presencia».

«Dios no quiere un crucero» —afirmó el Papa en esa ocasión— «Le basta con un pobre barco “destartalado”, siempre que lo acojamos. Con el Señor, las personas pueden navegar en el mar de la vida sin miedo, sin dejarse llevar por la desilusión cuando no pescamos nada y sin rendirnos». Hasta aquí las palabras del Papa. Quiero invitarles a meditar así, con esta certeza de que en todo momento el Señor está con nosotros, porque debemos ser realistas y asimilar de este segundo día del año nuevo y primer día de semana laboral que no todos los días nos saldrá todo bien. Sabemos que habrá momentos difíciles, pero bajo la mirada dulce de María y con la ayuda eficaz siempre del Señor, saldremos adelante. ¡Bendecido lunes, inicio de semana laboral!

Padre Alfredo.

domingo, 1 de enero de 2023

«Primer día del 2023»... Un pequeño pensamiento para hoy


Desde siempre, en todas las culturas, el año nuevo ha sido un día de fiesta. Algunos recuerdan cómo vivieron su vida durante el pasado año y esperan con entusiasmo los próximos 12 meses. Otros hacen resoluciones de Año Nuevo para romper malos hábitos y comenzar algunos buenos, para conseguir algo que desean, o para iniciar cambios que saben son importantes en su vida. La mejor manera de empezar el Año para nosotros que somos discípulos–misionero de Cristo, es dejarnos mirar por Dios bajo el cuidado de su Madre santísima. Hoy 1 de enero iniciamos el año con la solemnidad de santa María Madre de Dios y con la celebración, al unísono, de la jornada mundial por la paz, que este año llega a su edición número 56.

Este día nos brinda una buena oportunidad para renovar el entusiasmo y la confianza de vivir con fe nuestra vocación bautismal que es vivir en Cristo y vivir para Cristo. Vale la pena meditar en esto al comenzar el año nuevo. Si en este primer día del año nos detenemos por un momento y hacemos una pausa para mirar hacia atrás, podremos darnos cuenta que nos encontramos exactamente donde nos ha traído la Divina Providencia, puesto que nos hemos esforzado por hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas.

El Papa Francisco, en el mensaje para la jornada mundial de la paz, nos hace una invitación a permanecer despiertos, a no encerraros en el miedo, en el dolor o en la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimaros sino a ser como centinelas capaces de velar y de acoger las primeras luces del alba, sobre todo en las horas más oscuras. Vamos saliendo —entre que sí y que no— de una terrible pandemia que ha dejado huella en el mundo y afirma el Santo Padre: «de una crisis no se sale nunca igual, se sale o mejor o peor». Así que a echar mano de todos los elementos que podamos para darle mucha gloria a Dios en este año nuevo bajo la mirada dulce de María, Madre de Dios y Madre nuestra. ¡Bendecido domingo, primer día del año 2023!

Padre Alfredo.

P.D. Demos gracias a Dios por la gran riqueza que nos dejó el Papa Emérito Benedicto XVI. Ayer hice una reflexión especial recordándole. ¡Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua!

sábado, 31 de diciembre de 2022

Ha sido llamado a la Casa del Padre el Papa Emérito Benedicto XVI...


Al amanecer de hoy 31 de diciembre, último día de este año de 2022, me enteré de la muerte del Papa Emérito Bendicto XVI. Quiero dedicar unas cuantas líneas como un homenaje para el Papa —como he afirmado en otras ocasiones— a mi juicio, más inteligente de la historia de la Iglesia. De entrada quiero decir que saludé más veces a Benedicto XVI cuando era cardenal que cuando fungió como Sumo Pontífice. Lo recuerdo desde que yo era novicio y estudiaba en Roma, varias veces lo saludé en la plaza de San Pedro, pues, para ir a su trabajo en el Vaticano en el hoy llamado «Dicasterio de la Doctrina de la Fe», del que estuvo al frente por muchos años bajo el pontificado de san Juan Pablo II, cruzaba caminando con sencillez y respondiendo al saludo de quien lo interceptaba, como yo en varias ocasiones. Siendo Papa lo saludé dos veces, una de las cuales, en el aula Pablo VI, quedó plasmada en una fotografía que no logro encontrar. La otra vez fue dentro de la Basílica de San Pedro en una audiencia. Lo recuerdo siempre humilde, sencillo, reservado, prudente, con una discreta sonrisa y gran sabiduría. Comparto ahora algunos datos de su vida y les invito a leer, para conocerlo más y mejor, la biografía «Benedicto XVI, el custodio de la fe» escrito por Andrea Tornielli.

El Papa Benedicto nació en Marktl am Inn, diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927 (Sábado santo), hijo de Joseph Ratzinger y Maria Peintner. Fue bautizado ese mismo día con el nombre de Joseph Aloisius. Su papá, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera, de condiciones económicas más bien modestas. Su madre era hija de artesanos de Rimsting, en el lago Chiem, y antes de casarse trabajó de cocinera en varios hoteles. Joseph pasó su infancia y su adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad cerca de la frontera con Austria, a treinta kilómetros de Salzburgo. En ese marco, que él mismo ha definido «mozartiano», recibió su formación cristiana, humana y cultural. La fe y la educación de su familia lo preparó para afrontar la dura experiencia de esos tiempos, en los que el régimen nazi mantenía un clima de fuerte hostilidad contra la Iglesia católica. Precisamente en esa compleja situación, descubrió la belleza y la verdad de la fe en Cristo. En los últimos meses de la segunda guerra mundial fue enrolado en los servicios auxiliares antiaéreos. De 1946 a 1951 estudió filosofía y teología en la Escuela superior de filosofía y teología de Freising y en la universidad de Munich. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1951. En el año 1953 se doctoró en teología con la tesis: «Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de san Agustín». Fue profesor de teología dogmática y fundamental en varias universidades de Alemania. De 1962 a 1965 dio una notable contribución al concilio Vaticano II como «experto». El 25 de marzo de 1977, el Papa san Pablo VI lo nombró arzobispo de Munich y Freising. El mismo Papa lo creó cardenal, del título presbiteral de Santa María de la Consolación en Tiburtino, en el consistorio del 27 de junio de ese mismo año.

En 1978 participó en el Cónclave, celebrado del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I. En el mes de octubre de ese mismo año participó también en el Cónclave que eligió a Juan Pablo II. San Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Al frente del hoy dicasterio de la doctrina de la fe presentó al Santo Padre el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Escribió muchos libros, varios de los cuales he podido leer y entre los cuales ocupa un lugar destacado: «Introducción al Cristianismo». Recibió numerosos doctorados «honoris causa». Fue un experto pianista y su compositor favorito era Mozart. En el año de 2012, el 21 de abril, beatificó a nuestra fundadora la madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Amó entrañablemente a la santísima Virgen María de la que afirmó: «Cuando la Virgen dijo su “sí” al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva era de la historia, que se sellaría después de la Pascua como “nueva y eterna alianza”». Descanse en paz el Papa Emérito Benedicto XVI quien falleció la mañana de hoy a los 95 años de edad, en el monasterio «Mater Ecclesiae» situado en la Ciudad del Vaticano, del que había hecho su residencia tras su renuncia al papado. 

Padre Alfredo.

«Llegamos al último día del 2022»... Un pequeño pensamiento para hoy


Llegamos al último día de este 2022 en el que seguramente todos hemos tenido de todo, porque así es la vida. Seguramente en algunos momentos hemos experimentado muy viva la presencia de Dios y en algunos otros quizá haya quién se haya preguntado dónde está Dios en este momento. Ciertamente los hombres y mujeres de fe tenemos mucho que agradecer a nuestro Señor al mirar hacia atrás hasta llegar al 1 de enero de este 2022 que culmina. Eso nos hace ser agradecidos y elevar una oración bajo la mirada dulce de la Madre de Dios que nos cobija con su manto. Hoy les comparto una oración que me encontré y que nos viene muy bien para rezar con calma:

«Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de Ti. Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir. Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría. Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. Perdón por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Dentro de muy poco iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo Tú sabes si llegaré a vivirlos. Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz. Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene solo de bendiciones y las derrame a mi paso. Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de Ti. Danos, con el cobijo de tu santa Madre, un año feliz y enséñanos a repartir felicidad». ¡Bendecido sábado, ultimo día del 2022!

Padre Alfredo.

viernes, 30 de diciembre de 2022

«La Sagrada Familia y nuestras familias»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo estas líneas pensando, en este día en que celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, en mi familia y en todas las familias del mundo. Imagino al Divino Niño en brazos de sus padres José y María en el pequeño establo de Belén y me transporto así, al corazón de cada una de las familias que a lo largo de mi vida he conocido y con muchas de las cuales he compartido momentos inolvidables de gozo, de alegría, de pena, de dolor; momentos de esperanza y de desilusión; momentos de triunfos y fracasos que me han compartido. Leo detenidamente el pasaje del Evangelio que la liturgia de este día nos deja (Mt 2,13-15.19-23) y me imagino la escena de la Sagrada Familia, muy unida frente a la adversidad de tener que huir a Egipto para escapar de las manos de Herodes.

Así, en este día, doy gracias al Señor, como digo, por estas familias que se han cruzado por mi vida en tantos lugares tan diversos: vuelo a recordar familias en las diversas partes de México en donde como misionero he estado, en los Estados Unidos, en Alemania, en España, en Italia, en Costa Rica, En Irlanda en Colombia y en Sierra Leona. Repaso sus rostros, los de todos los que me acuerdo y pido por cada una de estas comunidades de vida y amor. Pido al niño Jesús por la intercesión de María y José por todas ellas y en especial por las familias más frágiles; por las que han pasado o están pasando por momentos de crisis, por los esposos que no tienen trabajo, por las familias de madres que han sido abandonadas, por las familias de los inmigrantes, por las familias con enfermos y ancianos. Y aprovecho estos días en que tengo la oficina de la parroquia cerrada para estar más con la familia parroquial en un ambiente más de fiesta y gratitud y también con mi familia de sangre, compartiendo estos días con mi madre, con mi hermano y su familia.

Pero pienso también en la mundanidad, que ha decretado que familia, fidelidad, obediencia, virginidad, respeto a la vida... queden fuera de la bolsa de los valores de hoy. Pienso en cada padre, que debe ser en el hogar la autoridad que libera a los hijos de la debilidad, del desconcierto y de la indiferencia. Pienso de igual manera en cada madre, que es amor que no deja al hijo sin la figura más entrañable para madurar. Pienso en cada uno de los hijos, que, de la Iglesia doméstica que es el hogar, beben la fe que han de proclamar en medio de este mundo tan confundido y cuyo valor de la familia, como digo, busca hacer a un lado... No digo más, simplemente me brota exclamar: Jesús, José y María, comunidad de fe, comunidad de esperanza, comunidad de amor. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 29 de diciembre de 2022

«Santo Tomás Becket»... Un pequeño pensamiento para hoy

Estamos en el quinto día de la «Octava de Navidad». Este día la Iglesia prolonga su gozo por rememorar el nacimiento de nuestro Salvador y celebra, en forma de conmemoración, la memoria de santo Tomás Becket, un obispo y mártir (1118- 1173) que defendió los derechos de la Iglesia y que murió asesinado en la Catedral de su diócesis de Canterbury. Creo que como este santo, hay muchos más que no son muy conocidos, por eso me quiero detener hoy a hablar de santo Tomás Becket, de manera que su testimonio de vida nos impulse a buscar la santidad en el ambiente en que Dios nos ha puesto. Empiezo mi breve reflexión diciendo que nació en Londres en 1170 y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Fue un gran amante del camino trazado por Cristo para alcanzar la santidad y muy devoto de la santísima Virgen María.

A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del arzobispo de Inglaterra —el de Canterbury— quien vio en Tomás cualidades excepcionales para el trabajo. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia. Tomás como buen diplomático, había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y éste en acción de gracias por tan gran favor, nombró a Tomás —cuando sólo tenía 36 años— como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. El rey Enrique II lo propuso para arzobispo, pero él no quería aceptar. Fue un cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice Alejandro III que lo convenció de que aceptara. Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo: «Si acepto ser arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo». Algunos que envidiaban su condición, empezaron a calumniar al arzobispo en presencia del rey, quien, en un estallido de cólera exclamó: «No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?».

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, a pesar de que sabía todo el bien que Tomás hacía y lo recto que era en su tarea episcopal, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. No opuso resistencia. Murió diciendo: «Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica». Tenía apenas 52 años. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contra el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido hizo penitencia durante dos años, para obtener la reconciliación en 1172. Pidamos a María santísima, rectitud de intención en nuestras vidas y en nuestros compromisos seguros que, como en el caso de santo Tomás Becket, el premio será grande en los cielos. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

«Los santos inocentes»... Un pequeño pensamiento para hoy


Dios es más fuerte que todo el mal que la humanidad pueda hacer. los santos Inocentes, a quienes hoy celebramos en esta octava de Navidad, sin saberlo, han compartido la muerte de Jesucristo y ahora comparten por siempre su gloria. En Dios, todo es gracia. Y al final del camino humano está su vida. Desde el siglo VI de nuestra era, la Iglesia venera en este día a los santos Inocentes, ese conjunto de niños que fueron masacrados por el rey Herodes que buscaba acabar con Jesús, el Divino Niño nacido para nuestra salvación creyendo que le destronaría y le restaría poder. Antes que nada quiero pensar que estos niños mártires, hoy, también tienen nombres concretos en niños, jóvenes, parejas, personas mayores, inmigrantes, enfermos... que piden la respuesta de nuestra caridad.

Sea cual sea la exacta historicidad de la huida a Egipto y del episodio de los niños de Belén que nos narra el Evangelio de hoy (Mt 2,13-18), muy creíble dada la envidia y maldad del rey Herodes, el pasaje de san Mateo nos ayuda a entender toda la profundidad del nacimiento del Mesías. Es la oposición de las tinieblas contra la luz, de la maldad contra el bien. Se cumple lo que Juan dirá en su prólogo: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron». Herodes, sigue habiendo, eso ni dudarlo, pero nosotros... ¿cómo andamos en la vivencia de nuestro compromiso cristiano de vivir la caridad y de defender la vida?

Estos niños son víctimas inocentes e inconscientes del odio y la crueldad con que será tratado Jesús, hasta ser llevado por sus enemigos a la muerte de cruz. Hace dos días conmemorábamos al primer mártir cristiano, a San Esteban. Pero los niños de Belén son sus precursores. Y todos ellos, Esteban y los inocentes mártires, son modelos para nuestra vida cristiana. A nosotros tal vez no nos tocará morir mártires para confesar el nombre de Cristo, pero, de la mano de María, su Madre, debemos presentarle el testimonio cotidiano de vivir de acuerdo a sus enseñanzas, a su Evangelio, es decir, de vivir en el amor y en servicio desinteresado a los demás. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 27 de diciembre de 2022

«San Juan Evangelista en la Octava de Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


San Juan, apóstol y evangelista, en sus escritos, nos habla del amor-comunión de Dios con nosotros, y del amor que hemos de tener a los hermanos. Hoy, en el marco de la octava de Navidad, se celebra su fiesta, ya que es el prototipo de los que hemos de ser discípulos–misioneros de Cristo a quien en estos días contemplamos como un pequeño Niño, recién nacido, en pañales y cobijado en brazos de su Madre. A Ella, al contemplar a san Juan muy de cerca, le pedimos que nos haga un espacio en su regazo para seguir viviendo con corazón de niño estos días de Navidad.

San Juan fue el «discípulo amado» del Señor, que junto con su hermano Santiago el Mayor y Pedro, fue testigo de la gloria de la transfiguración de Jesús y de su agonía en el Huerto. En la última cena reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús y éste le comunicó la traición de Judas. Estuvo presente en el Calvario, al pie de la cruz en la que moría Jesús, y de sus labios recibió a María como su segunda madre. Con ella vivió después en Éfeso, según la tradición. Fue también el primero en llegar a la tumba vacía del Resucitado y el primero en creer, como nos lo narra el Evangelio de hoy (Jn 20,2-9).

Después de haber celebrado ayer a san Esteban, el testimonio del apóstol san Juan. nos habla hoy de un gran testigo que nos ayuda a profundizar en el misterio de la Navidad y a la vez relaciona estrechamente a ese Niño recién nacido con el Cristo que nos salva a través de su entrega pascual y su resurrección. Juan es el teólogo de la Pascua, pero también es el teólogo de la Navidad. Nadie como él ha sabido condensar la teología del Nacimiento de Cristo en el prólogo de su Evangelio: la Palabra, que era Dios, se ha hecho hombre. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

«San Esteban, protomártir de la Iglesia»... Un pequeño pensamiento para hoy


Apenas acabamos de celebrar el nacimiento de nuestro Redentor el día de ayer y hoy, 26 de diciembre, la Iglesia nos pone la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir de la Iglesia. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como un hombre lleno de gracia y de Espíritu Santo que fijó su mirada en Cristo (cf. Hch 6,8-10; 7,55). En este hombre se verificó plenamente la promesa de Jesús a la que hace referencia el texto evangélico de hoy (Mt 10, 17-22); es decir, que los creyentes llamados a dar testimonio en circunstancias difíciles y peligrosas no serán abandonados y desprotegidos: el Espíritu de Dios hablará en ellos.

Al igual que Esteban, también nosotros estamos llamados a fijar la mirada en el Hijo de Dios, que en el clima gozoso de la Navidad contemplamos en el misterio de su Encarnación. Con el Bautismo y la Confirmación, con el precioso don de la fe alimentada por los Sacramentos, especialmente por la Eucaristía, Jesucristo nos ha vinculado a Sí y quiere continuar en nosotros, con la acción del Espíritu Santo, su obra de salvación, que todo rescata, valoriza, eleva y conduce a su realización. 

Dejarse atraer por Cristo, como hizo san Esteban, significa abrir la propia vida a la luz que la llama, la orienta y le hace recorrer el camino del bien, el camino de una humanidad según el designio de amor de Dios que, encarnándose en el seno de María, se ha hecho hombre. Esta fiesta de san Esteban siempre se celebra inmediatamente después de la Navidad para que, siendo el protomártir, esté lo más cercana a la del nacimiento del Hijo de Dios de quien él es testigo entregando su vida. Esto nos hace mirar más de fijo al Hijo de Dios que en estos días contemplamos en el pesebre, custodiado por María su Madre y José. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 25 de diciembre de 2022

«El pregón de Navidad»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy celebramos el glorioso nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén. Reflexionar en esto llena nuestros corazones de gratitud a Dios que, haciéndose hombre, viene para alcanzarnos la salvación. hoy no escribo de mi puño y letra, sino que quiero invitarles a reflexionar conmigo el hermoso pregón de la Navidad que reza así: «Os anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo; escuchadla con corazón gozoso: Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra y, asignándoles un progreso continuo a través de los tiempos, quiso que las aguas produjeran un pulular de vivientes y pájaros que volaran sobre la tierra. Miles y miles de años, desde el momento en que Dios quiso que apareciera en la tierra el hombre, hecho a su imagen y semejanza, para que dominara las maravillas del mundo y, al contemplar la grandeza de la creación, alabara en todo momento al Creador.

Miles y miles de años, durante los cuales los pensamientos del hombre, inclinados siempre al mal, llenaron el mundo de pecado hasta tal punto que Dios decidió purificarlo, con las aguas torrenciales del diluvio. Hacía unos 2.000 años que Abraham, el padre de nuestra fe, obediente a la voz de Dios, se dirigió hacia una tierra desconocida para dar origen al pueblo elegido. Hacía unos 1.250 años que Moisés hizo pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham, para que aquel pueblo, liberado de la esclavitud del Faraón, fuera imagen de la familia de los bautizados. Hacía unos 1.000 años que David, un sencillo pastor que guardaba los rebaños de su padre Jesé, fue ungido por el profeta Samuel, como el gran rey de Israel. Hacía unos 700 años que Israel, que había reincidido continuamente en las infidelidades de sus padres y por no hacer caso de los mensajeros que Dios le enviaba, fue deportado por los caldeos a Babilonia; fue entonces,  en medio de los sufrimientos del destierro, cuando aprendió a esperar un Salvador que lo librara de su esclavitud, y a desear aquel Mesías que los profetas le habían anunciado, y  que había de instaurar un nuevo orden de paz y de justicia, de amor y de libertad.

Finalmente, durante la olimpíada 94, el año 752 de la fundación de Roma, el año 14 del reinado del emperador Augusto, cuando en el mundo entero reinaba una paz universal, hace 2000 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos, en un pesebre, porque no tenía sitio en la posada, de María virgen, esposa de José, de la casa y familia de David, nació Jesús,  Dios eterno,  Hijo del Eterno Padre, y hombre verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador  que los hombres esperaban. El es la Palabra que ilumina a todo hombre; por él fueron creadas al principio todas las cosas; él, que es el camino, la verdad y la vida, ha acampado, pues, entre nosotros. Nosotros, los que creemos en él, nos hemos reunido hoy, o mejor dicho, Dios nos ha reunido, para celebrar con alegría la solemnidad de Navidad, y proclamar nuestra fe en Cristo, Salvador del mundo. Hermanos, alegraos, haced fiesta y celebrad la mejor noticia de toda la historia de la humanidad». Junto al pesebre, contemplando al Divino Niño, con María su Madre y san José, les deseo a todos: ¡Una muy feliz Navidad en este bendecido domingo!

Padre Alfredo.