sábado, 17 de junio de 2017

EL DÍA DEL PADRE... Una fiesta universal llena de gratitud

La celebración del Día del Padre, es un festejo que se remonta al siglo pasado, cuando una mujer de nombre Sonora Smart Dood, hija del veterano de guerra estadounidense Jackson Smart, escuchó un sermón en la iglesia sobre el Día de la Madre y consideró que era importante también reconocer la labor de la paternidad. Sonora admiraba mucho a su papá porque él se había encargado del cuidado de sus seis hijos cuando su esposa falleció durante el sexto parto, por esa razón esta joven consideraba imperioso crear una fecha que pusiera en alto el papel del hombre y la importancia que tiene en la vida de sus hijos.Esta joven mujer no dudó mucho tiempo en ir al ministerio de Spoke, Whashington, para hablar sobre el tema y propuso como fecha para esta celebración el 5 de junio, mismo día del cumpleaños de su padre; sin embargo, el ministerio estableció el tercer domingo de junio como el Día del Padre, así, el primer día del padre se festejó el 19 de junio 1910.

Aunque esta celebración inició en el poblado de Spokane, Whashington, años más tarde se popularizó en todo Estados Unidos. Fue hasta 1966 cuando el presidente Lyndon B. Johnson decretó oficialmente el tercer domingo de junio como Día del Padre. En muchos países del mundo se adoptó la misma fecha que en Estados Unidos para celebrar la paternidad; sin embargo, en algunos países como España, Italia, Portugal, Bolivia y Honduras, se celebra el 19 de marzo. En Argentina el Día del Padre es el 17 de agosto en honor a José de San Martín considerado «Padre de la patria» porque falleció ese día. En Nicaragua se celebra el día 23 de junio, porque ese mismo día, en el año de 1960, se celebró el día del padre nicaragüense y la fecha quedó entonces establecida para entonces. Y en otros países como Rusia, Ucrania y Bielorrusia se celebra el día 23 de febrero en el cual se festeja, además, el día del hombre y el defensor de la patria. Por su parte, en Australia y Nueva Zelanda se celebra en septiembre, en noviembre en los países escandinavos y en diciembre en Tailandia, por nombrar unos cuantos.

El Día del Padre sirve no solamente para honrar a los padres biológicos, sino también a aquellos que han realizado la figura de padre cuando éste no estaba o se encontraba ausente. Por ello, es común ver que algunos niños o adultos hacen regalos a sus padrastros, tíos, padrinos u otros familiares en esta fecha tan señalada, puesto que para ellos ese hombre o esa mujer han realizado la figura paterna que tanto les ha ayudado a crecer y a vivir.

Parecería que en nuestros tiempos el papel del padre de familia, poco a poco va desapareciendo; debido a muchas situaciones. Sin embargo la misión o tarea que Dios desde siempre ha encomendado al padre de familia o a quien hace sus veces, es como la de Josué (Jos 24,15), de acompañar, orientar y formar al hijo para afrontar los retos­ que la vida cotidiana presenta y optar desde la libertad, por la entrega al Señor formando el corazón de cada hijo en los valores.

En la Sagrada Escritura hay otros padres ejemplares cuyo ejemplo hay que seguir: Está Noé, cuya fidelidad hacia a Dios, en tiempos en que la tierra estaba llena de inmoralidad, fue un padre ejemplar elegido por Dios para librar a su familia del diluvio (Gn 6,8). Abraham, que cuando ya estaba avanzado en edad (Gn 24,1), estaba preocupado por el futuro de su hijo Isaac. Encomendó a su criado más viejo para escogerle esposa a su hijo. Así que, el criado salió a cumplir esta misión y le pidió dirección a Dios para escoger correctamente (Gn 24,12-14). Job (Job 1,4), que santificaba a sus hijos y ofrecía holocaustos para que cualquier pecado que hubiesen cometido en los días de juerga fueran perdonados (Job 1,5). David, que oró por su hijo Salomón, que había de sucederlo en el trono. Le pidió a Dios que fuera intachable para que guardara todos los mandamientos y para que continuara el proyecto de para construir casa para Dios, que David había comenzado (1 Cr 29,19). Mardoqueo, el primo de Ester, que fue padre adoptivo, ya que la cuidó desde su niñez cuando quedó huérfana y hasta llegó a ser reina (Est 2,17). Gracias a ellos, los judíos fueron librados de una gran masacre (Est 8,11.17). Por supuesto, hay que hablar del el más grande de todos los padres en la tierra, San José (Mateo 1,18-20) un padre justo, casto y fiel y, aunque no se habla mucha cosa del padre terrenal de Jesús en la Biblia, su adhesión a la voluntad de Dios lo dice todo.

Sabemos que, en la época actual, la tarea de ser padre de familia no es algo fácil de asumir y de cumplir, el hombre de hoy tiene muchos distractores, miedos y conflictos, sin embargo al igual que en el tiempo de estos grandes padres de familia que la Biblia nos presenta, hoy el papá está llamado a ser testigo, guía y custodio de su familia, como lo haría un buen padre de cualquier tiempo, conduciendo a los suyos hacia Dios Padre.

Felicidades a todos los papás y que Dios tenga, en su reino a todos los papás difuntos y les conceda la recompensa a sus trabajos y desvelos por la formación de sus hijos.

Nunca es tarde para decir a papá que lo amamos y darle las gracias por tantas buenas lecciones de vida. ¡Denles un abrazo de mi parte y pásenla increíble con ellos! 

Les invito a rezar esta oración por los papás:

Señor Dios, Padre bueno,
creador del género humano,
Tú enviaste a tu Hijo Jesús,
para redimir y salvar a los hombres,
El quiso nacer en una familia como la nuestra,
le diste a la Virgen María como madre
y a San José como padre;
te pedimos por estos padres
para que, a ejemplo de San José,
amen a sus hijos, los cuiden y protejan,
y sobre todo, les enseñes a amarte a Ti
que eres nuestro Padre del Cielo,
te sirvan en todo,
y alcancen finalmente la vida eterna.
Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amen

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

viernes, 16 de junio de 2017

BREVE EXPLICACIÓN DE LO QUE ES UNA NOVENA... ¿Por qué rezamos así?


La palabra «Novena» viene del latín «novem», que quiere decir, nueve. Esta es una devoción privada o pública en la que se reza durante nueve días con el objeto de alcanzas alguna gracia o intención especial. Hay novenas dedicadas a Nuestro Señor Jesucristo, al Espíritu Santo, a la Virgen María y a muchos santos y beatos. También se rezan novenas por el eterno descanso de los difuntos. Todas las novenas se pueden rezar durante cualquier época del con tal que sean nueve días seguidos, aunque se procura rezarlas antes o después de la fecha de la fiesta en torno a la cual están elaboradas.

Las novenas más comunes tienen la aprobación eclesiástica, pero no un lugar propio y establecido en la liturgia. Es decir, no son parte de la oración oficial de la Iglesia. Aunque las novenas son muy antiguas, no fue sino hasta el siglo XVII que la Iglesia formalmente concedió la primera indulgencia a una novena en honor a San Francisco Javier, otorgada por el papa Alejandro VII.

Un origen de las «Novenas» es la novena hora de oración para el pueblo de Israel. La novena hora en la sinagoga era una de las horas especiales de oración, como lo ha sido la hora nona (novena) en la Iglesia. Rezar durante nueve días tiene una base bíblica. Una novena de oración fue la que hicieron los apóstoles como preparación a la venida del Espíritu Santo. Se sabe que entre la Resurrección y la Ascensión hay 40 días; y hay nueve días entre la Ascensión y Pentecostés. ¿Qué hicieron los apóstoles en ese lapso de tiempo? En esos nueve días los apóstoles hicieron oración para esperar una gracia muy especial: La venida del Espíritu Santo. El mismo libro de los Hechos nos dice: “Todos ellos se reunían siempre para orar con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús…” (Hech 1, 14). Por eso la novena tomó un sentido de anticipación y preparación a una fiesta.

La «Hora nona», en la Iglesia católica, es una de las horas de oración de la Liturgia de las Horas que se reza a diario a las 3 de la tarde; la hora en que murió Jesucristo. Por esto el número nueve indica dolor y sufrimiento. Se reza durante nueve días, además, porque según algunos Padres de la Iglesia y los monjes de la Edad Media, el nueve denota imperfección y se refiere a los hombres. El diez es el mas alto y perfecto y por eso se refiere a Dios. La novena simboliza la imperfección humana que busca a Dios. (cf. Jerome, loc. cit.; Athenagoras, "Legat. pro Christian.", P.G., VI, 902; Pseudo-Ambrosius, P.L., XVII, 10 sq., 633; Rabanus Maurus, P.L., CIX, 948 sq., CXI, 491; Angelomus Monach., In Lib. Reg. IV, P.L., CXV, 346; Philo the Jew, "Lucubrationes", Basle, 1554, p. 283). Jesucristo mismo, en la revelación a Santa Margarita Alacoque recomendó la celebración de nueve primeros viernes de mes consecutivos (cf. Vermeesch, "Pratique et doctrine de la dévotion au Sacré Coeur de Jésus", Tournai, 1906, 555 sqq.).

El rezo de una «Novena» requiere humildad, confianza y perseverancia, tres importantes cualidades de la oración eficaz. Innumerables santos rezaban novenas con gran devoción y a través de los siglos muchos milagros se han logrado con la oración de novenas. Si existe algún contenido distante de la liturgia o de la doctrina, sería conveniente dar aviso a la autoridad eclesiástica para que el abuso no propicie falsas devociones, errores teológicos y así la novena no se convierta en superstición, solamente para buscar un deseo personal sin abrir el corazón a Dios y someterse a su voluntad, rezando de manera egoísta o caprichosa.

Generalmente las novenas están estructuradas siguiendo la misma línea de estructura, aunque a veces varía ligeramente: 1. La oración inicial para cada día, que nos dispone para lograr una apertura de corazón al actuar de Dios y obtener su gracia. 2. La meditación diaria, en la que nos adentramos en descubrir cómo por medio de la virtud de Cristo, la Virgen o el santo o beato a quien pedimos intercesión, podemos fortalecer nuestro vínculo con el cuerpo de Cristo y podemos crecer en santidad. 3. La oración especial para cada día, con la petición que se hace, cuyo objetivo es afirmarnos en la reflexión que acabamos de meditar y lograr en nosotros una verdadera comunión con Dios a través de la intercesión de los santos. 4. El compromiso. En algunas novenas, se pide realizar algún acto espiritual o caritativo que perfeccione y lleve al orante a actuar como Cristo con los demás.

Así que hermanos, tenemos una gran riqueza en las novenas y una oportunidad única de interactuar en la comunión de los santos, al mismo tiempo que esperamos de parte de Dios nos conceda las gracias solicitadas.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR LOS JÓVENES/POPE FRANCIS PRAYER FOR YOUNG PEOPLE/PREGHIERA DEL SANTO PADRE FRANCESCO PER I GIOVANI


ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR LOS JÓVENES
EN VISTA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS DE 2018 SOBRE EL TEMA:
«Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional»

Señor Jesús, tu Iglesia en camino hacia el Sínodo dirige su mirada a todos los jóvenes del mundo. Te pedimos para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre. Acompañados por guías sapientes y generosos, ayúdalos a responder a la llamada que Tú diriges a cada uno de ellos, para realizar el propio proyecto de vida y alcanzar la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos. Como el Discípulo amado, estén también ellos al pie de la Cruz para acoger a tu Madre, recibiéndola de Ti como un don. Sean testigos de la Resurrección y sepan reconocerte vivo junto a ellos anunciando con alegría que tú eres el Señor. Amén.


POPE FRANCIS PRAYER FOR YOUNG PEOPLE 
IN VIEW OF THE FORTHCOMING SYNOD OF BISHOPS 2018:
«Young people, faith and vocational discernment»

Lord Jesus, in journeying towards the Synod, your Church turns her attention to all the young people of the world. We pray that they might boldly take charge of their lives, aim for the most beautiful and profound things of life and always keep their hearts unencumbered. Accompanied by wise and generous guides, help them respond to the call you make to each of them, to realize a proper plan of life and achieve happiness. Keep their hearts open to dreaming great dreams and make them concerned for the good of others. Like the Beloved Disciple, may they stand at the foot of the Cross, to receive your Mother as a gift from you. May they be witnesses to your Resurrection and be aware that you are at their side as they joyously proclaim you as Lord. Amen.


PREGHIERA DEL SANTO PADRE FRANCESCO PER I GIOVANI
IN VISTA DEL SINODO DEI VESCOVI DEL 2018 SUL TEMA:
«I giovani, la fede e il discernimento vocazionale»

Signore Gesù, la tua Chiesa in cammino verso il Sinodo volge lo sguardo a tutti i giovani del mondo. Ti preghiamo perché con coraggio prendano in mano la loro vita, mirino alle cose più belle e più profonde e conservino sempre un cuore libero. Accompagnati da guide sagge e generose, aiutali a rispondere alla chiamata che Tu rivolgi a ciascuno di loro, per realizzare il proprio progetto di vita e raggiungere la felicità. Tieni aperto il loro cuore ai grandi sogni e rendili attenti al bene dei fratelli. Come il Discepolo amato, siano anch’essi sotto la Croce per accogliere tua Madre, ricevendola in dono da Te. Siano testimoni della tua Risurrezione e sappiano riconoscerti vivo accanto a loro annunciando con gioia che Tu sei il Signore.Amen.

sábado, 10 de junio de 2017

Van-Clar... Luz que ilumina el mundo con su testimonio de vida

¿Qué hay imposible para Dios? ¿Qué se le puede dificultar al que es Todopoderoso? El Hijo de Dios ha venido hecho hombre a nuestro encuentro estando siempre pronto a darnos esperanza. La Escritura nos dice: «Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,15). Este es nuestro Dios maravilloso, el Señor que todo lo puede «Luz verdadera que ilumina a cada hombre» (Jn 1,9). Por eso nuestros rostros, teniendo un Dios que es Todopoderoso, deberían estar siempre radiantes, sin confusiones, sin desasosiegos, sin oscuridades. El Señor ha venido a nuestro encuentro a decirnos: «¡Ánimo, soy yo!» (Mt 14,27).

Hoy quiero escribir unas cuantas líneas de Van-Clar y a Van-Clar, el grupo misionero de laicos que la beata María Inés fundó con el anhelo de que, dando testimonio de vida cristiana, en el lugar en donde se encuentren, estos hombres y mujeres de toda edad, raza y condición, inunden el ambiente del «suave olor de Cristo» (2 Cor 2,15).A más de dos mil años de distancia de la venida de Cristo, al encuentro del hombre, «el esplendor de la verdad» (V.S. 1), somos testigos de los grandes pasos que ha dado la humanidad hacia la novedad cristiana. La historia de la humanidad, nuestra historia, está llena de hombres y mujeres que han descubierto al Mesías "Luz de Luz" y se han hecho luz, porque han descubierto que, Jesucristo, «luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1, 9) los ha invitado a ser «luz en el Señor» e «hijos de la luz» (Ef 5, 8). La Buena Nueva se ha extendido por muchos lugares de la tierra gracias a esos corazones iluminados por el que todo lo puede. Pero sabemos también que aún queda mucho camino por recorrer y que el anhelo de tantos ─como la beata María Inés Teresa Arias─ de que todos le conozcan y le amen, está aún lejos de realizarse en plenitud por muchos lugares de la tierra gracias a esos corazones iluminados por el que todo puede.

La beata Madre María Inés vio crecer a las primeras vocaciones laicales de esta rama de la Familia Inesiana, ella los vio animarse, tropezar y volverse a levantar en los pininos de planear, en aquellos años 60's esas misiones pueblerinas, acompañados y asesorados por diversas Misioneras Clarisas, entre ellas la hoy legendaria Hna. Juanita Oropeza en la región de México, a quien todo Vanclarista conoce, compartiendo con ella hasta el día de hoy, el gozo de la misión heredada por la beata y, como ella, muchas otras hermanas que, en los 14 países en donde la obra está presente, pueden dar testimonio del regalo que Madre Inés hizo a la Iglesia y al mundo al fundar Van-Clar.

En estos dos últimos meses, he recibido la visita de algunos de nuestros hermanos Vanclaristas en esta parroquia de Fátima en donde ahora sirvo al Señor con mi ministerio sacerdotal y misionero, compartiendo con otras de las ramas de la Familia Inesiana. También, por diversos motivos, he estado en comunicación con ellos en watsapp, en facebook, por medio de mis blogs, el teléfono, e-mails y qué se yo más medios de comunicación. ¡Qué alegría pensar en tantos hermanos Vanclaristas, que, a lo largo de los años, han dejado la huella de Cristo, porque han descubierto el valor y el sentido de su existencia, al encarnar el lema de Van-Clar, que ella misma les dio: «Vivir para Cristo»! Como dice la Palabra de Dios, ellos también han conocido el amor que Dios les tiene y han creído en ese amor que da vida en abundancia (cf. 1 Jn 4,16; Jn 10,10). En todo el tiempo que tiene Van-Clar, y que yo, que formé parte del grupo y he trabajado tan de cerca con ellos, he visto de todo ciertamente, pero lo que más me llena de gozo y conservo siempre en el corazón, es ver tantos laicos alegres y entusiastas en varias partes del mundo, para quienes la vida se ha convertido en algo digno y muy valioso de vivirse como donación a los demás, confiando en la luz y en la fuerza de aquel que todo lo puede, Cristo, el Señor.

La fuerza del Vanclarista está en el Todopoderoso, y con esa fuerza, es que, en medio del mundo, en su condición de laicos, pueden ir contra corriente exclamando un rotundo, convencido y convincente «¡No!», a esa corriente de cultura de la muerte y relativismo que quiere arrastrar al mundo al vacío y a la infelicidad, convirtiendo a la sociedad globalizada en un amplio espacio de hipocresía, de violencia y de desmedido placer consumista. Con la confianza puesta en Cristo (cf. Jn 6,68), cada Vanclarista se lanza a vivir por Él, a dar testimonio de vida con Él, a salvar al mundo para Él.

Tal vez "Van-Clar" no sorprenda a la sociedad por el número de miembros, y porque realiza un trabajo ─que más bien es oculto─ con «una vida escondida con Cristo en Dios» (Col 3,3), pero, cada Vanclarista, es un portador del espíritu y espiritualidad que, con el carisma de Madre Inés, transforma el corazón de cada persona que tiene que ver con el grupo, sea por que ingresa o es familiar y amigo de alguno de los miembros. Van-Clar va marcando a cada uno con el sello y el estilo «Inesiano», lleno de celo misionero y de amor mariano, que vive la entrega del sacerdocio bautismal bajo la mirada de María, con la alegría de tener a Cristo Eucaristía como centro del diario ser y quehacer. cada uno va viviendo para Cristo y transformando en obras el ideal que la beata Madre fundadora dio al mundo y a la Iglesia al fundar Van-Clar. ¡Cuánto le debemos a la intrepidez y arrojo de esta misionera sin fronteras que puso su confianza, como María, en el Todopoderoso, cuyo nombre es santo! (cf. Lc 1,49).

Todavía tengo claro el recuerdo de mis años de Vanclarista a finales de los 70's, o aquel 1989, cuando siendo diácono me tocó acompañar la fundación de Van-Clar «Villa Universidad», las misiones de Semana Santa, las Asambleas Anuales, los Encuentros Regionales, las Jornadas y las conivencias de grupo... Sí, ¿cómo olvidar aquel grupito de unos cuantos que se sintieron entusiasmados por un jovencito que llegó a casa diciendo que él quería ser Vanclarista? De allí se desprendió un hermoso ramillete de más de 70 jovencitos que, hoy ya adultos y muchos de ellos con familia, siguen con ese fuego en el corazón que no se ha extinguido. También guardo en mi memoria los fuertes vientos que se han dejado sentir en Van-Clar, por los embates de la tormenta que se ha desatado en el mundo en diversas ocasiones, pero he visto como, el que por momentos en medio de la confusión, parecía ser un fantasma (Mt 14,26), les ha dicho «No teman, soy Yo. ¡Tengan confianza!» (Mt 14,27). Y así se ha hecho presente Cristo para alentarlos, para cuestionarlos, para reparar la barquita que ha quedado dañada por las arremetidas de las fuertes tempestades.

Todos los grupos han tenido sus logros, sus fracasos, sus sueños, sus esperanzas, sus derrotas y sus hazañas porque las personas no somos seres perfectos y se da de todo. Para muchos no ha sido fácil perseverar, hay tal vez muchos que solamente pasaron por el camino, otros que vieron la carga muy pesada, unos que divisaron un poquito solamente u otros que por diversos motivos se lanzaron de la barca en medio de la tempestad; pero hay muchos que avanzan, ─como decía la beata María Inés─ «¡con la juventud acumulada!», con la fuerza de su energía y la frescura de los nuevos miembros, todos con la mirada fija en Cristo.

¿Qué decir de nuestros hermanos más jóvenes y a los adolescentes y niños de estos grupos? ¡Ánimo, no teman muchachos! (cf. Mc 6,50), el Señor no defrauda a nadie que le sigue porque él es Todopoderoso. Él acompaña en el caminar y está en la barca cuando hay tormenta. Nuestros hermanos Vanclaristas más jóvenes, y aún los más pequeñitos en edad, deben tener siempre presente que pertenecen a este tercer milenio de la historia de la Iglesia y que, llenos de vida, o de ¡enjundia!, como dicen algunos de sus hermanos Vanclaristas mayores, no se pueden cansar. Los Vanclaristas más pequeños son el futuro, son la prolongación de lo que cada generación ha hecho hasta hoy. ¡Ánimo! que hay que ser como María, la Estrella de la Evangelización, que, siendo jovencita, como muchos de los miembros de sus grupos, dijo «Sí» al Señor y ella los acompaña susurrándoles al oído que vale la pena «Vivir para Cristo» dando testimonio de vida cristiana en el lugar donde se encuentren para que todos le conozcan y le amen.

¿Y qué más le dirá este padrecito a todos nuestros hermanos Vanclaristas de todos colores y sabores? ¡Ánimo! Sí, ciertamente. Ánimo en un mundo que parece dejarse dominar por la tristeza y por eso les digo también: ¡Cuidado! Cuidado con vivir la fe «con cara de funeral». El Papa Francisco nos dice, recordando al beato Paulo VI, que, con cristianos tristes, desalentados, desanimados, no se puede anunciar a Cristo. Y añade: «Esta actitud un poco fúnebre, ¿eh? Muchas veces los cristianos tienen más la cara de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios, ¿no?» y a Cristo se le sigue ─dice el Papa─ «saliendo de sí mismos». (cf. Homilía en Santa Martha del 13 de mayo de 2013).

Cuidado, hermanos Vanclaristas con creerse los perfectos, cuidado con sentir que todo lo saben, cuidado con sentirse estar por encima de los demás, cuidado con no dar testimonio de su alegría de vivir para Cristo. Cuidado con quedarse estancados, porque el Papa Francisco también ha dicho que «cuando una comunidad cristiana está quieta le pasa como al agua estancada, que es la primera que se corrompe» (entrevista telefónica a los sacerdotes Joaquín Giangreco y Juan Ignacio Liébana de Argentina, el 9 de agosto de 2014). Cuidado con acomodarse a este mundo frente al peligro de la «mundanidad espiritual» (E.G. 93). Cuidado con quedarse en el camino como muchos otros arrastrados por la rutina de la vida diaria, por no experimentar la presencia de Dios en lo ordinario o por estar buscando doctrinas novedosas que no conducen a nada, sino al vacío que engendra el egoísmo.

Queridos hermanos Vanclaristas, caminamos juntos como parte de una misma familia, la Familia Inesiana y hay mucho que hacer. Con justa razón nuestra amada fundadora, la beata María Inés, hacía suyas las palabras de san Pablo a los Corintios: «Urge que Él reine» (1 Cor 15,25). El Señor nos tiene en este mundo para cumplir una misión, y no podemos olvidar que Él es Todopoderoso y para Él nada es imposible. Somos hijos de un corazón misionero que no pudo nunca guardarse para sí el amor de Dios. Y, por cierto, ¿qué diría ella a cada Vanclarista? Esto es solamente algo de lo que ella tiene para Van-Clar:

«Queridos Vanclaristas: Un saludo cordial para cada uno de ustedes en quienes tenemos cifradas grandes esperanzas y apoyo para nuestras labores misionales en las que desde siempre han tomado parte generosamente» (Carta al grupo misionero de Van-Clar, f. 4105). «Con cuánta gratitud debe el Vanclarista vivir su vida de dar testimonio de que Cristo ha venido al mundo. Por su vida cristiana, pero verdaderamente cristiana, evitando todo pecado mortal y aún venial y así poder de verdad sembrar y ser instrumento de Cristo no sólo cuando van a misiones, sino siempre, ya que la principal misión del Vanclarista es dar testimonio de vida cristiana» (Carta colectiva desde Roma Italia, en diciembre 7 de 1971). «Doy las gracias desde el fondo de mi corazón a todos y cada uno de los muchachos y muchachas que integran el círculo, y que tanto empeño tienen en ayudar a nuestras misiones necesitadas. Yo sé, con toda seguridad, que Dios no se quedará con nada de lo que ustedes han hecho, y que cada uno de sus esfuerzos, de sus sacrificios, de sus cansancios, ya están anotados en la eternidad» (Carta a Vanclar de Gardena desde Cuernavaca el 7 de enero 1969, f. 3807). «Están muy bonitas las crónicas de Vanclar de Acapulco. Me maravilla, así como me dicen que también los padres y el señor obispo están maravillados de que, sin estar nosotras ya en este puerto, nuestros chicos y chicas sigan portándose a la altura de su vocación; ¿qué, de entre ellos, no saldrán vanclaristas consagrados?» (Cartas Colectivas). ¡Y vaya que Van-Clar ha dado vocaciones! Junto a la Madre Martha Gabriela Hernández, actual superiora general de nuestras hermanas Misioneras Clarisas, estamos un buen número de sacerdotes, religiosos y religiosas, además de algunas Misioneras Inesianas y Vanclaristas consagrados.

Con el auxilio de Dios y la asistencia de la Santísima Virgen de Guadalupe, como patrona principal de su grupo, sigan adelante, para que el amor del Señor sea proclamado no solo a las naciones en donde muchos de ustedes se encuentran, sino a toda la faz de la tierra. No se cansen de agradecer la hermosa vocación misionera que les ha dado y que ha conducido sus vidas.

Finalmente, desde este lugar en donde puedo contemplar el rostro sonriente de la imagen de Nuestra Señora de Fátima y las caritas radiantes de los santos Francisco y Jacinta, junto al altar de nuestra parroquia, me atrevería a preguntarles: ¿Están dispuestos a seguir viviendo su compromiso misionero con todo el corazón? ¿Quieren seguirse esforzando para que su grupo crezca en todos los aspectos según la herencia espiritual que han recibido de su fundadora la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento? ¿Tienen ganas de seguir dando a conocer el amor de Dios y el de Santa María de Guadalupe en todo momento a quienes les rodeen? ¿Anhelan hacer hasta lo imposible para cumplir con su lema de «Vivir para Cristo» dando testimonio de vida cristiana en el lugar donde se encuentren?

Que el Señor confirme en ustedes este propósito que, como misioneros laicos, se han formulado. Que trabajen con todas sus fuerzas, con la confianza puesta en Dios, sabiendo que la miseria se pone al servicio de la misericordia. Que María Santísima de Guadalupe los cubra con su manto para alcanzar su firme y santo propósito. Amén.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

viernes, 9 de junio de 2017

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo...

Cada vez, que ya sea solos o en comunidad, pronunciamos las palabras de la Doxología: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo», resuena en el interior de nuestro ser, un grito de gratitud inmenso a Dios en sus tres personas, que se nos ha mostrado así de esta manera, en un misterio de amor. San Atanasio, uno de los Santos Padres de la Iglesia, dice en una de sus cartas: «Existe, pues, una Trinidad santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad única» (Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599).

¿Cómo explicar este misterio a un mundo que casi se puede decir que entiende solamente de realidades terrenas, es decir materiales? ¿Cómo dar a entender este misterio a un mundo que solo quiere creer en lo tangiuble? Esto, en primer lugar, es «un misterio», el misterio de Dios «Uno y Trino» y por eso solo podemos exclamar: «Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo».

¡Qué hermoso testimonio de unidad para nosotros los miembros de la Iglesia que somos familia! ¡Qué grande enseñanza de amor y de solidaridad! Desde que el Padre es padre y el Hijo es hijo, en ese mismo instante, brota el Espíritu Santo, que con ellos existe en unidad desde siempre y para siempre. Cada una de las tres personas divinas con una misión especial que no opaca ni disminuye la de las otras dos. El Padre es amor, el Hijo es gracia y el Espíritu Santo es comunión.

Cada día, en nuestro diario obrar, el único Dios verdadero y todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, hace una fiesta de encuentro con nosotros. Cada día el Padre nos ama y nos da a su Hijo para salvarnos y para que al mismo tiempo nosotros lo amemos también. Cada día infunde su amor en nuestros corazones por medio de su Espíritu Santo, quien tal vez, como lo afirmó el beato Paulo VI, sigue siendo el gran desconocido para muchos.

No podemos sino sentirnos amados por el Padre, alimentados por el Hijo en su Palabra y en su Eucaristía y poseídos por el don del Espíritu. No podemos reconocer cuánto nos ama el Padre en el Hijo, sin esa fuerza que nos viene de lo alto por la acción del Espíritu. No podemos experimentar el gozo de la salvación que nos trae Aquel que ha enviado el Padre si no es por el fuego divino que nos incendia en amor. No podemos cumplir con nuestra tarea de discípulos-misioneros de un Dios que en la Trinidad Santísima se hace Misionero. No podemos ser «familia en la fe», es decir, comunidad, sin el don del Espíritu.

Cada vez que invocamos al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, sellamos un pacto de amor con Dios en el que reavivamos el don recibido en la elección que nos ha hecho en Cristo a ser hijos del Padre Eterno movidos por el Espíritu. ¡Bendito sea el Padre que en un arrebato de amor nos ha llamado a la existencia! ¡Bendito sea el Hijo, que nos ha llamado a ser discípulosmisioneros siguiendo sus huellas! ¡Bendito sea el Espíritu Santo que ha reavivado nuestro diario vivir en perseverancia y fidelidad!

Dice la beata María Inés Teresa: «Que mis obras todas sean un himno de alabanza, de gratitud, de adoración a la Santísima Trinidad" (Ejercicios Espirituales de 1943). Habrá que preguntarnos entonces: ¿Cuáles son mis obras? ¿Qué he dejado de hacer a la Trinidad Santa en mí? ¿Cómo me he dejado conducir por Dios? Que María Santísima, la hija predilecta del Padre, la Madre de Cristo y la esposa fiel del Espíritu Santo, nos ayude a responder como ella.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.

La libertad del cristiano se descubre en signos pobres...

Entre los grandes dones que Dios nos ha dado, está la libertad. Un regalo de gran valor que Dios nos regaló confiando en que, como nos había hecho a su imagen y semejanza, la sabríamos usar. Pero, cuántas veces el hombre hace de las suyas por no saber emplear este don inmerecido y por eso el pecado hace estragos. En el libro del Éxodo, hay un pasaje que bien puede ilustrar este tema de la libertad. Es ese pasaje en el que Josué le dice a Moisés: «Se oyen gritos de guerra en el campamento» y Moisés le responde: «No son gritos de victoria, ni alaridos de derrota, lo que oigo, son cantos» (Ex 32,17ss). Y cuando enseguida, Moisés se acerca al campamento… ¡Oh sorpresa! ¡Se habían hecho un becerro de oro y le danzaban! Entonces Moisés se enfureció y arrojando las Tablas de la Ley las hizo añicos al pie de la montaña. ¡Lo acontecido en el campamento había sido un pecado gravísimo! ¡No supieron utilizar el don de la libertad para mantenerse fieles ante las condiciones de la Ley de Yahvé!

El hombre no ha sabido usar de la libertad que Dios le dio. Dejándose llevar por el pecado, no ha sabido elegir entre el bien y lo mejor, sino que se queda estancado entre el bien y el mal y, traicionado por la concupiscencia falla una y otra vez, volviéndose contra Dios y fabricándose ídolos, becerros de oro, dioses falsos del material y de la condición que sea. 

Las cosas de Dios se manifiestan de una forma muy sencilla, sin hacer mucha alaraca, a diferencia de las del enemigo, que casi siempre son ostentosas y ruidosas. El Señor suele manifestarse de forma muy sencilla invitándonos a vivir libres, sin hacer tanto ruido y utilizando «signos pobres». Una semilla de mostaza y un poco de levadura  le bastan a Jesús para explicar lo que es el reino de los cielos (Mt 13,31-33). Satanás, en cambio, ocupará toda una piara de puercos o gritos y escándalos de posesos (Mc 1,21-28 par.; Mc 5,1-21 par.; Mc 7,24-30 par.; Mc 9,14-27 par.; Mt 12,23-23 par.) para hacerse notar. Los exorcismos (Mc 3,22ss) y las curaciones (Lc 13,16)  con signos pobres y sencillos como el lodo, la saliva, la palabra... formaban parte de la obra de liberación del Señor. 

Un poco de levadura, un granito de mostaza, una vela, el redil de las ovejas, una vid, etc. en un hogar que alentó la «sierva» del Señor, la mujer más libre de la historia y el hombre más sencillo de la historia de la salvación en cuya casa se anidó el amor de Dios en Jesucristo, para expandirse luego por el mundo entero servirán para dar a entender al mundo lo que es la libertad. Ausencia de pecado, presencia del amor misericordioso de Dios. Signos pobres que hablaron de amor y confianza, de elección y seguimiento, de alegría y sencillez, de entrega, de fidelidad y de cumplimento libre de la Ley, sin mucho ruido y sin tiempo para teorizar; esa ley divina, que, en la forma en que la interpretó y ejemplificó Cristo mismo desde Nazareth, permanece como modelo de la voluntad de Dios para los que él mismo liberó (1 Co 7,22). En consecuencia, los cristianos estamos llamados a vivir «bajo la ley de Cristo» (1 Co 9,21). La «ley de Cristo» (Gal 6,2) —«ley de la libertad», según Santiago (St. 1,25; 2,12)— es la ley del amor (Gal 5.13s; cf. Mc 12,28ss; Jn 13,34).

Así es la libertad de los hijos de Dios, como la libertad de Moisés, de María y de José; así es la vida libre de los santos, «una vida escondida con Cristo en Dios» (Col 3,3). San Ignacio de Loyola, por ejemplo, tiene unas normas de discernimiento que ayudan a descubrir el enemigo y atacarlo (E.E. 314). Ignacio, conociendo la debilidad causada por el pecado, de la cual él fue esclavo un buen tiempo, nos ayuda a distinguir lo que viene de Dios, de lo que viene del enemigo o de nosotros mismos, para que aprendamos a usar la libertad y podamos escoger estar siempre del lado de Dios eligiendo entre lo bueno y lo mejor, entre lo mejor y lo más excelente.

Cada vez que oramos, cada vez que estamos frente a Jesús Sacramentado y en especial, cada vez que celebramos la Eucaristía, el Señor nos visita en signos pobres que invitan a vivir en libertad… ¡Un poco de vino y un pedazo de pan! ─como dice un canto─ es nuestra ofrenda, es lo que podemos dar. En cada Misa, Dios nos viene para invitarnos a recuperar la libertad perdida y a mantenernos libres del pecado. Él llega derramando siempre su misericordia a través de otro signo pobre, un hombre pecador que le hace presente al consagrar el pan y el vino y, por la transubstanciación, convertirlos, por la acción del Espíritu Santo en el misterio del Orden Sacerdotal, en el cuerpo y sangre del Señor.

Proclamemos con nuestro testimonio de vida el gozo de ser libres, pongámonos listos y no vayamos tras los becerros de oro porque, como ha dicho el Papa Fran-cisco: «Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana». (Jueves 16 de mayo de 2013). No nos cansemos de anunciar que la verdadera y auténtica libertad no la encontraremos en ningún becerro de oro, sino en lo que para mu-chos está oculto, el amor de Dios en la sencillez de las cosas de cada día y en los signos pobres que nos ha dejado el mismo Dios.

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

jueves, 8 de junio de 2017

Ver al Padre en su Hijo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote...

La Sagrada Escritura nos refiere que el Señor hablaba a Moisés cara a cara como habla cualquiera con su hermano o con un amigo (Ex 33,11-13). Esa es la forma que Dios tiene para hablarnos a nosotros también: «cara a cara», y nos habla así en su Hijo Jesucristo, cuyo rostro es el reflejo del amor del Padre.

Cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, con encontramos con Él así: «cara a cara». En Cristo, el Padre misericordioso nos mira y nos ama. En Cristo, Dios nos lo ha dicho todo. San Juan Pablo II escribió: «En Él, el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia» (TMA 5). El rostro de Jesús, es una invitación constante a dirigir la mirada hacia el Padre. Lo dice Él mismo: «Felipe, quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). La mirada de Cristo es la del Padre, y por la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas, captamos que Él nos invita a seguirle para hacernos nosotros también reflejo del amor del Padre.

¿Cómo sería ese divino rostro de Jesús que los doce sienten la confianza de hablarle con sencillez y preguntarle, por ejemplo: ¿Nos podrías explicar la parábola de la cizaña sembrada en el campo? (Mt 13,36). Ellos se confiaban en ese rostro al que veían cara a cara, ellos se sentían amados en esa mirada de amigo. Como Moisés estuvo cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, Cristo también fue conducido por el Espíritu al desierto (Mt 4,1), a ese lugar especialísimo de encuentro con el Padre. Luego, el mismo Cristo invita a sus amigos más íntimos, a sus apóstoles y a sus discípulos a ir al encuentro del Padre mirándolo a Él «cara a cara».

Los que quieran estar con Él y contemplar en su rostro el rostro del Padre, necesitarán una «sencilla mirada del corazón» ─como decía santa Teresita del Niño Jesús─ que lo haga cercano, cara a cara, enviado del Padre para salvarnos.

Cuando los apóstoles le piden a Jesús que les explique la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,24-52), Él les dice que el trigo y la cizaña crecen juntos, que el azadón y el abono harán brotar a los dos juntos, y luego se verá la diferencia. El rostro del sembrador, su mirada serena y fija en cada uno de éstos, sabrá distinguir el trigo, que al igual que la cizaña habrá de morir, pero no quemado en el fuego eterno, sino molido, para convertirse en pan y prolongar a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, gracias a la consagración en cada Eucaristía de manos de quienes Él ha dejado como sus sacerdotes para que lo sigamos viendo «cara a cara» y nos muestre el rostro del Padre. El trigo y la cizaña crecen juntos como juntos crecieron Juan, Andrés, Poncio Pilato, Herodes, Zaqueo, la samaritana, María Magdalena, Barrabás y muchos otros a la par de Jesús. El trigo creció y dio fruto y ese fruto permanece (Jn 15,16) hasta hoy. La cizaña, esa, pasó a la historia.

Jesús mira a sus amigos de un modo especial. Con sencillez explica lo que el discípulo le pregunta y necesita saber… ¡no más!, como sucede en el caso en que le preguntan aquello de sentarse «uno a su derecha y otro a su izquierda en el trono del reino» y Él les responde: «Eso le toca a mi Padre decidirlo» (Mt 20,21-22).

En cada Misa que el sacerdote celebra, Dios nos mira y disipa nuestras dudas. Allí nos regala a su Hijo Sumo y Eterno Sacerdote hecho alimento que fortalece, pan amasado en el vientre de María, trigo molido que nos invita a seguirlo y a imitarlo. Pero, el Evangelio nos dice claramente que «vino a los suyos y que no lo recibieron» (Jn 1,11)… Él ahora, cada vez que nos acercamos a comulgar, viene a nosotros con su mirada Eucarística, la misma mirada que dirigió a sus apóstoles en aquella última cena y en todo el tiempo en el que Él «pasó por el mundo haciendo el bien» (Hch 10,38).

Imaginemos al Padre Dios, así como lo vio Moisés, con esa confianza de ver su rostro, y digámosle también nosotros: «Si de veras gozo de tu favor, te suplico, Señor, que vengas con nosotros, aunque seamos un pueblo de cabeza dura. Perdona nuestras maldades y pecados y recíbenos como herencia tuya» (Ex 34,9).

Alfredo Delgado, M.C.I.U.

CRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE... Oración

jueves, 1 de junio de 2017

ORACIÓN PARA DAR GRACIAS A LA DIVINA PROVIDENCIA*...


Misterio Altísimo, Trinidad incomparable,
humildemente vengo a darte las gracias por los infinitos bienes
con que tu Divina Providencia me ha colmado.

Ingrato sería si no viniese a rendir 
ese justísimo acto de gratitud.
Acéptalo no sólo por mí,
sino también por mis familiares
que abundan en su reconocimiento
a la prodigalidad de tu bendita y sacrosanta mano.

Te pido rendidamente por todos mis bienhechores, 
por todas las personas que, en tu infinita gracia,
han intervenido proporcionándome 
los medios de subsistencia,
socórrelos y protégelos.
A mí, hazme digno de tu protección,
iluminándome con la antorcha de la fe,
para que mientras sea peregrino de este mundo,
constantemente pondere tu grandeza.

Acepta todos los trabajos y sacrificios
que tenga en este mes,
los que anticipadamente te ofrezco
y que en tu nombre llevaré con resignación.

Dame tu Santísima Bendición en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Tu Divina Providencia se extienda a cada momento,
para que nunca nos falte: casa, vestido y sustento.

* Oración con licencia eclesiástica del 21 de marzo de 1942.