El testimonio conjunto de estos dos apóstoles, quienes según la tradición predicaron y entregaron su vida juntos en el martirio y que por eso se les celebra juntos, nos recuerda que el seguimiento de Jesús no se trata de buscar la fama o el aplauso del mundo. A menudo, la historia los ha dejado en una aparente discreción frente a figuras más notorias como Pedro o Juan; sin embargo, su fidelidad callada y constante los convirtió en columnas indispensables de la Iglesia. Las lecturas de este día nos aseguran que ya no somos extranjeros, sino miembros de la familia de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles, teniendo al mismo Cristo como la piedra angular. La vida de Simón y Judas es la prueba de que el Señor edifica su obra duradera a través de instrumentos sencillos y entregados.
Al celebrar este día, no nos limitemos únicamente a agradecer a San Judas Tadeo que interviene ante Dios por los favores y milagros que socorren nuestras necesidades más difíciles, sino imitemos también el ejemplo de entrega absoluta de estos dos hombres que respondieron a un llamado de Dos como el que a nosotros nos hace. Pidámosle a ambos santos que intercedan por nosotros para que el Señor transforme nuestras debilidades en fortalezas y encienda en nuestros corazones un celo renovado por el Evangelio. Que contando con la ayuda de la Virgen, e inspirados por la valentía de Simón y Judas, estemos dispuestos a ser piedras vivas del gran edificio de la Iglesia, dando testimonio del amor de Dios con nuestras obras cotidianas y una confianza inquebrantable en su misericordia. ¡Bendecido miércoles!
Padre Alfredo.

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