domingo, 25 de octubre de 2026

«A DIOS Y AL PRÓXIMO»... Un pequeño pensamiento para hoy


El Evangelio de san Mateo (Mt 22, 34-40) de este domingo nos sitúa ante un escenario de confrontación en el que los fariseos se acercan a Jesús con la intención de ponerlo a prueba y atraparlo enredado en sus propias palabras. Al preguntarle cuál es el mandamiento más grande de la ley, buscaban forzarlo a elegir una norma por encima de cientos de preceptos, 613 para ser exactos, buscando fragmentar su autoridad o acusarlo de descuidar la tradición. Cuánta gente hay ahora entre los creyentes que actúa de manera semejante a aquellos doctores de la ley cuando condiciona la fe a que Dios actúe según sus propios caprichos, o poniéndolo a prueba exigiéndole señales, milagros o respuestas inmediatas para creer en su bondad. Jesús les recuerda que la fe no es un examen que debamos superar a base de ritos vacíos, sino un encuentro personal y transformador con la Verdad que nos libera de nuestras propias rigideces.

La respuesta de Nuestro Señor es contundente y unifica lo que el corazón humano tantas veces intenta separar: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. En esta síntesis perfecta, Jesús nos demuestra que el amor auténtico no se puede fragmentar ni someter a juicios humanos. Es precisamente en esta entrega total donde encontramos un hermoso eco en la doctrina de muchos hombres y mujeres de Dios, como es el caso de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, quien comprendió que el amor a Dios y el amor al prójimo son dos caras de la misma moneda. Para que «Cristo reine» en el mundo, primero debemos permitir que su amor arrase con nuestro egoísmo en la oración contemplativa, traduciendo ese encuentro en un celo misionero que ve en el hermano sufriente el rostro mismo de Jesús. Madre Inés nos invita a no racionalizar la caridad, sino a vivirla con la sencillez de quien sabe que Dios se juega entero en el servicio diario a los demás.

Por eso el desafío que se nos presenta en el aquí y ahora es dejar de poner a prueba la fidelidad de Dios y empezar a examinar la autenticidad de nuestro propio amor. Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos, lo que significa que nuestras devociones y estructuras carecen de sentido si no nos conducen a una caridad concreta, activa y desinteresada. Yo creo que bien podemos hoy mirar a María la Madre de Dios que tuvo muy claro esta fusión del amor a Dios y del amor al prójimo. Que ella nos alcance de Cristo la gracia de un corazón indiviso, capaz de amar sin reservas, sin condiciones y sin buscar dobles intenciones en nuestro trato con el Creador y con los hermanos. Este domingo pidamos al Señor, por intercesión de la Madre María Inés, que nos transforme en verdaderos testigos de su Reino, para que nuestra vida entera sea una respuesta de amor fiel que disipe cualquier duda y edifique la Iglesia en la más genuina fraternidad. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

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