El Señor llega al punto central de su argumentación y les dice: «Cuando alguien fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; pero si llega otra persona más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.» En la opinión de la gente de aquel tiempo, Satanás dominaba el mundo mediante demonios —daimônia—. El era el hombre fuerte y bien armado que guardaba su casa. Por eso la gran novedad es que Jesús consigue expulsar los demonios. Señal de que él es en realidad el hombre más fuerte. Con la llegada de Jesús el reino de Beelzebul entró en picada: «Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios».
Jesús, verdadero hombre fuerte nos hará también fuertes a nosotros. Recordemos que la primera señal que acompaña el anuncio de la resurrección es la expulsión de los demonios: «Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas”. (Mc 16,17). Jesús venció, el poder del mal, lo dominó, lo agarró, lo destronó, lo derrotó, lo expulsó, lo eliminó, lo exterminó y lo mató. Esto es lo que en el fondo nos quiere recordar hoy Jesús: «¡A los cristianos está prohibido tener miedo de Satanás!» Por su resurrección y su acción libertadora, Jesús aleja de nosotros el miedo de Satanás, crea libertad en nuestro corazón, nos da firmeza en la acción y pone la esperanza vive en el horizonte. Debemos caminar con Jesús, por su camino, con el sabor de la victoria sobre el poder del mal. Hoy le podemos pedir a María santísima que nos ayude a ser valientes. Ella lo fue y venció. ¡Bendecido viernes!
Padre Alfredo.

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