Para los que estamos imbuidos en las actividades del novenario, las oraciones de nuestros hermanos contemplativos —los que oran ante el Sagrario estos días, los ancianos, personas solas y enfermos— son fundamentales. Esas oraciones discretas, silenciosas que a veces pasan inadvertidas y que se realizan desde la capilla del Santísimo o alguno de los sectores de nuestro territorio parroquial, son la fuerza espiritual de nuestras fiestas. Ambas vocaciones han de ser compatibles para que la comunidad no deje de escuchar la Palabra por estar demasiado ocupados en las cosas de la kermés. «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas». Es como si Jesús le quisiera decir que hay tiempo para todo y que vale la pena saberlo compaginar.
Es verdad que María se ha llevado la mejor parte, pero quienes andan entre los comales de las enchiladas y los asadores de los tacos de carne asada y las hamburguesas también pueden participar de ella. Muchas veces un rato de oración, un rato de lectura de las Escrituras, un rato de meditación al día al amanecer, dará la fuerza suficiente para afrontar las encomiendas con la alegría evangélica de los cristianos ofreciendo al Señor el trabajo a realizar. Eso nos darán esa «sal de la tierra» que tanta falta le hace a nuestro mundo. Que Marta y María nos ayuden en nuestra fiesta que concluye mañana; esas dos caras de la misma moneda que se necesitan y se complementan. De la mano de María la Madre de Dios, tomemos ejemplo de ellas para nuestra vida y con ellas vayamos tras los pasos de Jesús teniendo siempre nuestra casa abierta para Él.
Padre Alfredo.

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