sábado, 3 de octubre de 2026

«ÁNGEL DE MI GUARDA, MI DULCE COMPAÑÍA»... Un pequeño pensamiento para hoy


Hoy es la fiesta de los santos ángeles custodios. Estos ángeles que nos acompañan 24/7 y que a muchos de nosotros nos enseñaron a rezarles desde muy pequeños esa hermosa oración: «ángel de mi guarda, mi dulce compañía...». La liturgia de la palabra nos brinda por eso este pasaje maravilloso (Éxodo 23, 20-23a) como primera lectura. Este pequeño fragmento del libro del Éxodo funciona como un colofón teológico a las leyes dadas en el Sinaí, el decálogo y el código de la alianza (Éxodo 20, 1-23, 19). Dios no solo da mandamientos, sino que también garantiza el acompañamiento para cumplirlos y llegar a la meta. Dios no nos deja solos en el desierto de la vida; su presencia se hace dinamismo y guía en los ángeles que nos acompañan.

Al igual que Israel, la Iglesia y cada creyente estamos en un éxodo constante. El desierto es parte del trayecto. Sin embargo, la promesa sigue vigente. Dios nos acompaña, va delante de nosotros y nos guía y conduce en medio de las dificultades y la incertidumbre. Tan sólo hemos de estar atentos cada día a su Palabra para escucharla, acogerla y vivirla, pero para poder vivir la fe con todas sus consecuencias, el evangelio de hoy nos da una clave importante: «hacernos como niños» (Mateo 18, 1-5. 10). Los discípulos, al igual que nosotros hoy, están imbuidos de la lógica del mundo, donde el estatus y las apariencias lo son todo y eso hace que se pierda la inocencia que brilla en los niños. Sin esa inocencia poco se puede entender y poco se puede vivir de lo tocante a la fe.

Por eso Jesús pone a un niño «en medio» y lo hace icono de lo que ha de ser aquel que quiera entrar en el Reino. Un niño es inocente y por esa inocencia es que puede dar el paso a la fe. ¿Cuándo aprendimos nosotros esa oración del ángel de la guarda? Cuando éramos pequeños... ¡inocentes! Hoy ¿cuántos adultos pensamos en el ángel de la guarda y nos encomendamos a él que va por delante como dice el libro del Éxodo? Entrar en el Reino exige un giro de 180 grados porque se trata de recobrar la inocencia manifestada en una pureza de corazón y en una rectitud de intención que deben acompañarnos siempre junto al ángel custodio. A la Virgen la sabemos «Reina de los ángeles» y ella, bien sabemos, nos puede ayudar junto con nuestro ángel de la guarda a recuperar la inocencia perdida para acrecentar nuestra fe. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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