miércoles, 7 de octubre de 2026

«VEINTICINCO AÑOS DE MISIÓN, CON MARÍA EN EL CORAZÓN»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy estoy muy feliz porque tenemos la fiesta patronal en donde desde hace 5 años ejerzo mi ministerio sacerdotal como párroco. Este año el comité organizador eligió el lema: «Veinticinco años de misión... ¡con María en el corazón!». Son nuestras Bodas de Plata en el marco de los 75 años de la Familia Inesiana y los 45 años del regreso de la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento a la Casa del Padre. Pensar hoy en la titular de nuestra parroquia es pensar en el Santo Rosario no como una repetición de palabras, sino como una escuela de contemplación donde María nos toma de la mano para enseñarnos a mirar el rostro de su Hijo. Por eso las lecturas de hoy, aunque parezcan llevarnos por caminos inesperados, nos conducen al corazón de esta fiesta: «¡Señor, enséñanos a orar!». El Rosario es una respuesta viva, sencilla y profunda a ese deseo; con el Padrenuestro y cada Ave María entramos en la intimidad de Jesús con el Padre, aquietamos el alma y aprendemos, como María, a decir: «Hágase tu voluntad».

San Pablo nos recuerda (Gálatas 2,1-2.7-14) que la verdad del Evangelio debe buscarse con firmeza y en comunión. El Rosario ha sido, a lo largo de la historia, custodio de esa fe sencilla del pueblo de Dios: una cadena de amor que se reza desde las grandes catedrales hasta las capillas más humildes entre niños, jóvenes y ancianos, cruzando fronteras e idiomas. La historia nos narra que esta oración surgió como herramienta de evangelización para grabar en el alma las verdades fundamentales de la salvación: Dios se hizo carne en los Misterios Gozosos, anunció el Reino en los Luminosos, murió por amor en los Dolorosos y venció a la muerte en los Gloriosos. Así nos descentra de nosotros mismos y nos centra en Cristo. Ahora que celebramos el mes de las misiones y nos acercamos al DOMUND, resuena también con especial fuerza el salmo 116: «Que alaben al Señor todas las naciones, que lo aclamen todos los pueblos». El Rosario es oración misionera porque nos une como hermanos, sostiene la fe de las familias y convierte nuestra vida cotidiana en anuncio del amor de Dios.

Esta fiesta jubilar ha de enamorarnos más del Santo Rosario, del que la Beata María Inés nunca se despegó. Todos podemos rezarlo dondequiera que estemos, entre el diario quehacer que nunca se acaba. ¡Hay tanta necesidad de rezarlo! En su diario espiritual, la Madre María Inés, como si estuviera profetizando nuestros tiempos escribió una vez: «Si en tantos hogares no hay paz, no hay amor, tolerancia mutua y no se goza de la vida íntima de familia; es porque no se ama a María; ya no se reza en familia el Santo Rosario, las costumbres piadosas han desaparecido de muchos hogares; el dulce nombre de María no se invoca, Y si no aman a ella, Jesús ¿Quien los enseñará a amarte?» (Diario de 1932 a 1934). Recemos el Rosario y dejémonos cautivar por él. Los Misterios Gozosos nos enseñan a acoger la vida con sencillez; los Luminosos, a ser luz en el hogar, el trabajo y la escuela; los Dolorosos, a no desesperar ante la enfermedad, el duelo o la crisis; y los Gloriosos, a renovar la esperanza de que este mundo no tiene la última palabra. Que al deslizar las cuentas entre nuestros dedos, se desaten también los nudos de nuestras preocupaciones, egoísmos y divisiones; que María interceda por nuestras familias y nos enseñe a escuchar y cumplir la Palabra de Dios. Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Padre Alfredo.

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