martes, 20 de octubre de 2026

«Estar preparados, sirviendo y esperando con fe»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


El pasaje del evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) nos invita este martes a realizar una profunda introspección espiritual. San Lucas, al transmitirnos este mensaje de Jesús, no busca infundirnos miedo ante el fin del mundo o nuestra propia muerte, sino encender una urgencia de amor y fidelidad en nuestro día a día para establecer desde ya el reino que Cristo ha venido a traer. y que llega a nuestro encuentro en cada persona y en cada acontecimiento que tenemos que ver desde su mirada y sus sentimientos para hacerlos nuestros. En la época de Jesús las personas usaban túnicas largas. «Ceñirse la cintura» significaba recogerse la ropa y sujetarla con un cinturón para poder caminar, correr o trabajar sin tropezarse. En nuestra vida espiritual, esto se traduce en desprendernos de los apegos materiales, los rencores y las distracciones que entorpecen nuestro caminar hacia Dios. Significa estar activos en el servicio y no caer en la pereza espiritual. 

También el Señor nos dice que hay que mantener las lámparas encendidas, es decir, la llama de la fe y el amor. Una lámpara encendida en medio de la noche requería en aquellos años lejanos aceite constante —recordemos la parábola de las 10 vírgenes—. Ese aceite es nuestra vida de oración, los sacramentos y, de manera muy especial, nuestras obras de misericordia, caridad y servicio al prójimo. Estar preparados no es cruzarse de brazos a esperar que el tiempo pase; es hacer que nuestra fe brille con fuerza en un mundo que a veces parece sumido en la oscuridad, perdido en el consumo y el sin sentido. Pero tal vez la parte más conmovedora de la parábola les parezca la misma que a mí y a la que ahora voy en el último párrafo: 

En lugar de exigir ser atendido, cuando el señor regresa, Jesús narra que él mismo se ceñirá, hará sentar a sus siervos a la mesa y se pondrá a servirles. Esto rompe toda lógica humana y más en la época actual, cuando nadie quiere mover ni un dedo para hacer algo por el otro. Ese es el mismo Cristo que lavará los pies a sus discípulos y nos invitará a hacer lo mismo: nuestro Dios no es un tirano que busca esclavos, sino un Padre amoroso que premia la fidelidad haciéndose nuestro servidor. El premio a la espera vigilante es la comunión íntima y plena con Él. Jesús menciona que el señor puede llegar a medianoche o de madrugada, momentos donde el sueño y el cansancio son más pesados. Hoy, la invitación es a no dormirnos en la fe, a no dejar que el egoísmo apague nuestra luz. Pidámosle a María que nos acompañe para estar dispuestos siempre, con un corazón y una mente abierta olvidándonos de condicionantes, horarios y apetencias. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

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