domingo, 18 de octubre de 2026

«El DOMUND en la Bürgersaalkirche de Munich»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy la Iglesia celebra el DOMUND —DOmingo MUNDial de las misiones y nunca me imaginé que un día como este estuviera yo en misa en la nación que más ayuda a la Iglesia misionera. Aquí no hace falta recordar a la gente que hay que ayudar a las misiones. Todos los bautizados tienen tatuado en su corazón el ayudar a la Iglesia misionera. Solo en el 2025 entregaron poco más de 537 millones de euros sin contar lo que durante el año organizan parroquias, colegios y comunidades diversas para enviar sus ayudas. Asistimos a misa a la «Bürgersaalkirche», la Iglesia en donde están los restos del beato padre jesuita Rupert Mayer (1876-1945). La misa muy solemne y con el gran regalo de escuchar, en medio de los espectaculares cantos en latín, el llorido de algunos bebés, indicándonos que la Iglesia en Alemania, a pesar de todo lo que escuchemos, es una Iglesia que está viva. El padre Rupert fue capellán militar durante la Primera Guerra Mundial y perdió la pierna izquierda en un ataque con granadas, convirtiéndose en el primer sacerdote católico en recibir la Cruz de Hierro. 

En el período de entreguerras, este hombre extraordinario alcanzó gran renombre como predicador, director de retiros espirituales y líder de la Marianische Männerkongregation (Congregación de Caballeros Marianos), una cofradía masculina precursora de las actuales Comunidades de Vida Cristiana. Ya enemigo de los nazis en la década de 1920, el padre Mayer sufrió acoso y encarcelamiento constantes durante el Tercer Reich y pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial bajo arresto domiciliario en la abadía de Ettal. Tras vivir lo justo para presenciar la derrota del nazismo y recuperar su libertad, el padre Mayer falleció de un derrame cerebral el día de Todos los Santos de 1945. En 1987, Rupert Mayer fue beatificado por el papa Juan Pablo II. ¿Y qué tiene que ver esto con el DOMUND? Es que en el DOMUND de una o de otra manera todos los miembros de la Iglesia estamos involucrados. De todos esos hombres que formaron la cofradía, sigue habiendo descendientes que oran, se sacrifican y brindan ayuda económica a la Iglesia misionera. ¡La Iglesia estaba repleta!

Este domingo el profeta Isaías ilumina el anhelo misionero de muchos en la Iglesia con este pasaje (Isaías 25,6-10a) en el que nos habla del proyecto de Dios sobre la historia humana poniéndonos la imagen de un festín con manjares exquisitos y vinos refinados. Dios quiere sentar a la misma mesa a todos los pueblos sin excepción alguna; quiere que todos participen de la misma fiesta, de la misma alegría, y compartan el mismo alimento: la Palabra y la Eucaristía. En esa comunión que nos viene del encuentro con el Señor nos viene nuestra alegría y nuestra felicidad ya desde ahora. ¿Por qué no querer que esa alegría llegue a todos hasta los últimos rincones de la tierra? La garantía de todas estas afirmaciones no es otra que la promesa de Dios. El centro del pasaje son las palabras: «lo ha dicho el Señor». Por eso a nosotros nos toca trabajar de la mano de María la Madre de Dios, nos toca salir a las esquinas (Mateo 22, 1-14) para invitar a todos a entrar a una Iglesia de puertas abiertas con el traje de fiesta puesto que es el deseo de transformar el corazón para hacerlo semejante al de Cristo. ¡Bendecido DOMUND 2026!

Padre Alfredo.

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