jueves, 26 de marzo de 2020

«Vivir aquí y ahora»... Un pequeño pensamiento para hoy


Estamos viviendo una crisis sin precedentes por causa de este coronavirus covid-19, la preocupación y la inquietud se apoderan de gran parte de la gente y le hacen querer fugarse y regresar a las posibilidades del pasado: «¿Por qué no hicimos tal y tal cosa?... ¿Cómo no fuimos capaces de esto y aquello?... ¿Por qué no compramos aquello que te dije?... ¿Por qué no fui a aquel retiro que me invitaron?» o ir a los ensueños e incertidumbres del futuro: «¿qué va a pasar? ¿cuánto durará esta situación? ¿está actuando bien el Gobierno? ¿me tocará la enfermedad a mí o a alguno de los míos? Y es que, como decía José Luis Martín Descalzo en su libro «Razones para la alegría» la mayoría de la gente encaja en dos grupos: los que se encadenan al pasado por añoranza o por amargura y los que viven magnetizados por el futuro por temor o por sueños... Yo creo que lo más importante en estos momentos, según la realidad que vivimos, es el responder a estas preguntas: «¿Qué debo hacer yo en esta hora?... ¿En qué debo ocupar mi tiempo?... ¿Cómo vivo mi relación con los que ahora por esta pandemia estoy conviviendo en el día a día? 

No podemos dejar que el presente, que siempre es un tiempo de gracia, irrepetible, se nos vaya de las manos por quedarnos estacionados en el ayer o lanzarnos como proyectiles sin rumbo hacia el incierto futuro. Mi encuentro con Dios y con el hermano se está dando en el hoy. Hoy en el mundo somos casi dos mil millones de cristianos, muchos de los cuales estamos inmiscuidos en esta situación de contingencia. Yo creo que es posible cambiar el mundo desde donde estamos viendo el presente con ojos de fe. ¿Qué nos está queriendo decir el Señor en este preciso momento? ¿Qué espera el Señor de mi que no se si me voy a contagiar, si voy a vivir o a morir infectado? El hoy, el momento presente, es la única oportunidad que se me presenta para amar, para servir, para saberme parte de esta gran familia de los hijos de Dios. No puedo complicar el vivir el Reino de Dios con trampas que me hagan atorarme en el atrás que ya pasó o ilusionarme con un adelante que aún no ha llegado. Hoy Cristo en el Evangelio (Jn 3,16) nos habla en presente: «Yo tengo —dice él— un testimonio... las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, éstas dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre. ¿Cuáles son las obras que hoy realizo en medio de esta circunstancia especial y hablan de Cristo? 

Magdalena Catalina Morano (Chieri, 15 de noviembre de 1847 - Catania, 26 de marzo de 1908), fue una religiosa salesiana italiana que ingresó desde muy joven a la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora, siendo una de tantas jóvenes salesianas en ingresar a dicha orden religiosa, cuando la obra estaba recién fundada por San Juan Bosco y Santa María Mazzarello. Cuando hizo sus votos perpetuos, en 1880, le pidió al Señor la gracia de «mantenerse viva hasta convertirse en una santa». Aquello implicó para Magdalena no descuidar cualquier espacio del tiempo presente para vivirlo dedicado por completo al Señor amando y sirviendo en lo que la obediencia le pidiera. Su labor principal fue fundar nuevas comunidades y formar a las hermanas. Abrió colegios, oratorios, albergues y talleres por donde fue pasando, especialmente por la isla de Sicilia. Dirigiendo siempre «una mirada hacia la tierra y diez hacia el cielo», fue viviendo el presente con alegría aún en medio de las dificultades y retos que las nuevas fundaciones le presentaban. Gravemente perturbada por una afección tumoral, concluyó en Catania, el 26 de marzo de 1908, una vida de total coherencia, transcurrida en su intento diario de no poner jamás obstáculos a la acción de la gracia, cediendo a su egoísmo personal y dándose por completo en el día a día del presente. Que la beata Magdalena Catalina y la Santísima Virgen María intercedan por nosotros ante el Señor para que sepamos vivir el presente. 

Padre Alfredo.

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