martes, 1 de septiembre de 2026

«Que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Para un padrecito hiperactivo como yo, el tiempo pasa como agua pero tengo la certeza de que en estos días ha pasado como agua clara de Cristo que nos ha lavado por dentro en unos días de gracia en la «Experiencia Inesiana» —el curso que imparto con dos de nuestras hermanas: Silvia y Tere— con el primer grupo de participantes aquí en Yakarta. El espíritu y espiritualidad de la Beata María Inés, una fundadora valiente cuyo secreto para moldear su entrega lo aprendió directamente de María nos ha hecho reestrenar el gozo de ser misioneros. Nuestras hermanas viven en un entorno que está marcado por una grandísima presencia de la religión de Mahoma, pues solamente el 3% es cristiano en esta nación.

A pesar de la barrera del idioma indonesio, que me impidió profundizar en las homilías como hubiera deseado para evitarles el cansancio que ocasiona el estar escuchando la traducción en cada eucaristía, siento que la palabra del evangelio ha tocado con fuerza nuestros corazones en estos días, mostrándonos cómo la Madre María Inés sintoniza en todo con Jesús. Y es que la verdad del evangelio jamás nos deja indiferentes, pues la autoridad de Jesús convence desde su propio ser, como afirma el evangelio de este día (Lc 4,31-37). Sin la Eucaristía diaria y la Adoración, este, y cualquier otro curso, habría sido un simple pasatiempo o un requisito formativo que cumplir; sin ella nada habríamos logrado. En cada Santa Misa, el Señor se ha hecho presente en hechos concretos, demostrando que contra Él nada ni nadie puede, ni siquiera los espíritus malignos o el pecado que a veces nos seduce y nos cierra a la gracia. 

Jesús fue saliendo a nuestro encuentro cada jornada con sus palabras de Vida, su entrega amorosa y su escucha atenta en medio de nuestra realidad cotidiana. Para interpretar lo que Jesús ha obrado en nuestros corazones a través de nuestra fundadora en esta experiencia de vida espiritual y fraterna, el Papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanitas, nos dice que incluso en las noches más oscuras el Señor suscita personas capaces de perseverar en el bien y generar una resistencia activa al mal. Ahora, la Virgen María también hará su parte: ella ha venido presurosa con su Hijo estos días, como cuando fue con Isabel y nos ha traído el vino de la alegría. Ella, que perseveró al pie de la cruz, nos alienta y cada vez que un curso termina o que una experiencia como esta llega a su fin, regresa con nosotros las comunidades de donde hemos venido para que sigamos siendo luz que alumbre con la luz de la alegría del evangelio a quienes aún no conocen a Cristo. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 31 de agosto de 2026

«El anuncio programático de Jesús»... Un pequeño pensamiento para hoy

Cerramos el mes de agosto con este texto del Evangelio de San Lucas que nos muestra el programa del ministerio de Jesús al comenzar su misión pública (Lc 4,16-30). Damos este salto de San Mateo a San Lucas en la lectura diaria del Evangelio porque los relatos de la Pasión y Resurrección de Jesús (capítulos 26, 27 y 28 de Mateo) se reservan para los días de mayor solemnidad espiritual del año, específicamente el Domingo de Ramos del Ciclo A y la Vigilia Pascual. Leer la crucifixión y muerte de Jesús en un día laborable cualquiera de agosto o septiembre rompería la armonía del Tiempo Ordinario, el cual se enfoca en la vida, milagros y enseñanzas públicas del Señor. Por eso la Iglesia cierra el ciclo ferial de Mateo en las vísperas de su Pasión y se salta ordenadamente al inicio del ministerio de San Lucas en la semana 22.

Aquí Jesús, que hace presente al Dios de las misericordias, se presenta desde el inicio de su ministerio como el profeta rechazado; pero también como el Mesías que, con su vida y con sus obras, revela que Dios es para todos y quiere salvar a todos, comenzando por quienes más sufren. En el corazón de Dios no tiene cabida la lógica de la primacía de los cumplidores perfectos, sino la misericordia que abre caminos, levanta a los pequeños y ensancha la esperanza. ¿Nos extraña que lo quieran despeñar? En realidad, esto evidencia desde el comienzo la ruta de la predicación de Jesús: sus palabras y sus hechos incomodan, desinstalan y cuestionan. 

Todo lo que Jesús hace y dice nos interpela también a nosotros: ¿cómo reaccionamos ante este anuncio programático? ¿Aceptamos que Jesús se abra a otros, más necesitados, y nos invite a sumarnos a esa apertura para ser enviados en su nombre? El Espíritu del Señor sigue actuando hoy y sigue queriendo estar sobre nosotros. Por eso hemos de vivir convencidos de que somos llamados a anunciar la Buena Nueva con palabras humildes, con gestos concretos y con una vida disponible para los demás. Que la Virgen, que se encaminó presurosa al encuentro de Isabel y que en Caná supo advertir que faltaba el vino, venga en nuestra ayuda. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 30 de agosto de 2026

«CADA UNO CON SU CRUZ»... Un pequeño pensamiento para hoy

El Evangelio de hoy continúa el relato del domingo pasado —¿lo recuerdan?—, es aquel momento tan significativo de las llaves de Pedro. Ahora Jesús comienza a anunciar lo que le espera en Jerusalén y lo que allí habrá de suceder. Pedro, como los demás discípulos, no logra comprenderlo ni aceptarlo, porque, según lo aprendido en las tradiciones judías, un Mesías no debía sufrir. ¡Eso no es lo que les habían enseñado los rabinos! Por eso recibe de Jesús uno de los reproches más fuertes que encontramos en el Evangelio, y enseguida el Señor, mirando a quienes lo siguen más de cerca, les habla de la cruz.

Esa cruz de la que él les habla no es una invitación a buscar el sufrimiento por el sufrimiento, como si se tratara de una prueba vacía o de una resistencia sin sentido. Es, más bien, la llamada al seguimiento verdadero: asumir la propia vida con sus luchas, miserias y exigencias, y llevarla con fidelidad, así como Jesús lleva la cruz de su misión profética hasta las últimas consecuencias. A los cristianos, los seguidores del camino trazado por el Mesías no se nos pide cargar su cruz, la cruz de Jesús; sino la nuestra. Él abraza la cruz del Reino de Dios como causa liberadora para el mundo; nosotros, como Pedro, somos invitados a tomar la cruz que nace de nuestra historia concreta, de nuestra vocación y de nuestro deseo sincero de no acomodarnos a este mundo.

Desde la mirada de Cristo, la cruz no es derrota, sino signo de radicalidad, consecuencia de vida y libertad suprema. Lo fue para Jesús en su obra redentora, y lo es también para nosotros, que queremos seguirle y hacerlo amar en el mundo entero a la manera de los santos, y, en mi caso, a la manera de nuestra fundadora la Beata María Inés, quien con sencillez nos recuerda: «Sin oración y sin cruz, nada santo se logra en esta vida» (Carta del 23 de mayo de 1979). Pidamos ayuda a la Virgen diciendo: «María, de pie junto a la cruz, sostén mi fe para llevar mi cruz y unirla a la de tu Hijo Jesús». ¡Bendecido domingo. Mi segundo domingo en Indonesia!

Padre Alfredo.

ORACIÓN PARA ALCANZAR EL SILENCIO


«¡Crea en mis ojos nuevos!, 
tú qué has creado al ciego ojos nuevos
 ¡Cierra mis orejas exteriores 
y ábreme las orejas escondidas!; 
las que escuchan el silencio 
y obedece al Espíritu, a fin de qué, 
por tu Espíritu, yo escuche la palabra del silencio, 
la que sube al corazón y no está escrita; 
la que se mueve en el intelecto 
y no es pronunciada; 
la que es preferida 
por los labios del Espíritu 
y comprendida por el oído incorporeo. 
Océano de piedad, 
comienza a lavarme de la impureza 
de la naturaleza y hazme conforme 
a tus actividades. (1)


(1) El autor es Issac de Nínive quién nació en la región de Beit Katty Qatraye (actual Qatar), a orillas del Golfo Pérsico, en el siglo VII. Vivió como monje y autor espiritual. Fue consagrado obispo de Nínive. Después de cinco meses dimitió y volvió a la vida hermética. Murió de edad avanzada. El decía: «El silencio te iluminará en Dios y te librará de las fantasías de la ignorancia. Te unirá a Dios y te dará un fruto que la lengua no puede describir. Al principio tenemos que esforzarnos para estar en silencio. Pero después, desde el seno de nuestro mismo silencio, nace algo que nos atrae un silencio aún más profundo. Que Dios te dé una experiencia de este “ALGO” que nace del silencio. Si lo practicas, amanecerá en ti».

sábado, 29 de agosto de 2026

«La muchacha de cabeza hueca y el nuevo orden mundial»... Un pequeño pensamiento para hoy


San Juan Bautista es el vocero del Dios para con nosotros; por eso su mensaje de verdad cala en el corazón del rey Herodes. Este monarca retrata mucho del mundo actual: tiene el poder en sus manos, pero vive atrapado en el adulterio, los lujos y las diversiones vanas, pendiente de la aprobación de los demás. Aunque admira a Juan, lo escucha y lo respeta, pero no permite que el mensaje transforme su corazón. Para el Bautista, ante la persona de Jesús todo pierde valor: palacio, riquezas, poder y banquetes. Por ello, el eco de su denuncia inquieta, desestabiliza e incomoda a un poder sostenido por la superficialidad como muchos de los de este mundo. Es admirable como, conociendo un poco como misionero de 4 de los cinco continentes —me falta conocer algo de Oceanía, aunque este país en el que estoy tiene una parte allí, estoy en los límites de Asia aquí en la isla de Java— me encuentro con algunos gobiernos que tienen mucho de superficialidad. No digo nombres, pero es algo que no se necesita mencionar... Como dicen por allí: ¡Lo que se ve no se pregunta!

Volviendo al relato del que me salí para dar la vuelta al mundo en mi pensar en los gobiernos, en medio de la fiesta aparece la hijastra del rey, quien baila encerrada en su propia vanidad. Ella representa la falta de criterio y la superficialidad: posee, seguramente una belleza exterior —el baile luce más con un cuerpo que lo luzca—, pero la muchacha carece de una orientación interior capaz de guiarla hacia una decisión recta. Aunque el rey le ofrece incluso la mitad de su reino como premio, ella elige complacer a su madre. Herodías, por su parte, manifiesta un corazón endurecido, arrogante y vacío, capaz de manipular, cegar y conducir a otros hacia la injusticia al retorcer los planes de Dios. Su objetivo era acallar la voz incómoda de quien invitaba a cumplir la voluntad divina, pero fracasó en su intento.

Hoy en día, el mundo sigue hablando de Herodes, de Herodías e incluso ha dado el nombre de Salomé a aquella bailarina casquivana. Sin embargo, nada de lo que ellos representaban resuena positivamente, pues han quedado en la historia como una escena de opulencia, manipulación y crueldad que raya en el ridículo. En contraste, la voz de Juan sigue resonando con fuerza en la eucaristía, en la liturgia de las horas, en los estudios bíblicos... y nos recuerda que vivir en la verdad exige valentía, libertad interior y fidelidad a Dios. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo —nos lo dijo él— y somos dichosos al acercarnos a la mesa de la palabra y de la eucaristía en cada misa. Que María nos ayude a abrir los ojos para elegir lo correcto y aquello que más nos acerque a la verdad, que es su Hijo Jesús. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

viernes, 28 de agosto de 2026

«Con las lámparas listas»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Estamos en el último de los cinco discursos de Jesús que aparecen en el relato de Mateo, quien nos dice que el Reino de los cielos se asemeja a diez muchachas que toman sus antorchas y salen al encuentro del novio. Para comprender el sentido de esta parábola tan conocida, debemos tener en cuenta las costumbres de las bodas judías. En los desposorios, el esposo ordinariamente era de otro pueblo y no tenía WhatsApp para comunicarse. Alguien tenía que esperar su llegada porque a él le correspondía llevar a la esposa al lugar de la boda pero no sabían a que hora podría llegar. El relato nos cuenta que designaban a unas jóvenes doncellas para que acompañaran al novio danzando hasta el lugar donde estaría la novia. De allí la costumbre de «Las Damas» en las bodas. La mitad de estas mujeres que esperaba al novio para acompañarlo era prudente y la otra mitad era necia —nunca falta esta clase de mujeres... bueno y de hombres necios también—. 

A causa de la tardanza del novio se durmieron y el novio llegó de repente. Las imprudentes se dieron cuenta de que su aceite no alcanzaba y pidieron a las prudentes que les prestaran un poco. El rechazo de las prudentes a compartir su aceite con las necias se argumenta razonablemente: no alcanzará para todas y, aunque se ve que ya había negocios 24/7, tardarían en ir y volver. En el fondo la parábola nos está diciendo que cada uno de nosotros es responsable de su relación con el Esposo de nuestras almas. Cerrar la puerta era algo habitual en las bodas, una forma de evitar que entraran personas no invitadas o incluso ladrones. Acá sucede algo parecido, tienes que tener invitación si no, no entras. No basta entonces tener las lámparas a la mano para cuando el Señor, el Esposo de las almas llegue; éstas deben estar constantemente alimentadas por aceite. 

Estar preparados, entonces, significa estar listos, estar prontos, estar avispados para realizar el proyecto de Dios en nuestra vida que llega de repente cuando alguien nos pide un pequeño favor, cuando somos invitados a ser «todo oídos» para escuchar a alguien, para correr a recibirlo en quien nos visita inesperadamente... pues de otro modo, nuestra luz se apaga. ¿Seguimos manteniendo nuestras lámparas encendidas? Hoy, que es día de San Agustín, día en que yo doy gracias por mi cumpleaños número 65 —¡Ya estoy «cáscara» decía el padre Lorenzo Barrera!»—, Ayúdenme a pedirle a San Agustín que con sus tratados de teología y su intercesión me ayude y nos ayude a todos y que María, como buena mamá, nos proporcione el aceite que necesitamos para mantener la lámpara encendida que nos haga poder ver a Jesús no solo en la eucaristía y en su palabra, sino en los hermanos. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

jueves, 27 de agosto de 2026

«Santos, como Cristo es santo»... UN PEQUEÑO PENSAMIENTO PARA HOY


Hoy quiero detenerme, de manera particular en la primera lectura de la misa (1 Cor 1,1-9) y en el salmo responsorial que es el 144. Esta lectura es una fantástica llamada a la esperanza. Pablo agradece al Señor por todos los cristianos que han creído en la Buena Noticia. Se percibe contento, muy contento. Primeramente llama a estos hermanos «santos», porque han invocado el nombre de Jesucristo y han creído en Él. Esto debe constituir también una gran alegría para nosotros, cristianos de hoy, en medio de un mundo que es hostil, que está lleno de heridas y que deja sentir por donde quiera la ausencia de la fe. 

Todos los bautizados hemos de aspirar a una verdadera santidad aunque si echamos un vistazo a nuestro corazón, muchas veces experimentamos nuestras propias debilidades y nos parece inalcanzable ser santos. Pero san Pablo dice que no es santo aquel que es perfecto en virtudes y obras, sino que santo es aquel que invoca el nombre de Cristo con fe y camina fiándose de Dios y su promesa. Si experimentamos hoy nuestra pobreza, nuestra pequeñez, si vemos que nuestros límites nos impiden caminar…no hay que temer, ¡aún podemos ser santos! Porque es así como Dios revela sus misterios, a los pequeños y humildes de corazón que esperan con amor la salvación.

Hoy, con el salmista, podemos proclamar las grandezas de Dios en nuestra vida, en nuestro ser y quehacer, de manera que, desde la realidad que vivimos, podamos narrar al mundo que Dios nos ama y nos llama a ser santos e inmaculados por su amor misericordioso. Alabemos al Señor día tras día, aun cuando nuestro entorno sea cada día más difícil. Aun cuando las pruebas de la vida intenten ahogar nuestra alegría, no dejemos que las dificultades apaguen el fuego vivo del amor que Dios ha puesto en nosotros. Hagamos memoria de Jesucristo, detengámonos un rato largo acompañados de María y demos gracias al Señor por la historia de amor que está haciendo con nosotros y a través de nosotros. ¡Bendecido jueves sacerdotal y eucarístico!

Padre Alfredo.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Las duras exclamaciones de Jesús que en el Evangelio empiezan con un «¡Ay de ustedes!» no son solamente un grito de condena, sino sobre todo un lamento doloroso de Jesús ante el peligro espiritual en el que vivían los fariseos y maestros de la ley que no abrían su duro corazón a la misericordia de Dios. Desde ayer, en el Evangelio, Jesús expone a quienes cumplen con normas externas muy estrictas —como pagar impuestos de pequeñas hierbas— pero descuidan lo esencial: la justicia, la misericordia y la fidelidad y lo hace con estos «¡Ay de ustedes!» —7 veces lo repite en el Evangelio de Mateo (capítulo 23), aunque algunas traducciones numeran 8 (incluyendo un versículo adicional sobre las viudas).

En esta colección de «ayes», el Señor compara hoy (Mateo 23,27-32) a los escribas y fariseos con «sepulcros blanqueados» que se ven bellos por fuera, pero por dentro están llenos de corrupción. Ayer los comparaba con vasos limpios por fuera pero sucios por dentro. Y es que Cristo, a lo largo del Evangelio enseña que la transformación debe empezar en el interior del corazón y no en una máscara de perfección para impresionar a los demás. Por eso reprende a los líderes que imponían cargas pesadas al pueblo que ellos mismos no movían ni con un dedo, cerrando además el acceso al Reino con su ejemplo negativo. 

A nosotros, estos «Ayes» nos deben alertar, pues son una llamada a revisar posiciones y disposiciones. Escuchar estas duras reprensiones nos deben abrir los ojos ante el pecado de la apariencia, una tentación tan humana y que zancadillea a los bautizados de manera especial. Por fuera buena apariencia ¿y el interior qué? Nos llama el Señor a revisar las actitudes y la vivencia de la tarea de ser misericordiosos como Él. A ver si nuestro corazón no está duro y a revisar qué es lo que abunda en él.  Pues de allí se desborda y empapa la existencia y nuestro mundo de relaciones. Que María no nos deje de acompañar en esta travesía que, con nuestro testimonio de vida no seamos «sepulcros blanqueados». ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 25 de agosto de 2026

«Los del plato muy limpio por fuera y sucio por dentro»... Un pequeño pensamiento para hoy


Parecería que en el Evangelio de las misas de estos días, los escribas y fariseos «roban cámara». El día de hoy (Mateo 23,23-26) estos hombres engreídos y arrogantes dan pie a que Jesús nos haga una invitación a hacer un examen de nuestro interior, dado que sin darnos cuenta puede ser que algo de lo de ellos está en nosotros. Cristo nos hace un atento llamado a «limpiar» nuestro plato y nuestra copa por dentro para podernos sentar a su mesa, el Banquete del Señor, con la alegría del que tiene una conciencia limpia y un corazón que pone el amor a Dios y al prójimo por encima de todas las cosas.

Los fariseos y los escribas eran personas pertenecientes a dos grupos religiosos y sociales muy importantes. Ellos eran los expertos de la ley en el día a día y se caracterizaban por ser muy piadosos, en su mayoría personas del pueblo —no sacerdotes—. Se distinguían por cumplir la Ley de Moisés a la perfección en su vida diaria y además de las Escrituras, seguían leyes orales —tradiciones de los antepasados— para no arriesgarse a desobedecer a Dios. Jesús solía criticarlos porque cumplían las normas, pero desatendían lo importante: la justicia, la misericordia, la lealtad a Dios. A los ojos de los demás eran perfectos, cumplidores de la ley, escrupulosos; pero a los ojos del Señor no lo eran. En el relato de hoy, Jesús los compara a una copa limpia por fuera, pero sucia por dentro. En otras ocasiones, como veremos mañana, les llamará «sepulcros blanqueados». 

Al ver a estos hombres una y otra vez estos días en que hacemos una lectura continuada del Evangelio de San Mateo, uno se pregunta: ¿De qué sirve el aparentar una cosa si luego somos otra muy distinta? ¿A quién pretendemos engañar? Nunca debemos olvidar que lo más importante son las cosas del alma. Madre Inés lo recuerda cuando dice: «La cultura, claro, ayuda, pero es lo de menos. Lo principal es el espíritu, la vida de amor que se viva en nuestro Señor, haciendo siempre su santísima voluntad, no solamente cuando nos agradan los sucesos, los acontecimientos que esos de por sí son fáciles de aceptar, sino de manera especial todo lo que es doloroso, sabiendo encontrar en cada uno de mis hermanos a Cristo nuestro Señor. La misa tiene sentido, la misa es solemne, no cuando los cantos son hermosos o hacemos las posturas correctas, De nada nos aprovechará si estamos lejanos de nuestros hermanos. Nuestros actos externos deben ser reflejo de nuestro interior, tiene que haber unidad entre lo que somos y lo que los demás ven de nosotros. Pidamos a la Virgen su ayuda para lograr el ser coherentes. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 24 de agosto de 2026

«¡VEN Y VERÁS!»... Un pequeño pensamiento para hoy


Celebramos la fiesta de San Bartolomé y por ello nos trasladamos al Evangelio que la misa marca para celebrarlo. Dejamos por unos momentos a San Mateo y nos vamos a un pequeño fragmento del Evangelio de San Juan (Juan 1,45-51). Este texto evangélico trata del encuentro con Cristo de parte de dos apóstoles: Felipe y Natanael o Bartolomé (que es el mismo). Los distintos escritores de la Biblia, inspirados por Dios, usaron la forma con la que cada uno conocía o prefería nombrar al apóstol. Juan optó por su nombre personal «Natanael», mientras que los autores de los sinópticos Mateo, Marcos y Lucas popularizaron su patronímico «Bartolomé» —hijo de Tolmai (bar-Tôlmay)—. Con el paso de los siglos, la tradición cristiana mantuvo ambos nombres separados en los textos según el Evangelio que se leyera, consolidando la costumbre de nombrarlo de las dos maneras aunque los estudiosos modernos confirman que se trata de la misma persona.

Felipe y Bartolomé eran dos discípulos aventajados que profundizaban en el sentido pleno de las Escrituras. Descubrieron con prontitud los rasgos de identidad del mesías en Jesús de Nazaret. Los dos tenían integrado en su esperanza a un Mesías lleno de bondad, aún más, la plena bondad. La bondad desde la antigüedad judía se atribuye a Dios, que es rico, grande en este atributo, lo muestra y con ella guía al pueblo rescatado, su mano es bondadosa, muestra su bondad en su misericordia y en el perdón. El «Ven y verás» que mueve el corazón del apóstol en cuestión, es ahora una invitación a que vayamos al Evangelio a conocer más a Jesús y a seguirle con la misma pasión de la Beata María Inés que en su Testamento Espiritual nos abre los ojos y el corazón diciéndonos: «Que nunca, nunca nos salgamos, ni se salgan —aunque yo no viva— del espíritu del Evangelio, el que debemos practicar con tanto amor».

Como Bartolomé, todos necesitamos de una experiencia viva de Jesús. Aunque normalmente la vida cristiana comience con el anuncio que nos llega a través de uno o varios testigos que nos dicen: «¡Ven y verás!», es importante llegar pronto a una relación personal con Jesús. La franqueza de este israelita intachable lleva al Señor a alabarlo en voz alta abriendo un diálogo que acaba por conquistar el corazón del nuevo discípulo. Jesús conoce la vida íntima de Bartolomé y la nuestra. Su llamada nos recuerda la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas apareciendo precisamente donde no lo esperábamos, a veces en nuestra tranquilidad, debajo de una higuera o aquí en Yakarta al hacer una Lectio Divina como me acaba de suceder. Si nos dejamos conquistar por Jesús, llegaremos a ver «cosas mayores». Pero eso hay que reconocerlo, como María, que confesó ante todos que el Señor hizo cosas grandes en Ella, por eso le pedimos que nos ayude a estar atentos al «¡Ven y verás!». ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.