El blog del padre Alfredo / Fr. Alfredo's blog
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domingo, 10 de abril de 2016
viernes, 8 de abril de 2016
«AMORIS LAETITIA»... La Exhortación Post-Sinodal del Papa Francisco sobre la Familia
La exhortación apostólica, «AMORIS LAETITIA» (La alegría en el amor), recoge las conclusiones de los dos sínodos de obispos sobre la familia de 2014 y 2015. Se trata de un voluminoso documento fruto de los dos últimos Sínodos celebrados.
El documento impresiona por su amplitud y articulación. Se subdivide en nuev9 capítulos y más de 300 párrafos. Se abre con siete párrafos que, como introducción, ponen en plena luz la conciencia de la complejidad del tema y la profundización que requiere. Se afirma que las intervenciones de los Padres en el Sínodo han compuesto un “precioso poliedro” (AL 4) que debe ser preservado. En este sentido, el Papa escribe que “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio”. Por lo tanto para algunas cuestiones “en cada país o región se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a la tradiciones y a los desafíos locales. De hecho,“las culturas son muy diversas entre sí y todo principio general tiene necesidad de ser inculturado, si quiere ser observado y aplicado”” (AL 3). Este principio de inculturación resulta verdaderamente importante incluso en el modo de plantear y comprender los problemas que, más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas del Magisterio de la Iglesia, no puede ser “globalizado”.
En la Exhortación, el Papa afirma con claridad, que es necesario salir de la estéril contraposición entre la ansiedad de cambio y la aplicación pura y simple de normas abstractas. Escribe: “los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aún entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2).
Comparto solamente algo de cada uno de los 9 capítulos y al final dejo los enlaces para descargarla y leerla en Español y en Inglés.
Capítulo primero: A la luz de la Palabra
La Biblia, “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares”. Y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo ‘artesanal’ que se expresa con ternura pero que se ha confrontado también con el pecado desde el inicio, cuando la relación de amor se transforma en dominio. Entonces la Palabra de Dios “no se muestra como un secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino”.
Capítulo segundo: La realidad y los desafíos de la familia
Es fundamental prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”. El individualismo exagerado hace difícil hoy la entrega a otra persona de manera generosa: “Se teme la soledad, se desea un espacio de protección y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor de ser atrapado por una relación que pueda postergar el logro de las aspiraciones personales”. Por eso la humildad del realismo ayuda a no presentar “un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificialmente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales”. Es necesario dar espacio a la formación de la conciencia de los fieles: “Estamos llamado a formar las conciencias no a pretender sustituirlas”. Jesús proponía un ideal exigente pero “no perdía jamás la cercana compasión con las personas más frágiles como la samaritana o la mujer adúltera”.
Capítulo tercero: La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia
La mirada es amplia e incluye también las “situaciones imperfectas”. Fuera del verdadero matrimonio natural también hay elementos positivos presentes en las formas matrimoniales de otras tradiciones religiosas, aunque tampoco falten las sombras. Hay también “familias heridas” frente a las cuales “siempre es necesario recordar un principio general: Sepan los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones”. Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina debe expresarse con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición”.
Capítulo cuatro: El amor en el matrimonio
A partir del “himno al amor” de san Pablo hay que entrar en el mundo de las emociones de los conyugues —positivas y negativas— y en la dimensión erótica del amor. Hay una contribución extremamente rica y preciosa para la vida cristiana de los conyugues, que no tiene hasta ahora parangón en precedentes documentos papales. Se insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo”. “Una combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres” es, precisamente, el matrimonio. Hay que meditar en la “transformación del amor”. “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”.
Capitulo quinto: El amor que se vuelve fecundo
El amor fecundo recibe una vida nueva. Se vive un amor de padre y de madre, pero también de primos, parientes e incluso amigos. Se puede vivir la fecundidad en la adopción y en la ‘cultura del encuentro’. De la vida en familia incluyendo tíos, primos, parientes e incluso amigos. El sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social.
Capítulo sexto: Algunas perspectivas pastorales
Hay que afrontar algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. Se debe guiar a los novios y acompañar a los esposos. Y no se les puede abandonar en las crisis, sabiendo que “cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón”. Es necesario un acompañamiento para las personas abandonadas, separadas y divorciadas, y es importante conocer la reciente reforma de los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad matrimonial. Se tocan situaciones de matrimonios mixtos y con disparidad de culto. Hay situaciones de familias que tienen en su interior personas con tendencias homosexuales, es necesario el respeto en relación a ellos y el rechazo de toda injusta discriminación y de toda forma de agresión o violencia.
Capítulo séptimo: La educación de los hijos
La educación de los hijos abarca su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo. “La obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (…) Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía”. “Se debe aceptar un sí a la educación sexual” que debe realizarse “en el cuadro de una educación al amor, a la recíproca donación”. Y pone en guardia sobre la expresión “sexo seguro”, porque transmite “una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse.
Capítulo octavo: Acompañar, discernir e integrar la fragilidad
Es probablemente el capítulo más delicado. Confirma qué es el matrimonio cristiano, pero añade que “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal. Y no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio”. “Hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición”. “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de misericordia. “Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral”. “Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”. “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes”.
“Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas”. Los fieles que están viviendo situaciones complejas, son invitados a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. Se invita también a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”. “A veces ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio”.
Capítulo noveno: Espiritualidad conyugal y familiar
El último capítulo está dedicado a la espiritualidad conyugal y familiar, “hecha de miles de gestos reales y concretos”. Todo, “los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección”. “Toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro”, escribe el Papa. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él”.
"En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura". Palabras del Papa Francisco.
Esta es una dedicatoria de uno de los volúmenes que hace el Papa a un amigo:
LA MISIONERA INESIANA... Una mujer consagrada para ser luz, sal y levadura en medio del mundo de hoy
El Instituto de Misioneras Inesianas Consagradas, es un Instituto Secular que forma parte de la Familia Inesiana fundada por la Beata Madre María Inés Teresa Arias. Está contituido por un grupo de mujeres que han sido llamadas por Dios a vivir su consagración en el mundo y que, junto con el llamado al Sacerdocio ministerial de los Misioneros de Cristo para la Iglesia Universal, de los sacerdotes del Grupo Madre Inés y el llamado a la vida religiosa de las Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, es una vocación para seguir a Jesucristo muy de cerca, teniendo sus mismos sentimientos, viviendo en su amistad y haciendo lo que él nos enseña y nos manda, para ser expresión de su misericordia en el mundo.
Todos los consagrados de la Familia Inesiana, incluidas por supuesto las Misioneras Inesianas, están llamados a seguir muy de cerca a Jesús, a imitarlo en la vivencia de los consejos evangélicos, y a dar testimonio de la grandeza del amor de Dios en el mundo. La vida consagrada es una entrega generosa a Dios cuyo amor es capaz de saciar las aspiraciones del corazón humano. Es un llamado a consagrarse en amor a Dios uno y Trino, y a confesarlo, es decir, proclamarlo como lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano.
Esa entrega, esa unión amorosa, esa alegría de amar a Dios por sobre todas las cosas, es la base, la fuente, la motivación de la entrega de servicio y de testimonio de amor que todo consagrado está llamado a dar a sus hermanos; cada uno y cada una en su vocación de consagración y en la forma específica de vivirla. Sin esa base profundamente religiosa no hay vida consagrada que se sostenga. Así lo presenta San Juan Pablo II en su bellísima Exhortación Apostólica sobre la vida consagrada (VC 14.40). Proclamar a la Santísima Trinidad como el amor total intenso, puro generoso, permanente, fiel, a la humanidad sedienta de amor. Es una vida de entrega específicamente religiosa, es decir, teologal, que pone a Dios por encima de todas las cosas, que vive constantemente en unión con Él, que todo lo hace por Él y para Él, para su gloria y para que el mundo viva. Y con esa fuerza la persona se consagra totalmente a dar su vida al servicio de la humanidad.
Por eso la vida consagrada es tan grande y tan necesaria para nuestra Familia Inesiana, para la Iglesia y para todo nuestro pueblo. En medio de las tinieblas del mundo cargado de pecados, del odio, de la ambición, de la crueldad, del egoísmo y la maldad, la vida consagrada, muestra al mundo que es posible una vida mejor, alabando y glorificando a Dios al mostrar a los hermanos el camino de la felicidad. Por eso el valor de la vida consagrada para la Iglesia y la humanidad, es incalculable. La vida consagrada, además, es un servicio de caridad permanente a los hermanos.
Esto nos lleva a la consideración de la misericordia. Dios es misericordioso porque nos ama, porque nos tiene compasión, porque nos perdona y nos tolera, porque nos alimenta y nos sana. Y lo hace de mil maneras. Y llama de manera especial a los consagrados a practicar la misericordia. Recordemos el texto del juicio final en el cap. 25 de San Mateo: seremos juzgados por el amor que tengamos, por la misericordia que practiquemos con el pobre, con el enfermo, con el débil, con el hambriento, con el ignorante y el pecador, con el impertinente y el fastidioso, con el soberbio y el que cree equivocadamente que lo tiene todo… Cristo —nos dice el Papa Francisco— es el rostro de la misericordia de Dios. El Papa quiere que, en especial los consagrados, sean misericordiosos como nuestro Padre celestial. La vida consagrada, con su testimonio de disponibilidad total en la obediencia, en la pobreza evangélica y en la virginidad por el Reino de los Cielos, en su constante servicio de caridad, es una manifestación continua de la misericordia de Dios. Por supuesto: la religiosidad del consagrado, que debe ser intensa, que no debe admitir mundanidad, ni estilo seco en lo religioso, lo lleva a volcarse amorosamente a socorrer al prójimo. Esto es lo que nos enseña San Juan Pablo II en su Exhortación, cuando habla del servicio de caridad como una de las líneas de fuerza dela Vida consagrada.(VC 72-99)
La Misionera Inesiana, es una mujer enviada por la Iglesia a los ambientes de la vida ordinaria para hacerla extraordinaria, según el carisma específico que la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento ha impreso a esta obra. La Misionera Inesiana vive en el mundo sin ser del mundo, llevando una vida intensa de oración, de amor a María y de presencia de Dios en medio de las actividades que un laico vive cada día, pero, con una consagración especial de obediencia, pobreza y castidad. Su misión es muy peculiar, pues viviendo como cualquier otra persona del mundo, debe impregnar todas sus actividades de una gran caridad cristiana, imitando a Cristo en todo momento. El valor de lo ordinario vivido de manera extraordinaria, según el carisma inesiano, hace que la Misionera Inesiana se identifique con la sal (Mt 5,13-16) y el fermento, la levadura (Mt 13,33); elementos que apenas se ven, pero con una gran capacidad para diluirse en la masa y hacerla fermentar en Cristo para dar sabor a Evangelio.
La Misionera Inesiana es una mujer que sin separar fe y vida, vive en medio del mundo la total consagración a Dios y la secularidad a la vez. Para la Misionera Inesiana, la secularidad es consagrada y la consagración es secular. Asume, cada una por si sola y todas unidas a la vez como instituto, la diversidad al servicio de la misión como elemento de su identidad como consagrada. La secularidad consagrada la vive, cada una de las misioneras, en diferentes realidades sociales: familiares, institucionales, profesionales... con la finalidad de llegar a cualquier espacio vacío que necesite la luz del evangelio, la sal, la levadura. Pero su Vida Consagrada no despertará interés ni representará nada para el mundo, si no están todas y se sienten apoyadas y necesitadas unas de otras como comunidad.
La Misionera Inesiana es una mujer que, llamada por Dios, hace un esfuerzo por ayudar a la Iglesia en su misión de ser “luz para alumbrar a todas las naciones” (cfr. Lc. 2, 32). La luz de la Palabra hecha Carne en cada una de las misioneras, es la luz de Dios que recrea y da brillo a sus mismas vidas y a las de quienes les rodean; la única capaz de provocar en sus corazones el deseo de algo grande, de algo que constituye un preciado regalo para la humanidad dolorida: ¡Vivir la misericordia cada día! Creo que el papa Francisco, si viera el pequeño grupito de Misioneras Inesianas esparcidas en varios países del mundo, gozaría de ver unas mujeres consagradas fuertemente unidas por quien es la Luz del Mundo, dispuestas a salir por caminos insospechados para hacerse las encontradizas con los hermanos y hermanas más necesitados para decirles: "vengan hemos encontrado el tesoro de nuestra vida y deseamos compartirlo”.
Cuando José y María llevaban a Cristo «Luz del mundo» al templo, Simeón exclamó, “…mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel” (Lucas 2, 30–32). La luz ha venido y las tinieblas no pueden vencerla (Juan 1,5). Jesucristo, la verdadera Luz del mundo, ha llamado a las Misioneras Inesianas para compartir su misión de llevar la luz a quienes caminan en la oscuridad en medio del mundo. Además las llamó también a ser la luz. “Ustedes son la luz del mundo…que de igual manera brille esta luz ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos” (Mateo 5, 14–16).
Como laicas consagradas, las Misioneras Inesianas, tienen un papel muy importante en el trabajo de la Nueva Evangelización y tienen como Patrona Principal a Nuestra Señora de Guadalupe, misionera por excelencia y como Ella, deben llevar la luz de Cristo a los demás. El día de su bautismo fueron, de alguna manera, «presentadas en el templo» como nuestro Señor. Por medio de su bautismo recibieron el don de la vida nueva de Dios, fueron llenadas con su gracia y se convirtieron en el templo del Espíritu Santo. Es decir, se encendió «su luz». Ahora, por su responsabilidad como consagradas, están llamadas a llevar la luz a los demás. No pueden escapar a esa responsabilidad. Tienen que llevar la luz de la verdad y el amor de Dios a los que se encuentran en la oscuridad, incluso los que viven con miedo, en la pobreza, sin hogar, en la desesperación y los que sufren con conflictos familiares, problemas económicos, la adicción y muchas otras luchas de la condición humana. También se puede tratar de las personas que viven sin un propósito o significado en la vida, por ejemplo, las que todavía no saben por qué fueron creadas ni a dónde va su vida.
Jesús utilizó también la imagen de la sal de la tierra a la que ya he hecho referencia (Mateo 5, 13). Sal de la tierra. ¿Qué más puede significar para ustedes esta parte del Evangelio aparte de que deben «sazonar» al mundo con la presencia de Cristo? Tienen que penetrar el mundo con el sabor del Evangelio. Pero Cristo también nos avisa de la sal que se vuelve insípida y que ya no sirve. Que nunca pierdan su sabor, lo cual es, de hecho, la semejanza a Cristo. No pueden ser tibias en su testimonio del Evangelio. Tienen que crecer en fervor y celo por el amor y la verdad que se revela en la persona de Cristo. Jesús empleó también la imagen de la levadura para describir el Reino de Dios: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentarse” (Mateo 13, 33). Es importante entender esta imagen. Se requiere solamente un poquito de levadura para hacer que una cantidad grande de harina se fermente... ¡Un poquito solamente! ¡nuestro poquito! Dice la beata María Inés: “Cuando la Misericordia y la miseria se encuentran y se comprenden y se funden, ya no queda mas que la Misericordia” (Lira del Corazón, Segunda Parte, Cap. III).
Así debe ser de por sí todo bautizado, pero más aún quien ha decidido consagrar su vida en plenitud al Señor. El Concilio Vaticano II utilizó la misma imagen para describir el papel de los laicos en la vida y la misión de la Iglesia (Lumen Gentium 31). Deben santificar el mundo desde su interior, como la levadura, para cumplir sus propios deberes y su única vocación. la vocación de Misioneras Inesianas, como consagradas, no las exime de una vida fraterna en comunidad pero les pide que vivan en el mundo y no en el claustro, en familia o fuera de ella, solas o en grupos de vida fraterna, de manera parecida a los que viven la vida religiosa, pero recalcando la necesidad de ser levadura en medio de la sociedad.
En Costa Rica, en México, en Italia... ¿cuántos católicos practicantes habrá entre la población entera? Parece ser poco en comparación con el resto de la población. Pero Jesús nos dice que es todo lo que se necesita: ¡un poquito! Las Misioneras Inesianas hacen su parte al tomar en serio su llamado bautismal según su vocación de consagradas en el mundo. ¡Dios hace el resto! Es responsabilidad de cada consagrado ser fiel a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia. ¡Me emociono con todas las posibilidades que hay para cada una de las misioneras y para todas como instituto! Dice Nuestra Madre la beata María Inés: “Conquistar almas para el cielo, con nuestra acción misericordiosa, con nuestra palabra evangélica, con nuestra enseñanza catequística; es un sagrado deber que nosotros mismos hemos escogido”. (Carta colectiva del 22 de abril de 1978). La Misionera Inesiana no debe olvidar nunca que ha sido llamadas a ser la sal, la luz y la levadura. Tiene estas imágenes en cuenta mientras que sigue trabajando en la Nueva Evangelización en donde el Señor le tiene.
Hay unas palabras del Papa Francisco —que dirigió a Cáritasel 13 de mayo de 2015— que muy bien se pueden aplicar a las Misioneras Insesianas en su condición de consagradas en el mundo y con las que quiero terminar esta reflexión: “Salir a la calle puede producir un accidente. Quedarse encerrado, enfermo. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. Ustedes son el motor de la Iglesia que organiza el amor —Cáritas— para que todos los fieles trabajen juntos, respondiendo con obras concretas de misericordia.Ustedes marcan el paso para que la Iglesia esté cada día en el mundo. Ustedes ayudan a los demás a cambiar el curso de la propia vida. Son la sal, la levadura y la luz. Ofrecen un faro de esperanza a los necesitados... Ustedes son las mismas manos de Jesús en el mundo. Su testimonio ayuda a cambiar el curso de la vida de muchas personas, de muchas familias y de muchas comunidades. Su testimonio les ayuda a cambiar el curso de su propio corazón”.
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.
sábado, 26 de marzo de 2016
Huevos y conejos de Pascua... Una antiquísima tradición.
La tradición y simbología de los conejos y los huevos de Pascua es una tradición antiquísima en la Iglesia. Entre los siglos IX al XVIII, la iglesia aconsejaba dejar de comer huevo durante la Cuaresma como algo penitencial al alcance de todos, por considerarlos equivalente a la carne Sin embargo, las gallinas —ajenas a preceptos y normas religiosas— seguían poniendo huevos y más huevos. Tirar los huevos hubiera sido un pecado, de manera que no quedaba más remedio que guardarlos. En unas semanas se conseguía una sobreabundancia de huevos a los que había que dar salida. El domingo de Resurección, primer día en el que este precepto ya no regía porque había acabado la penitencia, se convertía en la fecha señalada.Y qué mejor que compartir o regalar los huevos que no se habían consumido durante la Cuaresma. De esta forma, fue naciendo una costumbre de ofrecer una cesta de huevos frescos a los amigos y vecinos como un magnífico detalle, pero, si además los huevos se coloreaban o se pintaban se convertían en un auténtico regalo.
En el siglo XII la Iglesia bendijo la costumbre de regalar huevos como símbolo de resurreción a la salida de la misa de Pascua, relacionando el hecho de que el pollito, al nacer, es él mismo quien rompe el cascarón, y Cristo al Resucitar, rompe Él mismo las ataduras de la muerte. Esa costumbre que se ha mantenido hasta no hace mucho, especialmente en las zonas rurales, donde abuelos y padrinos entregan a los ahijados panecillos con dos huevos que se llevaban a bendecir.
El huevo tiene una gran importancia como símbolo de la Pascua que coincide con el inicio de la primavera, lo cual no es casualidad. En primavera, la naturaleza sale de su letargo, iniciándose un nuevo ciclo vegetal. Es el despertar a la vida. Si esto lo trasladamos al terreno espiritual, la Pascua representa una nueva vida que culmina con la la Resurrección. Teniendo en cuenta que el huevo desde siempre ha simbolizado la fecundidad, la vida y la renovación, la asociación Pascua, Primavera y Huevo, no puede ser más exacta. Otras fuentes afirman que el huevo simboliza los cuatro elementos de la vida. La cáscara representa la tierra; la membrana, el aire; la clara, el agua; y la yema, el fuego.
A partir del siglo XVIII, cuando la industria chocolatera consigue avances importantes en el manejo y tratamiento del chocolate, se empieza a vaciar los huevos frescos y a rellenarlos de chocolate. Más tarde llegaron otras formas: conchas, campanas, carruajes... copiando figuras de la escuela austriaca, con sus colores y formas.
Por su parte, el Conejo de Pascua es un personaje mítico infantil perteneciente a las culturas germánicas y posteriormente a las anglosajonas. Aunque sus orígenes no están muy definidos, se supone que la elección del conejo se debe a su conocida capacidad de procreación. Sus orígenes como símbolo de Pascua se encuentran en la Alemania del siglo XVI. En el mismo país durante el siglo XIX es que se encuentran los primeros registros de conejos elaborados con chocolate. Antiguos predicadores alemanes, veían en el conejo un símbolo de la Ascensión de Jesús y de cómo debe vivirse el cristiano: las fuertes patas traseras del conejo le permiten siempre ir hacia arriba con facilidad, mientras que sus débiles patas delanteras le dificultan el descenso.
Sin embargo, como en todas las tradiciones, existen gran diversidad de versiones sobre el origen de este personaje. Hay un antiguo cuento que narra que un conejo estuvo encerrado en el sepulcro junto a Jesús y presenció su resurrección. Ese conejo, al salir de la cueva junto con Jesús, fue el mensajero que comunicó a todos la buena nueva, regalando huevos pintados. Hoy en día se elaboran conejos de chocolate, que se suelen regalar por estas fechas, siendo también un producto de pastelería que puede verse en muchas de las tiendas de los paises europeos del norte.
En algunas comunidades católicas, como las del Camino Neocatecumenal es costumbre hacer una piñata en forma de huevo, que en su interior se encuentran dulces y/o juguetes que se regalan a los niños pertenecientes a dichas comunidades. Y que a veces contienen otros pequeños huevos que se decoran para su entrega a modo de tarjetas de Pascua, de manera análoga con las de Navidad.
En la actualidad, la tradición continúa con algunas variaciones. En Europa se mantiene la costumbre que data desde la Edad Media de adornar huevos con teñidos y pintados. Aunque parece que la práctica de huevos ornamentales era principalmente elaborada por clases altas o de recursos, se difundió a decoraciones más sencillas, como con el empleo de hojas de árbol para crear patrones sobre el cascarón. El comercio y la globalización, por su parte, se han encargado de incorporar los huevos de chocolate y los huevos de plástico para ser llenos de dulces, y que según la leyenda son escondidos por el conejo de Pascua, elaborado ahora en múltiples materiales para que los niños los busquen, y por consiguiente los encuentren y se los coman.
Ordinariamente la celebración se lleva al cabo el Domingo de resurrección y suele realizarse a la hora del desayuno, decorando la mesa con flores, ramas con brotes nuevos y motivos alusivos a la fecha. Después se invita a los niños a buscar los huevos que previamente fueron escondidos por los padres. Los niños suelen disfrutar mucho buscando los huevos coloridos, en algunos casos de chocolate.
Alfredo Delgado, M.C.I.U.Una reflexión para el Sábado Santo... a los pies de la «CRUZ» con María.
Mujer, aquí tienes a tu hijo... (Jn 19,26).
Mirando a su Madre de pie, junto a la Cruz, con el discípulo amado, Jesús, poco antes de morir, le dijo a su Madre: "Mujer, aquí tienes a tu hijo" y puso en su corazón el amor materno. Y María acepto por suyos a todos los hijos de la Cruz y se convirtió en Madre nuestra.
El segundo día del Triduo Pascual tiene como centro de meditación la Cruz pensando en la sepultura del Señor en un día de silencio y contemplación, ayuno y espera; un día de calma tensa porque algo grande va a ocurrir. Por la mañana smuchas comunidades rezan la corona dolorosa, porque la piedad cristiana tiene un recuerdo muy especial en este día para la Virgen María, que en el Sábado Santo, especialmente, vuelve a nosotros “sus ojos misericordiosos” porque nos recibió como Madre.
EI Salvador no quiso dejarnos su testamento hasta la Cruz, un poco antes de morir y allí, antes que nada, lo selló. Su sello no es otro sino Él mismo, como había hecho decir a Salomón, hablando por medio de él a un alma devota: "Ponme como un sello sobre tu corazón" y adorna este sello con su Madre Santísima. Su testamento son las divinas palabras que pronunció sobre la cruz. Dichosos nosotros, que somos hijos de la Cruz con María como Madre, pues tenemos la seguridad de que nuestro Redentor no nos ha abandonado y nos va a dar la gloria.
Mientras como Iglesia esperamos la Resurrección con la Madre del Salvador, se está dando el sueño de Cristo en los brazos del Padre. Cristo, en su infinita misericordia, ha abrazado el trágico destino del hombre en su muerte; ha permanecido en ella y «en la esperanza reposa su carne».
Ayer celebramos la «Adoración de la Santa Cruz». El Misal Romano no dice nada de «Crucifijo» para el Viernes Santo, sino que habla de ostensión y adoración de la «Cruz».
«La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual» (IGMR n. 274) nos recuerda que lo que se adora aquí, propiamente, aunque con culto de latría relativa, es la Santa Cruz, no el Crucificado.
Por una tradición muy antigua de la Iglesia, para la adoración del Viernes Santo, se utiliza sólo la Cruz, sin la efigie del Cristo crucificado. Además, en la celebración litúrgica de la Pasión del Señor, porque luego de la solemne proclamación del Evangelio que relata la misma, se manifiesta mejor la muerte de Cristo al estar la Cruz desnuda, sin la imagen de Nuestro Señor. La Cruz sola corresponde mejor a la verdad del signo: se adora la cruz «donde estuvo clavado el Salvador del mundo» (como canta el sacerdote invitando a la adoración). Las oraciones, pues, hacen referencia a la Cruz y no a Cristo.
La Cruz «Crucifijo» nos recuerda, en las celebraciones litúrgicas ordinarias, la Pasión de Cristo, pero el momento de la Adoración de la Cruz es posterior a la misma Pasión, que litúrgicamente se celebró en la Primera Parte, con la Liturgia de la Palabra (más aún, teniendo en cuenta que el Viernes Santo no hay celebración sacramental del Sacrificio de la Misa). Se trata de un momento, podríamos decir, de exaltación de la Cruz, un paréntesis en el Viernes Santo, que luego tendrá su magnificación o celebración en «detalle», en la fiesta de la Exaltación de la Cruz.
Lo que venimos afirmando, está de acuerdo con el origen de este antiguo rito, que tuvo lugar en Jerusalén cuando fue encontrada la Santa Cruz de Nuestro Señor (s. IV). Reliquias de la misma fueron repartidas rápidamente, sobre todo a Roma, de manera que el rito suponía que se adoraban o veneraban «las reliquias de la Santa Cruz». Nada hacía suponer que incluyera la imagen del Crucificado. Además, incluso como ornato del Altar, el Crucifijo entró recién en el s. XIV (Cf. RIGHETTI, M., Manuale di storia liturgica, Áncora, Milano 2005, 2ª Anastatica, I, 536).
Así, al concluir la celebración, se queda en el presbiterio «La Cruz», al pie de la cual está María acompañando a todos sus hijos en espera de la resurrección gloriosa de nuestro Salvador.
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.
viernes, 25 de marzo de 2016
Una reflexión para el Viernes Santo*...
¿A quién buscan? (Jn 18,4.7)
El Señor sabía el resultado del juicio que se le haría. Sabía que estaba condenado por un mundo inmisericorde que vive en la injusticia y da gran espacio a la maldad. Eso lo saben también hoy muchas personas que son juzgadas injustamente.La pregunta para la reflexión del día de hoy la hace el mismo Cristo: «¿A quién buscan?». La misma pregunta la hace dos veces (Jn 18,4.7) y la respuesta la damos cada uno de nosotros... ¿A quién buscamos?
Jesús sale al encuentro del pelotón con eta pregunta «¿A quién buscan?» y viene de inmediato la respuesta: «A Jesús de Nazaret.» Y Jesús dice: «Soy yo»... el Jesús de Nazaret que andan buscando... ¿A quién busco, Señor? y ¿Para qué te busco?
El poder del mundo no puede en modo alguno prender ni aprisionar al Señor, a no ser que Jesús mismo lo quiera y de alguna forma dé permiso para ello! Esto no es una simple fábula, contada como milagro.
Los católicos creemos y decimos que la cruz es la señal del cristiano no por masoquismo espiritual, sino porque la cruz es fuente de vida y de liberación total, como signo que es del amor de Dios al hombre por medio de Jesucristo que se entregó por mí. El amor que testimonia su cruz es la única fuerza capaz de cambiar el mundo, si los que nos decimos sus discípulos lo buscamos pero para seguirlo hasta la Cruz y dar la vida, no para prenderlo y quererlo borrar de nuestro mundo. Como dice la Beata María Inés Teresa: "Que su Sangre preciosa se derrame sobre nosotros y nos purifique... puesto que dio toda su Sangre por nosotros; nos conquistó a fuerza de amor, ¡de exceso de amor!… desde el pesebre hasta la cruz…"
¿A quién busco, Señor, cuando te veo en el Huerto, abandonado por los tuyos? ¿A quién busco, Señor, cuando te veo de Anás a Caifás, ninguneado ahora también por el mundo actual? ¿A quién busco, Señor, cuándo te veo con la Cruz a cuestas y no me acerco como la Verónica a enjugar tu rostro? ¿A quién busco, Señor cuando te veo en la cruz de muchos que sufren, que están solos, que están enfermos o deprimidos y explotados? ¿A quién busco, Señor, cuando te veo en la Cruz clavado por mis pecados y por los del mundo entero? ¿A quién busco, Señor, cuando escucho tus palabras dándome a María por Madre al pie de la Cruz? ¿A quién busco, Señor...?
Este día de silencio puede ser una oportunidad para meditar en la respuesta que doy a tu pregunta para tomar la seria determinación, librándome de palabrerías inútiles, poniéndome al pie de la Cruz y decirte con todo el corazón que te busco sólo a Ti, Dios de infinita misericordia, Dios de perdón y de esperanza, Dios de vida eterna... te busco a Ti... la única realidad.
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.
*Escrito basado en uno anterior ya publicado en un Viernes Santo por un servidor.
jueves, 24 de marzo de 2016
Una reflexión para el Jueves Santo*...
"Los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).
El capítulo 13 del evangelio de Juan comienza diciendo que Dios nos amó hasta el extremo. A partir de esto, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación.
Este día contemplamos el gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.Este día se celebra el día del AMOR. Es el día en que el Maestro se entrega en el servicio humilde y sacerdotal lavando los pies a sus apóstoles y quedándose para siempre en el signo pobre y sencillo de la Eucaristía para manifestarse siempre en el amor. El gesto de Jesús nos invita también a nosotros a ponernos al servicio de los de los que más nos necesitan, los que están a nuestro lado y al mismo tiempo nos hace correr al encuentro de aquellos con los que nadie quiere ir sin buscar pretensiones de triunfalismo y sin herir susceptibilidades.
Hace unos días el Señor se dejaba ungir los pies con un perfume caro acogiendo el gesto de María con sensibilidad y gratitud, ahora es él quien tiene el detalle de lavar los pies a los suyos para dejar el aroma de su entrega por nuestra libertad. Al lavar los pies a los discípulos, el Mesías estaba aceptando lo sucio, lo poco agradable de nuestra condición humana amando a los suyos con una infinita misericordia como son y esperando una transformación al amar.
Muchos aprovechan estos días santos para descansar, ojalá y en este descanso haya un espacio de tiempo para encontrar al Señor en un rato de intimidad, porque la fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni basta decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7). Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores, amando como Él y siendo misericordiosos como Él.
Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad y de «amor» que nos propone la sociedad de nuestros días… ¿es difícil vivir esto? ¿cómo podemos vivir este mandato del amor a los demás en la vida concreta de todos los días? ¿Cómo podemos ser misericordiosos como el Señor lo es? Cristo se ha quedado en la Eucaristía y como dice la beata María Inés: "La misión de Jesús visible en el mundo ya terminó, él ya acabó su carrera, más se quedó en la Eucaristía hasta la consumación de los siglos para seguir desde allí siendo el promotor, el auxiliador, el sostén, el refrigerio, el guía, el consuelo de todos aquellos que quieren como él: Pasar por el mundo haciendo el bien".
A través del sacerdocio ministerial la presencia eucarística del Señor llega hasta los últimos rincones del mundo. El Papa Francisco ha recordado a los sacerdotes que «Jesús viene a rescatarnos, a hacernos salir, para convertirnos de pobres y ciegos, de cautivos y oprimidos. en ministros de misericordia y consolación».
Alfredo Delgado, M.C.I.U.
*Artículo ya publicado anteriormente y solamente enriquecido con algunas frases.
Para un largo rato de oración ante el Dios de la Misericordia... HORA SANTA 26
"Soy yo, Señor"
Soy yo; Señor, quien contigo quiere hablar.
Soy yo, Señor, quien contigo quiere hablar.
En mi alma hay un enjambre, hay rumores mil
Hay un rojo surtidor.
Es preciso más silencio si pretendo oír
El murmullo de tu voz.
Tú me buscas, Tú me llamas, mendigando vas
Mi alegría y mi dolor
Y mi nombre está en tus labios pues quieres contar
Con mi colaboración.
Yo quisiera agradecerte haber pensado en mí
Sin cansarte y con afán.
Es muy grato serte útil y poder servir, en un hueco de tu plan.
Se hace la exposición del Santísimo como de costumbre si es que no está ya expuesto.
Ministro: Adoremos y demos gracias en cada instante y momento
Todos: al Santísimo Sacramento.
Padre Nuestro.
Ave María.
Gloria.
Se hace ahora la Comunión Espiritual.
Todos: Señor Jesucristo, creemos firmemente que te encuentras presente en el santísimo sacramento del altar, te amamos con todo nuestro corazón y deseamos ardientemente recibirte, más como no podemos hacerlo en este momento sacramentalmente, ven espiritualmente a nuestro corazón.
(silencio) y porque ya te hemos recibido, no permitas, Jesús, que jamás nos apartemos de Ti. Amén.
En este momento se hace el ofrecimiento de la Hora Santa.
Canto para meditar:
"Unidos en la Vida"
Unidos en la vida, en un mismo trabajar
Nos unimos en la fiesta, compartiendo el mismo Pan.
La semana nos ha unido en el trabajo y sudor,
La Eucaristía nos une con Cristo en el amor.
Los esfuerzos de los hombres buscando un mundo mejor
Son los esfuerzos de Cristo que trae la salvación.
Los que abrís surco en la vida a golpe de trabajar
Sois invitados por Cristo a repartiros su Pan.
Lector 1:
Desde nuestro bautismo, todos somos misioneros. Debemos de ir delante de la gente a la que vamos a servir, iluminándola con nuestras antorchas y no detrás de ellas como quemándolas.
Si somos misioneros debemos ser luz del mundo; nos lo dice el Maestro Jesús. Si no puedes ser estrella, sé al menos lámpara sencilla; pero sé luz. La caridad es la epifanía de la divinidad. Cristo mismo nos lo dijo al advertirnos que por el amor que nos tuviéramos los cristianos unos a otros, nos reconocerían los que no lo son. ¿Estuvo acertado Cristo, o se equivocó?. El que ama a los demás y el que ama de verdad, inventa el arte de acercarse a los demás y revelarles a Cristo echando mano de las obras de misericordia, pequeños actos sencillos en favor de nuestros hermanos. Allí tienes una guía para saber si amas o no, si tu amor es verdadero o ficticio.
Momentos de silencio para meditar.
Lector 2:
Señor Jesús,
¿qué quieres que vea con mis ojos?;
¿qué quieres que hable con mi lengua?
¿qué quieres que haga con mis manos?
¿qué quieres que piense con mi cabeza?
¿qué quieres que ame con mi corazón?
¿en qué quieres que emplee mi tiempo, mi dinero y mis facultades?
¿cómo cumplo tus mandamientos?
¿cómo obedezco a quienes debo, que son tus representantes?
Señor Jesús,
Te adoro como a mi Dios. Te obedezco como a mi Señor
Te amo como a mi Todo. Te temo como a mi juez.
Te pido como a mi Dador. Te doy gracias como a mi bienhechor.
Amén.
Canto para meditar:
"Señor, permite"
Señor permite que te hable hoy
Del dulce encuentro que me cambió
La hora feliz en que yo escuché,
Tus palabras de amor.
Dime cuándo pudo suceder,
Si en la luz que el sol vierte al surgir
O cuando el calor me hace vivir,
O fue en la noche al volver.
¿fue cuando una rosa deshojé,
O en la fuente el agua que bebí;
O fue en el calor del dulce hogar,
Donde por fin te miré?
No fue en las horas de ilusión,
Sino al decidir mirarme bien;
Como amigo, en mi alma te encontré
Tú me esperabas allí.
Momentos de silencio para meditar.
Lector 3:
Cristo necesita de brazos y pies, de bocas y lenguas, a fin de poder llegar a todas las personas y llevar su misericordia. Cristo cuenta también con nosotros como contó con la Samaritana para evangelizar un pueblo o como necesitó del ciego del nacimiento para que diera testimonio.
Lector 2:
Jesús cuenta con nuestras lenguas, para la comunicación del Evangelio y la extensión de la Iglesia de Dios; cuenta con nuestros pies, para seguir a nuestros hermanos más alejados, a fin de volverlos al buen camino; cuenta con nuestros ojos, para poder detectar los ambientes en los que se necesita la presencia del Señor; cuenta con nuestro corazón, para prender el fuego de su amor en nuestro alrededor.
Lector 1:
Cristo cuenta con nuestra entrega misionera; una entrega sin límites ni restricciones; una entrega desprovista de egoísmos. Cristo cuenta con que nosotros vamos decir siempre que sí, ese sí que en la fe le decimos al Señor y que ya no se lo vamos a retirar; Cristo cuenta con ese sí, dándolo cuando Él nos lo pida, aunque implique dolor y humillación.
Lectores 1, 2 y 3: ¡Cristo cuenta con nosotros porque somos misioneros de su misericordia!.
Momentos de silencio para meditar.
Lector 1:
Oh, Señor Jesús, siempre misericordioso escucha nuestra oración.
Cuando yo dude
Lectores 2 y 3:
Aconséjame.
Lector 1:
Cuando caiga en el error
Lectores 2 y 3:
desengáñame.
Lector 1:
Si me pierdo
Lectores 2 y 3:
encuéntrame.
Lector 1:
Si caigo
Lectores 2 y 3:
levántame.
Lector 1:
Si me desanimo
Lectores 2 y 3:
aliéntame.
Lector 1:
El día en que muera
Lectores 2 y 3:
llévame contigo.
Lector 1:
Oh, Señor Jesús:
Cuando yo te llame
Lectores 2 y 3:
escúchame.
Lector 1:
Cuando te ofenda
Lectores 2 y 3:
perdóname.
Lector 1:
Cuando yo te deje
Lectores 2 y 3:
búscame.
Lector 1:
Cuando yo te olvide
Lectores 2 y 3:
recuérdame.
Lector 1:
Cuando te pida
Lectores 2 y 3:
dame.
Lector 1:
Cuando te pueda servir
Lectores 2 y 3:
anímame.
Lector 1:
Amén.
Canto para meditar:
"Hoy en oración"
Hoy en oración,
quiero preguntar, Señor,
quiero escuchar tu voz,
tus palabras con tu amor.
Ser como eres Tú,
servidor de los demás,
dime ¿cómo?, ¿en qué lugar?,
te hago falta más.
Dime Señor, en qué te puedo servir,
déjame conocer tu voluntad.
Dime Señor, en Ti yo quiero vivir,
quiero de Ti aprender: saber amar.
Hoy quiero seguir,
tus caminos junto al mar,
tus palabras, tu verdad,
ser imagen de Ti.
Ser como eres Tú,
servidor de los demás,
dime ¿cómo?, ¿en qué lugar?,
te hago falta más.
Dime Señor …
Lector 1:
El Dios del Evangelio no es el Dios gélido de la razón, la causa primera de la filosofía, el primer motor de la metafísica, el Dios inmutable e impasible, el Dios interesado o comerciante, el Dios almacenero, el Dios policía. No, nuestro Dios no es nada de esto. Dios no es así. Dios es «Misericordia».
Lector 2:
El Dios del Evangelio es el Dios cálido, con los brazos abiertos de Padre. Es el Dios Amor para todos los hombres. Es Dios providente que cuida de los suyos. Es Dios que ama tanto a la humanidad, que nos entrega a su propio Hijo para salvarnos. Es Dios nuestro Padre que nos espera a cada uno de nosotros con los brazos abiertos para perdonarnos o premiarnos.
Lector 3:
Es el Dios misericordioso que quiere repartir entre todos nosotros, en rebanadas infinitas, el pan de la felicidad. Es Dios-Hijo que muere para salvarnos. Es Dios Espíritu Santo que nos consuela y nos llena de amor. Este es el Dios del Evangelio.
Momentos de silencio para meditar.
Canto para meditar:
Vaso Nuevo"
Gracias quiero darte, por amarme;
gracias quiero darte yo a Ti, Señor.
Hoy soy feliz porque te conocí.
Gracias por amarme a mi también.
Yo quiero ser, Señor amado.
Como el barro en manos del alfarero.
Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo.
Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo.
Te conocí y te ame;
te pedí perdón y me escuchaste.
Si te ofendí, perdóname, Señor.
Pues te amo y nunca te olvidaré.
Yo quiero ser, Señor amado…
Lector 3:
No hay cosa que Cristo nos recomiende tanto en su Evangelio como la unión entre todos los cristianos; es que el mundo necesita del testimonio de unidad que nosotros los cristianos, debemos darle, a fin de llegar a conseguir que todos los hombres caigan en la cuenta de que somos hermanos y, en consecuencia, nos tengamos como hermanos, nos respetemos como hermanos y nos ayudemos misericordiosamente a vivir como hermanos.
Lector 1:
El pan de cada día dánoslo hoy, Señor, a manos llenas;
convierte en alegría nuestras labores buenas
y acaricia el dolor de nuestras penas.
Lector 2:
¡Horas de tedio largas
sin la presencia buena de tus manos!
¡Ay, las horas amargas
nos vuelven inhumanos,
Si no abrimos el alma a los hermanos!
Lectores 1, 2 y 3:
Santifica el momento de este ruido tenaz, de esta fatiga.
Busquemos el aliento de tu presencia amiga
que acreciente el esfuerzo y nos bendiga. Amén.
Canto para meditar:
"No podemos caminar"
No podemos caminar con hambre bajo el sol
Danos siempre el mismo pan: tu Cuerpo y Sangre, Señor.
Comamos todos de este pan, el pan de la unidad
En un cuerpo nos unió el Señor, por medio del amor.
Señor, yo tengo sed de Ti, sediento estoy de Dios
Pero pronto llegaré a ver el rostro del Señor.
Por el desierto el pueblo va cantando su dolor
En la noche brillará tu luz, nos guía la verdad.
Lector 2:
Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Es la primera bienaventuranza que Cristo proclamó en el Sermón de la montaña.
Lector 3: Pobre de espíritu es la persona que es sencilla, humilde, que no se paga de sí mismo, el que está convencido de que depende de los demás, de que él solo no puede enfrentar la vida, que necesita de los otros; por eso es pobre, porque no tiene en sí cuanto necesita, sino que lo espera de los demás.
Lector 1:
El orgulloso piensa que él y sólo él se satisface, se basta y se sobra; por eso es rico, porque dice que se tiene a sí mismo y por eso es difícil que sea misericordioso.
Lectores 1,2 y 3:
Este mundo del hombre en que él se afana,
tras la felicidad que tanto ansía,
Tú lo vistes, Señor, de luz temprana,
y de radiante sol de mediodía.
Así el poder de tu presencia encierra,
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una tierra nueva,
colmarán nuestro anhelo sin medida.
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente,
tu luz resplandeciente y tu victoria,
inunden nuestra vida eternamente. Amén.
Momentos de silencio para meditar.
Canto para meditar:
"Entre tus manos"
Entre tus manos está mi vida, Señor
Entre tus manos pongo mi existir
Hay que morir, para vivir.
Entre tus manos confío mi ser.
Si el grano de trigo no muere
Si no muere sólo quedará
Pero si muere en abundancia dará
Un fruto eterno que no morirá.
Entre tus manos …
Lector 2:
Cristo dice en el Evangelio que Él es la Luz. El que no lo sigue, camina en tinieblas, con todas las angustias e incertidumbres que llevan consigo las tinieblas.
Lector 1:
El que no sigue a Cristo, no halla explicación para muchas cosas de la vida. Se siente embargado por mil problemas sin solución. Se le plantean centenares de interrogantes a los que nada ni nadie puede responder.
Lector 3:
En cambio, cuando Cristo, el Señor de la Eucaristía, la Divina Misericordia, aparece en la vida, es como cuando se hace la luz, uno encuentra en Él la paz, la seguridad, la orientación.
Lector 1:
Con María, invoquemos la grandeza del Señor:
Lectores 1,2 y 3 (y si es posible todos):
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones
Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí:
Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
De generación en generación.
El hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón
Y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes
Y a los ricos los despide sin nada.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia
Como lo había prometido a nuestros padres
A favor de Abraham y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.
Momentos de silencio para meditar.
Canto para meditar:
"Yo no soy nada"
Yo no soy nada y del polvo nací,
Pero Tú me amas y moriste por mí.
Ante la cruz sólo puedo exclamar:
¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!
Toma mis manos, te pido; toma mis labios, te amo
Toma mi vida, oh Padre; ¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!
Cuando de rodillas te miro Jesús,
Veo tu grandeza y mi pequeñez,
Qué puedo darte yo: sólo mi ser:
¡Tuyo soy!, ¡tuyo soy!.
Toma mis manos …
Lector 1:
Jesús sintió compasión de los que sufrían hambre y cansancio: su corazón sensible y tierno se sintió tocado por la necesidad y el sufrimiento de la gente. Dios es nuestro Buen Padre y como tal, y movido por el amor que nos tiene, se preocupa de nuestras necesidades no solamente espirituales sino que también las materiales.
Lector 2:
Si tú extiendes tu vista por el mundo, verás que son muchos los que tienen hambre de Dios, hambre del pan de la verdad, del pan de la justicia, del pan del amor, del pan de la misericordia divina.
Lector 3:
Ojalá tu corazón se sienta tocado ante tanta y tan urgente necesidad y salgas tú al paso, para socorrer esas necesidades materiales y espirituales, al menos en la medida de tus posibilidades, ya que ni Dios, ni tu conciencia te exigirán más de lo que puedas realizar.
Momentos de silencio para meditar.
Canto preparación para la bendición con el Santísimo:
"Bendito, bendito, bendito sea Dios"
Bendito, bendito, bendito sea Dios
Los ángeles cantan y alaban a Dios
Los ángeles cantan y alaban a Dios.
Yo creo Jesús mío que estas en el altar
Oculto en la Hostia te vengo a adorar
Oculto en la Hostia te vengo a adorar.
Por amor al hombre moriste en una cruz
Y al Cáliz desciendes por nuestra salud
Y al Cáliz desciendes por nuestra salud.
Todos de rodillas.
Ministro: Nos diste, Señor, el pan del cielo
Todos: Que contiene en sí todas las delicias
Ministro: Oremos. Oh Dios, que bajo este admirable sacramento nos has dejado el memorial de tu pasión, concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros los frutos de tu redención. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas. Por los siglos de los siglos. Amén.
En este momento se da la bendición con el santísimo sacramento.
Ultimas oraciones:
BENDITO SEA DIOS, bendito sea su santo nombre, BENDITO SEA JESUCRISTO VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE, bendito sea el santo nombre de Jesús, BENDITO SEA SU SACRATÍSIMO CORAZÓN, bendita sea su preciosísima sangre, BENDITO SEA JESUCRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, bendito sea el Espíritu Santo consolador, BENDITA SEA LA GRAN MADRE DE DIOS MARIA SANTISIMA, bendita sea su santa e inmaculada concepción, BENDITA SEA SU GLORIOSA ASUNCION, bendito sea el nombre de María Virgen y Madre, BENDITO SEA SAN JOSE SU CASTÍSIMO ESPOSO, bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.
Canto final:
"Aunque marche"
Aunque marche por la oscuridad, Nada he de temer
Porque Tú conmigo vas. Mi pastor que me hace sosegar.
Tú que me conduces a tus fuentes de paz
Tú me has bautizado, por tu senda voy.
Aunque marche por la oscuridad
DR. ALGDR 2016
miércoles, 23 de marzo de 2016
Una reflexión para el Miércoles Santo...
"... y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?»" (Mateo 26,14-25).
Judas se fue en busca de los jefes del pueblo judío y les dijo: "¿Qué me dan si se los entrego?". Ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Judas sigue apareciendo como el protagonista de la liturgia de los tres primeros días de la Semana Santa: el Evangelio siempre habla de él. Y Judas está presente también en el cenáculo.
La presencia de Judas en medio de los doce, en torno a la mesa de Jesús, es, indudablemente, el hecho más inquietante entre los hechos, todos inquietantes, que se condensan en vísperas de la pasión del Señor. Es la presencia del enemigo entre los amigos, del que golpea en el momento y lugar en que se precisa la confianza, porque nadie puede ya defenderse con ninguno.
Jesús no ignora esta presencia, no la pasa por alto; pero, a la vez, no descubre a Judas, no le acusa, no discute con él, no trata de defenderse. No calla a propósito de dicha presencia, para hacerse también presente a él hasta el final. Los doce, sin embargo, tratan de descubrir quién es el que de ellos miente: y en esta tentativa sucumben y caen en la antigua ley de la sospecha recíproca generalizada, de la acusación, de la división. Puede decirse que, por parte de Jesús, no hay ninguna condena, sino el ofrecimiento de una amistad. Es Judas solo el que se condena al rehusar la tentativa de su amigo. Por otra parte, Jesús estaba suficientemente habituado a "comer con los pecadores", como se le ha reprochado a menudo: y esta tarde, no menos que otras veces, no ha rechazado a un pecador... es Judas quien se ha separado de Él.
De la desconfianza, de la sospecha, de actos como esos nace siempre la crisis de la relación fraterna y de comunión: del temor de ser traicionados, del temor de que otro se aproveche, de la pretensión imposible de poner a prueba y verificar las intenciones del otro. No existe otra manera de vencer al traidor que entregarse en sus manos y poner en manos de Dios la propia causa. Pensemos en cuántos desavenencias, cuántas ofensas, cuántas prepotencias, se esconden en nuestra vida por la sospecha. Para sentarse en torno a la mesa de Jesús es preciso fiarse uno de otro sin pensar en el precio que puede costar esta confianza.
Ahondar en la traición de Judas nos puede este día traer la ventaja de que nos remueve el fondo de traición que todos llevamos dentro y nos enfrenta con lo más sucio de nuestro interior. Toda traición hay que ligarla a un proyecto. En la medida en que alguien deje de estar de acuerdo con el proyecto en el que venía o se creía comprometido, no tiene inconveniente en traicionarlo. Judas comenzó a falsearse en pequeños asuntos, en detalles insignificantes, y haciendo de la lado el proyecto inicial se fue haciendo mañoso; y el que falló en lo poco se fue haciendo indigno de lo grande, y llegó hasta lo impensable, lo inaudito. Quién lo iba a decir, si eran nimiedades. Y sin embargo, el fallo final es muy severo: “más le valdría no haber nacido”.
Por eso, entrar a ciegas en un proyecto o entrar en el mismo sin entender sus principios o su finalidad, es preparar traiciones en cadena. Aunque el proyecto de Jesús tiene un contenido divino, por reflejar la propuesta de Dios y por recibir de Él su fuerza, está sometido a las leyes del comportamiento humano. Dios no puede tocar la libertad, para evitar que su proyecto sea traicionado. Él acepta esta posibilidad. Tal es el precio de la libertad. Jesús aceptó estar sometido a la posibilidad de la traición. Piensa en tu honestidad, ante tu propia conciencia, ante Dios. ¿A qué das importancia? En cuestión de amor todo tiene su importancia; nada es despreciable. ¿Cuál es tu proyecto? ¿Concuerda con el proyecto de Jesús?. Es muy peligroso comenzar a trampear, porque no sabemos hasta dónde nos puede conducir la mala costumbre, el habituarnos a la mentira y la falsedad.
Por eso, entrar a ciegas en un proyecto o entrar en el mismo sin entender sus principios o su finalidad, es preparar traiciones en cadena. Aunque el proyecto de Jesús tiene un contenido divino, por reflejar la propuesta de Dios y por recibir de Él su fuerza, está sometido a las leyes del comportamiento humano. Dios no puede tocar la libertad, para evitar que su proyecto sea traicionado. Él acepta esta posibilidad. Tal es el precio de la libertad. Jesús aceptó estar sometido a la posibilidad de la traición. Piensa en tu honestidad, ante tu propia conciencia, ante Dios. ¿A qué das importancia? En cuestión de amor todo tiene su importancia; nada es despreciable. ¿Cuál es tu proyecto? ¿Concuerda con el proyecto de Jesús?. Es muy peligroso comenzar a trampear, porque no sabemos hasta dónde nos puede conducir la mala costumbre, el habituarnos a la mentira y la falsedad.
La traición de Judas y la reacción de Jesús, quedarán para siempre como una prueba del respeto por la libertad humana de parte de Dios, y una muestra de la malicia y de la astucia de que viene revestido todo intento de traición ausente de misericordia. La traición no ha estado ni estará ausente del cristianismo. Somos seres humanos. Pero la comunidad cristiana debe cuidar de que el proyecto de Jesús, ese proyecto de amor y misericordia, sea claro y explícito para todos sus participantes. Así no habrá sorpresas. El hecho de ser cristianos por herencia y no por lucha, traerá siempre el riesgo de no identificarse con las exigencias del Reino. Y cuando aparezcan los intereses personales o de grupo, necesariamente aparecerá la traición.
Un miembro de la Iglesia, sin la claridad que exige el proyecto de Jesús y sin procesos de asimilación del mismo, será una mina de traiciones, desilusiones y amarguras. Aunque justifiquemos la traición, frente a ella nuestra alma quedará siempre herida. La Eucaristía, no lo olvidemos, es también una comida en la que Jesús nos ofrece la comunión con Él para contagiarnos de su misericordia. Cada Misa que celebramos es un gesto de Jesús hacia los pecadores que somos nosotros, siempre que no nos excluyamos nosotros al rehusar su amor misericordioso.
Menos mal que nuestra dignidad no depende de nuestro personal valor, sino del don de Dios Padre. Menos mal que el precio de Jesús no está marcado por las treinta monedas. Menos mal que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, no se dejó llevar por los acontecimientos, sino que fue capaz de convertir la traición en entrega libre. A Jesús no le quitaron la vida sino que la dio voluntariamente (Jn 10,18). De esa manera nos reconcilió con nuestro «Judas personal» y nos hizo comprender la inmensidad del amor de Dios que se manifestaba en su propia entrega.
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.
Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.
martes, 22 de marzo de 2016
Para ganar la «Indulgencia Plenaria» en Semana Santa de cada año...
Jueves Santo:
1. Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del "Tantum Ergo" ("Adorad Postrados").
2. Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.
Viernes Santo:
1. Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.
Sábado Santo:
1. Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario.
Vigilia Pascual:
1. Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.
Condiciones:
Para ganar la Indulgencia Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones:
a) Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial.
b) Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.
Alfredo Delgado, M.C.I.U.
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