miércoles, 2 de agosto de 2023

«En mi Selva de Cemento»... Un pequeño pensamiento para hoy


Cuando por algún motivo estoy uno o varios días en mi querida «Selva de Cemento», no dejo de estar pensando, con alegría, en tanta gente tan querida, que forma parte importantísima de mi historial misionero aquí en CDMX y que quisiera ver, saludar, abrazar, escuchar, alentar, acompañar... antiguos feligreses para acompañarlos en sus penas y carcajearme a mi estilo gozando de sus alegrías... sacerdotes y consagrados con los que gusto de compartir la Eucaristía, la oración, el crecimiento espiritual... gente con la que me reencuentro con gusto para compartir el ejercicio, el desayuno, la comida o la cena... en fin... todo esto me ayuda a ver que todos caben en el corazón de este padrecito misionero que busca pasar por el mundo dejando la huella de Cristo por donde paso, dejando la alegría del Evangelio y aceptando que no se puede tener todo lo que uno quiere y que me tengo que quedar con las ganas de estar con todos y conformarme con ver a unos cuantos y añadir a la lista de los que habitan en mi corazón, a nuevos amigos como Juan, a quien acabo de conocer en estos días. Pero en fin... en unas horas vuelo de regreso a Monterrey luego de haber concluido con gusto una reunión más de la Comisión de Animación Inesiana.

El Evangelio de hoy (Mt 13, 44-46) habla precisamente de la alegría del Evangelio, esa alegría que es como la de aquél que, habiendo encontrado un tesoro, se vuelve loco de regocijo, vuelve a casa y vende todos sus bienes para poder comprar el campo en cuestión. Los cercanos a él piensan que se ha vuelto loco, sospechan que quizá está perdiendo la razón, pero aquel hombre sabe muy bien adónde quiere llegar, y no le importa lo que digan de él. No le impresionan las palabras ni los juicios, porque sabe que el tesoro que ha encontrado vale más que todo cuanto tenía. También el mercader que ha encontrado la perla preciosa lo vende todo, y la gente piensa que quiere cambiar de oficio o que no está en sus cabales. Pero él sabe que, cuando tenga la perla preciosa, tendrá un bien mucho mayor que todas las demás perlas juntas y que, si quiere, podrá incluso volver a comprarlas todas.

Sí, la alegría del Evangelio es propia de aquel que habiendo encontrado la plenitud de la vida se ve libre, sin ataduras, desenvuelto, sin temores, sin trabas, gozoso como creo que caminamos muchos sacerdotes y consagrados como yo. Ahora bien, tengo ahora una pregunta: ¿creen ustedes, acaso, que quien ha encontrado la perla preciosa va a ponerse a despreciar todas las demás? ¡Nada que ver! El que ha encontrado la perla preciosa se hace capaz de colocar todas las demás en una escala justa de valores, de relativizarlas, de juzgarlas en relación con la perla más hermosa. Y lo hace con extrema simplicidad, porque, al tener como piedra de comparación la perla preciosa, sabe comprender mejor el valor de todas las demás. Si ya encontraste el tesoro no desprecies lo demás, no temas entrar en tratos con los que tienen otros tesoros, puesto que él está ahora en condiciones de atribuir a cada cosa su valor exacto. Así, al finalizar mi reflexión de hoy, pienso, acompañado de María Santísima, en todos, los que ya encontraron la perla preciosa y los que traen todas las demás y no los saco de mi corazón. Los encomiendo a todos. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 1 de agosto de 2023

«¡Cómo no bendecir al Señor en agosto!»... Un pequeño pensamiento para hoy


Comenzamos hoy, en un nuevo mes del año, agosto, un nuevo día que, en mi caso, como el de muchos otros, empieza con intensidad. Y es que en el camino de seguimiento de Cristo para hacerlo presente en mundo no hay espacio para una tregua. Todos, con sus anhelos, problemas, sueños, esperanzas, fracasos y triunfos, caben en el corazón del sacerdote misionero que entiende, como dice el evangelio de hoy (Mt 13,36-43), que el trigo y la cizaña crecen juntos y que siempre el Señor brinda un espacio para escuchar y alentar al que está triste y necesita compartir su pena, así como para animar al que se encuentra desalentado y acompañar al que está solo o ha sido descartado. Comienzo este octavo mes feliz y agradecido, porque, de alguna manera, agosto es mi mes, pues el próximo 4 celebraré 34 años de ser sacerdote misionero de Cristo, el 17 de agosto 43 años de haber iniciado mis estudios de seminario y el 28 mi cumpleaños número 62. ¡Cómo no bendecir al Señor en agosto!

Y es que uno se da cuenta de que Dios siempre siembra buena semilla, el trigo. Pero hay alguien —el maligno, el diablo— que siembra de noche la cizaña. A los discípulos, siempre dispuestos a cortar por lo sano, Jesús les dice que eso se hará a la hora de la siega, al final de los tiempos, cuando tenga lugar el juicio y la separación entre el trigo y la cizaña. Entonces sí, los «corruptores y malvados» serán objeto de juicio y de condena, mientras que «los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre». Por eso el sacerdote misionero tiene siempre su corazón abierto para ese trigo que sufre quizá al crecer en este mundo junto a la cizaña y recordar a todos que el juicio no nos corresponde a nosotros los hombres. Le pertenece a Dios y lo hará al final. Mientras tanto, el bien y el mal seguirán coexistiendo en nuestro campo. En todos los campos de la sociedad, aún en la Iglesia, como en el campo de la parábola, hay trigo y cizaña. Y en la red, peces buenos y malos, como nos dirá también Jesús.

Al que peor le tendría que saber que haya aparecido cizaña en su campo es al sembrador, que es Dios. Y, Él, en Jesucristo, nos enseña que hay que saber esperar, respetando la libertad de las personas y el ritmo de los tiempos. Eso sí, tenemos que discernir el bien y el mal —no todo es trigo— y luchar para que triunfen el bien y los valores que ha sembrado Jesús, y seguir rezando «venga a nosotros tu Reino» y «líbranos del mal», porque convivir con el mal que nos rodea y asecha no significa aceptarlo. Acogiéndonos a María santísima busquemos siempre estar fortalecidos en la fe mientras llega el tiempo de la cosecha. Yo mientras tanto sigo agradeciendo la caridad de Johny y Adriana, que me hospedan en su casa en mi querida selva se cemento, y el recuerdo de la comida y la tarde de ayer con Luz del Carmen y Carlos, mientras llega la hora de mi junta de trabajo del día de hoy. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 31 de julio de 2023

«San Ignacio de Loyola»... Un pequeño pensamiento para hoy


El mes de julio termina con la memoria litúrgica de San Ignacio de Loyola, el santo español que fundó la compañía de Jesús, esa congregación religiosa que es conocida como los jesuitas y a la que pertenece el Papa Francisco. Leyendo el evangelio de hoy (Mt 13,31-35) voy hacia la figura de este santo que me ha acompañado siempre, desde hace 35 años por lo menos una, dos o tres veces al año en los días en que doy ejercicios espirituales o en algunas de las ocasiones en que he recibido los ejercicios en alguna de las comunidades de jesuitas. Y voy especialmente a su camino de conversión que me anima a trabajar con ánimo en el mío.

El proceso de conversión de San Ignacio se inicia durante su convalecencia en Loyola después de resultar herido, alcanzado por una pieza artillera, en la guerra de Pamplona. Y, mientras permanecía en la casa de su familia, y no encontrando más que un libro de la Vida de Cristo y otro de vidas de santos, empieza a experimentar otros deseos que le mueven y permanecen, más que los que tienen que ver con ser caballero de un señor terrenal, y es vivir al modo de los santos, y a tener como único Señor a Jesucristo y realizar hazañas por Él. Así, el Espíritu lo llevará a Manresa, otro lugar de España, donde descubre que Dios lo conduce como un maestro de escuela a un niño; y lo va preparando para conducir a muchos con su camino espiritual.

A la luz del ejemplo de San Ignacio, hay que trabajar arduamente en la conversión de nuestras personas, familias, comunidades, parroquias, instituciones y obras apostólicas. Y para conseguir este fruto se requiere que atendamos a algo que nos dice San Ignacio: «Mucho aprovecha entrar con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su Divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su santísima voluntad». Que la Virgen María interceda por nosotros para que no descuidemos este quehacer esencial que es trabajar en el campo de nuestra conversión. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 30 de julio de 2023

«No concibo la vida sin la escritura»... Un pequeño pensamiento para hoy


Dice el escritor peruano Mario Vargas Llosa que no concibe la vida sin la escritura. Por supuesto yo no me considero un escritor, porque de entrada debo aceptar, que me falta mucho para llegar a escribir como se debe, pues lo que hago es plasmar, como decía la beata María Inés Teresa —«¡A vuela máquina!» los pensamientos que me vienen a la mente y al corazón sin tener tiempo para revisar y editar lo que va saliendo. Por eso, en lo que comparto con ustedes en este «pequeño pensamiento», a veces presenta errores garrafales, dado que no cuento con el tiempo de volver a leer o pasar lo escrito a alguien que me haga la caridad de corregir. Cada día, no sé si por lo viejo, por lo metiche o simplemente porque mi camino de santificación lo va marcando así, me enfrento a más ocupaciones que me impiden incluso sentarme a escribir y ser constante en el envío de mis reflexiones, cosa que causa que algunos se molesten porque no les llega el pensamiento, que otros me escriban de inmediato preguntándome si por mi endeble salud estoy más mal que ayer y que algunos más den gracias porque piensan que dejaré de atiborrarlos con mis envíos al WhatsApp. Lo cierto es esto... el tiempo me desborda y no doy para más.

A veces me he preguntado: ¿por qué seguir escribiendo si hay mucha gente que realmente escribe y lo hace muy bien? ¿Para qué poner en el dispositivo electrónico lo que nunca llegará a un papel y se esfumará al instante? ¿Para qué contar historias que tal vez solamente a mi me interesan, aunque pienso que pueden iluminar el contacto con la Palabra de Dios?... pero, creo que llego a la conclusión de que escribo para plasmar mi gozo por amar a Dios y a todos, porque, de alguna manera, además de empezar a escribir siempre con una pequeña invocación al Señor y bajo la mirada de su Madre, van apareciendo, de forma curiosa en mi mente y en mi corazón, los rostros de tantas y tantas gentes que, a lo largo de mis muchos años de sacerdote, que el próximo viernes 4 llegarán a 34 y que, al buscar plasmar mis pensamientos transformándolos en letras, me llevan a orar por cada uno y por todos. Pero, como he dicho no una, sino muchísimas veces desde que inicié este «pequeño pensamiento», que procuro escribir un día antes de la fecha en que mis doce lectores lo leen... a veces, no tengo, o no me doy el tiempo para escribir. ¡Mil perdones! Sé que no es una obligación y que algunos me dicen: «¡ni te preocupes, que al cabo nadie te paga ni un cinco por eso!» Sin embargo, considero que, además de que me mueve el amor a Dios y al prójimo, es una actividad que me ayuda a crecer y a acercarme más a la realización del proyecto que Dios tiene para mí.

Se darán cuenta de lo largo del pensamiento de este domingo, en el que por cierto, encontrarán, como cada día que escribo, tres párrafos... ¡que es bastante largo! No es para reponer los días que no he escrito, sino porque las cosas me vienen así sin pensarlo. Las ideas llegan al corazón —y al pedacito de cerebro que no se me ha secado por atiborrarlo de tantas cosas— y saltan al dispositivo electrónico. Este día, saboreando el evangelio (Mt 13,44-52), me encuentro con algo que me motiva a seguir escribiendo aunque sea con la inconstancia que ha caracterizado estos últimos meses de mi pequeño pensamiento: «El tesoro escondido y la perla preciosa». Una parábola preciosa en la que Jesús nos centra en la suerte incomparable y la ocasión única de ganar el Reino de los Cielos. Eso me reta a seguir escribiendo, porque, si san Mateo no hubiera puesto por escrito esto... no hubiera llegado a nuestras mentes y a nuestros corazones para aclararnos el sendero hacia la salvación. Y, al llegar a este punto, luego de tantas letras que ya sobrepasaron una cuartilla, creo que, al igual que Mario Vargas Llosa, yo también pienso que no puedo concebir la vida, incluso la vida de fe, la vida de la gracia, sin la escritura. María santísima no escribió, por lo menos nada de eso llegó al papel y era algo inaudito para la mujer de aquellos tiempos, pero de alguna manera, escribe siempre en mi corazón y en el de ustedes para animarnos a ganar el Reino de los Cielos y plasma en nuestro corazón unas cuantas palabras: «Hagan lo que Él les diga» ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.


miércoles, 26 de julio de 2023

«Abuelos»... Un pequeño pensamiento para hoy

Hoy, al celebrar a San Joaquín y a Santa Ana, quiero recordar y pedir por todos nuestros abuelos, abuelas, personas mayores que viven su ancianidad en circunstancias diferentes. recuerdo a muchos de ellos y agradezco su vida, especialmente, como sacerdote, no puedo olvidar a tantos sacerdotes mayores —más mayores que yo— que siguen al pie del cañón dando gloria a Dios con cada instante de su vida, como mi padrino Mons. Juan Esquerda y mi querido amigo el padre Abundio Camacho. En ellos, que son «abuelos espirituales» con una vejez muy especial, y en muchos otros abuelos y abuelas se hace realidad lo que se reza en el versículo 15 del Salmo 92: «En la vejez seguirán dando fruto».

En su mensaje para este año, para la jornada mundial de los abuelos y de los mayores, el Papa Francisco tiene unas palabras bellísimas que motivan a todos y que ahora quiero compartir con ustedes mis queridos acompañantes en la reflexión, muchos de los cuales son abuelos y mayores. Dice el Santo Padre: «No los dejemos solos, su presencia en las familias y en las comunidades es valiosa, nos da la conciencia de compartir la misma herencia y de formar parte de un pueblo en el que se conservan las raíces. Sí, son los ancianos quienes nos transmiten la pertenencia al Pueblo santo de Dios. Tanto la Iglesia como la sociedad los necesita. Ellos entregan al presente un pasado necesario para construir el futuro. Honrémoslos, no nos privemos de su compañía y no los privemos de la nuestra; no permitamos que sean descartados».

En el evangelio de hoy (Mt 13,1-9) el evangelista san Mateo nos presenta a Jesús «sentado a la orilla del mar». Pienso en los ancianos de aquel tiempo, tal vez más jóvenes que los de ahora porque el promedio de vida ha subido mucho, aún para las personas enfermas como yo y contemplo a cada uno de ellos escuchando esta parábola, que sin duda la hemos orado y reflexionado muchas veces a lo largo de nuestra vida. ¿Cómo puede una persona mayor meditar con las tres figuras que destacan en ella, el sembrador, la semilla y los diferentes terrenos? El sembrador, ha querido necesitar de nosotros, para que crezca la semilla. Sentados a la orilla del lago, en la soledad de una habitación, en la iglesia, en el metro, los abuelos y las personas mayores podemos tomar conciencia de la calidad de «nuestra tierra» y agradecer lo que el Señor, hasta ahora, nos ha permitido vivir. Que los padres de María, y ella misma, intercedan por nosotros para que sigamos dando fruto. ¡Bendecido miércoles!

Padre Alfredo.

martes, 25 de julio de 2023

«La fiesta de Santiago Apóstol en Capula»... Un pequeño pensamiento para hoy


Es inevitable que cada 25 de julio venga a mi mente el recuerdo de la comunidad parroquia de Capula, en la arquidiócesis de Morelia, de la que fui administración parroquial en un momento fugaz a causa de que su párroco enfermó gravemente de forma repentina. Bastaron unos cuantos meses para inmiscuirme en la vida religiosa, usos y costumbres de una singular comunidad cuya fiesta religiosa gira en torno a su patrono Santiago Apóstol. No me canso de dar gracias a Dios por esta valiosa experiencia misionera que tanto aprendizaje me dejó y en la que me acompañó muy de cerca nuestra hermana Vanclarista Belia Canals.

La vida misionera es fantástica y los que estamos sumergidos en ella hemos de saber vivir nuestra fe, que no cambia, de una manera inculturizada según el lugar en donde nos encontremos. La fe siempre ayuda a ver la mano del Señor en los acontecimientos que necesitan ser iluminados por la luz que nos viene por la vivencia del evangelio que llega a todas las comunidades. Esta vivencia del evangelio nos ha sido trasmitida por la predicación apostólica, que nada tiene que ver con la imaginería heredada, un tanto discutible, sino la vivencia de la palabra de Dios que se encarna en todos los pueblos.

La gente de Capula celebra la fiesta de este que fue uno de los tres apóstoles íntimos del Señor, a la vez que admira la valentía de Santiago, que fue el primero de los apóstoles que entregó su vida. Nosotros también, desde donde quiera que estamos, celebramos su triunfo porque nos habla de la imitación de Cristo, que dio la vida para alcanzar nuestra salvación. Pidamos, junto con la de María, la intercesión de Santiago y no olvidemos todos que, como yo, vamos viviendo de recuerdos maravillosos que fortalecen nuestra fe. ¡Bendecido martes!

Padre Alfredo.

lunes, 24 de julio de 2023

«No busquemos señales prodigiosas»... Un pequeño pensamiento para hoy


No cabe duda que vivimos en un mundo que es sensacionalista, un mundo que se siente siempre atraído a «pedir señales», es decir, una sociedad que busca lo que salga de lo común, lo que sea llamativo, lo que cause, obviamente de forma novedosa... ¡admiración! Pero eso no es algo solamente de hoy, el evangelio de este día (Mt 12,38-42) nos abre una ventana para ver que eso pasaba también en tiempos de Cristo y en concreto con él, con su persona, con sus acciones salvíficas. 

San Mateo afirma que Jesús no ha querido ofrecer, a los escribas y fariseos que sutilmente le pedían una señal de su poder por fuera o por encima de aquello que está realizando con su gesto de evangelio, nada más. Su propia vida, como gesto de encarnación al servicio de los demás, es el auténtico signo de Dios para todos los hombres y no una serie de milagros «a la carta». Por tanto, en esta línea debemos entender el contenido de la negativa de Jesús a dar un nuevo signo y ofrecer como única señal la del profeta Jonás que todos conocemos y que destaca la figura de este hombre por anunciar el mensaje de conversión a los ninivitas y no por el hecho de haber estado en el vientre de la ballena. 

De esta manera, Jonás se convierte en un milagro, cuya existencia es en sí misma un signo de la misericordia de Dios para un pueblo pecador que se convierte y cree en Dios. Privados de los signos que piden, los judíos no se arrepentirán y serán aventajados por los paganos, como la reina de Sabá, en el juicio final. Encomendémonos al cuidado de María, la Madre de Jesús quien, por 33 años no vio señales prodigiosas en su Hijo y fue siempre fiel. ¡Bendecido lunes!

Padre Alfredo.

domingo, 23 de julio de 2023

«El trigo y la cizaña crecen juntos»... Un pequeño pensamiento para hoy


Escribo ya al atardecer de este día, y eso gracias a que el padre Pepe, que vino de África por varios asuntos corporales y espirituales, me ha suplido en la Misa de 5:30, de esta manera me puedo sentar a escribir unas cuantas líneas sobre varios aspectos que me llaman la atención del evangelio de este XVI domingo del tiempo ordinario (Mt 13,24-43). EL texto forma parte de las llamadas: «parábolas del reino» y habla del trigo, la cizaña, el grano de mostaza y la levadura como figuras que nos ayuden a reflexionar sobre este tema del reino de los cielos.

Me centro, para compartir algo con ustedes, en el tema del trigo y la cizaña compartiendo en primer lugar que la cizaña crece junto al trigo, pero su aparición no es espontánea ni fruto del azar, sino que es sembrada por alguien. La cizaña crece junto al trigo, incluso, quien conozca las dos cosas, puede constatar que fácilmente la cizaña se confunde con el trigo en un principio, por eso se corre un riego grande si se arranca, pues puede arrancarse también el trigo. No hay mas remedio, deben crecer juntas.

Pero, a la luz de esto, hay que agradecer que Jesús siembra la buena semilla en nuestro corazón y espera que esta germine, por eso, en este domingo, aparece también en escena la semilla de mostaza, que, aunque es pequeña, da luz a un arbusto que puede dar sombra y anidar algunos pájaros. Que María, la Madre de Dios y Madre nuestra, cuide de nosotros para que el fruto sea abundante e impregnemos el mundo de bondad para hacerlo crecer en la fe, esperanza y caridad, como la levadura hace crecer la harina. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.

sábado, 22 de julio de 2023

«En la fiesta de santa María Magdalena»... Un pequeño pensamiento para hoy


Este sábado celebramos en la Iglesia la fiesta de santa María Magdalena, apóstol de los apóstoles, esta mujer que dio un gran salto de una vida sumergida en el pecado a una vida de seguimiento incondicional a Jesús, porque ya perdonada por el Señor no hizo otra cosa que servirle con todo su corazón. Para la Familia Inesiana es también un día importantísimo porque un día como hoy, del año 1981, fue llamada a la Casa del Padre la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, cuya fiesta celebramos hace un mes, dando realce al día en que empezó la obra misionera que Dios le inspiró.

En la figura de María de Magdala y sobre todo en el itinerario de su vida, descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. Hoy quiero recalcar en primer lugar, que admiramos su fe, que vive con valentía. Los creyentes conocemos que la fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado «ve» también al Padre, al Señor, porque reconoce de inmediato la divinidad de Jesús, que aunque no le reconoce al instante, puede ir a contar a los discípulos: «¡He visto al Señor»!

La beata María Inés, hablando de la Magdalena nos dice: «Quisiera vivir solo de él y para él, como Magdalena, a sus plantas, escuchando las divinas palabras que salen de su boca, pendiente de esos labios que sólo tienen palabras de vida eterna». (Estudios y meditaciones). En su camino de fe, a María Magdalena le movió el amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí un vehículo importantísimo de la fe, porque no se puede escuchar, ni ver, ni creer a quien no se ama. Que ella, de la mano de María santísima, a quien acompañó al pie de la cruz, interceda para que en nuestro camino de fe, amemos más y más al Señor y lo llevemos a los hermanos. ¡Bendecido sábado!

Padre Alfredo.

«¡Padre... ya está grande!»... Una reflexión sobre los sacerdotes viejos


En la época actual, las personas llegamos a la llamada «Tercera Edad» en mejores condiciones que algunas décadas atrás. Yo por ejemplo, al escribir estas líneas, estos a un escaso mes de cumplir 62 años y me dicen —por supuesto los que rondan mi edad—: «¡Qué bien se ve, ni parece que tiene esa edad!», pero, la expresión de algunos jóvenes de la parroquia y de alguna que otra parte es un poco diferente: «¡Padre... ya está grande, pero bueno, se ve bien!

Lo cierto es que veo cada vez que el tiempo corre más de prisa y que cuando menos piense, si Dios me presta vida, a pesar  de mis achaques, seré un sacerdote viejo... es decir, más viejo todavía.

Me encontré en Internet, un escrito de un joven sacerdote en el que comparte que escucha a la gente quejarse de sus viejos sacerdotes todo el tiempo. Comenta que les oye decir: ¡Pobres Padres Viejos!

He aquí las palabras de este padrecito:

«En tiempos de "pop star" sacerdotes, cantantes, curanderos y por qué no decir ilusionistas, crece la cultura de la ingratitud.

Pobres Padres Viejos, que en su vida no aprendieron a ser cantores, pero muchas veces tenían que apoyar el canto porque no había quien cantara en misa...

Pobres viejos sacerdotes, que no saben comunicarse por la pantalla, pero que toda su vida han enfrentado el desafío de comunicar el evangelio aun con tan pocos recursos...

Pobres viejos sacerdotes, los focos del escenario no los alumbran, porque aprendieron a ser sacerdotes en los páramos de la vida, celebrando misas iluminados por velas y no por cañones de luz.

Pobres sacerdotes viejos, que vivieron toda su vida ungiendo a los enfermos, pero que tienen fama de no curar como este sacerdote.

Sacerdotes que ya no arrastran multitud, sino que en tiempos lejanos fueron, solos, pastores de un rebaño inmenso.

No estoy contento cuando la gente dice: ¡queríamos un nuevo sacerdote como tú! ¿Sabes por qué yo no? ¡Porque cuando sea viejo, los demás dirán lo mismo de mí!

¡Estoy mucho menos feliz cuando un sacerdote nuevo piensa que es mejor que un sacerdote mayor!

¡Es fácil que nos guste el cura cuando hace más emocionante el servicio, lo difícil es tener madurez cristiana para entender que ese cura que hoy necesita un poco más de paciencia, ¡ya tuvo paciencia con tantos!

Mi gratitud y oraciones a los sacerdotes viejos y olvidados, pero que durante toda una vida trabajaron para que las personas fueran nuevas y recordaran a Dios.

¡Oremos por nuestros sacerdotes ancianos!»

Me conmueven estas palabras no solamente porque como decimos... ¡«para allá voy que vuelo!», sino porque me invitan a ser agradecido por la vida y misión de sacerdotes muy queridos que dejaron huella en mí como sacerdote y algunos de los cuales viven a sus más de 80 o 90 años entregados en el servicio.

¿Ustedes, qué piensan al respecto?

Padre Alfredo, M.C.I.U.