Ya el miércoles próximo estaremos celebrando la santa misa de la noche de Navidad. En la parroquia estamos muy contentos, porque esa celebración, la presidirá el señor obispo don Alonso Garza. Por eso, de la mano de la Palabra de Dios continuamos nuestro caminar en estos últimos días del Adviento. Hoy tenemos la figura de Ana en la primera lectura (1 Sam 1,24-28). Ella fue una mujer de fe, que elevó una proverbial, perseverante e intensa oración a Dios con la que suplicaba tener un hijo para entregárselo al Señor. El sacerdote Elí observaba sus labios, pero no se oía su voz en el desahogo orante de aquella alma. La plegaria de Ana, plena de certeza en el poder de Dios, la transformó y «no pareció ya la misma», anota el escritor sagrado. Cumplió su promesa de ceder a su hijo Samuel para Yahveh y además por todos los días de su vida.
Así, como Ana, fue María santísima, quien frecuentó la sinagoga, lugar de encuentro con la Palabra de Dios, ambiente de escucha y meditación de lecciones bíblicas, comentarios e interpretaciones. En la sinagoga seguramente ella se expresaba con alegría entonando cantos de bendición y de alabanza. Allí, en la presencia de Dios se robustecía su fe en las promesas. Ella sabía de la espera del Mesías, que lleno de bondad, compasión, misericordia, entrega y obediencia a la voluntad liberadora de Dios vendría a liberar a su pueblo. Allí vivió momentos de una contemplación persistente, centrada en las promesas contenidas en los libros santos. Llegado el momento, ella será Madre del «Esperado» y lo cederá totalmente de por vida a la humanidad.
En el Evangelio de hoy (Lc 1, 46-48) consideramos, una vez más, el himno Mariano por excelencia, el «Magnificat». La liturgia de la Iglesia lo repite diariamente en la oración de Vísperas. En su libro «Magnificat: el canto de María de Nazaret», la escritora china María Ko Ha-Fong, la reconocida religiosa de las Hijas de María Auxiliadora, profesora de sagrada Escritura en la Pontificia facultad de Ciencias de la educación «Auxilium», en Roma, anota que el «Magníficat es un canto que se expresa en un instante, pero que está lleno de belleza inextinguible y resonancias infinitas». A través de María, Dios ha hecho obras grandes, es decir, la Encarnación y Redención obrada por su Hijo. ¿Cómo pagar este gesto de generosidad de María de haber dicho «sí» al ángel, aventurándose a lanzarse a una tarea desconocida con tal de traernos al Salvador? Que el Señor nos ayude a acercarnos a la Navidad con un corazón agradecido que prolongue aquel «sí». ¡Bendecido lunes!
Padre Alfredo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario