viernes, 26 de diciembre de 2025

«El diácono Esteban, el primer mártir»... Un pequeño pensamiento para hoy


Ayer, llenos de gozo, celebramos el nacimiento del Salvador, el Dios-Hombre que viene a darle sentido a nuestras vidas, a lo que somos y a lo que hacemos como discípulos–misioneros instituidos por él. Hoy, apenas un día después, celebramos el nacimiento al cielo de san Esteban, quien por amor a Cristo dio su vida por él. La primera persecución contra los cristianos, fue a un pequeño grupo en el que destacaba Esteban, cuyo testimonio, por haber sido el primero, es siempre muy valioso para la Iglesia. Ante Él, que fue uno de los siete diáconos elegidos para servir las mesas y atender a las viudas, los judíos no podían resistir la valentía, la sabiduría y la fuerza del Espíritu con que hablaba. En uno de sus discursos, fijando los ojos en el cielo dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». Sus enemigos siendo incapaces de afrontar la verdad con que hablaba, lanzaron falsos testigos: «Blasfema contra Moisés, no cesa de hablar contra este lugar santo y contra la ley… saquémoslo fuera y que muera apedreado» y así acabó su vida, según nos narra la primera lectura del día de hoy (Hch 6,8-10; 7,54-60).

Esta fiesta de san Esteban siempre ha sido celebrada inmediatamente después de la Navidad para que, siendo el protomártir —el primer mártir—, estuviese lo más cercana a la del nacimiento del Hijo de Dios. Para muchos será difícil entender por qué hay que recordar a un mártir en medio de la fiesta de la «Octava de Navidad» y se preguntarán por qué, dado que la alegría es lo que debe imperar en estos días. En la celebración de este ínclito mártir, en el año 2014, el Papa Francisco afirmó que «con su martirio, Esteban honra la venida al mundo del Rey de los reyes, da testimonio de Él y ofrece como don su vida, como lo hacía en el servicio a los más necesitados. Y así nos muestra cómo vivir en plenitud el misterio de la Navidad». Por su parte, Benedicto XVI, el 26 de diciembre de 2012, se refirió a san Esteban con estas palabras: «¿De dónde sacó el primer mártir cristiano la fuerza para hacer frente a sus perseguidores y llegar hasta la entrega de sí mismo? La respuesta es simple: de su relación con Dios, de su comunión con Cristo, de la meditación sobre la historia de la salvación, de ver la acción de Dios, que alcanza su cumbre en Jesucristo».

Jesús ha nacido para comunicarnos la vida de Dios, que es el amor, es decir, para dar su vida por amor. Y es este amor la luz que ilumina la noche de la humanidad, la oscuridad del odio. Al recordar el martirio de San Esteban, la liturgia nos avisa de que acoger al niño nacido en Belén significa en definitiva asumir su mismo modo de vida: tratar de hacer de nuestra vida una entrega por amor. Y esto puede, extrañamente, atraernos el odio de este mundo. ¿Qué te dice a ti en esta Navidad la fiesta de san Esteban? ¿Te queda clara la relación con la llamada a dar la vida por Cristo? ¿Somos testigos vivientes en nuestro mundo de hoy y en nuestro entorno? Acompañemos a Jesús en el pesebre y a su lado a José y a María, que ellos intercedan por nosotros para tener el mismo amor a Dios que a Esteban le movió a dar la vida. Este tiempo de Navidad nos puede ayudar a renovar nuestra fe y esperanza. Seguro, si nos dejamos «contagiar» por estos insignes testigos, el mundo mañana será mejor porque los cristianos nos pareceremos más al Maestro. ¡Bendecido viernes!

Padre Alfredo.

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