domingo, 1 de febrero de 2026

Josefina Kato... Vidas consagradas que dejan la huella de Cristo XC

Hace muchos años, el 18 de Febrero de 2010 a las siete de la mañana llegó el Esposo Divino por una de nuestras queridas hermanas Misioneras Clarisas, la hermana Josefina Kato Sadako a quien ahora quiero recordar y compartir algo de su vida con ustedes, mis queridos lectores. 

La Hermana Josefina fue una misionera japonesa incansable que tuve la dicha de conocer por allá en los años ochentas. Sus últimos días de vida fueron difíciles, pues padecía de Alzheimer y se encontraba internada en un centro especial muy cerca de la casa de nuestras hermanas en Karuizawa. Allí duró varios años. Siempre se caracterizó por su amabilidad y por una caridad exquisita. Se puede decir que fue una misionera a tiempo y a destiempo. Una de las características que más la distinguía era la sonrisa, una sonrisa perenne al estilo de nuestra Beata Madre Fundadora, incluso cuando ya permanecía atrapada por esa incomprensible enfermedad. 

La hermana pasó muchos años de su vida consagrada en la misión de Ota, en su tierra nata, dedicada, como la mayor parte de su vida, a la catequesis. En las diferentes misiones a donde la obediencia la envió, fue instrumento del que Dios se valió para invitar a algunas de nuestras hermanas japonesas a la vida consagrada. 

De una manera muy particular, la hermana Kato —como le llamaban de cariño— conjugaba la educación sobrenaturalizada con una sin igual simpatía que hacía a todo mundo pasar un rato agradable con sabor a recreación pero aprendiendo, a la vez, a vivir para Cristo. Era una persona muy positiva y emprendedora que en el corazón de todo el que convivía con ella, dejaba un olor a entrega, a bondad, a fervor y un gran deseo de que Jesús y su Madre Santísima fueran conocidos, pues su celo por la salvación de las las almas era tan grande, que aún cuando empezó a perder sus facultades por el Alzheimer, en el centro en donde estaba como interna, se ponía a evangelizar a como podía.

Nuestras hermanas religiosas cuentan que en una ocasión, cuando la fueron a visitar, los miembros del personal del centro —algunos de ellos obviamente budistas— les hicieron varias preguntas sobre la Biblia, sobre Cristo, sobre la fe cristiana. Allí logró fundar un grupo de personas de las mismas enfermas que estaban internadas, para hablar de la Fe católica. A la gente le gustaba escucharla...y hasta se hizo famosa por lo que al grupo le pusieron «El Club de la Hermana Kato». Así, junto a los clubs de Origami —figuras de papel doblado— o de música, de canto, tejido y otros, Jose no perdiendo oportunidad... ¡también hizo su club!

Las dos últimas semanas de su vida, estuvo en el hospital. Tuvo que ser trasladada al nosocomio pues aunque ya no padecía dolor por el avanzado grado de su enfermedad, empezó a tener problemas respiratorios, y al examinarla le descubrieron que tenía cáncer en los pulmones. Ya pasaba mucho tiempo en que la mayor parte permanecía dormidita, y fue así que, ya en el hospital, se fue apagando como un cirio esperando la llegada de su Señor.

Las Misioneras Clarisas de la comunidad de Karuizawa estuvieron a su lado para atenderla con mucho amor y dedicación en esos sus últimos días, hasta que llegó el momento del desenlace final en el que la el Esposo Divino llegó por ella, que estaba tan preparada como las diez vírgenes prudentes del evangelio, ya que desde el día en que la hospitalizaron, había recibido el sacramento de la Unción de los enfermos. 

Siempre, mientras pudo hablar, aún sin reconocer muchas cosas, se le escuchaba dar las gracias por todo. Murió en una hora muy particular acompañada de su superiora, la hermana Clara Yamazaki, porque, en ese momento, todas las demás misioneras de aquellas tierras del Sol Naciente, asistían a la Santa Misa en nuestras respectivas casas.

Les invito a que ahora que he recordado a nuestra querida hermana Josefína Kato, demos gracias al Señor por el regalo tantas hermanas, misioneras incansables, que han dejado en este mundo, unas huellas que son, sin duda alguna, las huellas de Cristo. Me viene ahora unas palabras de nuestra amada Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, la iniciadora e inspiradora de esta gran Familia Inesiana de la que muchos formamos parte: «Jesús dulcísimo, que me has amado tanto y que quieres mi bien, y no te cansas de instruirme, se han abierto sobre mi alma esas claridades que sólo pueden dimanar de tu amor misericordioso, me has sumergido en ellas y, humillándose mi alma, ha comprendido, ha aceptado, ha amado».

Padre Alfredo.

LOS PROBLEMAS SOCIALES...


En alguna forma y de alguna medida, todos somos responsables de los problemas sociales. No basta al alimentarnos con la tranquilizante teoría de que ninguna persona es responsable del efecto total de los problemas sociales y que a mí no me toca resolver eso... Todos estamos involucrados.

«CHIQUITO PERO PICOSO»... Un pequeño pensamiento para hoy

Febrero es especial por ser el mes más corto del año, por tener el día 2 la fiesta de la Candelaria, el recuerdo de la presentación del Señor en el Templo en donde se celebra la Jornada de la Vida Consagrada. El primer domingo de este mes se celebra en México una fiesta tradicional en torno a una bebida antiquísima que se sigue consumiendo sobre todo en la capital mexicana: el Día del Pulque; la conmemoración de la Constitución mexicana el 5 y el Día de la Bandera el 24. Además en este mes nació el enigmático volcán Paricutín. Febrero tiene la particularidad de ser el mes bisiesto cada cuatro años. Se celebran también en este mes el Día Mundial de los Humedales el 2, el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer el 4, el Día Mundial de las Legumbres el 10 el Día Internacional del Cáncer Infantil el 15 y el Día Internacional del Síndrome de Asperger el 18 de febrero; además contiene el Día Mundial de la Justicia Social el 20, el Día Internacional de la Lengua Materna el 21. Así que bien podemos decir como se estila en México: Febrero es un mes «chiquito pero picoso».

Este domingo, siguiendo con esto de «chiquito pro picoso», el evangelio nos lleva al pasaje del capítulo 5 de san Mateo en donde este escritor sagrado, inspirado por Dios, nos transmite «Las Bienaventuranzas». Las Bienaventuranzas son el camino de Jesús hacia la verdadera felicidad. No se trata de un conjunto de buenos deseos que no haya dejado Jesús, sino un programa de vida que se vive en lo pequeño y cotidiano —«chiquito pero picoso»— a través de actitudes como la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia y la búsqueda de justicia, transformando la lucha de cada día en un conjunto de oportunidades para el Reino de Dios y la comunión con Él, contrastando con la búsqueda materialista del mundo que tiene a lo grande, a lo aparatoso, a lo espectacular y generando paz y alegría en el corazón, a pesar de los pesares.

La propuesta de las bienaventuranzas traza un movimiento singular: nace de lo pequeño, de lo chiquito de lo chiquito, de lo humilde, para convertirse también en una lucha en favor de los empobrecidos y pequeños de este mundo. Desde una perspectiva espiritual, solo quien se sabe pequeño experimenta la necesidad de Dios y puede dejar que entre en su vida. Los que participan de este espíritu, el de Dios, son bienaventurados —a pesar de las persecuciones—. Santa Teresita del Niño Jesús, hablaba de su «Caminito—, un sendero de santidad basado en la confianza absoluta en la misericordia de Dios y la aceptación gozosa de la propia debilidad, viéndola como una oportunidad para que el amor de Cristo actúe más plenamente, realizando las pequeñas cosas cotidianas con gran amor y por motivos sobrenaturales, como un niño que se abandona en los brazos de su Padre. Es un camino radical de amor sencillo que nos hace entender el sentido de las Bienaventuranzas y es accesible a todos. María de Nazareth también supo encontrar la dicha en lo pequeño: Belén, Nazareth, Caná... Qué Ella nos ayude a entender esto. ¡Bendecido domingo!

Padre Alfredo.